Crónicas

YAGUARETÉ

YAGUARETÉ. Denominación general del tigre argentino. En la literatura misionera de Corrientes, Misiones y Paraguay, figura como “yaguareté-abá”. El yaguareté aparece en la literatura del siglo XIX, como por ejemplo en el relato que DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO hizo del ataque de este animal a FACUNDO QUIROGA y en el relato de DARWIN del episodio trágico del yaguareté que entraba a la iglesia en Santa Fe.

Yaguareté

“Yaguar” o “jaguar” es el nombre guaraní del tigre americano. El sufijo “eté” en esa lengua es aumentativo, de donde “yaguareté” significa “tigre grande” o “el más grande de los tigres”. De este modo,  diferencian el “jaguar” de otros felinos autóctonos de Sudamérica (gato montés, onza, ocelote, puma, tigrillo, etc.),  que pueden parecérsele en el color de la piel o en las costumbres, pero que jamás alcanzan el tamaño ni tienen la sanguinaria bravura que hace del “yagureté” el más temible de los carniceros. El “yturunco” y el “capiango” son también jaguares, pero éstos pertenecen al mundo de la leyenda y la superstición, pues se cuenta en los fogones, que se trata de hombres, que por un sortilegio mágico se convierten en tigres y salen a cazar.

Yapa

Pocos vocablos de las lenguas vernáculas argentinas, han alcanzado tanta popularidad como “yapa”, palabra quichua que significa añadidura, agregado, aditamento, es decir, porción de algo que va demás o que excede la totalidad de algo. En los almacenes de campo de la República Argentina del siglo XVIII, como en los comercios urbanos, era norma habitual, la de tener a mano una lata con galletitas o un frasco con caramelos, destinados exclusivamente a satisfacer el reclamo de “la yapa”, formulado por las criaturas, después de haber efectuado una compra. En nuestros tiempos, no es raro escuchar algún imperativo “déme la yapa” o el voluntario “esto va de yapa”, con que los comerciantes se refieren al regalo que le hacen a sus buenos clientes, a los que gastan generosamente. En otro orden, “yapa” es también la parte del lazo que va junto a la argolla, donde se cierra “la armada”, parte que,…
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YAPEYÚ

Recostado sobre la orilla del río Uruguay, a 396 kilómetros de la ciudad de Corrientes, Yapeyú es un lugar donde el visitante parece sumergirse en el pasado. En la profunda calma de los pueblos de la época colonial, con calles de tierra que desembocan en el manso río, añosas arboledas y una arquitectura generosa en edificios centenarios, la historia despierta. La antigua Yapeyú nació en 1626 de la mano de los jesuítas que establecieron una misión junto a la desembocadura del arroyo Guaviraví, en el Uruguay y creció con el sello inconfundible de esa orden religiosa. Allí nació en 1778 el general José de San Martín. La ruta de los jesuítas Además de las ruinas de lo que fue la casa natal del ilustre soldado de la Independencia, se conservan otras construcciones de la original aldea llamada “Nuestra Señora de los Santos Reyes Magos de Yapeyú”, cuando se fundó como…
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YRIGOYEN REVOLUCIONARIO EN 1893

“En su primitivo plan el doctor Hipólito Yrigoyen había  decidido dirigir el pronunciamiento desde Témperley. Pero a último momento supo que por la linea de Las Flores las cosas habían flaqueado. Entonces pensó concurrir personalmente a la prueba, lo que si importaba una abnegación más, era imprudente, pues comprometía a la dirección general. El doctor Yrigoyen decidió dejar en su puesto al doctor Marcelo T. de Alvear. Este debía evitar el paso de las tropas. El doctor Alvear cumplió con su deber, batiéndose con fuerzas superiores, a las cuales, no obstante, les interceptó el paso. “Entretanto, veamos la tarea realizada por el doctor Yri goyen. Este se traslada a su estancia de Las Flores “El Trigo”. Allí concentró a un grupo como de veinte oficia­les amigos y otros tantos estancieros y gente conocida. En la madrugada del 30, conforme con la orden general, salió de su establecimiento para tomar aquel…
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YUNTA

La yunta (par, pareja  de algo), podía ser de animales, de jinetes o peones que realizaban juntos y en forma coordinada en los apartes de hacienda y hasta de monedas (imagen), como se daba cuando se unían para formar un adorno en la rastra del gaucho. Se hacía con dos patacones unidos por su parte central a los extremos de una traba o cadena metálica de determinada longitud. El “patacón” o “real de a ocho”, era una moneda antigüa acuñada en plata novecientos que tenía un gran tamaño (3 centímetros de diámetro). Se usaban una, dos y hasta tres “yuntas”, según fueran las posibilidades de cada uno. Los hombres ricos solían reemplazar los “patacones” por “onzas” y otras monedas de oro, que circulaban en aquellos para exhibir su importancia y riqueza (ver La Rastra).  

Zapucay

En el noreste argentino, principalmente en la provincia de Corrientes, ya sea en el trabajo, en las fiestas populares o en otras oportunidades que lo hacen propicio, la gente de campo suele dar salida a sus buenos estados de ánimo, por medio de un grito sostenido y de tonos cambiantes, un verdadero alarido al que se lo llama “zapucay”. Un desahogo que se ha convertido en característica de ese pueblo, descendiente de los guaraníes, que juegan su honor y valía, compitiendo para dirimir quien lanza un “zapucay” más vibrante, sostenido y modulado.