URQUIZA Y ROSAS

JUSTO JOSÉ DE URQUIZA era un federal de verdad; JUAN MANUEL DE OSAS, en cambio, un pseudo federal, un federal en apariencia. Urquiza quería llegar a la “organización nacional” cuanto antes; Rosas, disfrazando sus falaces propósitos con engañosas declaraciones, procuraba retardarla todo lo posible. El caudillo entrerriano–como todos los hombres bien intencionados del interior–, enarbolaba su credo federal como una bandera de principios; Rosas, pretextando la misma fe federal, y haciendo gritar a las masas, hasta desgañitarse, “Viva la Santa Federación”, sólo tenía en cuenta los intereses de la primera provincia argentina, que a cambio de esa política, le ofrecía la fuerza y los recursos para perpetuarse en el mando contra la voluntad de los demás. Razón sobrada tenía Rosas al decir a don Santiago Vázquez, emisario confidencial del Uruguay: “Todos dicen que yo soy federal y yo me río” (1).

Entre Ríos fue el primer Estado argentino que se pronunció por la federación. Para esa provincia, como para Corrientes, la Banda Oriental y el Paraguay, unidos por el mismo grandioso sistema fluvial, el federalismo como régimen político era una necesidad vital impuesta por la geografía. Urquiza, hombre representativo del litoral, sentíase genuino intérprete de los hondos anhelos de su pueblo. Rosas, en cambio, autor de la seudo federación pregonaba enfáticamente la misma fe política, pero la contradecía en los hechos, aduciendo el pretexto de no ser posible la constitución de la República, mientras no se organizaran parcialmente las provincias. Con esa tesis se mantenían divorciados a todos los Estados argentinos, –a despecho de la unidad histórica, geográfica y económica del país–, sirviendo los fines absorbentes y utilitarios de la capital, “basados en la clausura de los ríos, el exclusivismo del puerto, el consiguiente monopolio del comercio exterior y el manejo de las relaciones internacionales a su arbitrio”.

En el pasado, tal política localista dio como frutos veinte años de guerras civiles y la consiguiente dictadura de Rosas para sostenerla, así como la segregación de la Banda Oriental y el Paraguay, y dentro de la vida constitucional de la República, ocasionó el crecimiento gigantesco de la capital en detrimento del resto del país, la acumulación de la población y de la riqueza en un solo punto del litoral, mientras la Nación en la vastedad de su interior, se hallaba totalmente empobrecida y desierta (2).

(1). El general Pedro Ferré, en sus Memorias, págs. 45 y 46, explica el plan de Rosas como sigue: “Después que llegué a Buenos Aires, a comienzos de 1830, donde tenía amigos sinceros, fui instruido del plan que Rosas se había propuesto es­tablecer, de acuerdo con algunos de los principales de Buenos Aires, cuyo resultado debía ser subyugar a todas las provincias, y era el siguiente: “Veinte años de experiencia debe convencemos, –dijo Rosas a esos hombres notables–, que no es posible conseguir la dominación de las provincias como conviene a la nuestra. Ellas la han resistido con éxito, y lo harán siempre favorecidas de su localidad y del entusiasmo con que sus masas han aprendido el sistema de federación. Si vosotros me aseguráis vuestra firme cooperación, propondré un plan cuyo resultado llenará el objeto por el que combatimos ha muchos años. “Es preciso que en lo sucesivo finjamos haber variado de sistema, declarándonos federales como por convencimiento. Nuestros pasos, nuestras acciones y todo cuanto exteriormente pueda tener visos de federación debemos emplearlos para merecer la confianza de los pueblos. Tenemos en apoyo de esta medida la enemiga del partido de Lavalle, pues todo él figuró cuando quisimos dar a los pueblos la constitución bajo el sistema de unidad, que rechazaban. Lo perseguiremos como a unitario llenándolo de vituperios y esto halagará a las masas de los pueblos que miran a aquel partido como coautor de su pretendida dominación, creerán que nos­otros somos los primeros que en Buenos Aires aparecemos conformes con la opinión general; y así empezaremos a merecer su confianza. Procuraremos, con nuestros recursos, ganar los hombres de más prestigio en las provincias, para poder introducir nuestra influencia en la administración de todas; daremos el tiempo necesario para consolidar su confianza procurando desunirlas y dividir la opinión entre ellas mismas; les haremos sentir la pobreza; y nuestra protección en este caso les demostrará que no pueden existir sin nosotros; de este modo quedarán reducidas en un estado de nulidad que nos dará aptitud para dominarlas y establecer el sistema de unidad, que es el que nos conviene u otro cualquiera que esté a nuestros intereses. El sistema de no establecer prohibiciones o restricciones sobre la importación de efectos extranjeros, que producen las provincias, es necesario sostenerlo, porque de lo contrario nuestras rentas se disminuyen, las provincias prosperan, no les seremos necesarios, y nuestro plan se frustra”. He ahí el plan propuesto por Rosas, que aprobaron todos los concurrentes”.

