LA CINCHADA

La cinchada era un juego donde los gauchos del Río de la Plata, tratando de arrastrar y voltear de su caballo a un rival o a un grupo de ellos, podían exhibir tanto su fuerza, como la potencia de sus montados en una puja, que solía terminar con varios de los contendientes revolcados en un montón, entreverados patas y piernas en confuso amasijo.

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Se trazaba una línea en el piso de tierra y sendos jinetes o grupos de ellos formando dos equipos de seis y hasta diez participantes cada uno, enfrentados y separados por dicha marca, encolumnado cada equipo uno, detrás de otro y bien aferrados todos a una cuerda, esperaban nerviosos, la señal que ordenaba el comienzo del juego. Se iniciaba así una porfía, donde cada equipo, tirando de la soga (es decir, cinchando), trataba de arrastrar hacia su lado al equipo contrario. Fuerza bruta, gritos de aliento, una polvareda infernal, caballos que reculan oponiéndose a ser arrastrados con sus cascos firmemente aferrados a la tierra. Cinco, diez minutos y hasta media hora podía durar el forcejeo, hasta que al fin, vencida la resistencia del oponente, uno de los equipos lograba arrastrar a todo el equipo contrario hacia su lado y gritos de victoria hacían temblar el cielo, cuando los ya vencidos, traspasaban la línea que los separaba de sus vencedores en la cinchada (ver Juegos para criollos de a caballo).

1 Comentario

  1. Ana

    Debemos superar estos axiomas medievales de porqué es tradición hay que seguir haciéndolo. Verguenza nacional todo lo que tenga que ver con domar a un caballo y hacerlo ir contra su voluntad. Acto retrógrado y perverso. Justicia para los Caballos, alamas nobles y libres, hoy y siempre.

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