EL TELÉFONO LLEGA A LA ARGENTINA (1881)

El teléfono, como un servicio público organizado y mantenido en funcionamiento, llegó a la República Argentina en 1881, es decir solo cinco años después que fuera inventado por ALEJANDRO GRAHAM BELL, lo que significa que los argentinos estuvieron entre los primeros que en el mundo pudieron gozar los beneficios de ese maravilloso invento, que hoy ya preocupa por la adición y dependencia que su uso supone.

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Durante los primeros tiempos de la telefonía nacional hubo progresos espectaculares, de acuerdo con el momento que vivía el país. El presidente JUÁREZ CELMAN había heredado una situación de florecimiento económico cimentado en las anteriores presidencias y parecía que la prosperidad iba a seguir eternamente. Pero a pesar del auge de la agricultura, la ganadería y la construcción, las importaciones superaban ampliamente a las exportaciones y el futuro comenzaba a oscurecerse.

A principios de 1881, por decreto, del ahora presidente JULIO ARGENTINO ROCA, se otorgan permisos para la instalación de teléfonos “en la ciudad de Buenos Aires y sus suburbios”a tres empresas: la Compañía de Teléfonos Gower-Bell de origen inglés, la Société du Pantéléphone L. de Locht de procedencia belga (suiza o francesa?, y la Compañía Telefónica del Río de la Plata, subsidiaria de la estadounidense Bell. Al no establecerse privilegios de ningún tipo para ninguna de ellas, comenzó una competencia feroz para absorber ese incipiente mercado, para un negocio que ya se vislumbraba de espectaculares rindes. Las tres iniciaron entonces sus servicios para Buenos Aires, que se convirtió en la ciudad con más líneas en América Latina

La primera empresa que picó en punta y se ocupó de instalarlos, fue la “Societé du Pantelephone de Locht”, constituída con capitales suizos. Sus oficinas se hallaban en la calle Florida 32, en un anexo de la imprenta “La Minerva” y comenzó a operar a pleno en mayo de 1881. Pero ya antes de esto, en Buenos Aires se habían realizado experiencias, algunas de ellas exitosas y otras no tanto para instalar este servicio.

“La primera comunicación telefónica en el país se realizó en Buenos Aires en 1878, tan sólo dos años después de que la tecnología fuera patentada. Se trató de un experimento público desarrollado por dos ingenieros argentinos que ya venían trabajando en el telégrafo, CARLOS CAYOL Y FERNANDO NEWMAN, que con aparatos fabricados por ellos mismos e instalados sobre la red telegráfica conectaron el diario La Prensa con la Administración de Telégrafos del Estado. Siguieron a eso nuevas demostraciones e incluso servicios para la Policía Federal. Finalmente conformaron una sociedad para comercializar el producto, y solicitaron al Gobierno una concesión que les diera el privilegio exclusivo, en virtud de su desarrollo nacional. Pero no la obtuvieron y nunca llegaron a prestar servicios comerciales

Los primeros aparatos se instalaron (imagen), a partir del 4 de enero de 1881, obviamente primero en la Casa de Gobierno, en el despacho del presidente JULIO A. ROCA y en el domicilio particular de éste y de sus ministros BERNARDO DE IRIGOYEN (Relaciones Exteriores) y general BENJAMÍN VICTORICA (Guerra y Marina) y de MARCELO TORCUATO DE ALVEAR (Intendente de la Ciudad de Bueno Aires). Pronto fueron conectados el Jockey Club, la Sociedad Rural y el Club del Progreso, completando el cupo de 20 abonados, que era la capacidad de aquella primera central que se instalaba

Por aquellos años, el teléfono era considerado simplemente como un auxiliar del telégrafo y las familias y entidades abonadas al servicio, lo consideraban como una lujosa novedad que les daba mayor lustre social a las primeras y prestigio a las segundas. Su empleo, casi familiar y limitado a muy pocos usuarios, por la reducida cantidad de líneas disponibles, admitía un tratamiento personalizado durante las comunicaciones: Se atribuye a uno de los primeros funcionarios de la posterior Unión Telefónica el haber comentado “Era frecuente, escuchar al operador diciendo “como está doctor?. El aparato del presidente está ocupado, está hablando con su señora, pero el del ministro Pellegrini está desocupado. Desea que lo conecte con él?

