PRIMEROS BANCOS ARGENTINOS (1818)

La historia de la actividad bancaria y el origen de los primeros Bancos que pueden considerarse argentinos, se remonta a los primeros años del siglo XIX. Durante la época de la Colonia y hasta 1810, en el territorio que hoy ocupa la República Argentina, no había Bancos ni entidades que cumplieran funciones como tales. Las monedas que circulaban en la región, eran la onza de oro o “doblón de a ocho” (conocida como “las peluconas por la efigie del rey FELIPE V que tenían grabada), la onza de plata (conocida como “el duro”) y como moneda menor, el “vellón de cobre”, hasta que recién en 1813, en la ceca de Potosí, se acuñó la que fue la “Primera Moneda Patria”, por disposición de la Asamblea del Año XIII

Pero antes de eso, producida la Revolución de Mayo, ya desde los primeros días de vida independiente y soberana, se comenzó a pensar en la necesidad de crear una institución bancaria, pero el proyecto no se pudo concretar por falta de capitales. En 1811: El Secretario de Guerra del Primer Triunvirato BERNARDINO RIVADAVIA y los triunviros FELICIANO ANTONIO CHICLANA, JUAN JOSÉ PASO y MANUEL DE SARRATEA presentaron un proyecto para crear un Banco, pero la idea no prosperó porque no se hallaron capitalistas dispuestos a arriesgarse “en tamaño desatino”.

La Caja Nacional de Fondos de Sud América (1818)
Recién en 1818 el Congreso sancionó una Ley por la que se creó la Caja Nacional de Fondos de Sud América, que debió cumplir las funciones de un Banco: ser caja de depósitos, encargada del crédito público y guardadora de fondos. Pero en 1820 la grave crisis política y económica que afectó al país provocó el cierre de esa Institución en 1821.

El Banco de Buenos Ayres o de Descuentos (20/06/1822)
La idea de crear un Banco, volvió a reflotarse y el 15 de enero de 1822, a solicitud de un grupo de vecinos, el ministro de Hacienda MANUEL JOSÉ GARCÍA, logró que se dictara una Ley creando el “Banco de Descuentos”. La entidad funcionaría bajo la administración de un Directorio o “Junta General de Accionistas, que en la sesión realizada el 18 de marzo de ese año, quedó constituído por JUAN PEDRO AGUIRRE, en el cargo de Presidente, secundado por JUAN ANCHORENA, DIEGO BRITTAIN, FÉLIX CASTRO, GUILLERMO CARWRIGHT, SEBASTIÁN LEZICA, ROBERTO MONTGOMERY y MIGUEL RIGLOS como Directores”.

Se inauguró el 20 de junio de 1822 y fue el primer Banco con carácter nacional  que funcionó en el país y el más antiguo de Hispanoamérica. Con el paso del tiempo se transformó en el actual “Banco de la Provincia de Buenos Aires” (1), uno de los más importantes de la República Argentina y de Sudamérica. Era una entidad crediticia que funcionaba como una sociedad anónima privada (aunque controlada por el Gobierno), cuyo capital inicial fue de un millón de pesos fuertes (distribuídos en mil acciones de mil pesos cada una), cuyo principal objetivo era suplir la escasez de moneda circulante, aumentar el comercio y aportar recursos al tesoro.

Aunque el Banco estaba organizado como una institución particular, tenía ciertos privilegios, entre ellos el de poder emitir billetes como correspondía a un Banco del Estado. Estaba autorizada a emitir monedas de 1, 2, 5, 17 pesos plata (equivalentes a una onza oro) y 20 pesos. Un peso plata se canjeaba por un peso papel. Además estaba autorizado a recibir depósitos (incluso a interés) y atendía cobranzas de particulares. Su principal objetivo era suplir la escasez de moneda circulante, aumentar el comercio y aportar recursos al tesoro.

En abril de 1822 el Gobierno encargó a Londres la impresión de billetes y la acuñación de monedas de cobre y las operaciones de la entidad comenzaron el 20 de junio de 1822 en una de las casas ubicadas en la Manzana de las Luces. La emisión de papel moneda, produjo inmediatos beneficios, pues facilitó el comercio y agilizó las transacciones. Sin embargo, esta prosperidad fue ilusoria porque se abusó del recurso y al imprimirse mayor cantidad de dinero, que el fondo metálico respaldaba, se originó un marcado desequilibrio económico.

