LOS CENSOS NACIONALES EN LA REPÚBLICA ARGENTINA

Hasta 1869 los cálculos de población del país habían sido siempre estimativos y realizados a ojo por cronistas, historiadores o viajeros. Se supone que poco antes de la llegada de los españoles habitaban este territorio alrededor de 300.000 indígenas. Después de la conquista y colonización, el crecimiento de la población fue llamativamente lento en comparación con otras tierras conquistadas. Y para eso hubo más de una causa: en principio, la colonia del Río de la Plata resultaba muy poco atractiva por la total ausencia de metales preciosos y de frutos tropicales.

Más tarde, el férreo monopolio económico ejercido por la corona española, le quitó atractivos al lugar. Estaba prohibido comerciar con países extranjeros y aun con las otras colonias españolas lo que hacía la vida muy dura acá en el Sur. Algunos cálculos indican que para 1810 la población ascendía a poco más de 400.000 habitantes (ver Censos y Empadronamientos).

Primer Censo nacional (15/09/1869)
Por iniciativa de SARMIENTO y bajo la dirección de DIEGO DE LA FUENTE entre el 15 y el 17 de setiembre de 1869, se realiza el Primer Censo Nacional desde la Revolución de 1810. La operación duró dos días y fue dispuesta por una Ley especial del gobierno de BARTOLOMÉ MITRE, aunque el impulsor de la idea fue DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO.

La cobertura del Primer Censo Nacional fue parcial, ya que no fueron censados los «pueblos originarios». El operativo coincidió con el decreto de enrolamiento militar para la guerra con Paraguay y la represión de las montoneras, por lo que se pudo determinar que 6.276 personas, entre las cuales 171 eran mujeres, se hallaban prestando servicios en el Ejército comprometido en dichas acciones. Bajo la categoría de “condiciones especiales”, se preguntó por: dementes, sordomudos, ciegos, cretinos, imbéciles, estúpidos, opas, con bocio o coto, inválidos (en acción de guerra o por accidente de trabajo), huérfanos (de padre /de madre) y si van a la escuela.

Este primer Censo nacional reveló que había 1.830.214 habitantes, blancos e indígenas “civilizados” (como los guaraníes en el litoral y los collas en el noroeste) en todo el país, de los cuales, alrededor de un 28% (187.346), vivía en la capital y que 495.107 vivían en la provincia de Buenos Aires. Se confirmaba así la sospecha de que el país se parecía cada vez más a un cuerpo pequeño con una enorme ciudad de cabeza. Las cifras demostraron también que la Argentina era prácticamente un extenso desierto porque no se llegaba a contar ni siquiera un habitante por kilómetro cuadrado.

Con estos números en la mano, el gobierno se dispuso a fomentar la llegada de inmigrantes, aunque no faltaron los que dieron el grito de alarma por el ingreso de los extranjeros y hasta hubo una campaña anti-italiana. El Censo puso de manifiesto otra cara dramática de nuestra población: descontando los 315.000 menores de 6 años, 1.066.847 habitantes no sabían leer ni escribir, es decir, el 71% de la población. La población de las catorce provincias tradicionales sumaba 1.736.923 habitantes. Casi la mitad se concentraba en la región este, formada por las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, las que más rápido crecimiento demográfico había tenido durante las décadas de 1850 y 1860.

Distribuídos por provincia, tenemos que en Buenos Aires, como hemos dicho, había 495.107 habitantes (de ellos 187.346 vivían en Capital); en Córdoba 210.508; en Entre Ríos 134.271; en Santiago del Estero 132.898; en Corrientes 129.023; en Tucumán 108.953; en Santa Fe 89.117; en Salta 88.933; en Catamarca 79.962; en Mendoza 65.413; en San Juan 60.319; en San Luis 53.294; en Jujuy 49.379; en La Rioja 48.746; en Chaco 45.291; en Patagonia 24.000; en La Pampa 21.000 y en Misiones 3.000. Incorporados en el Ejército que combatía en Paraguay 6.276 y argentinos residentes en el extranjero 32.000, lo que da un total de 1.877.490 personas registradas por este Censo. En Buenos Aires había 18.597 casas de una planta; 2.078 casas de dos plantas y 183 de tres plantas.

Un dato interesante que surge de este Primer Censo Nacional, es que entre la población nativa había más mujeres que hombres (745,793 varones y 783.567 mujeres), mientras que entre las población de extranjeros, 151.987 eran varones y solamente 60.005 eran mujeres, lo que da un total para todo el país (menos los territorios), de 897.780 varones y 845.672 mujeres (Fuente www.indec.gob.ar bicentenario).

Completamos este informe, agregando otro de los resultados novedosos que arroja este Censo. Es el que se refiere a las actividades y profesiones que se desarrollaban en el País, muestra elocuente de las preocupaciones que se vivían en ese entonces, de los proyectos de vida que ya alentaban en nuestra sociedad y las tendencias culturales que comenzaban a mostrarse. Tomando los datos expuestos en la página web «Censo Argentino de 1869», tenemos que había 439 Abogados, 8.653 Agricultores, 240 Agrimensores, 70 Arquitectos, 1.047 Curanderos, 2.307 Educadores (entre Profesores, Maestros y Preceptores), 191 Ingenieros, 438 Médicos, 9.602 Militares y 1.781 Mineros.

La publicación de los datos surgidos en este Censo, fue demorada por problemas surgidos a raíz de la epidemia de fiebre amarilla que en esa época se abatió sobre la Argentina, y estos resultados fueron publicados recién en abril de 1872 y no en el momento en que estuvieron listos (seis meses antes).

