HAMBRUNA EN EL EJÉRCITO DEL NORTE (1818)

Luego del fracaso del último intento realizado para anexar el Alto Perú a las Provincias Unidas, el Ejército del Norte, derrotado en Sipe-Sipe (Viluma para los españoles) y casi devastado, recibe la orden de retirarse a Tucumán. Realizando una penosa marcha que duró nueve meses, pasando por Potosí u Humahuaca llegan a su destino y allí, su jefe, el General JOSÉ RONDEAU, es reemplazado por el General MANUEL BELGRANO, quien asume así por tercera vez el mando de esa fuerza el 7 de agosto de 1816, en la localidad de Trancas.

De inmediato BELGRANO se dirigió con su ejército hasta la ciudadela construida por San Martín en la ciudad de Tucumán y allí se dispuso  a recomponer moral y materialmente a esa fuerza, con el objetivo de volver a intentar desalojar a los realistas, que en el Norte, estaban siendo eficazmente detenidos por MARTÍN MIGUEL DE GÚEMES y sus infernales. BELGRANO reorganizó su Estado Mayor, disolvió algunas unidades, reforzó otras, creó una Compañía de Guías y un Cuerpo de Cazadores de Infantería y el Regimiento “Húsares de Tucumán, sobre la base de voluntarios del escuadrón de 180 “Húsares de la Muerte”, creado por el teniente coronel GREGORIO ARÁOZ DE LAMADRID luego de la derrota de Sipe Sipe (quien siguió siendo su jefe).

Pero la situación por la que atravesaba el Ejército del Norte en esas circunstancias, no era la más propicia para alentar sueños de gloria. Cartas que dirigiera BELGRANO a las autoridades de Buenos Aires solicitando auxilio, dan una medida de lo que sucedía. Y no solo la salud del mismo General, que había empeorado notoriamente, era tema de preocupación. Faltaban alimentos y ropa de abrigo. Tuvieron que soportar el invierno, vistiendo pantalones de brin y los más, sin un mísero poncho, comiendo carne flaca y maíz roza. Pasaron meses sin recibir sus sueldos y poco faltó para que tuvieran que salir a pedir la ayuda pública, ya que BELGRANO pudo aliviar la situación, disponiendo un empréstito público de $ 30.000, que fue rápidamente cubierto por el vecindario tucumano.

Pero dentro de este panorama, resultó estimulante que a pesar de todo, esas fuerzas no se hayan insurreccionado. Por el contrario, su disciplina permaneció excelente. El rígido orden y severos castigos que imponía BELGRANO, y su indiscutido ascendiente sobre la tropa, lograron lo que parecía imposible y ya, a fines de 1818, estaba listos para recomenzar la lucha.

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