El “Banco de Buenos Ayres” rápidamente quedó en manos de comerciantes británicos y capitalistas locales asociados a éstos y aunque una parte importante de las acciones (alrededor del 60%), quedó en manos del Estado provincial, su influencia resultó nula, ya que éste tenía expresamente prohibido participar en su Directorio. El Banco privilegió el otorgamiento de créditos a corto plazo, pensados para el comercio, no para fomentar ninguna actividad productiva y ese fue su fin.

Finalmente, el Banco de Descuentos cesó en sus actividades en 1826, cuando fue absorbido por el Banco Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que conservó el monopolio de la emisión de billetes y su capital se fijó en la suma de 10 millones de pesos, de los cuales 3 millones debían provenir del empréstito en libras esterlinas que la provincia de Buenos Aires obtuvo de la firma Baring Brothers y Cía., de Londres., operación que estuvo rodeada de una turbia negociación y las remesas de dinero llegaron reducidas y atrasadas y recién en 1904, el gobierno argentino pudo cancelarlo pagando una cantidad ocho veces mayor que el importe recibido.

El Banco Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata (11/02/1826)
Luego de un intento fallido en 1825, el Banco Nacional de las Provincias Unidas, fue creado sobre la base del primitivo  Banco de Buenos Ayes, que ese año había cerrado sus operaciones para dar paso a la nueva entidad. La característica fundamental del nuevo Banco consistió en una sucesión de emisiones monetarias que, comenzando en 1826 con billetes convertibles en oro, fue paulatinamente reduciendo su encaje metálico hasta declarar su total inconvertibilidad.

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Las operaciones se tornaron desde su iniciación cada vez más dificultosas, pues una ley del 7 de diciembre de 1826 impuso al Banco la obligación de prestar al gobierno las cantidades que necesitare de su fondo metálico. Con ellas se financiaba la guerra contra el Brasil, pero el drenaje continuó luego hasta que el gobierno en 1836, llegó a deber más de 24 millones de pesos.

Desde el principio influyó en la marcha del establecimiento la falta de metálico para respaldar las emisiones, obligando poco tiempo después a declarar que los billetes del Banco eran moneda corriente por su valor escrito y prescribiendo el gobierno que el pago de las obligaciones del Estado se «realizara únicamente en billetes del Banco Nacional. Se proclamaba con ello por primera vez en nuestro país el curso forzoso del papel moneda. Dispensado el Banco de su reembolso, liquidó todo su encaje metálico en 1829, comenzando a partir de entonces una emisión incontrolada de billetes. La onza de oro, cuyo valor era de 17 pesos, llegó a valer alrededor de sesenta. El monto de los descuentos del Banco había aumentado en forma vertiginosa obligando al Poder Ejecutivo a limitar el crédito a la suma de 80.000 pesos como máximo, mientras durase la guerra,  debiendo los clientes deudores de mayor cantidad, reducirlas a ese nivel en un plazo de tres meses.

Finalmente se resolvió dar crédito sólo a los accionistas, pero, en 1832 el Banco había agravado su situación financiera a tal punto que el Directorio resolvió no dar ese año dividendos, habiéndose aumentado la deuda del gobierno. Además de sus emisiones de papel moneda, el Banco lanzó a la circulación monedas de cobre desde 1827 hasta 1831, respaldadas por su propio metálico y en 1835 dio su último dividendo. Al año siguiente JUAN MANUEL DE ROSAS lo disolvió por Decreto del 30 de mayo de 1836, creando en su reemplazo otra institución bancaria: la “Casa de Moneda de Buenos Aires”, con características de un Banco estatal para controlar la política monetaria.

La Casa de Moneda de Buenos Aires (1836)
Diciendo «En atención a que la carta del Banco Nacional ha terminado: Que la moneda corriente está exclusivamente garantida por el gobierno, quien es deudor de ella al público: que el Banco sólo ha prestado al tesoro del Estado la estampa de sus billetes, y que el gobierno es accionista del establecimiento por casi tres quintas partes de su capital, el decreto a que me refiero declara disuelto el Banco Nacional y nombra una junta para la administración del papel moneda, la cual junta, asociada a seis directores del extinguido Banco, debe proceder, además, a la liquidación de este con la debida prudencia y sin violentar la operación”, JUAN MANUEL DE ROSAS crea la Casa de Moneda de Buenos Aires.

