EL BARRIO DE LA BOCA

La Boca, un barrio de Buenos Aires, cuya extensa y comentada historia, dueño de notoriedad que ha traspasado nuestras fronteras, es según algunos autores, donde PEDRO DE MENDOZA, en 1536, fundara el “Fuerte de Santa María del Buen Ayre”, origen de la actual ciudad de Buenos Aires (el lugar preciso sería donde hoy se encuentra el Parque Lezama)

Debe su nombre a que está ubicado precisamente donde el Riachuelo (es decir “la boca” del Riachuelo), desemboca en el Río de la Plata. Hoy está delimitado por las avenidas Patricios, Martín García, Paseo Colón, Brasil, Pedro de Mendoza y el Riachuelo, un sector de la ciudad que hasta principios del siglo XIX, se mantuvo prácticamente deshabitado. Era una zona hostil, pantanosa, desolada y con periódicas inundaciones. Recién a partir de 1830, por ser ese, un sector de la ciudad donde se producía el mayor movimiento de barcos que traían inmigrantes, comienzan a instalarse allí las primeras familias, principalmente de inmigrantes italianos y en especial genoveses, que le dieron al barrio su fisonomía actual. A los residentes de La Boca hasta hoy se los conoce como “xeneizes”, deformación de «zeneizi», es decir genoveses en su dialecto.

Durante varios años, la boca del Riachuelo fue el puerto natural de Buenos Aires (se lo conocía como el “Puerto de los Tachos”), pero debido a problemas tales como la poca profundidad de las aguas, los bancos de arena y las considerables crecientes y bajantes, entre otros, el puerto se trasladó más hacia el norte de la Ciudad. En aquellos tiempos, el Riachuelo era un curso de aguas limpias que venían desde la provincia de Buenos Aires con el nombre de río Matanza y que hoy cambia su nombre al cruzar la avenida General Paz y que a través del tiempo,  tuvo diversos nombres: Río Pequeño, Río de los Navíos, Río Achuelo y Boca del Trajinista.

La historia del Barrio, su pintoresca edificación multicolor, sus lugares,  definen un mundo muy particular, integrado originalmente por inmigrantes italianos, que se han enraizado profundamente con ese medio, dejando impresa su impronta en los múltiples aspectos a través de los cuales se han manifestado.

Sus primeros pobladores, gente que evidentemente venía con muy escasos recursos construía sus viviendas (casi siempre sobre pilares, por temor a las inundaciones), con materiales que le eran accesibles: chapas de metal acanalado, madera costanera que le regalaban en los aserraderos y hasta cartón, pero invariablemente les deban un toque personal y alegre, pintándolas con las pinturas que conseguían como sobrante de los marineros de los barcos. Así las había de distintos colores, porque muchas veces disponían de varios colores, pero poca cantidad de cada uno de ellos.

Cada vivienda estaba integrada por muchas y muy pequeñas habitaciones que ocupaban varias familias, compartiendo como de uso común, los patios, baños y cocinas, lo que derivó en una mezcla de culturas, costumbres e idiomas, forjadora de personajes que poblaron luego las páginas de nuestra Historia Nacional (el cocoliche, el cafisio, el bombero, el tano, el gallego, el gaita, la nona, y muchos otros)

En 1871, cuando La Boca ya tenía definida su fisonomía, se abatió sobre la ciudad de Buenos Aires, especialmente en la zona sur,  una terrible epidemia de fiebre amarilla. Los vecinos con mayores recursos hicieron sus valijas, abandonaron sus casas y se mudaron al norte de la ciudad, buscando alejarse de la peste. Las viviendas así abandonadas, fueron subdivididas en varios y pequeños cuartos para satisfacer la demanda de alojamiento provocada por la incesante llegada de inmigrantes al país y así, en 1895, se calcula que La Boca, ya era la segunda sección de la Capital, con 38.000 habitantes, de los cuales, 17.000 eran argentinos, 14.000 italianos, 2.500 españoles y el resto de otras nacionalidades (ver Los conventillos)..

En 1863 habían comenzado los trabajos para la instalación de las vías y de la Estación intermedia del Ferrocarril Buenos Aires al Puerto de Ensenada, inicialmente conocido como el Ferrocarril de la Boca. En 1876 el ingeniero LUIS A. HUERGO gana un concurso realizado por la Provincia de Buenos Aires y comienza los trabajos de canalización del Riachuelo que comprendían el ensanche, profundización, apertura de una nueva boca y construcción de nuevos muelles, mejoras que permitieron el normal acceso de buques de ultramar, potenciando las posibilidades que ofrecía el Riachuelo como puerto natural de la ciudad, pero en 1882, la Construcción del Puerto Madero, el Dock Sud y Puerto Nuevo, provocaron la pérdida de la importancia que hasta entonces había tenido el puerto de la Boca sobre el Riachuelo, que en poco tiempo se convirtió en un simple Puerto de cabotaje.