Segundo censo nacional (10 de mayo de 1895)
Por disposición del Poder Ejecutivo de la Nación y dirigido por DIEGO G. DE LA FUENTE, se realiza en el país el “Segundo Censo Nacional de Población”, a 26 años del primero, promovido por DOMINGO F. SARMIENTO (ver Censos y Empadronamientos). La realización de este segundo Censo, se había decretado en 1894, durante la presidencia de LUIS SÁENZ PEÑA y se puso en práctica bajo la administración de JOSÉ EVARISTO URIBURU.

Los resultados fueron publicados tres años más tarde y la impresión corrió a cargo del Taller Tipográfico de la Penitenciaría Nacional. En el operativo que incluía datos de comercio, industria y edificación tomaron parte 16.816 personas. Ya estaba incorporado el llamado «desierto» (por La Patagonia y la región chaqueña). En este Censo se introdujeron preguntas relacionadas con religión, fecundidad, propiedad de los inmuebles y nacionalidad. Los resultados estadísticos se publicaron en español y en francés. Para la difusión de los resultados en el Pabellón Argentino de la Exposición Universal de París (1900), se realizó una edición bilingüe.

Este Censo reveló que el país tenía 4.044.911 habitantes, 2.217.835 más que en el primer Censo. De ese total, 1.690.966 correspondían a la población urbana y 2.263.945 a la rural. Los habitantes nativos sumaban 2.950.384 y por la fuerza de la inmigración, los extranjeros constituían el 25% de la población y eran 1.004.527. De esta cifra 181.093 eran italianos y 80.352, eran españoles. La capital concentraba la mayor densidad de habitantes, mientras que en las provincias, salvo Misiones, no había ni un habitante por cada diez kilómetros de superficie. En Buenos Aires, se contabilizaron 663.854 habitantes (318.361 argentinos y 345.493 extranjeros. De éstos últimos 181.093 italianos y 80.352 españoles).

La población negra había disminuido con relación al Censo anterior y la mayoría ocupaba puestos en el servicio doméstico de las casas de familias pudientes, trabajando como cocheros o porteros. Los indígenas sumaban 30.000 y también habían retrocedido en gran parte como consecuencia de las matanzas durante la Campaña al Desierto de 1879. En cuanto a la edad, los resultados fueron insólitos: casi el 17 por mil aseguró tener más de 100 años, un promedio imposible. Los porcentajes de enfermedades resultaron bastante alentadores sobre todo entre los inmigrantes, aunque en el rubro “alienados” casi doblan a los argentinos, demostrando las duras condiciones de la inmigración. Otro dato que surge, leyendo las cifras que arroja este Censo es que el 70% de los menores de 14 años no concurre a la Escuela y que el 53% de los mayores de 14 años, son analfabetos.

En este Segundo Censo Nacional, se nos informa además que la situación industrial en 1895 muestra que algunos oficios habían comenzado a extinguirse, desaparecían los arrieros, troperos, talabarteros y tejedores. Pero en función del desarrollo técnico aparecían empleados de ferrocarril (4.824) y telefonistas (182) y aumentaron los empleados del gobierno. Se sabe también que la mayor actividad se concentraba en la Capital Federal y en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes. En esa región se localizaba el 83 % de los establecimientos que empleaban el 85 % del personal. Sin descuidar la importancia de las industrias tucumanas y cuyanas, parece razonable explicar dicho fenómeno por la existencia de ventajas comparativas.

Tercer censo nacional (1º de junio de 1914)
Con la dirección de ALBERTO B. MARTÍNEZ, se realizó el Tercer Censo Nacional, el cual demostró que la población del país se había casi duplicado en los 19 años pasados desde el censo anterior. Se levantó en el momento justo en que culmina la expansión argentina. Así lo atestigua el aumento de la población (se contabilizan casi ocho millones de habitantes, de los cuales, el 30% son extranjeros), de las vías férreas, las exportaciones y la producción (el 57,9% de incremento), y el espectacular aumento de los niños escolarizados (del 19% se elevó al 59% la asistencia). También son visibles las desigualdades, por ejemplo, la fuerte diferencia entre el Litoral moderno y el Interior tradicional. La Guerra Mundial, que comenzó este año, señala el final de la etapa del crecimiento fácil.

Aunque este tercer censo se efectuó durante la presidencia de ROQUE SÁENZ PEÑA, sus resultados finales fueron publicados dos años más tarde. La cifra de argentinos llegaba a los 7.885.237 y el incremento anual era del 5,2 por ciento, uno de los más altos de la historia y también extraordinario, comparado con los de los Estados Unidos, Canadá y Australia de la misma época. La cantidad de analfabetos había disminuido considerablemente desde el censo anterior y trepaba al 34 por ciento, mientras que aumentaba la cifra de extranjeros.

La vida, como ahora, no era nada fácil: más de un tercio de la población adulta carecía de trabajo, pero algunas profesiones habían crecido en forma espectacular, como la de los dentistas y arquitectos. En la edición del censo se publicaron fotos y relatos de algunos argentinos centenarios, como MARTINA DÍAZ DE BOADO, nacida en 1808, que se había casado a los 13 años y confesaba que su longevidad, “se debía a que siempre había tomado vino carlón”. CANDELARIA RODRÍGUEZ DE MORTEO, nacida en las Canarias y refugiada en un asilo, afirmaba tener 109 años y basaba su longevidad en un menú de carne y vino. Ya no recordaba si había tenido 10 o 12 hijos, pero podía contar cómo era la Boca cuando sólo tenía tres casas.

El censo se extendió a los argentinos que andaban por el mundo y muchos cónsules se quejaron de los inconvenientes que tuvieron para censarlos. El cónsul de Francia atribuyó el problema a “la negligencia y despreocupación de nuestros connacionales”; el de Paraguay, a la falta de medios para llevar adelante la tarea, y el de Perú a que muchos argentinos en ese país eran desertores de barcos o del ejército.

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