LOS PRIMEROS REMATES (09/04/1589)

La Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, durante la intendencia de TORCUATO DE ALVEAR, en 1885,  por iniciativa del cronista del organismo colonial MANUEL RICARDO TRELLES, publicó las “Actas y Asientos del extinguido Cabildo y Ayuntamiento de Buenos Aires”, cimiento en que descansa la Historia del Río de la Plata. Las páginas de esos documentos, tan a tiempo salvados para la historia, cuando se imprimieron, parecían tejidos de ñandutí, de puro viejas. La rareza del lenguaje en aquellos escritos, en los que jamás se tropieza con una coma, pero, muy a menudo, con palabras que no se encuentran hoy en el Diccionario de la Academia, los hacen muy poco comprensibles.

El testimonio más antiguo que conocemos sobre los remates, se registra en el Acta del Cabildo, Justicia y Regimiento, de fecha 9 de abril de 1589, dando cuenta de la adjudicación en remate a GARCÍA HERNÁNDEZ, del cuidado de las vacas y. bueyes de la ciudad, por haber hecho la propuesta más baja, comprometiéndose “recoger cada sábado al corral y guardar las chacras de los daños de los bueyes y vacas y hicieren daño sea a su costa salvo si estuviesen unidos  o maneados”, mediante una remuneración de setenta y seis  fanegas de trigo, que el Cabildo se obligaba a entregarle; la mitad al empezar la tarea y la otra mitad al vencimiento del término de sus servicios. En el mismo día se remataron en las carnicerías, veinticuatro libras de carne, a JUAN DE CASTRO.

El remate para cuidar el ganado y los caballos era válido por un año. Un mes antes de vencerse el término, el procurador de la ciudad presentaba una petición al Cabildo, en esta forma: “Mateo Sánchez, procurador de esta ciudad de la Trinidad, parezco ante vuesas mercedes y digo: que Miguel del Corro, vecino de esta ciudad, guarda los caballos del pueblo y cumple de aquí a un mes poco más, y para que haya quien los guarde los dichos caballos cuando cumpla el dicho Miguel del Corro, conviene que se pongan en pregón para que se guarden. A vuesas mercedes pido y suplico así lo provean y manden, pues es justicia, lo cual pido y en lo necesario es justicia”.

“Otrosí, digo: que por mandato de vuesas m cedes se ha aderezado el corral de Diego de Olavarrieta para encerrar los dichos caballos, y ahora algunas personas que no querrán que estén sus caballos encerrados y los irán a soltar y harán daño en las chacras, y para evitar semejante daño conviene que vuesas mercedes manden que todos los caballos que pareciesen fuera de dicho corral, habiéndose en cerrado, sus amos paguen el daño que hubiesen hecho y la pena que por vuesas mercedes les fuesen puestas, y en todo pido justicia y protesto.—Mateo Sánchez.

“Otrosí, digo: que en esta ciudad hay algunas personas que traen puercos sin guarda haciendo daño con ellos y entran en la iglesia, a vuesas mercedes pido y suplico manden poner penas que no los traigan por las calles atento a lo que dicho tengo, pues es justicia la cual pido, etc. Mateo Sánchez.

Cuando el 9 de abril de 1590 se venció el término a García Hernández para cuidar las vacas, el procurador de la ciudad,  FRANCISCO GODOY, presentó una petición al Cabildo pidiendo se pusiesen de nuevo en remate, siendo adjudicado a JUAN DE GARAY (1), haciendo constar los cabildantes que “se habían juntado aquel día para rematar el ganado vacuno, después de haberlo pregonado durante tres días de fiesta por voz del indio  Juan, a la puerta del capitán HERNANDO DE MENDOÇA y no habiendo encontrado otra postura más baja que la de JUAN DE GARAY, le fue adjudicado en noventa fanegas de trigo exigiéndosele fiador para el saneamiento de las chacras”. (1).-  Descendiente del fundador, por cuanto éste había perecido a manos de los indios, en 1583, en su viaje a Santa Fe.

Otros remates insólitos
Para los artículos de venta al peso, no podía usarse otra que no fuera la romana que el Cabildo decretaba como “romana oficial”, poniendo anualmente en subasta pública, el derecho a disponer de ella para su explotación.  El 4 de octubre de 1605 se remató la romana que sería la oficial y le fue adjudicada a JUAN ORTIZ DE MENDOZA, quien ofreció la suma de diez y seis pesos por año, para tener derechos a explotarla.

El 27 de febrero de 1606 se mandaron pregonar  las carnicerías y abastos de carne; pero, después de haberse pregonado muchas veces, no se hallaron interesados, hasta que ANTONIO FERNÁNDEZ BARRIOS, alcalde de la Santa Hermandad, propuso dar abasto de carne de vaca por tiempo de un año, a dos reales cada arroba.

El 28 de agosto de 1606 se procedió al remate de la “correduría” (la palabra “correduría” significa “oficio o ejercicio de corredor” y éstos eran quienes se encargaban de buscar dinero, para las arcas públicas) y con la misma fecha, se remató el derecho a explotar la Ensenada de Barragán, cobrando un diezmo para desembarcar allí. En aquellos tiempos, cuando la autoridad velaba tan diligentemente por el bienestar común, interviniendo en todos los actos, encargándose el Gobierno hasta de hacer pastorear en común el ganado de los vecinos y en otras cosas que hoy son de exclusivo carácter individual, todo estaba sujeto bajo la acción del remate; pero no como actividad  comercial, sino como medio de justicia, pues de esa manera, hasta las funciones públicas se daban a aquellos que ofrecían mayor ventaja en su desempeño. Se remataban hasta empleos en el gobierno, para lo cual se formaban largos expedientes, como consta en un curioso documento fechado en 1616, donde se puso en venta mediante público pregón, el oficio de “Depositario General en Buenos Aires”. Allí consta que FRANCISCO SOTO hizo una postura de 3,300 pesos corrientes, con ciertas condiciones y no habiéndosele  aceptado estas últimas, se presentó BERNARDO DE LEÓN ofreciendo 2.000 pesos corrientes, sin condición alguna, quedándose en consecuencia con el título de “Depositario General”, en cuyo carácter fue oficialmente nombrado por la Real Audiencia el 20 de julio de 1606, con voz y voto en el Cabildo (sus funciones consistían de guardar en su poder todos los pesos de oro, plata, reales, joyas, mercaderías, ganados de Castilla y de la tierra y otras especies y cosas que se mandaban depositar, bienes muebles y raíces provenientes de pleitos y diferencias).

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