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LA GRIETA ENTRE LOS ARGENTINOS (1810 ….)
Desde 1810 hasta nuestros días, una profunda “grieta” separa a los argentinos y conspira contra el desarrollo armónico de sus posibilidades, empeñados unos y otros en imponer sus políticas, estrategias y prioridades. No hablaremos aquí de los Partidos Políticos que dirimen sus diferencias en las urnas; solamente nos referiremos a los grupos de simpatizantes o militantes que desde cada ideología, enfrentan irracionalmente a sus opositores, alimentando una “grieta” que a todos perjudica.
Criollos” y “carlotistas” (1810)
En la convulsionada colonia portuaria de la Santa María de los Buenos Aires, hicieron su aparición, dos grupos políticos antagónicos y claramente diferenciados por la urgencia y la estrategia política para desplazar al poder colonial español que cada uno de ellos propiciaba. Uno, de carácter moderado y pragmático que representaba a la mayoría del pueblo y a las milicias, eran los “criollos” que consideraba que todavía no había llegado el momento de romper total y violentamente nuestra dependencia de Fernando VII. Entre ellos estaban SAAVEDRA, VIAMONTE y CHICLANA. El segundo grupo, que lideraba MANUEL BELGRANO, e integrado por los intelectuales “carlotistas” (por su vínculo con Carlota Joaquina de Borbón), tenía ideas más definidas sobre la independencia de España y era un núcleo de intelectuales reformistas y revolucionarios integrado entre otros por VIEYTES, RODRÍGUEZ PEÑA, CASTELLI, PASO, FRENCH y BERUTI.
Los “criollos”, más moderados, preferían el pragmatismo y la cautela. No querían dar pasos en falso sin el apoyo de las milicias criollas. Esperaban que la caída de la corona española en la península fuera irreversible antes de actuar de forma definitiva. Los “carlotistas” en cambio, ya en 1808 habían buscado una alternativa política audaz intentando coronar a la infanta Carlota Joaquina (hermana del rey Fernando VII y esposa del regente de Portugal en Brasil) como regente del Río de la Plata, para independizarse legalmente de España, evitando caer bajo el dominio francés o británico.
Para comprender la posición de cada uno de estos grupos, debemos recordar que Saavedra y los militares basaban su poder en la fuerza material de los regimientos de milicias urbanas (como los Patricios) creados tras las Invasiones Inglesas. Representaban a los sectores criollos acomodados y terratenientes que buscaban cambios ordenados sin temor a las sorpresas que pudieran traernos la improvisación, mientras que BELGRANO y los intelectuales representaban a la élite letrada e ilustrada (abogados, economistas, periodistas) influenciada por la Revolución Francesa. Carecían de mandos de tropas propios en un inicio y operaban más en el plano de las ideas y la diplomacia.
SAAVEDRA postulaba que la soberanía debía volver al pueblo, pero manteniendo una transición sumamente cuidada para no desatar el caos social ni perder el control político de la región. Los seguidores de BELGRANO como MARIANO MORENO y JUAN JOSÉ CASTELLI, exigían transformaciones drásticas e inmediatas. querían reformas profundas en la economía, la educación y el comercio libre, rompiendo de raíz con las estructuras virreinales.
Al llegar las noticias de la caída de la Junta de Sevilla, ambos sectores confluyeron por necesidad en la Revolución de Mayo para destituir al virrey Cisneros. Sin embargo, las tensiones reaparecieron inmediatamente dentro de la Primera Junta de Gobierno: SAAVEDRA asumió la presidencia encarnando la prudencia política, mientras que la facción de BELGRANO y MORENO impulsó las medidas más radicales de los primeros meses revolucionarios.
Y así nació la “grieta” que separa desde entonces a los argentinos, una dualidad que ha sido característica en la Historia de la división política y social en Argentina y que a lo largo de los años, mutó de nombres pero no de intransigencia, enfrentando siempre a dos proyectos de país antagónicos: uno generalmente centralista, liberal, urbano y volcado al comercio exterior, frente a otro de tintes más federales, populares, de raigambre tradicional o industrialista.
“Saavedristas” y “morenistas”
Primero fueron los “saavedristas”, la facción pacata y de cambios graduales, apoyada por las provincias y enfrentada con los “morenistas”, que era el sector jacobino, radical, ilustrado y partidario de una revolución profunda e inmediata. Luego (entre 1812 y 1815) los “alvearistas” y los “sanmartinianos”, representante del centralismo porteño elitista el primero y priorizando la guerra de independencia continental por encima de las disputas internas por el poder.
“Unitarios” y “federales”
Entre 1820 y 1852, la “grieta” separó a los “unitarios” que buscaban un gobierno centralizado en Buenos Aires, el libre comercio y la distribución de las rentas aduaneras, de los “federales”, representados casi en exclusividad por JUAN MANUEL DE ROSAS, que defendían el centralismo porteño y el manejo en soledad de las rentas aduaneras, un enfrentamiento que resultaba paradójico, porque ninguno ´hacía lo que decía (ver Unitarios y Federales, una paradoja incomprensible).
“Federalistas” y “liberales”
Derrocado el régimen de ROSAS en 1852, la organización nacional no fue tarea fácil. URQUIZA, su vencedor y líder de los “unitarios”, que lucharan enconadamente contra ROSAS, continuó bajo la ideología de éste, es decir, la “federal”, provocando así, la hostilidad de los porteños, quienes plantearon sus problemas con URQUIZA y bajo las directivas de VALENTÍN ALSINA, defendieron la preponderancia de los intereses de Buenos Aires, sobre los del resto del país y trataron de conciliar a Buenos Aires con la Confederación.
