VOCABULARIO CRIOLLO ABREVIADO

No será como el Diccionario de la Real Academia Española, que necesita de numerosos volúmenes para dar cabida a todos los términos, palabras y giros idiomáticos en uso por los hispanparlantes, pero el vocabulario que empleaba nuestra gente de campo en el pasado y que utilizan hoy quienes viven en la campaña argentina, también necesitaría un gran cantidad de volúmenes, por la riqueza, originalidad  e ingenio que puso de manifiesto el criollo para crearlo y usarlo en su vida diaria.

Resultado de imagen para vocabulario criollo

Los siguientes son sólo algunos de ellos. Una selección de las palabras más utilizadas en tiempos pasados, algunas de las cuales llegaron hasta hoy. Hay muchísimas más y esperamos ir incorporándolas a medida que nos lleguen, de parte de Ustedes, nuestros usuarios, o de nuestras propias fuentes (ver más en Voces, usos y costumbres del campo argentino).

ABAJARSE. Bajarse, apearse del caballo.
ABALANZARSE. Acción del caballo que se para sobre sus patas traseras, levantando las anteriores.
ABEJIGADO. Así se llama al caballo con las patas hinchadas, como con vejigas, ya sea porque tiene los tendones inflamados o sobrehuesos.
ABICHADO. Dícese del animal que tiene alguna herida con gusanos.
ABOMBADA. Estado de la carne pasada, sin haber llegado a la putrefacción. Agua u otro líquido que despide mal olor por haberse echado a perder.
ABOMBADO. Tonto, tarambana, despistado.
ABOMBAR. Aturdir.
ABRAN CANCHA.  dejen lugar; háganse a un lado.
ABRE-PUÑO. Yerba originaria de Europa traída a América por los conquistadoires españoles. Sus flores, lo mismo que la raíz y las semillas,  muy amargos, contienen “enicina” lo que las hace efectivas para reducir los “callos” en los pies y dicen que también para curar los resfríos.
ABRIRSE. Hacerse a un lado; desistir de un negocio.
ACHACAR. Echarle, sin fundamento,  la culpa de algo a alguien.
ACHIRA. Planta que se cría en terrenos húmedos, a orillas de los arroyos o dentro de los bañados. Tiene un metro o metro y medio de alto, con hojas lisas, aovadas y largas, cuyas flores de color amarillo (las hay rojas) florecen durante el verano.
ACHUMA. Planta de propiedades excitantes como la coca, el chamico, el tabaco, etc., empleada por los indígenas en las artes mágicas.
ACHUMADO. Ebrio. Borracho.
ACHURA. Palabra proveniente del quichua, que significa “comer sangre”. Son las entrañas del ganado (vacas, corderos, chivos, cerdos), incluso de sus nonatos, que se comen con el asado. Hígado, riñones, intestino grueso y delgado, corazón, mollejas (las glándulas tiroides), criadillas (los testículos del toro), bien asados a las brasas constituyen, también hoy, una de las comidas preferidas de  los argentinos.
ACHURAR. Sacarle las vísceras a una res. Matar a un adversario.
ACHURAS. Vísceras que junto con la carne integran “el asado” (hígado, intestino grueso, intestino delgado, .corazón, riñones, criadillas (testículos del toro=, mollejas (las glándulas tiroides).
ACOLLARAR. Acollarar es una palabra que significa unir por el pescuezo a dos animales, preferentemente yeguarizos, para que se acostumbren a andar junos y no se extravíen. Generalmente se los acollara con la “yegua madrina”, para que se acostumbren a seguirla. Era costumbre que la gente de la campaña dijera “se acollararon” para referirse a una pareja formada por un hombre y una mujer que habían decidido vivir juntos.
ACOMODARSE. Arreglarse con alguien; mejorar una situación personal.
ACOQUINARSE. Achicarse; tener miedo; quedarse quieto.
ACULLICO. Bola de tabaco (a veces de coca, en las provincias del noroeste argentino), que se forma en la boca, mezclándola con saliva para extraerle todos sus jugos y efectos.
ADOBADA. Comida aderezada previamente a su cocción y preparada con el “adobo”.
ADOBE. Bloque hecho con paja molida y barro y secada al sol, para hacer con ellos las paredes del rancho.
