LA LEY SÁENZ PEÑA (10/02/1912)

La Ley, que lleva el número 8871, conocida como “Ley Sáenz Peña” y que establece el voto secreto, obligatorio y universal, fue un instrumento que significó un progreso extraordinariamente significativo para nuestras instituciones públicas. Fue sancionada por el Congreso el 10 de febrero de 1912 y promulgada el 13 del mismo mes.

Antecedentes. En 1910, el doctor ROQUE SÁENZ PEÑA asumió la presidencia de la Nación, luego de efectuados unos comicios bajo el imperio de la Ley Electoral Nº4161, sancionada el 10 de enero de 1902, pero en los que no faltaron nuevamente, el fraude y la violencia, porque, a pesar de que la Constitución establecía un sistema federal, en la práctica, la oligarquía gobernaba como en un régimen unitario. Desde el momento en que asumió, ejerciendo ya la presidencia, en abierto rechazo a las maniobras que lo habían ungido Presidente, SÁENZ PEÑA  tuvo la firme decisión de cambiar este perverso sistema electoral, que permitía el fraude y hasta facilitaba maniobras espúreas para lograr el triunfo.

Inmediatamente después de asumir la presidencia, elevó al Congreso Nacional un memorándum, en el cual aludía a uno de los enunciados de su programa presidencial: “Garantizar el sufragio y crear el sufragante”, por lo cual adjuntaba un proyecto de Ley, a fin de que se sancionara el voto obligatorio, estableciendo en los escrutinios electorales, una adaptación del sistema denominado de lista incompleta”.

El debate de la Ley produjo un alegato histórico en la Cámara de Diputados de la Nación. En una de esas memorables sesiones, el doctor Gómez confesó abiertamente que, como miembro, para honra suya, de un gobierno que se proponía afirmar el imperio de las instituciones, estaba encargado como ministro del interior de hacer efectivo ese propósito en las costumbres electorales.

“La nueva ley se propone corregir los vicios del sistema electoral: el sufragio ha de ser obligatorio (“Quiera el pueblo votar”, dice SÁENZ PEÑA imperativamente) y secreto, para eliminar muchas de las prácticas corruptas”. Ya se había establecido el uso del padrón militar.La otra innovación es la “lista incompleta”, que asegura a la primera minoría, un tercio de los representantes electos, pues se cree que una República necesita oposición y quizás alternancia. Por otra parte, para interesar a la ciudadanía, los partidos minoritarios deben tener algún premio asegurado.

Finalmente el proyecto fue aprobado y en el discurso que SÁENZ PEÑA dio en la ocasión, dijo: “No es bastante garantizar el sufragio sino que necesitamos crear al sufragante, sacándolo del oscuro rincón del egoísmo a la luz vivificante de las deliberaciones populares; y si cada nación ha de adoptar las instituciones conducentes a reparar sus infortunios, yo no encuentro ninguna reacción más apremiante que la que tiene por objeto el voto público”. El país, por medio de sus representantes, trataba así de dejar en el pasado una larga historia de matones y caciques políticos que, por medio del crimen, la amenaza y la compra de votos, habían burlado siempre la voluntad popular.

Como en esa época no se identificaba a los votantes, por lo que era posible acaparar las libretas cívicas y, por lo tanto, su utilización fraudulenta, SÁENZ PEÑA dispuso que el Ministerio de Guerra, procediera al enrolamiento general de los ciudadanos, para confeccionar luego un nuevo padrón electoral del que se eliminarían los que estuvieran privados del derecho al voto y para evitar manipulaciones tendenciosas, el enrolamiento quedó a cargo de ese Ministerio. Además se quitó al Poder Ejecutivo el cuidado del Padrón Electoral y se encargó al Poder Judicial la organización de los comicios para evitar manipulaciones tendenciosas.

La Ley electoral que intentaba erradicar el fraude había sido aprobada hacía menos de dos meses, después de largos y afiebrados debates y fue en la provincia de Santa Fe donde se estrenó aplicándose por primera vez en los comicios que se realizaron el 1º de abril de 1912.  El país dejaba en el pasado una larga historia de matones y caciques que, por medio del crimen, la amenaza y la compra de votos, habían burlado la voluntad popular.

Curiosamente, aunque quienes sancionan esta ley, estaban convencidos de que las minorías corresponderían a las nuevas fuerzas (a la UCR, el PS y la Liga del Sur), ya en estas primeras elecciones que se realizan bajo el imperio de la “Ley Sáenz Peña”, son los partidos nuevos los que obtienen una resonante victoria y los radicales ven exultantes la proclamación de los vencedores.

Seis días después, la nueva Ley se aplicó en la Capital Federal, para la elección de diputados nacionales y la victoria correspondió a ocho diputados radicales de la mayoría, a dos socialistas y a dos independientes. Aquellos socialistas fueron nada menos que JUAN BAUTISTA JUSTO y ALFREDO LUIS PALACIOS, quienes lograron derrotar por primera vez la política del fraude, impugnando a los electos por la provincia de Buenos Aires, donde, siguiendo las viejas costumbres se había intentado la compra de votos y se habían manipulado las elecciones.

GONZÁLEZ CALDERÓN ha dicho que la “Ley Sáenz Peña”, es “la obra política más notable que las Cámaras del Congreso hayan realizado en nuestros días”. Fue su inspirador, su creador y realizador, el ex presidente de la República doctor ROQUE SÁENZ PEÑA, que contó con la invalorable colaboración de su ministro del interior doctor INDALECIO GÓMEZ.

 

 

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