En los subsiguientes artículos de tal decreto, que es más bien una carta orgánica del nuevo establecimiento, se confiere a éste el privilegio fiscal para el cobro de los créditos a su favor, y se indica las operaciones que efectuará bajo la dirección de la junta nombrada por el gobierno y compuesta de don BERNABÉ ESCALADA como presidente, y de don JOAQUÍN DE REZÁBAL, JUAN ALSINA, MANUEL BLANCO GONZÁLEZ, MIGUEL DE RIGLOS, DAVID WEILER Y LAUREANO RUFINO. Durante casi veinte años -de 1835 a 1852, ROSAS utiliza esta entidad para cubrir los déficits del gobierno y emitir billetes en gran escala, aunque debe reconocerse que estos instrumentos monetarios también sirvieron para todo tipo de operaciones comerciales en el puerto y la provincia.

Las ventajas de este sistema fueron que, durante los tiempos de bloqueos navales y guerra, el régimen de ROSAS fue capaz de cubrir gastos mediante emisión de papel moneda por el tesoro estatal, siendo muy criticada por la oposición, pese a la eficacia del sistema. Durante el bloqueo francés del puerto de Buenos Aires en 1838-40 y el bloqueo anglo-francés en 1845-48, el gobierno recurrió a la emisión de papel moneda para cubrir los déficits que alcanzaban entre 60 y 80% de los egresos totales del gobierno.  Este procedimiento tendió a ser inflacionario, pero en menor grado a lo imaginado, lo cual probablemente estuvo relacionado con dinamismo de la economía local en expansión que requirió un aumento de instrumentos monetarios para las transacciones mercantiles.

En resumidas cuentas, el éxito de las políticas fiscales y monetarias del régimen de Rosas se cifró en que, pese a las fuertes tendencias inflacionarias del sistema de emisión por fiat, éste resistió largo tiempo. Como han señalado diversos historiadores económicos, durante dos decenios el Estado de Buenos Aires fue financiado con una especie de impuesto inflacionario. El papel moneda (no convertible) fue instrumento para la realización de gran parte de los pagos de transacciones domésticas. La emisión no disminuyó después de la caída en Rosas en 1852 sino que siguió siendo utilizada por el gobierno del Estado de Buenos Aires.

(1).“Así nació el Banco de la Provincia de Buenos Aires, este coloso que ha llamado después la atención de los gobiernos; que ha contribuido con sus fuerzas a consolidar las instituciones libres de la República, vinculándose estrechamente a la grande obra de la nacionalidad argentina, como asimismo al desenvolvimiento del progreso y adelanto material del país.

Conviene recordar que no pocos son los que han atribuido al doctor DALMACIO VÉLEZ SÁRSFIELD, la fundación de este Banco, aunque la realidad es que este gran jurisconsulto, solamente complementó la carta orgánica del Banco y Casa de Moneda que existía desde 1836.   Sobre este punto, don Juan Manuel de Rosas, escribió desde Southampton en 1872: «En el despacho del señor Presidente de la Casa de Moneda se ha colocado un gran retrato del doctor Vélez Sársfield, al pie del cual dice: “Fundador del Banco de la Provincia». «El verdadero fundador (agrega) fue el gobierno de Buenos Aires, presidido por el General Rosas, siendo Ministro de Hacienda el ilustrado y sabio estadista señor José María Roxas quién, como tal ministro, redactó el decreto que firmó en seguida el general Rosas» (Leonardo Castagnino).

Tras la caída de JUAN MANUEL DE ROSAS y durante toda la década 1850, tanto el gobierno de la Confederación, como el de la provincia de Buenos Aires estuvieron interesados en la fundación de nuevos Bancos.

