UNITARIOS Y FEDERALES

Ya desde los primeros días de la República Argentina como nación libre y soberana, comenzaron a gestarse los dos grandes partidos políticos antagónicos que se definirían como “unitarios” y “federales”. Morenistas, “Directoriales” y “Unitarios” fueron los distintos nombres que recibieron a través de los años, aquellos que deseaban organizar el país bajo un sistema liberal y centralizado.

Cultos e ilustrados. Partidarios  de una forma de gobierno  “consolidada en la unidad de régimen”, los unitarios pretendían imponer  instituciones europeas que juzgaban adecuadas. Era una corriente revolucionaria, innovadora y progresista, cuyos integrantes, sostuvieron la necesidad de civilizar el país, a través de una adecuada legislación y de una moderna enseñanza. Desde Buenos Aires la ciudad predominante y único puerto habilitado para el comercio exterior, los unitarios bregaron para reformar la estructura política y social del país. Enfrente de ellos estaban los “federales”. Eran lo que se-guían una tendencia conservadora y tradicional de raigambre hispano-católica, eminentemente práctica. Partidarios de la descentralización del poder y de las autonomías provinciales, contaron con gran apoyo popular, por cuanto privilegiaron lo americano por sobre lo europeo. Representaron la forma primitiva de la democracia, porque sus gobiernos surgieron a través de plebiscitos mayoritarios.

A ambas tendencias políticas, les cabe la responsabilidad de haber desatado una sangrienta guerra civil que concluyó recién con la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), aunque sin embargo, el problema que enfrentó a Buenos Aires con el resto de las provincias que integraban la “Confederación”, recién se solucionó en 1880, cuando el Congreso Nacional, declaró  a la primera, Capital de la República.

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