AFLOJAR MANIJA. Ceder.
AGALLUDO. En sentido figurado, el individuo audaz o pícaro. Capaz de cometer una acción aventurada.
A GATAS. Apenas; a duras penas.
AGUADAS. Las aguadas eran los lugares del campo, donde la lluvia formaba depósitos más o menos permanentes. Allí iban a beber todos los animales de cría o salvajes que se encontraban en esas tierras y próximos a la “aguada”. Esta presencia segura de presas, era aprovechada por los pumas que esperaban allí al acecho para hacer de alimento.
AGUAITAR. Acechar, esperar oculto. Espiar. Aguantar.
AGUARÁ. Zorro grande de pelo ondulado y largo, amarillo rojizo y crin negra.
AGUARDIENTE. Bebida alcohólica de alta graduación que se obtiene destilando vino, melaza, nueces o algunas otras frutas.
AHIJUNA. Contracción  de  » ¡ Ah hijo de una !», proferida peyorativamente.
AJÍ CUMBARÍ. Ají picante, “puta parió” (hoy Tabasco). Un pimiento muy picante que se usa como condimento de la cocina criolla.
A LA PAR. al lado.
ALARIFE. Pícaro, mozo avispado. Antiguamente se llamaba así a los constructores.
ALBARDÓN. Cordón de tierra elevado en medio de las lagunas, esteros o bañados.
ALGARROBO. Árbol cuyo fruto era muy estimado por los aborígenes. Lo comían como golosina y también con él, hacían una bebida alcohólica llamada “aloja”.
ALOJA. Bebida alcohólica hecha con semillas de algarrobo fermentadas.
ALCE. No dar alce; no darle tiempo a nada.
AL ÑUDO. Inútilmente. (Al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen).
ALFA. La alfalfa, pasto o forraje  que se utiliza para alimentar al ganado, cuando no pastorea, suele ser designada con el apócope “alfa” y cuando está en el comienzo de su crecimiento “alfita”. Para el gaucho,  un alfalfar o un campo sembrado con alfalfa, era un “campo de alfa”.
ALJIBE. El aljibe, es un pozo, cuyas paredes están totalmente revestidas con ladrillos unidos con argamasa para evitar la filtración del agua. Es en resumen, un depósito destinado a guardar agua de lluvia en las regiones donde no hay red de agua potable o donde ésta se encuentra a tanta profundidad, que resultaría muy oneroso hacer perforaciones para extraerla. Una canaleta, generalmente de cinc, colocada en las caídas de los techos de las casas, recoge el agua de la lluvia que cae y la encauza hacia el “aljibe”, donde queda depositada, conservándose en buen estado para su consumo, durante mucho tiempo.
ALLEGARSE. Arrimarse; juntarse; acercarse.
ALOJA. Bebida fuerte fermentada hecha de la fruta de la algarroba blanca, muy popular entre los diaguitas y los indígenas de los alrededores de la provincia de Córdoba.
ALONSITO. Así como hay árboles de nuestra flora autóctona que recibe nombres de personas, como es el caso de “Francisco Álvarez”, “Martín Gil”, “María Molle”, etc., igual costumbre se pone de manifiesto en nuestra fauna. Y ese es el caso del hornero (Furnarius rufus), que en la provincia de Corrientes llaman “Alonsito”, refiriéndose a un tal Alonso García, nombre que se le da a este pájaro en Paraguay. En el noreste se lo llama “hogaraitig”, nombre más apropiado, ya que éste significa “casa nido”, y se refiere al típico hornito de barro y paja que el pajarito construye. En otros lugares de la Argentina, el “Alonsito” recibe el nombre de “casero”, “caserito”, “hornillero” y otros.
AL TRANCO. Caminar al paso; despacio.
ALZADO (ALZAO). Sublevado. Animal chúcaro. También se aplica al animal o la persona excitada sexualmente.
AMADRINADO. Andar detrás de la madrina; seguir a la yegua madrina.