El Banco y Casa de Moneda de la Provincia de Buenos Aires (1854)
Se crea el Banco y Casa de Moneda de la Provincia de Buenos Aires, totalmente estatal, sobre la base de la Casa de Moneda de Buenos Aires creada por JUAN MANUEL DE ROSAS. Durante varios decenios continúa emitiendo moneda. La Confederación crea un Banco Nacional con funciones mixtas, incluyendo las de tesorería y contaduría estatal. Tiene breve duración. También otorga concesiones para instalar bancos a JOSÉ BUSCHENTAHL a  ARISTE JAQUES TROUVÉ CHAUVEL y a ALPHONSE DUBOIS.

El Banco Mauá (02/01/1858)
El 2 de enero de 1858, el Banco “Mauá”, con sede central en Montevideo, abrió sus puertas en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Su propietario, IRINEO EVANGELISTA DE SOUZA, barón de Mauá, era un poderoso empresario, comerciante y agricultor brasileño que se relacionó con Urquiza hacia 1845, mientras éste era Gobernador de Entre Ríos. En 1858, el barón obtuvo permiso para abrir un Banco en Rosario, con un capital teórico de 2.400.000 pesos y según el contrato firmado por el ministro de Hacienda de la Confederación, ELÍAS BEDOYA y el barón de Mauá, se autorizaba esta instalación a la institución crediticia, a condición de que ella prestara ayuda económica a la Confederación en su lucha contra el rebelde Estado de Buenos Aires, pero el optimismo de Urquiza y sus hombres sobre la cooperación financiera del Banco no duró mucho.

El 10 de junio de 1858, el barón de Mauá, en carta fechada en Río de Janeiro, anuncia a Urquiza que el Brasil no podrá ayudar a la Confederación en su lucha con Buenos Aires en razón de la presión, contraria a esa ayuda, ejercida por Inglaterra y Francia. Después de eso, el Banco Mauá hizo negocios, pero no en favor de la Confederación. El oro extraído del Banco pasaba a Buenos Aires, donde la mayor actividad comercial daba oportunidad a una tasa de interés más provechosa. En octubre de 1860, el contrato con el Banco fue rescindido por incumplimiento de la integración de capital y acuñación de moneda. Pero las relaciones y vínculos de Mauá con Urquiza no terminaron ese año.

Tampoco los de Buschental, ese personaje que “sin ser barón, conde, duque ni marqués, tenía más condecoraciones que un museo de antigüedades”, al decir juguetón de LUCIO V. MANSILLA. Por eso, a pesar del fracaso que significó su instalación en Rosario, es que el 15 de setiembre de 1863, mediante un aviso, anunció su apertura en la porteña calle Cangallo al 103 y aquí iba a ser protagonista de una sonora y trágica quiebra. La publicidad elogiaba las ventajas de abrir cuentas corrientes que permitirían el ahorro a los “artistas, obreros, dependientes, sirvientes y trabajadores de ambos sexos y de todas las condiciones, a quienes no hay duda de que conviene guardar sus economías y sobrantes de salario, depositándolos a interés, en vez de gastar en pura pérdida esas pequeñas sumas en el juego inmoral de las loterías o en frioleras y consiguiendo de aquel modo tener una reserva a que recurrir en la enfermedad, la vejez o la hora de la necesidad”.

El Banco comenzó a funcionar unos meses más tarde y su publicidad atrajo a muchos humildes depositantes que confiaron en la seriedad de la institución, que también funcionaba en Montevideo. Pero no pasó mucho tiempo antes de que el Banco del barón de Mauá se presentara en quiebra, pinchando el globo de ilusión de los pequeños ahorristas. Los estafados jamás pudieron recobrar el dinero de sus depósitos, y desde ese momento el ingenio popular relacionó el nombre de Mauá con la palabra “mamado”. Durante mucho tiempo, cuando se presentaba el caso de una deuda incobrable, se decía burlonamente: “¡Anda a cobrar al banco mamado!” (ver Los financistas de la Confederación).

El Banco Nacional creado por DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (05/11/1872)
Por medio de un Ley sancionada el 5 de noviembre de 1872, quedó constituído el Banco Nacional, una institución que supo regenerar la confianza de la gente y jugó luego un importante papel en el fomento del comercio, la industria y las actividades agropecuarias argentinas. Estaba autorizado para realizar  operaciones de descuentos de letras, depósitos en cuenta corriente y a plazos y a otorgar préstamos a los gobiernos nacional, provinciales y municipales. Podía emitir billetes al portador, convertibles a la vista que debían ser admitidos en todas las oficinas públicas y reemplazó con sus billetes convertibles las diversas monedas que circulaban en el interior.