En 1882, la feroz competencia que se desató entre estas tres empresas, derivó en la fusión de dos de ellas (la Pantéléphone con la Telefónica del Río de la Plata), dando origen a “The United Telephone Company of the River Plate”, una sociedad inglesa, con sede en Londres y capitales británicos.

Un año más tarde surgió un competidor, la Sociedad Cooperativa Telefónica tuvo un fuerte impulso inicial. La sociedad se transformó en la Compañía Telefónica Argentina cuando se sancionó la ley de cooperativas. Pocos años más tarde llegó la Compañía de Teléfonos Bell y en 1886 la “The United Telephone Company of the River Plate”, se fusionó con ella, dando origen a The United River Plate Telephone Company o “Unión Telefónica” (UT). El entusiasmo por el nuevo medio de comunicación fue tan grande que pronto las líneas se expandieron a los barrios de la periferia y a las localidades suburbanas. De los 20 abonados que había en 1881, se pasó a 600 en 1883 y a 6.000 en 1886. Las centrales fueron bautizadas con los nombres de los barrios o calles donde funcionaban: Once, Constitución, La Boca, Lorea, Catalinas, Flores, etcétera.

La “Unión Telefónica” mantuvo durante los siguientes 43 años el dominio del negocio en Buenos Aires y lo extendió por buena parte del sur del país. Durante el primer año de su presencia monopólica, la UT aumentó sus tarifas, mientras se degradaba su servicio, lo que provocó interpelaciones en el Parlamento y quejas de los usuarios, resultado de lo cual, fue la creación, en 1887, de una nueva empresa, la Sociedad Cooperativa Telefónica, creada por un grupo de usuarios disconformes de la UT (Berthold,1921). Sobre la base de menores tarifas para el servicio, la cooperativa tuvo un rápido crecimiento y logró consolidarse, y se mantuvo por treinta años como la única alternativa a la UT en la zona más rentable del país, usufructuando el descontento con la dominante. En 1926, tras la sanción de la Ley de Cooperativas, cambió su estatuto y pasó a llamarse “Compañía Telefónica Argentina”.

Para 1913 ya existían 87 empresas telefónicas en todo el país, que aumentaron a 94 para 1922. Entre las nuevas operadoras se destacan la Compañía Entrerriana de Teléfonos (CET), creada en 1916 a partir de la compra de una red existente con la intención de prestar servicios en la región mesopotámica; y la Compañía Argentina de Teléfonos (CAT), creada en 1927 para operar en la provincia de Mendoza y extenderse luego por la región cuyana. Ambas empresas entablaron una relación para la provisión de equipamiento y tendido de redes con la compañía sueca Ericsson, que paulatinamente fue tomando participación accionaria y terminó controlándolas en forma total. Esas operadoras llegaron a captar cerca del 7% de las líneas totales del país, expandiéndose mediante la compra de pequeñas empresas locales y el desarrollo de nuevos tendidos, siempre en regiones en las que no estaba presente la UT y buscando operar bajo un esquema de empresa única o monopólica.

En 1927 se dio el desembarco en el país de la International Telephone and Telegraph Corporation (ITT), una compañía estadounidense que ya había puesto sus ojos en América Latina. La ITT adquirió primero a la Compañía Telefónica Argentina, que estaba sufriendo problemas financieros, y a otras tres operadoras menores de la región pampeana. Y en 1929 concretó el salto con la compra a los británicos de la Unión Telefónica, fusionando a todas sus controladas en una nueva empresa que siguió operando bajo el nombre de UT. Por los siguientes 17 años, esa compañía de capitales estadounidenses ejerció un monopolio en la ciudad de Buenos Aires y buena parte de la región pampeana, y mantuvo el control de cerca del 90% de las líneas del país.

Nota realizada con material extraído principalmente de «Historia de las Telecomunicaciones en la Argentina

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