LA EXPOSICIÓN NACIONAL DE CÓRDOBA (15/10/1871)

LA EXPOSICIÓN NACIONAL DE CÓRDOBA. En junio de 1869 el Congreso Nacional sancionó, después de ardoroso debate, el proyecto del presidente Sarmiento de realizar en la ciudad de Córdoba la Primera Exposición Nacional, destinada a mostrar la vitalidad y las riquezas de la República. Sancionado el proyecto, el Poder Ejecutivo resolvió que la exposición se efectuara en 1871 y eligió una Comisión encargada de fijar el lugar para ésta y de organizarla. La comisión —que presidía Eduardo Olivera— eligió un lugar muy atrayente: la propiedad que pertenecía a Nicolás Peñaloza, heredada del doctor José Roque Funes. Se ocuparon aproximadamente cinco manzanas, en las que trabajaron activamente constructores, agrónomos, jardineros, decoradores, ebanistas y albañiles enviados por el gobierno nacional. La preparación llevó dos años de trabajo continuo y a partir de 1870, en que el ferrocarril llegó a Córdoba, se utilizó este medio para el transporte de los materiales. La Primera Exposición Nacional quedó lista para abrir sus puertas en octubre de 1871. Había en ella productos de todas las provincias argentinas y de algunos países sudamericanos. Sarmiento, con su comitiva oficial, llegó a Córdoba para inaugurarla en la tarde del 11 de octubre, en un tren especial. Se hospedó en la casa de los Agüero, situada en la calle 25de Mayo, entre Rivadavia y Alvear. Su ministro Avellaneda se alojó en una casa anexa al Hotel de la Paz, situado en 27 de Abril. La Exposición fue abierta en la tarde del 15 de octubre. Durante el acto hablaron Eduardo Olivera, Sarmiento y Avellaneda. El presidente pronunció un discurso en que expuso ideas muy características de su temperamento y pensamiento. “Quisiera haceros sensibles —dijo en un pasaje de su discurso— lo que no está aquí presente y son un millón por lo menos de brazos cristianos que poco a nada producen; un cuarto de millón de indios que viven de lo que ellos elaboran, algunos miles de cristianos peores que indios, que de­searían vivir de la destrucción de lo que el trabajo honrado ha acumulado en muchos días de fatigas. Éste es un rasgo característico de nuestra sociedad, rasgo que nace del desierto, de la ignorancia, de la indolencia, del aislamiento, y de todas las causas, que abraza una sola palabra: la barbarie”. En otro párrafo Sarrniento dijo: “Señores comisionados de la exposición: ¿Hay en algunos de estos compartimientos muestras de papel producido por nuestros molinos? ¡Cómo! el papel, que es el pan de la civilización; el papel, que mide la cantidad de ideas que gasta diariamente un pueblo, el papel que es el Fénix moderno, que después de haber servi­do a cubrir y engalanar el cuerpo, resucita para hacerse intérprete y heraldo del alma; el papel ¿no se fabrica en nuestro país?.”

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