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RENDICIÓN DEL CACIQUE SAYHUEQUE, EL ÚLTIMO REBELDE (01/01/1885)
El cacique mapuche VALENTÍN SAYHUEQUE (c. 1818-1903) el más poderoso y temido cacique del sur argentino en la región de la Patagonia, se presentó en el fuerte “Junín de los Andes” al jefe del 7 de caballería, teniente coronel MARCIAL NADAL acompañado por 700 “indios de lanza” y 2500 “de chusma”, pertenecientes a diversas tribus que habían opuesto la más tenaz resistencia al avance de las tropas de Buenos Aires y a la política discontínua de su gobierno y se declara sumiso, amparándose a las leyes de la nación.
La extrema violencia ejercida por los aborígenes desplazados de los territorios que iban ocupando los nuevos colonos de las tierras ubicadas especialmente en la Patagonia y el Chaco Austral, sumada a los continuos reclamos de pertenencia de esas tierras que hacían países limítrofes, ya en 1870 comenzaron a preocupar seriamente a las autoridades nacionales. Se hacía necesario entonces, lograr la consolidación definitiva de la República Argentina como Estado Nacional, delimitando claramente sus fronteras y estableciendo sólidas y permanentes muestras de nuestra presencia soberana en esos lugares.
En 1870 el presidente DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO había encarado este problema en el Chaco Austral y había ordenado el inicio de acciones tendientes a terminar con la violencia de los aborígenes desplazados y afianzar la soberanía argentina sobre esos territorios (1) y en 1875, la “araucanización de la Patagonia, que había traído más violencia a esta región y los constantes reclamos que sobre éstos hacía Chile, hizo que ahora, comenzara a preocuparse el gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Luego del fracaso de las campañas al desierto llevadas a cabo por el coronel MARTÍN RODRIGUEZ, primero como Comandante General de Fronteras en 1820 y luego en 1823, como Gobernador de Buenos Aires y de los escasos logros obtenidos durante las campañas de JUAN MANUEL DE ROSAS realizada en 1833, en cumplimiento de la orden del Gobernador de Buenos Aires JUAN RAMÓN BALCARCE y la que más tarde, ya en 1855, dispuso el entonces Gobernador de Buenos Aires PASTOR OBLIGADO ordenando “acometer y destruir en sus propias tolderías a los indígenas del sur” y que comandó BARTOLOMÉ MITRE, ninguna de las cuales había podido ponerle fin tampoco, a los violentos ataques de los aborígenes a los establecimientos rurales y poblaciones instaladas en la Pampa, en 1879, el Gobernador de Buenos Aires NICOLÁS AVELLANEDA, nombró Ministro de Guerra al General JULIO ARGENTINO ROCA y le ordenó que presentara una Plan que solucionara ambos problemas.
ROCA sucedía en el cargo a ADOLFO ALSINA, luego de que éste falleciera en 1877, mientras se encontraba al frente de la Campaña al Desierto ordenada por AVELLANEDA desde en enero de 1875. ROCA, pronto se manifiesta en desacuerdo por la estrategia empleada por su antecesor ALSINA y presenta un plan, donde, habiendo concluido que la única solución contra la amenaza de los indígenas era “subyugarlos, expulsarlos, o asimilarlos, porque la política de contención en las fronteras no había dado resultados satisfactorios”, recomienda un Plan que consiste en realizar una gran expedición que cubriera la totalidad del territorio hasta el río Negro, “como un palo de amasar abarca toda la masa”.
Aprobado su plan, ROCA inicia su Campaña el 16 de abril de 1879 y para tener éxito enfrentándose a los pueblos de las Pampas y silenciar las objeciones que los partidarios de la política defensiva de ADOLFO ALSINA le hacían, comprende que debía contar con el apoyo del lonco SAYHUEQUE: “Es necesario darse cuenta de la importancia del cacique SAYHUEQUE y de las consideraciones que le debemos por su nobleza y por la constante protección que ha prestado a la causa de la civilización y de los intereses argentinos”, decía. “Él domina a los tehuelche y si estuviera aliado a nosotros en el Río Negro, aquellos lo estarían con más razón. Lo cortés no quita lo valiente, dice el adagio, y ésa es la fórmula que encierra todo el plan sobre los manzaneros y tehuelches. Debemos sacar partido de su índole, para aliarlo a nuestro ejército”, concluía diciendo ROCA en su informe de campaña. Y fue lamentable, que a pesar de esta favorable predisposición, la figura del cacique mapuche adquiriera relevancia y se erigiera como el más peligroso adversario del “blanco invasor”, durante la campaña comandada por ROCA.