(2). José María Sarobe, ob. cit. Urquiza, Rosas y la educación pública. «Resulta aleccionador comparar, aunque sea en sus grandes líneas, lo realizado por Urquiza en materia de instrucción pública “en sólo tres años de gobierno”, con lo hecho por Rosas en veinte años. El 7 de marzo de 1854 Urquiza asume como Presidente de la Confederación y durante su gobierno , fueron nacionalizados la Universidad de Córdoba y el Colegio Monserrat. Se crearon numerosas escuelas primarias y la Junta Directora de Enseñanza. En setiembre de 1856, se dispuso establecer los colegios nacionales de Mendoza, Salta. Catamarca y Tucumán. Con la designación del doctor ALBERTO LARROQUE como Rector del Colegio de Concepción del Uruguay, Urquiza dio a este establecimiento un impulso y una jerarquía realmente excepcionales. Con su dirección personal, dicho colegio alcanzó su “época de oro”. Durante su administración y con su decidido apoyo, JUAN BAUTISTA ALBERDI publicó sus principales obras, entre ellas, sus célebres “Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina”, “Descripción geográfico-estadística de la Confederación Argentina” y “Las provincias de la Confederación Argentina”, obras que hicieron conocer a los europeos, bajo una forma muy ventajosa, nuestro país y sus inmensos recursos. En 1832, el Ilustre Restaurador de las Leyes, en un mensaje a la Legislatura informa sobre el problema de la instrucción pública en “dos renglones”. En el año 1835, expresa que las escuelas para varones debían “ser costeadas, en adelante, con lo que produzca el ramo de corrales en cada pueblo”, y dicta un decreto que imponía a los preceptores la obligación de jurar adhesión y fidelidad a su persona y a la santa causa federal, como requisito previo al ejercicio de la docencia. Dispone que los escolares vistan “en lo sucesivo trajes de listado que no tenga nada de celeste ni de verde; esclavina punzó y moño también punzó al lado izquierdo de la cabeza, bien grande y en todo tiempo”.

En 1837, hace saber a la Junta de Representantes que la educación para las niñas era de orden “religiosa, federal, industrial y modesta”. En el mensaje de 1838 anuncia que el gobierno había suprimido “la dotación de los preceptores de educación primaria” y le hace saber a la Sociedad de Beneficencia, que las alumnas deben costear su educación y “que la que no entregase la suma que le fuera asignada sea despedida”. Además, añade, que “si no se reuniese la cantidad necesaria, cese la escuela o escuelas”. En los mensajes de los años 1840 y 1841, informa que el gobierno había retirado “los subsidios destinados a la conservación de los establecimientos de caridad, de beneficencia y de educación de ambos sexos”. En 1842 dicta un decreto que disponía que los establecimientos de enseñanza sólo debían recibir a los niños cuyos padres se hallaban prestando “servicios federales de la causa nacional”. Dispuso también que la policía averiguara “el color político y la calidad federal” de los maestros. En los años subsiguientes las referencias a esa importante rama del gobierno se limitan “a una o dos frases”; en las de 1844 y 1845 no se hace mención de la instrucción pública; en el mensaje de 1846 informa que la enseñanza elemental debe ajustarse “a la santa religión del Estado” y “a la sagrada causa nacional de la Confederación”, demostrando en los años siguientes hasta 1852, la más absoluta indiferencia por el progreso de la instrucción popular. En materia de estudios superiores, Rosas siguió una política semejante. Clausuró el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, de enseñanza preuniversitaria; creado en 1823, en la época de Rivadavia, argumentando “que no correspondían sus ventajas a las erogaciones que causa ni a los fines que motivaron su fundación”.

En 1835 suprimió el consejo directivo de la Universidad y disminuyó su personal docente y administrativo. Hizo saber a su rector que al gobierno le era imposible abonar los sueldos y demás gastos del establecimiento y al mismo tiempo le indicaba que los catedráticos debían exigir a los padres de los universitarios el pago de una cuota destinada a sufragar los haberes del profesorado, los sueldos del personal administrativo y los gastos generales. Se advertía finalmente a dichas autoridades la obligación de despedir a los alumnos que no satisficieran esas exigencias. Quedaba al arbitrio del gobierno la clausura de la Universidad, si ésta no lograba reunir los fondos para sostenerse.

En 1838 Rosas comunicó a la Junta de Representantes que el “déficit de las rentas obligó al gobierno a suprimir la dotación de las cátedras que no fuesen sostenidas por los alumnos”. Como se ve, en este aspecto como en los demás de su acción de gobernante, Urquiza es la “antítesis” de Rosas. Y eso que el primero sólo disponía de las menguadas rentas de una provincia de 47.000 habitantes, mientras que el segundo contaba con los recursos, por cierto muy superiores, del primer Estado argentino y de los ingresos de la aduana de la Confederación (José María Sarobe).

7 Comentarios

  1. juan

    no hay un resumen? xq tengo prueba mañana con sturla

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    1. Anónimo

      no hay resumen ;v te lo tenés que leer todo alv

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      1. Anónimo

        F por el wey que no encontro resumen :v

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  2. Anónimo

    hola

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    1. Anónimo

      holaaaa uwu

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  3. Anónimo

    euu el primer decreto publicado por Urquiza contra la política de Rosas??alguien sabe?lo necesito si o si para hoy y no lo encuentroo

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  4. Anónimo

    No se puede creer, pensar que el general San Martín le dejó su sable a Rozas!!! Es una lástima…Maite de Recoleta…

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