YANQUETRUZ

El 15 de abril de 1857, un amigo del General BARTOLOMÉ MITRE, un tal MANUEL B. ÁLVAREZ, desde Carmen de Patagones, se dirige a su amigo, entonces Ministro de la Guerra, para referirse a un Tratado de Paz “que espontáneamente ha propuesto hacer con el Gobierno el cacique YANQUETRUZ” y de ella podemos extraer interesante información que nos permitirá obtener un retrato bastante aproximado de la personalidad de este temido cacique tehuelche, verdadero prototipo de su raza.

Conviene saber —dice ÁLVAREZ— que este indio es un genio para la guerra, y debe a los esfuerzos de su brazo el respeto y consideración que le tributan, a pesar de ser un joven, todos los tehuelches del Sud, con excepción de unos pocos caciques opuestos a la paz, que él llama intrusos y se propone exterminar. Es valiente y generoso a toda prueba, pues mira con horror el culto inhumano de matar a sangre fría, lo que él llama bajeza de cobarde. Así es que se jacta de no haber muerto a ningún cristiano fuera de la pelea, así como de haber salvado a muchos, cuyo exterminio estaba resuelto y ordenado por el araucano CALFUCURÁ”.

“Es demasiado franco, y al referir a sus operaciones de guerra que hizo bajo las órdenes de CALFUCURÁ, no omite contar orgulloso, entre el número de sus víctimas, al desgraciado Comandante NICANOR OTAMENDI y al Capitán RAMOS, cuyo valor recomienda; pero asegurando siempre que su intención fue salvarlos (ver El Escuadrón Inmolado). Afirma que si OTAMENDI hubiera leído su carta, en que le aconsejaba que se retirase con su tropa a una casa fuerte que tenía inmediata, se habría persuadido que no era su intención pelearlo; pero que, habiéndole hecho el ultraje público de romper su carta sin leerla, y estaquearle su emisario, se vio forzado a pelear y matar para vengar su honor ofendido”.

Prosiguiendo con su descripción de la personalidad de Yanquetruz, ÁLVAREZ dice a continuación: “Debo advertir a usted que en medio de las buenas cualidades que usted descubrirá en su trato cuando está en su razón despejada, encontraría si lo viese un hombre intratable cuando estuviese ebrio. Se vuelve loco en tal estado y es en extremo provocativo; es preciso evitarlo cuando se halle en ese estado, y no permitir que entre en contestaciones con ninguna persona imprudente que pudiera irritarlo”.

Este comentario referido a la peligrosidad de Yanquetruz en estado de ebriedad, adquiere su confirmación en noviembre de 1858, cuando el 9 de ese mes y año, aparecen en dos diarios de la época, notas donde se relata la forma en que terminó sus días este célebre cacique tehuelche.

Bajo el título “Muerte de Yanquetruz”, dice “El Nacional”: “Este cacique de Patagones había venido a Bahía Blanca a unas carreras muy mentadas. En ellas tuvo una disputa con un oficial de milicias llamado JACINTO MÉNDEZ, a quien dio el cacique de lazazos que contestó el paisano con dos puñaladas que ultimaron a Yanquetruz. Algunos indios del acompañamiento trabaron una guerrilla a lazazos y puñaladas con Méndez y algunos paisanos de lo que resultaron cuatro indios muertos y otros heridos. Este mismo Méndez mató ahora tiempos ha, al famoso cacique Pascual en disputa parecida a la que ha tenido ahora con Yanquetruz. Tal suceso no se conoce oficialmente pero debemos darle crédito atendiendo al origen de donde lo hemos tomado; sin embargo necesita ser confirmado de otra manera”.

Nuevamente y con el mismo titular vuelve “El Nacional” en su edición del 15 de noviembre de 1858 a referirse al incidente donde halló la muerte Yanquetruz, pero esta vez da otra versión: En un despacho fechado en Bahía Blanca el 30 de octubre se lee: “El día 20 había llegado este cacique con procedencia de Patagones traído por la noticia de que unos indios de Calfucurá habían robado en el Colorado los caballos de la guarnición.

El 24, Yanquetruz estaba muy ebrio presenciando unas carreras y tras una discusión del momento, le pegó de bofetadas a un sargento de Guardias Nacionales e insultó al pueblo de Bahía Blanca e indios amigos y desafióles. Iba vestido con la casaca de Otamendi de la cual hacía mucho alarde de haberlo muerto. Se había puesto divisa colorada en la gorra y gritando ¡Viva Rosas! ¡Mueran los salvajes unitarios! Atropellaba las pulperías y cuanto encontraba en la calle. Los Nacionales e indios amigos se reunieron y lo mataron a puñaladas y casi también matan al capitán Méndez que se empeñó en protegerlo”. Esta nota o despacho, que no lleva firma y que difiere de la anterior en lo que respecta a la actuación de Méndez, da cuenta que la guarnición de Bahía Blanca estuvo acuartelada “sin atreverse a salir de la fortaleza” durante el desorden promovido por Yanquetruz.

Por su parte “La Tribuna”, en su número del 16 de noviembre de 1858, en la Sección “Noticias Generales”, informa: “El Río Bamba”, entrado el domingo de Bahía Blanca, trae la confirmación de la muerte de Yanquetruz. Parece que el cacique en un estado de completa ebriedad asistió a unas carreras de cinta colorada en el sombrero, dando gritos de muera al pueblo de Bahía Blanca, vivas a Rosas y desafiando a todo el mundo, llegando a amenazar a alguna persona, de donde resultó el choque que trajo la muerte de Yanquetruz. Más de 40 hombres tomaron parte en la lucha, muriendo cuatro indios más”.

“Qué tigre sería ese Capitán Méndez de Guardias Nacionales!” diría un testigo del suceso. Que lo era, queda fuera de toda duda y lo confirma Don ANTONIO G. DEL VALLE, cuando expresa en sus memorias que conoció personalmente al capitán don JACINTO MÉNDEZ, de cuyos labios escuchó el relato de la muerte de YANQUETRUZ. Dice el nombrado del Valle que la pelea fue “pié a pié” y que “Yanquetruz, con un puñal en la diestra y las boleadoras en la izquierda acometía con furia y bravura al valiente capitán que no tenía más armas que su espada con la cual se defendía hasta que logró voltear de una feroz estocada al engreído cacique”.

Nota realizada tomando material de un trabajo de Carlos Settel publicado en “Anales del Instituto de Historia Militar Argentina, Buenos Aires, 1997).

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