PRIMER DISPARO DE CAÑÓN DE LA ARMADA ARGENTINA (02/03/1811)

El Capitán de marina ÁNGEL HUBAC fue quien realizó el primer disparo de cañón de nuestra Historia. Nada más difícil que establecer y dejar asentada, la primogenitura de una acontecimiento  y más cuando éste,  ocurrió en el pasado. Pero felizmente para consignar quien y donde se disparó el primer cañonazo efectuado por la marina argentina, este suceso ha quedado fehacientemente registrado y figura en los Anales de nuestra Armada.

En ellos consta que aquel cañonazo partió desde la balandra «Americana», el 2 de marzo de de 1811, que fue efectuado por su comandante, el coronel de marina ÁNGEL HUBAC, contra la flota realista durante el “Combate Naval de San Nicolás”, y que a partir de ese primer disparo, logró colocarle luego cuatro balas al casco y aparejo del bergantín enemigo «CISNE».

Nos cuenta la Historia que cuando el General MANUEL BELGRANO, enviado al Paraguay por la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires, para incorporar esa provincia del virreinato del Río de la Plata al movimiento de Mayo de 1810, luego de ser rechazada su presencia y su oferta de alianza, se hallaba acorralado en las costas del río Tacuarí.

Que el Gobierno de Buenos Aires dispuso enviar en su auxilio una flotilla al mando de JUAN BAUTISTA AZOPARDO, compuesta por la goleta “Invencible”, el bergantín “25 de Mayo” al mando de HIPÓLITO BOUCHARD y la balandra “América”, al mando de ÁNGEL HUBAC y que llegados a la desembocadura del arroyo Yaguarón en el Paraná, prácticamente frente a las costas de San Nicolás de los Arroyos, su paso fue interceptado por la flota realista que al mando de de JACINTO DE ROMARATE dominaba esas aguas, durante las acciones libradas contra la insurrección llevada a cabo el 25 de Mayo de 1810, en la capital del Virreinato del Río de la Plata.

No fue, como queda dicho, aquel disparo el primero de un día de victoria. Por el contrario, en ese combate que entonces se libró allí, nuestra incipiente armada sufrió su primera gran derrota. Fué más que un contraste de armas, más que una simple derrota; constituyó un verdadero desastre para la recién nacida patria, puesto que, además de aniquilar totalmente sus débiles efectivos, la eliminó por mucho tiempo de las aguas, hasta que el empeño indomable de los patriotas y la aparición en el escenario rioplatense del Almirante GUILLERMO BROWN, le dio casi tantas victorias, como combates libró.

Fuentes: “Nuestra Marina de Guerra” Ed. Centro Naval, Buenos Aires; “Mármol y bronce”. José M. Abuin, Ed. Ángel Estrada y Cía., Buenos Aires, 1911

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