BUENOS AIRES EN LA DÉCADA DE 1880

La década de 1880 en Argentina, marcó la consolidación del Estado Nacional bajo el lema «paz y administración» y está caracterizada por la primera presidencia de JULIO ARGENTINO ROCA (1880-1886), la Federalización de Buenos Aires, el auge del modelo agroexportador, la inmigración masiva y la modernización institucional con leyes laicas clave (ver El año de la gran expansión argentina).

En 1880 había llegado a la presidencia de la República el general JULIO A. ROCA, y durante su mandato, se implantó una economía decididamente capitalista, consolidando el modelo económico agroexportador y el modelo político conservador basado en el fraude electoral y la exclusión de la mayoría de la población de la vida política.

Argentina se integra a la economía europea y al mercado mundial y se afianza como compradora de manufacturas y proveedora de materias primas. Las inversiones inglesas se multiplican, pero las elites dominantes no invierten en la industria ni en infraestructura y debido a la falta de inversiones locales, esas tareas deben ser encaradas por el Estado, que asume, entonces, un papel preponderante en la formación de empresas privadas nacionales y en la promoción de la instalación de compañías extranjeras.

En 1880, la vieja ciudad de Buenos Aires se había transformado. La aldea romántica con aires ingleses se había convertido en una abigarrada ciudad de 300.000 habitantes, una sociedad donde convivían las tradiciones hispánicas y criollas con una europeización acelerada; una mezcla confusa de gente, viviendo en casas iluminadas a gas, pero sin agua corriente y de servicios sanitarios. Con sus calles de la planta urbana afirmadas con adoquines de granito, pero con grandes dificultades para transitar por las que quedaban fuera del ejido. Más allá de las actuales calles Santa Fe, Callao y Belgrano, donde abundaban los “ranchos”, las pulperías y los “prostíbulos”, las calles todavía eran de tierra, y cuando llovía, el barro las hacía intransitables.

La ciudad fue federalizada el 21 de setiembre de 1880 y se convirtió en la capital oficial de la República, separándose de la provincia. Las nuevas corrientes inmigratorias ya habían invadido todos los círculos de una sociedad confundida y abundaban las casas de dos pisos, junto a los “conventillos” y a los lujosos palacios con escaleras de mármol y pisos de mosaico, construidos por arquitectos italianos y franceses para los nuevos ricos, en su mayoría, también europeos.

Ya habían pasado las desgraciadas jornadas vividas durante la epidemia de fiebre amarilla que azotó a los argentinos en 1871 mostrándose especialmente mortal entre los afrodescendientes que habitaban los barrios del sur de Buenos Aires, una zona más baja y húmeda y las familias adineradas y de mejor posición social que vivían en los barrios San Telmo, Monserrat (entonces conocido como Catedral al Sud), La Boca y Barracas, huyendo de la peste, comenzaron a mudarse a los barrios de Palermo, Norte y Recoleta, que creían más sanos y libres de la “pestilencia”, dejando abandonadas sus lujosas y grandes residencias, éxodo que rápidamente fue aprovechado por “okupas”, gente con menores recursos y aún indigentes e inmigrantes, dando comienzo así, a la irrupción de los “conventillos” (1) en la ciudad de Buenos Aires.

Ya se había fundado La Bolsa de Comercio de Buenos Aires (10/07/1854), pero en 1885, la institución fue reestructurada y ceñida a nuevas reglamentaciones que la consolidaron para un funcionamiento moderno. Se fundó el Banco Hipotecario (14/09/1886); el viejo Teatro Colón seguía cautivando a los porteños con la presencia de las más importantes figuras de la música y la danza y la Casa de Moneda, fundada en 1875, luego de instalarse en un edificio de su propiedad en México y Defensa, en 1881, comienza a realizar una actividad efectiva y establece el “Peso Moneda Nacional” como como unidad monetaria única para todo el país, terminando con el caos de monedas provinciales y extranjeras.

La “Generación del 80” hace su irrupción en el mundo de las letras, de las artes y de la ciencia y los hombres de la “elite porteña” se reunían en el Club del Progreso, mientras que los extranjeros residentes, lo han en el Club de Residentes Extranjeros para hablar de finanzas y economía. Las mujeres hacían traer de Europa sus sombreros y sus modelos y estaba de moda hablar en inglés

Los “tranvías” comienzan a definir su presencia en las calles de Buenos Aires y los ferrocarriles son ya una realidad, cruzando sus rutas hasta cubrir con una red de progreso, casi todo el país. En 1881 se instala la primera empresa telefónica. VARELA CASTEX importa el primer automóvil que vieron los asombrados porteños, que a poco de su llegada, ya competían para sumarse a la nueva moda, dejando de lado sus “landó” y sus carruajes de lujo con cocheros vestidos con librea, galera y guantes bancos.