VALENTÍN SAYHUEQUE nació en 1818 en el llamado «País de las Manzanas», una zona fértil ubicada en el noroeste de la actual provincia de Río Negro y el sur del Neuquén, en la Patagonia argentina. Era hijo del cacique CHOCORÍ, que para algunas fuentes, era de origen araucano o pampa-puelche o bien tehuelche y de YELKULACHÜM, una princesa tehuelche y su nacimiento se produjo en la época en que los ganaderos de Buenos Aires, comenzaban a impulsar el avance hacia los territorios pampeanos bajo control indígena.
Bautizado por misioneros jesuitas, era ahijado de VALENTÍN ALSINA de quien tomó su nombre cristiano. Su identidad étnica es difícil de precisar. Según el historiador RODOLFO CASAMIQUELA, era tehuelche, como él mismo se proclamaba. FRANCISCO P. MORENO que mantuvo una cordial amistad con él, lo consideraba mapuche, basándose en su lengua, sus costumbres y sus pautas culturales, que podrían haber sido adquiridos durante la época en que la región se vio sometida a un proceso de araucanización. En definitiva, diremos que pertenecería a la nueva formación social patagónica que surgiera en la zona producto de las mixturas culturales de las tribus originarias con las invasoras, procedentes de Chile.
En 1834, a la muerte de su padre, como era muy joven para ser considerado líder de su comunidad, el cacique CHAGALLO asumió esa responsabilidad provisoriamente y lo fue, hasta que en 1850, SAYHEQUE, ya en edad suficiente para ejercer el cargo, lo asumió y pronto su “cacicazgo”, adquirió gran importancia e influencia sobre todas las tribus del “País de las Manzanas”, una confederación heterogénea y multiétnica integrada por parcialidades de los pueblos mapuche (principalmente huilliches) y tehuelches septentrionales.
Así lo comprendieron las autoridades de la provincia de Buenos Aires. El núcleo manzanero le daba a este cacique “amigable” una base destacada con riqueza natural, humana y buena posición geográfica y eso los decidió a firmar con él, “tratados” de paz, colaboración y asistencia, que pronto fueron asumidos y extendidos por el gobierno nacional
Sus tolderías se emplazaban sobre el río Caleufú, cerca de la confluencia con el Collón-Curá. Su zona de influencia abarcaba un amplio territorio al sur del Río Negro y al norte del Chubut, con el sur del triángulo neuquino como centro político. Al norte de ese triángulo se encontraban los toldos de REUQUECURÁ y los pehuenches del cacique PURRÉN, al sur otras tribus tehuelches, como las del cacique también “amigo”, CASIMIRO BIGUÁ, y los galeses en el valle.
El 20 de mayo de 1863, en la comandancia del Fuerte de “Carmen de Patagones” firmó un “Tratado de Paz” con el coronel JULIÁN MURGA que lo hizo como representante del gobierno nacional argentino. En él, SAYHUEQUE se subordinaba a las autoridades nacionales y se comprometía a colaborar en las exploraciones de la región del río Negro, a cambio de protección y apoyo por parte del Estado argentino.
En 1870, durante una reunión con tehuelches liderados por CASIMIRO BIGUÁ, recién elegido como “Cacique del Sur”, se acordó que SAYHUEQUE protegería la orilla norte del río Negro, mientras BIGUÁ y sus tehuelches garantizarían el sur y al menos hasta 1879, SAYHUEQUE mantuvo fuertes lazos con el Gobierno argentino y con el general ROCA después. A diferencia de las tribus “araucanizadas” de más al norte, guerreras y dedicadas al malón, las tribus del “País de las Manzanas” (conocidos como “Los Manzaneros”), se caracterizaron siempre por ser ganaderos y agricultores en sus fértiles tierras.
SAYHUEQUE tenía fama de hospitalario y poseedor de riquezas expresadas en ganado, caballadas y platería. Reconocido como autoridad por Buenos Aires, residía en Caleufú y trabó una buena amistad con el gobierno argentino porque él se consideraba argentino. Como buen “manzanero”, era ganadero y cultivaba sus fértiles tierras. En 1863 firmó un “Tratado de Paz con el gobierno de Buenos Aires y sus tribus no participaban en los malones. Tal vez su aureola de nativo pacífico tuvo algo que ver con aquella expresión de su padre de no enfrentarse con los blancos pues sus ropas de infante habían sido cristianas, lo que no debía olvidar.
