PARRAVICINI, FLORENCIO Bartolomé (1876-1941)

Deportista, aviador y consumado tirador, pasiones que no le impidieron incursionar exitosamente en el mundo del cine y el teatro como actor, guionista de cine y de teatro y comediante, llegando a ser uno de los artistas más polifacéticos y destacados de la época de oro del cine argentino.

Nació en Buenos Aires el 20 de agosto de 1870 (1) y realizó sus primeros estudios aquí mismo. Era hijo de un acaudalado coronel argentino que dirigió la Penitenciaría Nacional y nieto de un terrateniente que vino desde Italia con un título de marqués. Fue el tío segundo del pintor y “profeta” Benjamín Parravicini, conocido como el “Nostradamus argentino”.

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Nuestro famoso e inefable “Parra”, como se lo llamaba, era la “oveja negra” de su familia. A los 14 años pensaba hacerse cura por lo que en 1890, su padre lo envió al sur para que se hiciera hombre, trabajara duramente y aprendiera a ser útil a la sociedad. Lo más destacado que hizo en aquellos años, fue cazar centenares de pingüinos, focas y lobos marinos con armas de fuego que era una de sus pasiones.

De regreso a Buenos Aires convenció a su padre para que lo enviara a estudiar a Francia y hacia allá partió a divertirse en 1901 con 25 años recién cumplidos. Se instaló en París y allí gastó en fiestas y casinos la cuantiosa fortuna que había heredado de sus padres, por lo que luego tuvo que trabajar en lo que fuera. Recorrió Europa dando exhibiciones de tiro al blanco, trabajando en un circo como domador de leones, pianista, profesor de patinaje sobre hielo, corredor de carrera de autos y hasta como “cantor criollo”.

En 1904 regresó a Buenos Aires, donde trabajó como cicerone e intérprete y como artista en cafés del bajo porteño. Era excelente tirador, lo que aprovechaba para hacer espectáculos usando su habilidad. Viajó nuevamente al sur, se hizo contrabandista en Puerto Deseado y se casó con una india Tehuelche, bajo el rito indígena de la tribu.

Fue un apasionado por el vuelo en globo y luego aprendió a volar en esas que fueron las primeras “máquinas voladoras” que por aquella época comenzaron a surcar los cielos de la patria. El 20 de junio de 1910, fue distinguido como uno de los pioneros de la aviación argentina y se le concedió el “brevet” de aviador civil N° 2 (2).

Sin renunciar a sus actividades vinculadas con la aviación, volcó todos sus afanes en su carrera como actor teatral. hablaba varios idiomas y finalmente se dedicó a ser actor de teatro y cine. Actuó en algunas películas mudas y otras sonoras como “Los muchachos de antes no usaban gomina”. Actuó como tal en casi todos los teatros argentinos y lo hizo después en innumerables presentaciones en Europa.

Perteneció a la Asociación Argentina de Actores y fue Director de la Casa del Teatro, fundada por Regina Paccini de Alvear. En su condición actoral, ganó honores nacionales e internacionales, incluyendo la Real Orden de Isabel la Católica de España y el grado honorífico de doctor en artes, de Francia. En el ejercicio de la vida pública desplegó también gran actividad: fue Presidente del Aero Club Argentino, Presidente honorario del Centro de Aviación Civil, miembro de la Cruz Roja Argentina e integró el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires (ver Artistas al poder).

“La vejez y la enfermedad no podían conciliar con su espíritu en ebullición, de modo que cuando el cuerpo le dijo basta”, aplicó un corte radical y el 25 de marzo de 1941, se pegó un tiro en la sien, a los 65 años de edad. Todo lo había probado en la vida. Le faltaba el balazo que acabó con ella (2).

(1). Algunos autores dicen que fue el 25 de marzo de 1941.
(2). En 1910, luego de una larga vida institucional y de haber logrado los grandes méritos que se le deben atribuir como pionero de nuestra aviación, el “Aero Club Argentino” comenzó a otorgar los primeros “brevets” a los “aeronautas” (navegantes de globos aerostáticos) y pilotos aviadores (en aviones a motor) que fueron reconocidos como tales, habiendo hecho sus primeras armas en esta benemérita Institución.

AARÓN DE ANCHORENA (25 de diciembre de 1907), JORGE NEWBERY (7 de febrero de 1908), WALDINO CORREA (9 de julio de 1908) recibieron los primeros tres de esa primera categoría y EMILIO AUBRUN, (Piloto francés nacionalizado, primer instructor en el país que realizó los primeros vuelos en Villa Lugano) y FLORENCIO PARRAVICINI, (que se convirtió sí en el primer argentino nativo en rendir y obtener el brevet de piloto aviador el 20 de junio de 1910), recibieron el número uno y el dos respectivamente, de la categoría “piloto de avión a motor”.

Y fueron estos cinco nombrados, los que sumados a los que los precedieron en la actividad como los que los siguieron cultivándola misma pasión, los que cimentaron la existencia de la actividad aeronáutica en la República Argentina, dando muchas veces su vida y pocas, midiendo las consecuencias de su osadía (ver Precursores de la Aeronáutica Argentina).

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