AMALHAYA. Simple y exacto sinónimo de “ojalá”, Expresión de un ferviente deseo de que ocurra o se produzca algo considerado como muy importante o necesario. Este vocablo, de uso tan común en todas las regiones argentinas, es nada más que una adaptación de la forma castiza “a mal haya”, transformada y tergiversado su significado por esa costumbre criolla de simplificar todo, para hacerlo más fácil para su austera y simple existencia. Valgan los siguientes ejemplos de su uso, para ilustrar lo expresado: “Amalaya me encontrara con ese guapo!”. “Amalaya fuese cierto lo que me han dicho!”, “!Amalaya llueva tres días seguidos!”.  Lo curioso con respeto a este término es la verbalización que el gaucho hizo del mismo: para él, “amalayar” equivale a desear.
AMANSAR. Acciones que se realizan para que un yeguarizo quede manso y dócil.
AMARGO. Mate cebado sin azúcar. También llamado “cimarrón”. También se dice que un hombre es “un amargo”, cuando es cobarde, flojo de carácter.
AMASIJO. Harina amasada con agua y sal para hacer pan o pastas en el campo.
A MEDIA JURIA. Correr a la mitad de lo que se puede.
A MEDIA RIENDA. A media velocidad; venir sujetando al caballo en carrera.
AMOLAR. Molestar, fastidiar, incomodar.
AMUJADO. Dícese del caballo que pone sus orejas pegadas a la  cabeza cuando se dispone a morder o cocear.
ANDARIVEL. espacio que marcado por medio de un cordel grueso o un alambre, divide en dos una cancha donde se correrá una carrera cuadrera.
ANGELITO. Niño de corta edad  muerto.
ANGURRIA. Hambre extraordinaria y desmedida.. Deseo excesivo y contínuo de comer. Hambre canina. Necesidad irrfrenable e indebida de poseer algo.
ANTARCA. Es una voz quichua que ha sido asimilada por el lenguaje  popular del noroeste argentino, que quiere decir “de espaldas”. Caerse “antarca” quiere decir “caerse de espaldas”. El vocablo se usa en  muchas formas, particularmente como complemento de los verbos estar, tener, quedar, poner, tirar y otros. Un juego que atrae a los “changos (niños, muchacho) de esas tierras, consiste en “poner antarca” a unos gigantescos  “tucos” y “cocuyos”, nombre que se les da a las luciérnagas, que puestas de espaldas, realizan violentos movimientos hasta lograr retomar su posición normal, merced a un espectacular salto, causando la jarana del corro que se forma a su alrededor para observarlos.
APADRINAR. — Acompañar montado en un caballo manso al que monta un potro para domarlo.
APARCERO. Arcaísmo español que significa compañero, amigo íntimo, con quien se comparten aventuras, prendas o beneficios.
APAREÁ. En casi toda la campaña argentina existe un pequeño roedor, de color parduzco, muy parecido a las ratas y los tucucutos, en tamaño y aspecto, pero sin cola. Es el “apareá”, nombre guaraní, conocido en otras regiones como “cuís”, “cuí”, o “aperiá”, un animalito muy tímido y asustadizo, que cuando quiere salir de su madriguera, observa atentamente y por largo rato, antes de aventurarse a dejar la seguridad de su escondite.
APAREAR. Arrimarse; ponerse a la par; alcanzar
APARTAR. Es la actividad que le sigue al “rodeo” y designa a las actividades que se realizan para “apartar” a uno o a un lote de varios animales del resto.
APEDARSE. Emborracharse, embriagarse.
APERO. Conjunto de elementos que componen la montura del caballo.
API. En el noroeste argentino, a la mazamorra, esa comida criolla hecha a base de maíz blanco pisado y hervido en agua ,con un poco de lejía, se la conoce con el nombre quichua de “Api”..
APLASTADO. Caballo cansado.
APORRIAR. Golpear, castigar, maltratar.
APOTREAO. Sentirse fuerte, capaz de cualquier cosa.
APRONTAO. Listo, preparado
APRONTES. Preparación para correr; estar listo; vueltas para demorar.
ÁRGANAS. Eran una especie de cilindros de cuero abiertos en uno de sus extremos, que la gente de campo utilizaba como maletas para llevar sus pertenencias, cargadas sobre el caballo.
ARISCO. Difícil de dominar, mañero, indómito, cerril.
