BUENOS AIRES Y LA CONFEDERACIÓN (1852-1861)

Entre setiembre de 1852 y setiembre de 1861, la provincia de Buenos Aires fue un Estado absolutamente separado de las 13 provincias que entonces conformaban la Confederación Argentina liderada por JUSTO JOSÉ DE URQUIZA.

Resultado de imagen para URQUIZA Y MITRE

Fue así, que durante casi una década, la provincia de Buenos Aires se había convertido prácticamente en un Estado independiente y soberano, enfrentado al resto de las provincias argentinas. Durante ese período, los intereses económicos de un grupo de porteños impidieron la unión nacional, ya que no estaban dispuestos a perder el control del puerto y de la aduana que les otorgaba enormes ingresos en desmedro del interior. Cada sector lanzaba acusaciones y a

En 1851 JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, un hombre de confianza de JUAN MANUEL DE ROSAS, era gobernador de Entre Ríos, una provincia productora de ganado con entradas al país por el puerto de Buenos Aires actividad que se veía seriamente perjudicada por la política de Rosas, que no permitía la libre navegación de los ríos y frenaba el comercio y el desarrollo provinciales. Urquiza se pronunció entonces contra Rosas y con ayuda brasileña, del Partido Colorado del Uruguay y de los unitarios exiliados en Montevideo, formó el Ejercito Grande con el que derrotó definitivamente a Rosas en Caseros el 3 de febrero de 1852. Rápidamente convocó a un Congreso Constituyente en Santa Fe y en mayo de 1853 se sancionó la Constitución Nacional.

Pero, aunque ya no estaba Rosas, los intereses de la clase alta porteña seguían siendo los mismos y BARTOLOMÉ MITRE y VALENTÍN ALSINA dieron un golpe de estado, conocido como la “Revolución del 11 de Setiembre de 1852”. Buenos Aires se escindió de resto de las provincias, se dio una Constitución y nombró sus propias autoridades.

A partir de entonces, el país quedó por casi diez años dividido en dos: el Estado independiente y soberano de Buenos Aires y la Confederación Argentina (nombre heredado de la época de ROSAS), integrada por 13 de las 14 provincias existentes entonces, con capital establecida en Paraná).

La provincia de Buenos Aires, gobernada por PASTOR OBLIGADO comenzó a vivir entonces una época de holganza y prosperidad debido a los recursos que le proporcionaban las leyes vigentes que prohibían la libre navegación de los ríos para comerciar y los beneficios de la Aduana que le pertenecían en su totalidad. Pero gran parte de la población y algunos dirigentes políticos no deseaban seguir estando segregados del resto de las provincias, situación que defendían el gobernador y sus principales colaboradores, evidentemente todos enemigos de URQUIZA.

NICOLÁS CALVO y JUAN JOSÉ SOTO desde el periódico “La Reforma Pacífica”, defendían la incorporación a la Confederación, mientras que ALSINA, MITRE, SARMIENTO y MÁRMOL se oponían a todo arreglo con la Confederación, desde las columnas de “La Tribuna”. Así nacieron dos grupos antagónicos: “los pandilleros”, que defendían la posición de rechazo sostenida por OBLIGADO y sus aliados y los “chupandinos”, que reclamaban la unión nacional. Hubo serios enfrentamientos entre ambos grupos y hasta un intento de alzamiento armado, que fue rápidamente reprimido por la autoridad y sus cabecillas, los generales COSTA y FLORES fueron sumariamente ejecutados.

A fines de agosto de 1853, URQUIZA convocó al pueblo de todo el país con el propósito de elegir el primer Presidente constitucional y terminar con la segregación de Buenos Aires. Los comicios para designar electores se efectuaron a comienzos de noviembre y luego los votos fueron enviados al Congreso que estaba reunido en Santa Fe, donde se practicó el escrutinio definitivo el 20 de febrero de 1854. Por amplia mayoría el general JUSTO JOSÉ DE URQUIZA fue elegido Presidente de la Nación y para Vicepresidente la Asamblea ungió al doctor SALVADOR MARÍA DEL CARRIL.

Los elegidos prestaron juramento el 5 de marzo de ese año ante el Congreso Constituyente, que de inmediato clausuró sus sesiones. URQUIZA y sus ministros (BENJAMÍN GOROSTIAGA, interior; FACUNDO ZUVIRÍA, Relaciones Exteriores (al poco tiempo renunció y fue reemplazado por SANTIAGO DERQUI); JUAN MARÍA GUTIÉRREZ, Justicia e Instrucción Pública; MARIANO FRAGUEIRO, Hacienda y RUDECINDO ALVARADO, Guerra y Marinase trasladaron a la ciudad de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, donde quedó establecida la capital provisoria de lo que fue la “Confederación Argentina”.

El gobernador PASTOR OBLIGADO que había firmado dos Tratados con la Confederación aceptando el ingreso de Buenos Aires a la Confederación (en diciembre de 1854 y en enero de 1855), y acordando suspender acciones militares, unirse en caso de ataque proveniente del exterior y que los productos extranjeros que entrasen al país por el puerto de Buenos Aires no pagaran nuevos impuestos a la Confederación y viceversa, comenzó a pensar seriamente que la segregación de la provincia de Buenos Aires, debía terminar. Pero su período de gobierno finalizó a principios de 1857 y lo sucedió el doctor VALENTÍN ALSINA, enemigo declarado de URQUIZA y lógicamente, los planes unionistas de OBLIGADO fueron archivados.

El 20 de mayo de 1859, el Congreso promulgó una Ley que autorizaba a URQUIZA, a «resolver la cuestión de la integridad nacional, por medio de negociaciones pacíficas o de la guerra…». En los festejos del 25 de Mayo de 1859, URQUIZA aprovechó la fecha para realizar un imponente desfile de sus tropas, con la esperanza de impresionar a Buenos Aires y lograr evitar el enfrentamiento.

Pero Buenos Aires no se amedrentó y vinieron los encuentros armados: Combate naval de Martín García (18/04/1853); Combate de El Tala (08/11/1854); Combate del Paso Martín García (12/10/1859) hasta que el 23 de octubre de 1859 se libró la batalla de Cepeda II. Luego de triunfar en ella sobre las fuerzas de Buenos Aires, URQUIZA expresó su intención de llegar a un acuerdo con su vencida, pero imponiendo como condición que renunciara ALSINA. Producida esta renuncia, con la mediación del mariscal paraguayo FRANCISCO SOLANO LÓPEZ las partes en litigio lograron llegar a un arreglo amistoso, aceptando la redacción definitiva del documento que luego de ser ratificado el 11 de noviembre de 1859, se conocerá como la Convención o “Pacto de San José de Flores”, acuerdo que conduciría, luego de inesperadas vicisitudes, a la unión de todas las provincias argentinas

No todo terminó aquí. Nuevas exigencias por ambas partes; nuevas opiniones divergentes; nuevos intereses se interpusieron a las buenas intenciones y la ansiada unión se había producido solamente en los papeles, pero no en la realidad. La separación permaneció sin cambios, hasta que el 17 de septiembre de 1861, tuvo lugar la batalla de Pavón, el último episodio militar de la lucha para la consolidación definitiva de la República.

Las diferencias entre la Confederación y Buenos Aires se dirimen finalmente en esta batalla que se libra entre BARTOLOMÉ MITRE comandante de las tropas de Buenos Aires que vence a JUSTO JOSÉ DE URQUIZA al mando de las fuerzas de la Confederación y por fin se unificó el País (pero bajo la tutela porteña).

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.