COMBATE EN LOS LLANOS DE LA RIOJA (11/03/1862)

En los llanos de la Rioja (durante la llamada “Campaña de los Llanos”), el coronel AMBROSIO SANDES, al mando de efectivos del ejército nacional, derrota a las fuerzas del caudillo riojano federal ÁNGEL VICENTE PEÑALOZA, que unido con el bandolero CARLOS ÁNGEL y el montonero LUCAS LLANO, se habían apoderado de los Departamentos de «Costa Alta», «Costa Baja» y «Costa del Medio», cortando las comunicaciones de Córdoba con La Rioja y de ésta con San Juan, durante la primera rebelión que encabezara PEÑALOZA contra el gobierno unitario de Buenos Aires (1).

Luego de que el triunfo de los unitarios en la batalla de Pavón en 1861, pusiera fin a la Confederación Argentina iniciando un proceso de reorganización nacional bajo la preeminencia de Buenos Aires, hasta entonces separada del resto de las provincias, éstas sufrían con el continuo avasallamiento de sus derechos y los “unitarios”, pusieron en jaque a los gobiernos federales, derrotándolos uno a uno, en campañas sanguinarias, que fueron apoyadas hasta por DOMINGO F. SARMIENTO, entonces gobernador de San Juan.

Así, en marzo de 1862, cuando el proyecto federalista parecía acabado, derrotado por el proyecto liberal unitario y el gobierno de Buenos Aires avanzaba sobre el interior, el caudillo riojano ÁNGEL VICENTE PEÑALOZA, líder indiscutido que defendió el federalismo y los intereses de los gauchos en la árida región de los Llanos riojanos, puso nuevamente en cuestión al centralismo porteño e inició una resistencia armada que concluyó momentáneamente el 30 de mayo de 1862 con la firma del “Tratado de la Banderita”, un armisticio que acordaba la paz entre las provincias de Buenos Aires y La Rioja.

Pero nuevos ataques siguieron produciéndose contra gobiernos federales. En 1863, el gobernador puntano, JUAN BARBEITO, repelió una nueva invasión de tropas leales a PEÑALOZA, llevada a cabo por unos 1.600 montoneros que habían incursionado con éxito parcial en la zona norte de la provincia y esto decidió a PEÑALOZA.

Pero antes, tratando de llegar a un acuerdo con el gobierno de Buenos Aires, a fines de marzo de 1863, el Chacho escribió al presidente BARTOLOMÉ MITRE: “…los gobernadores de estos pueblos, convertidos en verdugos de las provincias… destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables sin más crimen que haber pertenecido al partido federal… Los hombres todos, no teniendo ya más que perder que sus existencias, quieren sacrificarla más bien en el campo de batalla”.

Para referirse a este llamado a la cordura, el gobernador de San Juan, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO escribió al presidente diciéndole: “…no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esta chusma criolla incivil, bárbara y ruda, es lo único que tienen de seres humanos”. Mitre respondió: “Quiero hacer en La Rioja una guerra de policía. Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de partidarios políticos, lo que hay que hacer es muy sencillo”.

Ante el evidente fracaso del acuerdo de pacificación firmado en La Banderita, debido al incumplimiento de las promesas del gobierno central y de que continuaban las persecuciones que sufrían sus aliados y las ejecuciones sumarias de sus oficiales, y al silencio con el que se respondió a su llamado a la paz, en mayo de 1863, PEÑALOZA volvió a apelar a las armas y luego de pronunciar el famoso “Grito de Guaja», se alzó contra el gobierno de BARTOLOMÉ MITRE (ver Rebelión de Ángel Vicente Peñaloza).

DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, que además de gobernador de San Juan, también era Coronel, fue designado para que comande las operaciones contra PEÑALOZA y de inmediato puso en condiciones de marcha a las fuerzas de represión, con efectivos de los ejércitos de línea y milicias de San Juan, Mendoza y San Luis. Coordinó una implacable campaña de persecución de las fuerzas insurrectas y ante la superioridad en armamento del ejército nacional, las montoneras emplearon tácticas de guerra de guerrillas: ataques sorpresa, movilidad rápida y aprovechamiento del conocimiento del terreno.

Pero no fue suficiente. Las tropas de Buenos Aires cercaron progresivamente a las montoneras federales. Las derrotaron en Lomas Blancas y finalmente, el 30 de octubre de 1863, en Caucete, en la provincia de San Juan. PEÑALOZA se refugió en la localidad riojana de Olta y el 12 de noviembre de 1863, tras rendirse de manera pacífica ante las tropas oficiales, fue brutalmente asesinado por orden del mayor PABLO IRRAZÁBAL, marcando el fin definitivo de esta sublevación (2). Su cabeza cortada fue exhibida en la plaza pública como escarmiento (ver La muerte del Chacho Peñaloza).

(1). Derrotados los insurrectos federales, el Coronel Sandes ordenó el degüello inmediato de todos los prisioneros y su incineración y al enterarse de esto, el gobernador de San Juan Domingo Faustino Sarmiento, le escribió al presidente BATOLOMÉ MITRE: “… Si Sandes mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición, que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor”.
(2). Su muerte le concedió el favor de no ver la última derrota que sufrieron sus leales “montoneras” l 9 de noviembre de 183, cuando fueron vencidas por última y definitiva vez, por efectivos bajo el mando del Coronel IGNACIO ARREDONDO en el combate de “Bajo del Gigante (actual Departamento de Rosario Vera Peñaloza, en La Rioja).

 

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