ARMADA. Lazada corrediza que tiene una argolla de hierro en un extremo del lazo y que se prepara como un gran aro en el momento de arrojarlo. El resto del lazo en toda su longitud, llamado “el rollo”, se mantiene asido con la mano izquierda.
ARREADOR. (también se dice arriador). Especie de látigo, de cabo corto y grueso con trenza muy larga, hecha con tiras de cuero (tientos), que se usa para azuzar a los animales dispersos y arrearlos hacia un destino determinado.
ARREAR. Llevar en arreo; llevarse por delante.
ARROCINAR. Amansar un caballo en demasía. Transformarlo en un “rocín”.
ARREMETIDA. Lanzarse con todo para adelante.
ARRIADOR. Látigo largo usado para azuzar animales.
ARRIAS. En ciertas épocas, sobre todo para transitar por zonas montañosas, en lugar de carretas para transportar mercaderías hacia destinos muchas veces muy lejanos, se usaban “arrias”. Eran conjuntos de mulas “cargueras” que unidas en fila india mediante “cabestros, marchaban llevando sobre sus lomos bien balanceadas cargas, bajo la atenta mirada de los “arrieros”.
ARRIMAR. Arrimarse, acercarse.
ARROPE. Dulce que se hace con el fruto de la tuna, el algarrobo y otras frutas autóctonas.
ARRUMBAO. Abandonado.
ASADO CON CUERO. Es el que se cocina a las brasas, poniendo sobre la parrilla, grandes trozos de carne de vaca sin cuerar y con la piel contra las brasas. Cocinado a fuego lento, aún hoy,  es uno de los manjares predilectos en la campaña Rioplatense.
ASADO. Carne que se utiliza para ser asada, preferentemente el costillar, el matambre, los cuartos y la paleta de las reses vacunas. Invitar a un asado era invitar a una “comilona” donde el plato único era carne y achuras al asador.
ASADOR. Varillas de hierro cruzados de tal forma que atando la pieza de carne a esa estructura (generalmente un costillar o un cordero o un cerdo entero), que se clava en la tierra, a un costado y cerca de un fuego de leños bien encendidos, permiten lograr una perfecta,  lenta y pareja cocción de la carne.
ASAITE. Era como nuestros viejos gauchos pedían aceite en las pulperías.
ASAO. El asado en el lenguaje de nuestros criollos.
ASIDERO. — Correón de una cuarta de largo, que va asegurado en la argolla de la cincha de un caballo. En el otro extremo lleva otra argolla en la cual se asegura el “lazo” cuando se trata de enlazar a un animal, o el “maneador” cuando se debe “cuartear” un animal o un vehículo empantanado.
ASOLEADO. Es el animal que ha recibido mucho sol. Sería el «insolado» de los humanos. «Potrillo asoleado» es como se llama  a un hombre cuando anda triste.
ASUJETAR. Parar, detener la marcha.
ATORADO. Atragantado, ahogado. También se aplica al atolondrado, al que obra precipitadamente.
ATROPELLADA. Encarada; persona abombada.
ATUSAR. En algunas regiones “tusar”. Cortar la crin del caballo. Sobarse el bigote. Despectivamente, cortarle la trenza a la “china” que nos ha engañado.
ATURUNCO. Tigre o puma americano, en quechua.
AUJAS. Agujas o vértebras de la res que siguen a las cervicales. Estos huesos con carne ubicados en la parte superior del cogote de la res, eran muy solicitados por su bajo precio y excelente calidad..
AVIAO. Persona bien provista.
AVÍOS. Yesquero, pedernal. Los útiles que llevaba el gaucho en su cinturón para encender fuego.
AYACUÁ. Con frecuencia, los aborígenes, afectados por un virus o microbio, recurrían a los hechiceros de la tribu para que los curara del “Ayacuá”. Este era el nombre que le daban al duendecillo invisible por lo diminuto, que armado de arco y flechas, creían se introducía en el cuerpo humano provocando males y enfermedades. Los curanderos y brujas de las tribus trataban de extraer las flechas, astillas y dientecitos de esta especie de microbios que eran los que producían la enfermedad, chupando la parte del cuerpo dañada o enferma.
AZULEJO. El caballo o yegua de color blanco azulado (para ver todos los pelajes de yeguarizos, ver “El caballo criollo en la tradición argentina” de Guillermo Alfredo Terrera).