Era una institución mixta con un capital autorizado de 20 millones de pesos moneda nacional (en 1876, por acciones (de 100 pesos m/n cada una), lo que le daba derecho a nombrar tres de los doce Directores que integraban el Directorio del Banco. La mitad de esas acciones fueron solventadas con fondos públicos, mientras que la otra mitad, fue adquirida por el Sindicato iniciador y el público.

Su primer Gerente fue PASTOR MÉNDEZ CASARIEGO y el desarrollo en sus primeros años fue limitado por la crisis económica de los años 1873-76 pero posteriormente, el “Banco Sarmiento”, como se lo llamaba, se convirtió en rival del Banco de la Provincia de Buenos Aires ya que llegó a controlar las cuentas del gobierno federal y a manejar una gran cantidad y variedad de cuentas privadas en todo el país. Como entidad oficial, tenía además especiales privilegios para el el descuento de letras del gobierno y era el principal receptor de los depósitos fiscales y judiciales.

Pero en 1890, el carácter mixto de la institución, que generaba graves inconvenientes a la aplicación de sus políticas, la injerencia gubernamental en su Directorio, el abuso del crédito otorgado a los gobiernos provinciales y municipales y prestar dinero a bajo interés o a deudores insolventes, la caída en desuso de las normas establecidas para la emisión de dinero, que debía ser respaldada por una reserva en metálico que no podía ser menos del doble del capital realizado y en general, una mala administración, contribuyeron a su ruina, sumando su caída, al caos en que cayó el Estado. Tras la debacle económica que determinó la clausura tanto del Banco Nacional, como el de la Provincia de Buenos Aires, un evento del que no estuvo ajena la Banca Baring Brothers, el 2 de setiembre de 1891 se vio obligado a cerrar sus puertas.

El Banco de la Nación Argentina (16/10/1891)
En medio de una crisis económica que afectaba a toda la República, se promulgó la Ley que creaba el Banco de la Nación Argentina. Cuando CARLOS PELLEGRINI asumió la presidencia en agosto de 1890 tenía por delante un difícil panorama. Los desaciertos y especulaciones financieras que caracterizaron al gobierno de su antecesor, el Doctor JUÁREZ CELMAN, habían conducido a la paralización general de la economía. La moneda argentina había perdido su valor de modo catastrófico y los ahorristas enfrentaban la ruina y la miseria.

La liquidación de los Bancos Garantidos (entre ellos, el Banco Nacional), creó un serio vacío en el orden crediticio, en momentos en que la producción agrícola aumentaba, por lo que sus demandas de crédito eran mayores y no se las podía satisfacer. En tales circunstancias, la Nación no solamente debía hacerse cargo de las emisiones realizadas por el Banco Nacional e instituciones bancarias de diversas provincias, sino que también tiene que cubrir de alguna manera la falta de financiación planteada.

Una de las mayores esperanzas para superar la crisis estaba puesta precisamente en el incremento de las exportaciones de cereales y carnes, lo que era muy viable, ya que las existencias de ganado y el aumento de las áreas sembradas, prometían cifras extraordinarias, si se contara con un Banco cuya solidez le permitiera asistir a los productores  mediante créditos y financiaciones.

Es entonces que el Presidente CARLOS PELLEGRINI con sus Ministros VICENTE FIDEL LÓPEZ y VICENTE L. CASARES, deciden la creación de una nueva institución bancaria que cumpla ese rol. En mayo de 1891, el Poder Ejecutivo envió al Congreso un proyecto de fundación de un gran Banco que debía abarcar a toda la república, organizado como sociedad anónima, con un capital de 30 millones de pesos papel y 20 millones de metálico que debían obtenerse íntegramente por suscripción pública y con una estructura parecida a la del desaparecido Banco Nacional, pero sin la facultad de emitir billetes.

