LOS ÚLTIMOS SIETE GRANADEROS. SU REGRESO (17/01/1826)

Desde el río Paraná, donde en San Lorenzo (Santa Fe) estrenaron sus sables corvos, hasta el Chimborazo, el escenario de sus triunfos fue muy vasto y la bandera de la libertad que llevaban, flameó triunfante en victoriosas batallas. San Lorenzo, Montevideo, Achupallas, Putaendo, Chacabuco, Maipú, Bío-Bío, El Parral, Gavilán, Curapaligüe, Jauja, Pasco, Chancay, Callao, Nazca, Junín, Río Bamba, Pichincha y Ayacucho los vieron pasar arrogantes en medio del peligro; “pero sin la altivez del conquistador, enfrentando la gloria y la muerte con la misma apostura gallarda”.

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No en vano por sus filas pasaron héroes como el sargento CABRAL, que supo morir para salvar la vida de su jefe y con ella la libertad de medio continente. Hombres de la talla de LAVALLE, ROJAS, ESCALADA, ZAPIOLA, OLAZÁBAL, SUÁREZ, ALVEAR, GUIDO, BOGADO y muchos más que defendieron la sagrada causa con la punta de sus sables y su sangre generosa.

Destaca MITRE que este cuerpo que combatió en cinco repúblicas ha dado 16 generales, 60 coroneles y 200 oficiales a nuestra historia militar. Terminada la guerra de la Independencia, tras el triunfo logrado en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, se dispuso su regreso a Buenos Aires y el 17 de enero de 1826, a las órdenes del Coronel FÉLIX BOGADO, regresaron a la Patria los restos de los Granaderos de los Andes y solamente 126 de aquellos, dieron por terminada su gesta depositando sus armas en el “Cuartel del Retiro”, donde 14 años antes había sido fundado el Regimiento por el entonces Teniente Coronel SAN MARTÍN.

De los que volvieron, solamente siete de ellos pertenecían al grupo de los fundadores del cuerpo: PAULINO ROJAS, FRANCISCO OLMOS, SEGUNDO PATRICIO GÓMEZ, DÁMASO ROSALES, FRANCISCO VARGAS y el trompa MIGUEL CHEPOYA.

El 28 de mayo de 1880, cuando llegaron a Buenos Aires los restos del General SAN MARTÍN a bordo del vapor “Villarino”, esos siete granaderos rescataron de entre sus recuerdos, los viejos uniformes que vistieron en tantas batallas y se presentaron en el puerto de Buenos Aires para rendir homenaje a “su capitán”, escoltando luego sus amados restos hasta la Catedral, donde fueron depositados.

Y sin que nadie se lo ordenara, solamente siguiendo los mandatos de su conciencia, se quedaron allí de guardia durante toda la noche, dando así origen a una tradición que perdura hasta hoy. Cada día del año, dos granaderos montan guardia ante el Mausoleo del general SAN MARTÍN. Y cada mañana cinco de ellos llegan para hacer el relevo, simbolizando así, la presencia inalterable de los últimos siete granaderos fundadores del glorioso Regimiento (ver El Regimiento de Granaderos a Caballo).

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