UNITARIO Y FEDERALES, UNA PARADOJA DE NUESTRA HISTORIA

Luego del Pacto de Barracas y disuelta la Junta de Representantes por medio del golpe del 1º de diciembre  de 1828, JUAN GALO DE LAVALLE y JUAN MANUEL DE ROSAS, uno de los principales líderes de los llamados “unitarios” el primero y líder absoluto de los “federales” el segundo,  acordaron el cese de las hostilidades  entre ambos y de común acuerdo, nombraron  a JUAN JOSÉ VIAMENTE, para que ejerciera en forma provisoria el cargo de Gobernador de Buenos Aires. Pronto,  éste fue cooptado por ROSAS y siguiendo sus consejos, restableció la vigencia de la Junta de Representantes y a  partir de entonces, la influencia del líder federal fue en ascenso.

Aprovechando el desorden institucional y el descontento popular existentes, los “rosistas”, lograron imponer la idea de que era necesaria la instalación de un gobierno fuerte para poner orden en la provincia, apropiándose entonces del dolor causado en las masas populares y en la campaña, por la muerte de Manuel Dorrego, Juan Manuel de Rosas se hizo líder de esos grupos y contando con el apoyo de los terratenientes y grandes hacendados, enarboló la bandera del “federalismo” ,

Luego de producidas varias circunstancias y sucesos que derivaron finalmente en el nombramiento de ROSAS como Gobernador de Buenos Aires, éste asumió el gobierno de la provincia el 8 de diciembre de 1829. Comenzaba  así lo que se conoce como la “época de Rosas”, un período de nuestra historia que duró 21 años y que se caracterizó por el encono, la violencia y la injusticia que muchos de sus protagonistas le impusieron a su lucha para hacer prevalecer sus ideas.

ROSAS llegó al gobierno llevando las consignas del “federalismo”,  pero esta resulto ser una simple etiqueta, una paradoja. Su ideal era otro. Pronto se vio que el suyo, sería una gobierno absolutamente central ejercido con mano férrea desde Buenos Aires, con control de las Relaciones Exteriores  y el manejo discrecional de las fuentes de recursos (principalmente los producidos por la Aduana), contenidos doctrinarios totalmente opuestos a los que se identificaban como los auténticos federales (José Gervasio de Artigas, Estanislao López, Manuel Dorrego, Facundo Quiroga, Ángel Vicente Peñaloza, Antonino Taboada, Francisco Ramírez y tantos otros).

Para oponerse a ROSAS, surgieron los “unitarios”,  otra paradoja de nuestra Historia, pues eran éstos, los verdaderos cultores del “federalismo” a ultranza (Juan Galo de Lavalle, Juan María de Pueyrredón, Bernardino Rivadavia, Gregorio Aráoz de Lamadrid, José María Paz, Justo José de Urquiza (después de revistar en la filas de Rosas durante 16 años),  Fructuoso Rivera, , fueron algunos de ellos).

Visiones tan dispares acerca de la forma de gobierno y de la política que tenían estos dos grupos, fue la razón de tanto encono. ROSAS jamás permitiría que Buenos Aires fuera una provincia más en un conjunto de Estados Provinciales con iguales derechos e hizo todo lo que estaba a su alcance para impedir la constitución de un Estado único de iguales. Los unitarios jamás permitirían que el destino de sus provincias fuera manejado desde Buenos Aires, ni que fueran despojadas de sus recursos. Así estuvieron las cosas hasta que el 3 de febrero de 1852, ROSAS fue finalmente vencido en la batalla de Caseros por JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, dando término a una confrontación que consumió, tiñendo de sangree,  más de dos décadas de nuestra Historia. Una confrontación que sólo finalizará el 23 de octubre de 1859, cuando en la segunda Batalla de Cepeda, las fuerzas armadas de Buenos Aires son derrotadas por las de la Confederación, y Buenos Aires dejó de ser un Estado con pretenciones hegemónicas y pasó a integrarse con el resto de las provincias, formando parte de la Confederación Argentina.

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