BADANA. Cuero muy fino y blando, después de haber sido bien sobado.
BAGRE. Pez muy abundante de río, de color pardo, sin escamas pero con una peligrosa púa en su dorso. De cabeza ancha y aplastada con bigotes, cuyo feo aspecto hizo que se llamara “bagre” a las mujeres feas o con pocos atractivos.
BAGUAL. Caballo salvaje que en grandes manadas poblaban las llanuras rioplatenses. Nacidos en libertad y dueños absolutos de las llanuras, eran muy ariscos y huían del hombre. Se los capturaba sólo con el lazo o las boleadoras y se los definía como “chúcaro” o “cimarrón”. Metafóricamente, la palabra “bagual” es empleada para referirse a algo atroz o bárbaro: “se dio un golpe bagual”; “fulano cometió una bagualada”, etc.
BAGUALA. La baguala identifica a un canto muy parecido a “la vidala” y que por eso también se lo llama “vidala coya” (ver La baguala).
BAGUALADA. Conjunto de caballos o personas chúcaras.
BAILONGO. Baile.
BAJERA. La manta ordinaria que se coloca sobre el lomo del caballo y que sirve de sudadero (para saber cuáles son todos los elementos que forman parte de un recado, ver “El caballo criollo en la tradición argentina”, de Guillermo Alfredo Terrera).
BALAQUEAR, BALAQUEANDO. Fanfarronear, fanfarroneando.
BALCONEAR. Mirar algo, espìar, observar acontecimientos.
BALDEAR. Sacar agua de un pozo; Limpiar una vereda.
BANDEAR. Las líneas costeras de una extensión de agua, de mayor o menor longitud, son también conocidas con el nombre de “bandas”. Cruzar o atravesar un curso de agua, de costa a costa, es “bandearlo”, es decir ir de una a otra orilla o “banda”. Al principio, se vocablo se usó exclusivamente para definir el acto de cruzar a nado un curso de agua, ya sea el hombre solo o con su caballo; luego el significado se generalizó y “bandear” o “bandiar”, era la forma popular de decir que se había cruzado un río, ya sea a nado, a caballo, en bote o en carreta. Aquel primitivo concepto hizo que el hombre de gaucho convirtiese el término “bandear” en sinónimo de traspasar y así fue que para ellos era “bandeado” el cuerpo humano traspasado por un arma blanca, una bala u otro elemento perforante, que había sido traspasado de lado a lado por alguno de estos elementos. Esta segunda acepción, derivó a su vez en la costumbre de decir que se había “bandeado” a alguien, cuando aportando pruebas irrebatibles, un contrincante superara al otro, sin discusión, en la controversia que los enfrentaba. De igual modo alguien podía “bandearse” solo, cuando por su ineptitud o incapacidad, por la falta de razones atinadas, contribuye, involuntariamente, al triunfo de un rival, por lo que, en ambos casos, este “bandeado” queda en la misma situación de inferioridad que aquel “bandeado” o atravesado por el arma de un adversario, en el curso de una pelea. Una tercera acepción refiere al acto de pasar a alguien a la carrera. Hoy la acción de cruzar un curso de agua, se llama “vadear”.
BANDURRIA. Ave de unos 0,65 centímetros desde el pico hasta la extremidad de la cola; plumaje color canela oscuro, con alas verdosas, de reflejos metálicos. Su pico, de unos 0,12 cm. de largo de color rojizo y encorvado le permite alimentarse de peces e insectos acuáticos que “pesca” al vuelo.
BAQUETEADO. Muy gastado, usado; Muy andado.
BAQUIANO. La palabra “baquiano” deriva de “baquía” que quiere decir habilidad y el “baqueano” o “baquiano”, era el hombre que conocía a la perfección los caminos, vueltas y recodos, el vado de los ríos y las sendas y “picadas” más convenientes para cruzar los extensos territorios que se debían recorrer para trasladarse de un lugar a otro, para llevar mercaderías o para escapar de una partida de indios.