La iniciativa encontró serios escollos en la Cámara de Diputados, donde la oposición haizo hincapié en el escaso capital del banco (50 millones de pesos en billetes inconvertibles) y en la poca posibilidad de encontrar accionistas debido a la falta de confianza imperante en los medios económicos. El proyecto, defendido firmemente por JUAN BALESTRA, finalmente resultó aprobado al término del debate, con algunas modificaciones, y se lo convierte en Ley el 16 de octubre de 1891.

Así nace el Banco de la Nación Argentina que fue inaugurado el 26 de octubre de 1891. En el discurso que el Presidente PELLEGRINI diera en esa oportunidad, expresó que esa nueva Institución se estableció “para satisfacer las necesidades crediticias de la industria, el agro y el comercio y no para atender las necesidades del erario público”. Recomendó a continuación a los flamantes Directores que actuaran a favor de un gremio que no ha merecido ser atendido en los establecimientos de crédito y que es, sin embargo, digno del mayor interés: hablo de los pequeños industriales».

El Banco comenzó a operar el 1º  de diciembre de 1891 y su inicio no fue muy halagüeño: la suscripción de acciones resultó un fracaso y debió ser dejada sin efecto y hasta la propia Ley que lo creara, contenía  normas que obstaculizaban su desenvolvimiento. No obstante ello, mediante el esfuerzo y la competencia de su Directorio y la confianza que generó entre la población, que pronto volcó en sus arcas sus ahorros y tenencias, le permitió salir adelante y ya, a los treinta días de inaugurado, pudo abrir su primera Sucursal. Fue el 2 de enero 1892 y el lugar elegido, fue la ciudad de Rosario, en la provincia de Santa Fe. A fines de ese año, ya contaba con 60 filiales en todo el país que cumplían una función colonizadora, ya que se instalaban en lugares donde no había servicios bancarios. En 1904, reformando su carta orgánica, fue convertido en institución del Estado  (ver Cronología bancaria)

LOS BANCOS PROVINCIALES (SIGLO XIX)
Mientras esto sucedía en el orden nacional, las provincias, segregadas muchas de ellas, luego de 1820, debieron recurrir a sus propios esfuerzos y disponibilidades para atender a sus necesidades de financiación. La primera de ellas en hacerlo, fue La Rioja, que contando con las existencias de oro y plata que el Famatina le garantizaba la disponibilidad de ese metal para la acuñación de monedas, abrió el que fue el primer Banco provincial en 1819. La siguieron luego otras, que fundando entidades mixtas, habilitando sucursales locales del Banco de la Nación o creando sus propios Bancos provinciales, fueron contando con entidades bancarias de carácter provincial, algunas de las cuales exponemos a continuación, en orden cronológico:

El Banco de Rescate y Casa de Moneda de la provincia de La Rioja (1819). El cadillo riojano FACUNDO QUIROGA, asociado con BRAULIO COSTA y otros capitalistas como TOMÁS MANUEL DE ANCHORENA y JUAN PEDRO AGUIRRE apoyados por la Banca de los hermanos BROTHERS de Inglaterra, formaron la “Famatina Mining Company”, nombre en inglés del que fue reconocido como el “Banco de Rescate y Casa de la Moneda de La Rioja”, que fue el primer Banco provincial que existió en la República Argentina

El Banco Provincial de Cuyo (1870) En 1870 San Juan contó con su primer banco, llamado “Banco de Cuyo”. Se fundó en 1870, a iniciativa de VALENTÍN VIDELA, durante la gobernación de JOSÉ MARÍA DEL CARRIL. Se trataba de una sociedad anónima, con un capital de 320 mil pesos plata boliviana, suscripto por capitales locales y porteños. El Estado provincial no puso capitales pero le concedió privilegios al designarlo agente financiero de la provincia, ingresando los depósitos judiciales y lo autorizó a emitir billetes al portador con valor de moneda.

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Funcionó en una casa particular ubicada en la calle Rivadavia esquina Salta (hoy Entre Ríos), solar que hoy ocupa el Banco de San Juan. Incluido el gerente, trabajaban seis personas. También el 20 de junio de 1870, abrió sus puertas el “Banco San Juan” (imagen), que no tuvo nada que ver con el actual banco del mismo nombre. Con un capital autorizado de 300 mil pesos oro moneda de Chile, equivalente a 360 mil bolivianos, obtuvo autorización legal para funcionar como sociedad anónima por decreto del Poder Ejecutivo el 20 de junio de 1870. Los fundadores y principales accionistas fueron comerciantes ingleses de Valparaiso, encabezadas por AGUSTÍN EDWARDS junto a inversores mendocinos. El objetivo era lucrar con el comercio con Chile. Funcionó hasta 1875.

