UNA EXTRAÑA HISTORIA POLICIAL (18/07/1888)

Comenzó en Buenos Aires una extraña historia policial que conmovió a la sociedad de la época. El protagonista era LUIS CASTRUCCIO, un inmigrante italiano que había llegado al país en 1878, cuando tenía 15 años. Al principio se ganó la vida trabajando como mucamo, mientras leía todo lo que estaba a su alcance, desde filosofía hasta astronomía. En algún momento comenzó a madurar un plan para salir de pobre, que se desarrollaba en dos pasos: 1) Hacer un seguro de vida para alguien y ser nombrado el beneficiario de la póliza. 2) Matar al asegurado y hacerlo pasar por muerte natural. Empezó poniendo un aviso en el diario donde pedía un chico de 7 a 9 años para servir a un señor, a cambio de comida y educación. Aunque se presentaron muchos candidatos, descubrió que ninguna compañía realizaba seguros sobre un chico, siendo beneficiario un adulto. Entonces cambió el aviso y pidió un criado mayor. Así fue como llegó a su casa ALBERTO BOUCHOT CONSTANTIN, un tipo hecho a medida para sus planes, porque era francés y no tenía ningún pariente en el país. Después de un tiempo, Castruccio se ganó la confianza de su criado y lo convenció de que hiciese un seguro de vida y lo nombrara beneficiario. Como era un asesino prolijo, llevaba un cuidadoso diario de todos sus actos, y así escribió que el fatal día 18 comenzó a administrar al criado una pequeña dosis de arsénico. Días más tarde, el hombre se enfermó y Castruccio llamó a un médico que diagnosticó una gastritis.

Por supuesto, al sumar más dosis de veneno, el criado se agravó y terminó muriendo. Cuando el patrón quiso cobrar el seguro despertó sospechas en la compañía, que inició una investigación. Castruccio fue llevado a juicio, terminó confesando todo y fue condenado a muerte. Cuando era conducido ante el pelotón de fusilamiento, recibió un indulto presidencial. Pasó 20 años en la cárcel, pero murió completamente loco en un manicomio. Su plan siniestro, como un bumerán, se volvió contra él, y lejos de haberle procurado el dinero que ambicionaba, lo sumió en las sombras de la irracionalidad. Para su escarmiento y ejemplo de eventuales limitadores.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.