El arcón de la historia Argentina > Crónicas > CEMENTERIO GENERAL DEL SUD (17/12/1867)
CEMENTERIO GENERAL DEL SUD (17/12/1867)
El 17 de diciembre de 1867 fue habilitado el Cementerio General del Sud (o “Cementerio Público del Sud”), para dar sepultura a inmigrantes y a víctimas de la epidemia de cólera que se había abatido sobre la ciudad de Buenos Aires (1).
Estaba ubicado en una zona de la ciudad de Buenos Aires, donde, en la época colonial, sólo había saladeros y mataderos y un poco más lejos las quintas de las familias ricas porteñas. Eran unas 3 hectáreas comprendidas entre las calles Monasterio, Santa Cruz, Caseros y Uspallata del actual barrio porteño de “Parque Patricios”, un predio que la Municipalidad le compró al vecino Claudio Mejía, y que según se decía, había sido una antigua quinta que perteneció a la familia Escalada, donde, en 1823 había fallecido de tuberculosis, María de los Remedios, la joven esposa del general José de San Martín.
Al principio, el Cementerio General del Sud recibió únicamente a las víctimas del cólera, pero en enero de 1871 otra peste mucho más virulenta se abatió sobre la ciudad: la epidemia de fiebre amarilla y fue necesario habilitar otros espacios para sepultar la gran cantidad de víctimas que se producían.
Comenzó en los conventillos, sin sanitarios, ni desagües cloacales y densamente habitados por inmigrantes y gente de escasos recursos y rápidamente se propagó por otros barrios vecinos hasta que llegó con su máxima virulencia a los barrios del norte de la ciudad.
La demora en alertar a la población hacia el peligro que la amenazaba, ya que el Intendente Municipal, Narciso Martínez de Hoz trató de mantener en secreto su aparición para no afectar los inminentes festejos del Carnaval que estaban próximos y el desconocimiento casi absoluto que las autoridades sanitarias tenían de esta peste y la forma de controlarla, potenció y aceleró su difusión. En abril, ya había más de 400 muertes diarias en una ciudad de 200 mil habitantes.
Los hospitales de la Ciudad se saturaron rápidamente. La Casa Cuna, el Hospital Italiano, el General de Mujeres y el General de Hombres no daban abasto. Los ataúdes se apilaban en las esquinas, mientras las autoridades y todos quienes pudieron, huyeron de la Ciudad. El presidente Domingo Faustino Sarmiento, el vicepresidente Adolfo Alsina y dos tercios de la población abandonaron Buenos Aires (ver “Epidemia de fiebre amarilla).
Así fue como el Cementerio del Sud rápidamente vio colmada su capacidad y en 1872, se clausuró momentáneamente, luego de recibir más de 15.000 fallecidos. El 24 de agosto de 1882 fue definitivamente clausurado y los cuerpos allí yacentes (pero no todos, ya que algunos todavía permanecen bajo tierra en el lugar), fueron trasladados a otros Cementerios (el del escritor José Mármol y el del médico Francisco Muñiz fueron llevados al Cementerio de la Chacarita).
En el año 1882, el lugar comenzó a ser llamado “Parque Bernardino Rivadavia” y en el año 1928, se cambió su nombre y pasó llamarse “Parque Florentino Ameghino” en homenaje al eminente naturalista argentino.
Actualmente es un lugar altamente valorado turísticamente pues está bellamente arbolado y ofrece al visitante la majestuosidad de un hermoso monumento, obra del escultor Juan Manuel Blanes, que recuerda a los muertos por la epidemia de 1871 y el heroico comportamiento de muchos vecinos de Buenos Aires en dicha oportunidad, sin descartar las sensaciones que despierta saber que bajo esa tierra, aún descansan personas y personajes de nuestra historia pasada.
(1). En San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires, también existió un llamado “Cementerio del Sud”, habilitado también para dar sepultura a las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Hoy está abandonado, pero sigue siendo un polo de atracción turística debido a su arquitectura, característica de la época y el valor histórico que ofrecen sus antiguas bóvedas con el estilo arquitectónico de la época y enterramientos bajo tierra, donde descansan desde inmigrantes sorprendidos por la muerte en su nueva patria, hasta encumbrados miembros de la sociedad que emigraron hacia estas tierras, escapando de la peste que castigaba preferentemente a los vecinos de la Capital, Buenos Aires.