El Acuerdo de San Nicolás (31 de mayo de 1852) y su rechazo por parte de Buenos Aires, volvió a dividir la opinión del público. Esta vez en “federalistas” y “liberales”. Los primeros, de tendencia porteña y separatista y que contaban entre sus filas a BARTOLOMÉ MITRE, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, HÉCTOR VARELA, VALENTÍN ALSINA, DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD, PASTOR OBLIGADO y otros de semejante renombre. Los segundos, los “liberales”, seguidores de ADOLFO ALSINA, postulaban la preservación de la integridad territorial del estado bonaerense, incluida la gran ciudad-puerto y eran sus principales defensores AMANCIO ALCORTA, NICOLÁS ANCHORENA, NICOLÁS ANTONIO CALVO, OVIDIO LAGOS, FRANCISCO BILBAO y JOSÉ HERNÁNDEZ.
Pero el problema de la capital de la República seguía sin resolverse. La “Ley de Compromiso”, marcó un acuerdo provisorio entre la provincia de Buenos Aires y el resto, aceptándose por ambas partes, que en la ciudad de Buenos Aires, siguiesen residiendo las autoridades nacionales. Eran tiempos de duras luchas partidarias y consecuentes militancias y favoritismos y la picaresca popular dejó para el recuerdo, los curiosos nombres con los que se identificaba cada una de estas facciones: Se llamaban “Nacionalistas, “progresistas”, “federalistas”, “cocidos” y “pandilleros” a los seguidores de BARTOLOMÉ MITRE y “autonomistas”, “conservadores”, “liberales”, “crudos” y “chupandinos” a sus opositores.
“Mitristas” y “urquicistas”
Seguidamente, ya entre 1852 y 1862, los “mitristas” porteños (o “federalistas”), que llevaron a que tras la caída de ROSAS, la provincia de Buenos Aires se separara de la Confederación, se enfrentaban con los “urquicistas” (o “liberales”), que eran los seguidores de las políticas del caudillo entrerriano.
“Nacionalistas” y “autonomistas”
Durante su presidencia, el General BARTOLOMÉ MITRE, en forma reiterada intento lograr la federalización de la provincia de Buenos Aires y el 7 de junio de 1862, envió un mensaje al Senado de la Nación solicitando la ley de Capital de la República. El 20 de agosto el Congreso votó la ley federalizando todo el territorio de la provincia de Buenos Aires e inmediatamente después, Mitre, como gobernador de la provincia y presidente de la Nación, le solicitó a la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, que aceptara la federalización de la misma, pero los diputados provinciales rechazaron de plano la ley nacional.
El intento de federalizar la provincia intentado por Mitre, causó la división del Partido Unitario de Buenos Aires en dos: el Partido Nacionalista, liderado por Mitre– y el Partido Autonomista, encabezado por ADOLFO ALSINA, que defendía la integridad territorial y la autonomía política de la provincia de Buenos Aires y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia con ese mismo nombre, pero no del país.
El “autonomismo” pronto contó entre sus adherentes, a LEANDRO ALEM y poco después a su sobrino HIPÓLITO YRIGOYEN. En realidad, en Buenos Aires, pronto se agrupó el resto de los federales supervivientes del rosismo y esto les facilitó establecer lazos con las provincias y sus fuerzas políticas locales.
“Conservadores” y “republicanos
En ese contexto, en 1868, se decidió la presidencia de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO y en 1874, cuando se propició en toda la Nación, la candidatura presidencial de NICOLÁS AVELLANEDA, surgió un nuevo partido político llamado “Partido Nacional”, que tuvo mucho éxito y triunfó en la mayoría de las provincias, logrando por eso, llevarlo al poder.
Una vez que éste asumió el cargo, de acuerdo con la política conciliadora que había sido contemplada en su campaña proselitista, pudo lograr la “conciliación” entre los dos políticos porteños. El partido “Nacional” de Bartolomé Mitre, se unión con el “Autonomista” de Adolfo Alsina y así surgió el “Partido Autonomista Nacional” (PAN), posteriormente denominado partido “Conservador”.
Pero una fracción de los autonomistas, lo más destacado de la juventud autonomista encabezados por LEANDRO ALEM y ARISTÓBULO DEL VALLE, ROQUE SÁENZ PEÑA e HIPÓLITO YRIGOYEN entre otros, se opuso a esta de unión. Se pronunciaron en contra de la misma y formaron el “Partido Republicano”, pero los unionistas se hicieron fuertes y llevaron al poder a JULIO ARGENTINO ROCA y después a JUÁREZ CELMAN.
“Conservadores” y “radicales”
Entre 1870 y 1880 fueron los últimos “caudillos” federales (como RICARDO LÓPEZ JORDÁN) que resistían con armas la centralización e imposición cultural y económica del gobierno nacional de tendencia modernizadora y porteña, contra los “porteños”. Entre 1890 y 1916 dirimieron fuerzas los “conservadores” o la oligarquía del Partido Autonomista Nacional (PAN) que manejaba el poder mediante el fraude electoral contra los “radicales (liderada por Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen) que exigían democracia universal, secreta y obligatoria.
“Personalistas” y “antipersonalistas”
Finalmente (respetando los límites cronológicos de esta página), entre 1916 y 1930, la “grieta” separó el “personalismo” y el “antipersonalismo”, una fractura interna dentro del propio radicalismo entre los seguidores fieles a Hipólito Yrigoyen (personalistas) y los opositores a su liderazgo verticalista (antipersonalistas).