Pero el Barrio no dejó de crecer por eso y hoy es una de las perlas que Buenos Aires muestra orgullosamente a los turistas que llegan. Sus coloridas viviendas; la reminiscente presencia de vestigios aquella época cuando a los ecos de una canzonetta seguían los acordes de un chotís o un pasodoble; la vocación artística de sus vecinos, que se siente en todos sus rincones y la oferta de paseos y recorridas excitantes, lo erigen  en uno de los Barrios más trascendentes y pintorescos de Buenos Aires:

La avenida Pedro de Mendoza
Bordea toda la costa del Riachuelo y junto con la avenida Almirante Brown y la calle Necochea, conforman el casco urbano y comercial del barrio. En su intersección con la calle Enrique del Valle Ibarlucea, está la famosa “Vuelta de Rocha” y en su encuentro con la calle Sebastián Gaboto, se encuentra un grupo escultórico, obra del escultor CÉSAR SFORZA que honra la memoria del Ingeniero LUIS HUERGO, quien realizó  las que fueron las primeras obras portuarias en el Riachuelo, puestas en funcionamiento en 1833, para recibir al primer trasatlántico que llegó a estas tierras.

Calle Caminito
Comenzó siendo un pequeño arroyo que derivó en un terreno cenagoso que fue utilizado provisoraiemente como ramal ferroviario y que finalmente se transformó en un feo potrero abandonado, hasta que un vecino, que más tarde adquirirá fama internacional como artista pintor llamado MARTÍN QUINQUELA, decidió transformar ese lugar que afeaba tanto a su Barrio. Cuando este sector de la ciudad, pasó al dominio de la Municipalidad de Buenos Aires, QUINQUELA fue autorizado para que cumpliera con sus deseos. Fue así que, remedando la costumbre de los inmigrantes fundacionales del lugar,  luego de convencer a los vecinos cuyas casas marginaban ese predio, éstas comenzaron a lucir alegres y vivos colores, cuyos tonos y combinaciones eran sugeridos por el artista, quien además bautizó a esa calle, con el nombre de “Caminito”, como homenaje a su gran amnigo, el músico JUAN DE DIOS FILIBERTO, autor del Tango que así se llama. Gracias al tesón de QUINQUELA y sus amigos, se creó allí luego,  un Museo al aire libre, con pinturas y esculturas de aristas del Barrio. Esta calle-museo tiene una sola cuadra de extensión, carece de veredas y portales y funciona allí una orriginal Feria de Artes Plásticas que es una de las atracciones principales para la gran cantidad de turistas que llegan, atraídos por la fama del luegar.

La Avenida Almirante Brown
En sus comienzos fue llamada “Camino Nuevo” y nació por la necesidad de contra con una segunda vía de comunicación entre La Boca y el centro de la ciudad. Es una diagonal que corre en forma casi perpendicular a la ribera del Riachuelo y en la actualidad es ocupada, casi exclusivamente, por  comercios, cines, confiterías, restoranes y pizzerías

Calle Garibaldi
Un actual exponente de lo que era Caminito, antes de su transformación en la Calle-Museo que es hoy. Allí se levantan viviendas muy pintorescas de dos y tres niveles, comunicadas por medio de un sistema de escaleras y plataformas de madera, que desembocan en breves corredores balconados, con entrada directa a las casas. A primera vista, cada patio aparece como un mundo particular, pero, a medida que se lo observa con atención, se puede ir descubriendo su perfecta proporción. La impresión visual de los patios, las escaleras, las ventanas decoradas con plantas y enredaderas y los infaltables canarios, impactan por su colorida belleza. En cierta oportunidad el arquitecto LE CORBUSIER, dijo al verlos: “No habría inconveniente en demoler toda la ciudad de Buenos Aires, pero estos patios deben ser conservados como óptima realización urbanística”.

La Vuelta de Rocha
Un lugar, que según el historiador y escritor PAUL GROUSSAC debe su nombre a un estanciero llamado ANTONIO ROCHA, antigüo poblador de la zona, propietario de esas tierras, que donara luego al Estado. Según la tradición fue utilizado por el Almirante GUILLERMO BROWN para establecer allí la mestranza de su escuadra, durante la guerra con Brasil. Actualmente se halla allí la Plaza de los suspiros”, conocida así porque en ella se reunían los primeros inmigrantes genoveses, para suspirar, al recordar con nostalgia su patria lejana.Se encuentra allí

Y hay más en el Barrio de La Boca: en 1886 se construyó la Parroquia de San Juan Evangelista, un hermosísimo Templo estilo Renacimiento; en 1888 se construyó sobre el Riachuelo el Puente que le dio su nombre al Barrio y que fue reemplazado en 1940, cuando se inauguró el “Puente “Nicolás Avellaneda”, una importante obra de acero y cemento que une el Partido de Avellaneda con la Capital Federal. Tiene 1.600 metros de longitud y es considerada en su tipo, como la tercera en la ingeniería mundial; en 1936 quedó habilitada una Escuela Museo Pedro de Mendoza que fue construída en un terreno donado por QUINQUELA MARTÍN. En 1938 se habilitó el “Museo de Bellas Artes de la Boca de Artistas Argentinos”, financiado por el filántropo JOSÉ ROGER BALET. Sobre la calle Brandsen se alza «la Bombonera», el monumental estadio del Club Boca Juniors; En 1971 se inauguró el Teatro de la Ribera, también construído sobre un terreno que donara QUINQUELA MARTÍN.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.