PRIMERA TRANSFUSIÓN DE SANGRE (09/11/1914)

El 9 de noviembre de 1914 el doctor LUIS AGOTE (1869-1954) realizó la primera transfusión sanguínea experimental en una de sus pacientes internada en el Hospital Fernández de la Ciudad de Buenos Aires, utilizando citrato de sodio como anticoagulante. Ese día, JOSÉ MACHIÁ, portero del Hospital donde se realizó la operación, se convirtió en el primer dador de sangre del país (y quizás del mundo), al donar 300 centímetros cúbicos de su sangre, a una parturienta que tres días después, abandonaba el Hospital completamente restablecida.

El éxito de esa primera experiencia, permitió que pocos días después, el 14 de ese mismo mes y año, se la repitiera en el Instituto Modelo de Clínica Médica del Hospital Rawson de Buenos Aires ante profesionales de la medicina y autoridades específicas, que certificaron la eficacia de la técnica empleada para transfundir “sangre conservada” Este hecho importante en la historia de la medicina ar­gentina era de trascendencia universal. Se había logrado transfundir sangre sin que se coagulara en recipientes y los círculos médicos del mundo, le han asignado tanta importancia, porque fue la primera transfusión que se realizó con “sangre almacenada”, técnica, que en el futuro, iba a permitir la salvación de una gran cantidad de gente necesitada de ese fluido vital.

Tres días después de esta primera transfusión sanguínra, el New York Herald publicó una síntesis del descubrimiento y todas las naciones fueron informadas del descubrimiento, pero recién al finalizar la guerra en Francia se pudo comenzar a poner en práctica el método. Poco después y cuando ya en todo el mundo se utilizaba el método “Agote”, el norteamericano LEWINSOHN, de Nueva York y el belga HUSTIN se atribuyeron también la propiedad del descubrimiento. Y si causó asombro esta epopeya que sirvió para tender un puente de la muerte a la vida, no es menos asombroso el camino que la precedió. Cuenta uno de sus ayudantes que para conocer el origen de todo, debemos trasladarnos a 25 años antes, allá por 1890, cuando un estudiante de medicina inquieto, escucha que su profesor, el doctor NELLY, hace un comentario trivial para graficar un experimento que le estaba proponiendo a sus alumnos: “Échele citrato de sodio al huevo y no habrá Dios capaz de cocinarlo”.

Años después, Agote recordó este comentario de su profesor y dedujo que si el citrato de sodio podía impedir la coagulación de los líquidos albuminosos, esta propiedad podría servir para un fin menos utilitario. Le extrajo sangre a un paciente, la colocó en un frasco, le agregó una determinada proporción de citrato de sodio y lo guardó en su caja fuerte. Luego se fue al campo por una semana. Al regresar, abrió la caja y allí, en su frasco, la sangre estaba absolutamente líquida. Aquella caja fuerte fue el “primer banco de sangre del mundo”. Luis Agote había hallado, no solamente el anticoagulante para la sangre que buscaba, sino también la concentración exacta para no alterar la composición de la sangre (25 centígramos de citrato, por cada 100 gramos de sangre). El doctor Agote había nacido en Buenos Aires en 1869 y se doctoró en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1893. Se dedicó al estudio con pasión y adornó su polifacética personalidad ocupando diversos cargos vinculados con su profesión, fue Secretario del Congreso Interamericano de Medicina e Higiene y entre 1910 y 1918, fue Diputado ante el Congreso Nacional.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.