En 1870 fue visitado en sus toldos manzaneros del sur neuquino por el marino y explorador inglés George Chaworth Musters. Estuvo varios días con su comitiva tehuelche y fue muy agasajado. El gran Choeque (así lo escribió Musters en su libro) hombre de aspecto inteligente, como de treinta y cinco años de edad, bien vestido con poncho de tela azul, sombrero y botas de cuero”. Este cacique tenía plena conciencia de su alta posición y de su poder; su cara redonda y jovial, cuya tez, más oscura que la de sus súbditos, había heredado de su madre tehuelche, mostraba una astucia disimulada, y su risa frecuente era algo burlona”. La visita de Musters coincidió con un parlamento en el cual rechazó la propuesta de Calfucurá de un malón a Bahía Blanca. Musters fue despedido amigablemente.
En 1872 lo visitó el mayor MARIANO BEJARANO enviado por el gobierno a “tomar todos los datos posibles sobre el número de indios que haya en esa parte y trayecto que siguiere, calidad de los campos, clase y situación de las aguadas, etc., y todo cuanto pudiere interesar al conocimiento de esas regiones”. BEJARANO fue testigo del rechazo por SAYHUEQUE del ofrecimiento de dos banderas que le traía un emisario del ejército chileno: «el Cacique las devolvió, diciendo que él era argentino».
Pero quien tal vez le expresó el mayor aprecio y lo distinguió con su amistad, fue el explorador y científico argentino FRANCISCO PASCASIO MORENO, su compadre, a quien en cierta ocasión lo retuvo medio secuestrado, aunque no por propia decisión sino por intervención de sus consejeros, que no querían que MORENO pasara a Chile. De su primer viaje y entrevista en 1875 anotó después “Shaihueque es un indio de raza pampa y araucana, bastante inteligente y digno de mandar en jefe las indiadas. Es el jefe principal de la Patagonia y manda las siete naciones que viven en esos parajes: araucanos, picunches, pehuenches, huilliches, tehuelches, agongures y traro huiliches”.
Las buenas relaciones con las tribus que lideraba SAYHUEQUE en el “Pais de las manzanas” y la paz que predominaba bajo su férrea jefatura, que se extendía a varios caciques y capitanejos del Neuquén, alejaba el peligro de un acuerdo con CALFUCURÁ para apoyar la violencia de los araucanos que dominaban la región pampeana con sus malones.
Pero en 1879, el gobierno argentino rompió con los acuerdos, a pesar que la gente de SAYHUEQUE había colaborado durante décadas a mantener la paz y en equilibrio la frontera. Al parecer, el coronel NAPOLEÓN URIBURU se extralimitó en el cumplimiento de las órdenes que llevaba y atacó más allá de donde le había sido ordenado.
En abril de ese año, al observar la presencia de un inesperado número de partidas de exploración en los territorios que controlaba, SAYHUEQUE había reunido a sus caciques en un “parlamento” y al término del mismo preparó a su gente y como nunca recibió una convocatoria para dialogar y aclarar la situación, se dirigió al coronel URIBURU, que se desempeñaba como jefe de la IV División del Ejército Argentino, instándolo a mantener la paz.
El coronel URIBURU, no contestó su pedido y contra lo esperado, a pesar que todavía había Tratado de Paz vigentes, tal vez ofuscado y sin órdenes expresas de hacerlo, inició las hostilidades.
En mayo de 1879, cruzó el río Neuquén—que actuaba como límite jurisdiccional— y atacó los territorios del norte de la provincia de Neuquén. Avanzó sobre las tierras ocupadas por las tribus del cacique pehuenche PURRÁN e incursionó en la zona del “País de las Manzanas”, dominio del cacique SAYHUEQUE y entonces, el conflicto se hizo irreversible. Sorprendido por esta inesperada agresión, SAYHUEQUE y su Gobernación Indígena pasaron a ser referentes de la resistencia a la pérdida de la soberanía indígena. Aborígenes y fuerzas armadas de Buenos Aires volvieron a enfrentarse en combate y se batieron en “Auca Mahuida” y en el río Agrio.
A mediados de ese año, ROCA dejó en manos de su segundo el general CONRADO VILLEGAS la jefatura de los efectivos en operaciones y se dirigió a Buenos Aires para ocuparse de su candidatura a la presidencia de la Nación, pero esa es otra historia.