Aunque las porteñas siguieron disfrutando sus paseos por la calle Florida, el Parque “Tres de Febrero” y la “Costanera Sur”, esperando ansiosas cada año la llegada del carnaval y sus bailes de máscaras de los clubes “Del Plata” y la “Unión Argentina”, para gozar los placeres que un elegante disfraz, complementado por un discreto antifaz, les otorgaba el anonimato y les abría las puertas del desenfado y el desprejuicio, aunque el resto del año, seguían respetando “el toque de ánimas” y en las Iglesias rezaban el rosario cubierta su cabeza con una mantilla y sus brazos desnudos, con mangas postizas, mezclando fe y recato,

En 1882 DARDO ROCHA fundó la ciudad de La Plata, que será la nueva capital e la provincia de Buenos Aires y en 1883, se establecieron los primeros frigoríficos y se incrementaron notablemente las inversiones inglesas en bancos, en la industria frigorífica y en ferrocarriles y así creció nuestra deuda externa. En 1884 se sancionó la Ley 1420 de Educación Común, estableciendo la enseñanza primaria obligatoria, gratuita y laica, se promulgó la Ley de Registro Civil, quitando a la Iglesia el control de nacimientos y matrimonios, medidas que provocan la ruptura de relaciones con el Vaticano (ver Presidencias de Julio A. Roca).

En 1886 JULIO ARGENTINO ROCA finalizó su mandato y asumió MIGUEL JUÁREZ CELMAN, dando continuidad al régimen e iniciando la caída del sistema que había llevado a la Argentina a ese nivel de grandeza que comenzaba a mostrarse como un fracaso.

En 1887 nos sorprende con el auge de la inmigración con la promesa (jamás cumplida) de tierras viviendas y trabajo y se calcula que más de un millón de esperanzados extranjeros llegaron por aquellos años a la ahora desorientada “París de América”, a los exhaustos “Graneros del Mundo”. Había comenzado la crisis financiera y ni la acelerada expansión ferroviaria y agrícola-ganadera que se produjo en esos años, no pudieron frenarla.

En 1889 comienzan a vislumbrarse los primeros síntomas de la crisis económica debido al alto endeudamiento, la especulación bursátil, las privatizaciones y licitaciones manchadas por la corrupción, el enriquecimiento ilícito y comienza a gestarse la Revolución del Parque que habiendo estallado en 1890, marcó el fin de un sueño de grandeza, que no tuvo un final feliz (ver Pánico de 1890).

Porque si nos atenemos a la otra cara de la moneda», nos enteraremos que «De un lado se han encendido los fuegos del lujo, del oropel y de la codicia desmedidos y por el otro, las miserias del pobre reciben como esperanzas, como promesas sin ver si se acomodan a su ser y a su medio, doctrinas utópicas o explotaciones hipócritas» (ver Informe de Juan Bialet Massé).

La duda surge entonces inquietante. Cuál era la realidad de nuestro país en aquellos años para que se produjera la hecatombe de 1890?. Éramos la «Paris de América» y comenzábamos a vivir el surgimiento de una Argentina pujante, previsible y con un futuro dorado, o era que simplemente habíamos caído en un cruel espejismo que nos llevaría con los años a una situación de dependencia y de sumisión. Sin capacidad de generar trabajo, de garantizar una buena educación para sus hijos, de erradicar la corrupción y de brindar las seguridades de una justicia imparcial. El tema es de difícil análisis y escapa a nuestros méritos, llegar a una conclusión esclarecedora. Por eso, nos permitimos remitirnos a los de quienes quizás, están más capacitaos para ello (ver «Lujo, hambre y rebelión en el granero del mundo», pág. 365 de «Los mitos de la historia Argentina», Felipe Pigna, Ed. Planeta, Buenos Aire, 2004).

(1). Hoy ya casi es unánime la opinión que la palabra “conventillo”, hace referencia a un pequeño convento, aceptando que los conventos, son lugares que cuentan con numerosas celdas o compartimientos, para alojar a los religiosos que viven en él.

 

(ver El año de la gran expansión argentina)

 

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