El Banco Provincial de Córdoba (22/09/1873)El ministro Garzón obtuvo un préstamo que permitió al gobierno de la provincia efectuar su primer aporte de capital. Se pretendía distribuir las acciones, ya que el interés perseguido, consistía en integrar a todos los comprovincianos. La apertura del Banco Provincial de Córdoba tuvo lugar en el local de calle 25 de mayo N° 24, el día 22 de septiembre de 1873.

Banco Provincial de Santa Fe (05/06/1874)El 5 de junio de 1874 se fundó como un banco de capital mixto (estatal y privado), por iniciativa del gobernador SERVANDO BAYO, con el objeto de proporcionar crédito para el florecimiento del sector productivo de la provincia. En esa época, la Argentina está empezando a crecer demográficamente (a través de la inmigración) y económicamente (a través de la exportación de productos agrícolas). El primer Directorio Provisional del Banco estaba integrado por CARLOS CASADO DE ALISAL (Presidente), BENJAMÍN LEDESMA, MANUEL CARLÉS y EVARISTO MACHAIN, elegidos por votación, y MELITÓN IBARLUCEA y MARIANO ALVARADO como representantes del gobierno provincial.

Su capital estaba constituido por dos millones de pesos fuertes, distribuido en 20.000 acciones de mil pesos cada una (10.000 en manos del gobierno, 4.000 de los fundadores, y 6.000 adquiridos por el empresariado rosarino. El banco abrió sus puertas simultáneamente en las ciudades de Rosario y Santa Fe el 1 de septiembre de 1874.

Banco Muñoz y Rodríguez y Cía. de Tucumán (23/01/1880)Con un capital de 400.000 pesos y un encaje de alrededor de 130.000 pesos oro, se funda este Banco, que fue el predecesor del Banco Provincial de Tucumán. Operaba con moneda boliviana hasta que en 1883, el Congreso Nacional dispuso que los seis bancos de emisión existentes (Banco Nacional, Banco de la Provincia de Buenos Aires, Banco Provincial de Santa Fe, Banco Provincial de Córdoba, Banco Provincial de Salta y Banco Muñoz Rodríguez y Cía. de Tucumán) debían cambiar sus billetes por otros pagaderos en pesos nacionales oro (conversión obligatoria).

Banco Provincial de Salta (1881Durante el gobierno de MIGUEL S. ORTÍZ, se autorizó el establecimiento del Banco Provincial de Salta.

El Banco Provincial de Mendoza (29/08/1888). Fue creado por el gobernador TIBURCIO BENEGAS, con un capital de 5 millones de pesos y fue refundado el 21 de febrero de 1934. Hasta el año 1887 habían funcionado distintas entidades bancarias en la provincia de Mendoza, cuya actuación puede considerarse como efímera por el corto lapso en que sirvieron a la comunidad. A partir de aquel año comenzaron las gestiones destinadas a concretar definitivamente para la ciudadanía, un Banco con participación oficial. El empréstito por cinco millones de pesos oro, contraído entre el Gobierno de Mendoza y un grupo de banqueros extranjeros, autorizado por una ley del 9 de junio de 1888, constituyó la piedra basal de la creación del Banco de la Provincia. Según consta en el libro de actas de la época, el 7 de agosto de ese mismo año se designa como presidente de la nueva entidad al señor HEMETERIO M. GARCÍA, quedando constituido el resto del directorio provisorio por los señores FRANCISCO CIVIT, FRANCISCO RAFFO, DOMINGO BOMBAL Y PASCUAL SUÁREZ, comenzando la flamante empresa bancaria sus funciones específicas el 3 de noviembre, en su sede oficial de San Martín y Godoy Cruz, en la ciudad capital de Mendoza.

Fuentes: Archivos Históricos de las provincias mencionadas. “Diccionario Histórico Argentino”, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994.

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