LOS SOLDADOS DE ROSAS (1851)

LOS SOLDADOS DE ROSAS. Transcribimos del libro de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO “Campaña en el Ejército Grande”, los párrafos donde éste describe su profunda impresión que en 1851 causó en su espíritu, el espectáculo de los soldados federales que, a las órdenes de Oribe, habían sostenido desde 1840 el sitio de Montevideo: “Pocas veces he experimentado impresiones más profundas que la que me causó la vista e inspección de aquellos terribles tercios de Rosas, a los cuales se ligan tan sangrientos recuerdos y para nosotros, preocupaciones que habíamos creído increíbles. ¿De cuántos actos de barbarie inaudita habrían sido ejecutores estos soldados que veía tendidos de medio lado, vestidos de rojo, chiripá, gorro y envueltos en sus largos ponchos de paño? Fisonomías graves, como árabes y como antiguos soldados; caras llenas de cicatrices y de arrugas. Un rasgo común a todos, casi sin excepción, eran las caras de oficiales y soldados. Diríase al verlos, que aquella mañana, había nevado sobre las cabezas y las barbas de todos ellos. La mayor parte de los cuerpos que sitiaban hasta hace poco antes a Montevideo, habían salido de Buenos Aires en 1837 y desde entonces ninguno, soldados, clases ni oficiales, había obtenido ascenso o recompensa alguna. ¡Qué misterios de la naturaleza humana! ¡Qué terribles lecciones para los pueblos!. He aquí los restos de diez mil seres humanos que han permanecido casi diez años en la brecha, combatiendo y cayendo uno a uno, todos los días, ¿por qué causa?, ¿sostenidos por qué sentimientos?… Los ascensos son un estímulo para sostener la voluntad del militar pero aquí no hay ascensos, a pesar de que todos podemos ver esos cuerpos de tropa sin jefes y aún, sin oficiales. Por todas partes había claros que llenar y no se llenaban. Y los mil postergados, nunca trataron de sublevarse !!”. Nunca murmuraron”. Estos soldados y oficiales, durante diez años carecieron del abrigo de un techo y nunca murmuraron !!. Comieron sólo carne asada en escaso fuego y nunca murmuraron !!. La pasión del amor, poderosa e indomable en el hombre como en el bruto, la que perpetúa la sociedad, estuvo comprimida diez años y nunca murmuraron !!!. La pasión de adquirir, como la de elevarse, no fue satisfecha en soldados ni oficiales subalternos por el saqueo, ni entretenida por un salario que llenase las más reducidas necesidades y nunca murmuraron !!. Los afectos familiares fueron extinguidos por la ausencia interminable. Los goces de las ciudades casi olvidados; todos los instintos humanos atormentados y nunca murmuraron !!. Matar y morir: he aquí la única facultad despierta en esta inmensa familia de bayonetas y de regimientos y sus miembros, separados por causas que ignoraban, del hombre que los tenía condenados a este oficio mortífero y a esta abnegación sin premio, sin elevación, sin término, tenían por él, por Rosas, una afección profunda, una veneración que disimulaban apenas. ¿Qué era Rosas para estos hombres? O, más bien, ¿qué seres había hecho de los que llevó a sus filas, convirtiéndolos en máquinas indiferentes al sol, la lluvia, las privaciones, la intemperie, los estímulos de la carne, el instinto de mejorar, de elevarse, de adquirir y sólo activos para matar y recibir la muerte?. Y aun en la administración de la sangre había crueldades que no sólo eran para el enemigo. No había ni hospitales ni médicos. Poquísimos son los inválidos que se han salvado de entre estos soldados. Con la pierna o el brazo fracturados por las balas, iba al hoyo el cuerpo, atacado por la gangrena o las inflamaciones. ¿Qué era Rosas, pues, para estos hombres?, ¿qué sentimientos de lealtad y de amor a una causa les había inspirado?. Pasados muchos años, aún estas preguntas no han tenido respuesta: Qué fue Rosas para estos hombres?. Cuál fue la fuerza de la pasión que les inspiró?. Será cierto que el amor a la Patria, puede postergar cualquier otro sentimiento y que el hombre no ha sido capaz de comprender razones, que el corazón, si comprende?.

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