LA MUERTE DEL CHACHO PEÑALOZA (12/11/1863).

El caudillo riojano de la resistencia armada federal ÁNGEL VICENTE PEÑALOZA fue vencido en la batalla de Las Playas (28/06/1863), por el coronel PABLO IRRÁZÁBAL, comandante de los efectivos unitarios que actuaba bajo las órdenes de BARTOLOMÉ MITRE y sin poder impedir que todos sus oficiales fueran fusilados por lo vencedores, logró escapar.

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Poco después, en noviembre del mismo año,  luego de una tenaz persecución, el caudillo riojano fue alcanzado y nuevamente vencido en el combate de Los Gigantes y antes de que llegara IRRAZÁBAL al lugar, el 11 de noviembre de 1863, PEÑALOZA se rindió al comandante RICARDO VERA en Loma Blanca (paraje cercano a Olta, provincia de La Rioja), entregándole su puñal, la última arma que le quedaba. Una hora después llegó al campamento de VERA, el coronel IRRAZÁBAL y ordenó que llevaran a PEÑALOZA su presencia. Sin mediar palabra, lo atravesó con su lanza, ordenándole a sus soldados, que lo remataran a balazos. No satisfecho con su salvajada, ordenó cortar su cabeza y exhibirla, clavada en una pica, en la cercana Plaza de Olta. Para mayor escarnio, una de las orejas del “Chacho Peñaloza”, fue colocada para que “presidiera” las reuniones de sus enemigos políticos y su esposa VICTORIA ROMERO fue obligada a que encadenada, barriera las calles de la ciudad de San Juan.

El 18 de noviembre de 1863, al conocer la noticia, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, le escribió al presidente BARTOLOMÉ MITRA diciéndole: “No se que pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma, sin cortarle la cabeza al inveterado pícaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses” (ver Peñaloza reclama que Urquiza se defina).

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