Para VILLEGAS, SAYHUEQUE no era un amigo y lo sometió a un incesante ataque. Sus tropas asaltaron las viviendas de las tribus que lo seguían, tomaron gran cantidad de prisioneros, produjeron numerosas víctimas y por fin, lo acorralaron en el “Valle de Genoa” y no les fue fácil hacerlo: “Prefieren morir peleando que vivir esclavos”, decían sorprendidos sus vencedores. En un “parlamento” convocado por SAYHUEQUE, se había decidido “no entregarse a las fuerzas del gobierno y de pelear hasta morir, debiendo prestarse recíproco apoyo las tribus entre sí. Que la señal de alarma convenida era prender fuego en los cerros, y que según su número y situación tenían su inteligencia explicativa, cosa que sólo era conocida por los caciques”.
En 1882, las tropas de VILLEGAS realizaron sus últimos ataques. Habían expandido la frontera a todo el Neuquén, territorio defendido a partir de ese momento por quince nuevos fortines y fuertes: 364 indígenas más habían sido muertos y más de 1700 fueron hechos prisioneros. El 5 de mayo de 1883 el general Villegas informaba: “En el territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi, no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados a occidente.(…). Al sur del río Limay, quedan del salvaje los restos de la tribu del cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio”.
Pero no era tan así. Hubo escaramuzas; el ejército les cerró los pasos a los indígenas. Pese al juramento de sus jefes, los contrastes y la diferencia de armamento mellaron el ánimo de los aborígenes. No hay fuerzas ni ganado y frente a los chasques que revelaban que todo había terminado, el ejército de aborígenes se desbandó. Únicamente las huestes de SAYHUEQUE cabalgaban libres, pero el cacique comprendió que la rendición, era una cuestión de tiempo. Libraron una última batalla en el valle del Genoa (cerca de las actuales localidades de Tecka y José de San Martín, provincia de Chubut) el 18 de octubre de 1884.
Finalmente, SAYHUEQUE se entregó. El 1 de enero de 1885 se presentó en el Fuerte “Junin de los Andes” con más de 3000 de sus hombres, que tan fieramente se habían opuesto al avance “de la civilización” y se rindió.
Últimos años
Concluidas las hostilidades contra los “manzaneros”, SAYHUEQUE fue conducido a “Carmen de Patagones” y de ahí a Buenos Aires, previa escala en Bahía Blanca, en el vapor “Pomona”. Lo alojaron en Retiro donde pasó a ser, junto a su gente, un objeto de curiosidad (para males, en esos días se estaban viviendo las fiestas del carnaval) y los diarios de la época, se hicieron eco de los sucesos. Lo fotografiaron, lo entrevistaron y lo vistieron de compadrito.
Se entrevistó con Moreno, con el Ministro de Guerra, con el Arzobispo y con el Presidente ROCA. Pedía tierras para su gente. Un lugar para vivir en paz, un lugar para la dignidad. El 1° de abril de 1886 se embarcó nuevamente para la Patagonia, pero en Buenos Aires, quedaron presos sus fieles capitanejos”, su hijo y el resto de su familia.
Lo llevaron a “Chichinales”, cerca de la actual “Villa Regina”, donde había quedado parte de su gente, un destino que era transitorio, donde debía esperar la entrega de las tierras prometidas, lo que recién se cumplió en 1896. El gobierno argentino le había asignado a SAYHUEQUE y su gente, las tierras prometidas, unas lomas de unas sierras pedregosas, en Chubut, lejos de sus ríos y sus verdes, en el “Valle de Genoa”, pero, cuando se establecieron allí, ya la vida del cacique se apagaba. Falleció el 8 de setiembre de 1903 (ver Las Campañas al Desierto).
(1). Las acciones ofensivas y campañas militares realizadas en el territorio del Chaco Austral para desplazar a los pueblos originarios (como los qom y mocoví) y asegurar la frontera, ordenadas por el Presidente DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, fue una de las guerras de ocupación más largas de la historia americana. Comenzaron formalmente en 1870 y se extendieron hasta 1917, cuando el Presidente Hipólito Yrigoyen dio por concluidas oficialmente las campañas militares de ocupación, aunque la violencia que enfrentaban el gobierno nacional y los aborígenes, continuó durante décadas, desembocando en hechos trágicos como la Masacre de Napalpí en 1924.