BARAJA. Cada una de las cuarenta cartas que componían un mazo de naipes para jugar al Truco o al Monte. Eran muy variados los juegos de cartas con los que se entretenía el gaucho. En el Martín Fierro de JOSÉ HERNÁNDEZ pueden encontrarse, en sus versos, una larga lista de ellos, cuando hace hablar a Picardía, el hijo de Juan Cruz. Pero uno de los más jugados, era (y lo sigue siendo) el truco, un juego donde precisamente la picardía, el sutil engaño y a veces hasta la poesía, le permitían lucir sus dones.
BARAJO. Eufemismo para no decir carajo, sin duda aprendido de los mercachifles (los llamados turcos), que recorrían el campo vendiendo su mercadería.
BARBIJO. Tiento que asegura el sombrero; Tajo en la cara.
BARBOQUEJO. Atadura que asegura las patas del freno por atrás de la boca del caballo.
BARRERO. Bueno para andar en el barro.
BARROSO. Color del pelo en los bueyes.
BARULLO. Desorden. Ruido.
BASTEADURA. Lastimadura hecha por el basto mal acomodado sobre en el lomo del caballo.
BASTERIADO. El caballo lastimado en el lomo por los bastos.
BASTONERO. La persona que durante una danza da las voces de mando a fin de que los que bailan ejecuten las diferentes “figuras” del mismo. Llámase así, por antonomasia, al que dirige el pericón.
BASTOS. Pieza del recado criollo que hoy reemplaza al antiguo “lomillo”, no es un modismo argentino, sino que deriva del latín “bastum”, cuya definición es: “cierto género de aparejo o albarda que llevan las caballerías de carga”.
BATACAZO. Triunfo y ganancia inesperada.
BELLACO. Reciben este nombre los yeguarizos cuando son ariscos y bellaqueadores, es decir, muy bravos para corcovear y para amansarse.
BELLAQUEAR. Encabritarse un caballo. En sentido figurado: el que se resiste o enoja.
BENTEVEO. Pájaro de lomo pardo, pecho y cola amarillos y una mancha blanca en la cabeza. Su grito parece decir “bien te veo”, o “bicho feo”.
BICHERA. Conjunto de gusanos instalados en la herida de un animal.
BICHERO. El hombre o el perro que caza y persigue alimañas en el campo.
BICHO COLORADO. Insecto pequeñísimo de color rojizo que penetra en la piel originando insufrible comezón.
BICHOCO. Animal viejo e inservible.
BIGUÁ. Ave palmípeda acuática conocida también como el «zaramagullón». De color negro con mezcla de blanco en la cabeza y el cuello, que vive en bandadas a orillas del agua. Emite un sonido parecido al gruñir de los cerdos.
BILMA. Los emplastos, cataplasmas y parches, especialmente los que se llamaban “porosos”, fueron remedios principalísimos de la farmacopea campera del pasado, como aún lo es para los “curanderos” y en la medicina casera. A estos emplastos se lo conocían con el nombre de “bilmas”, término que aún se oye en el interior. Su nombre no es un fonema autóctono, sino que parece ser una deformación de “bizma” o “bidma”, palabra castellana que precisamente define a estos emplastos, cataplasmas y parches.
BOFE. Son los pulmones del animal. Puesto a cocinar sobre las brasas, es la comida de los perros en los ranchos pobres.
BOLADA. Ocasión, oportunidad favorable.
BOLAS. Boleadoras.
BOLAZO. Mentira. Cuento. Fantasía. Golpe dado con las boleadoras.
BOLEADORAS. Arma para cazar o combatir. Consiste en dos o tres bolas de piedra envuelta (retobadas) en cuero y sujetas a otros tantos ramales de cueros o tientos retorcidos o trenzados. Arrojadas a las patas del animal que huye (para lo cual el gaucho coge en la diestra la bola más pequeña, revoleando luego las otras más gruesas y pesadas sobre su cabeza), aquél queda inmovilizado y cae al suelo. Los aborígenes fueron distros en su utilización y las utilizaban manteniendo sujeta una de las bolas con el pie y con las otras le daban en la cabeza a su adversario.
BOLEARSE. O BOLIARSE. Durante la “doma” suele suceder que un potro, al alzarse sobre sus patas traseras con demasiada violencia, pierda el equilibrio y caiga hacia atrás, golpeando el lomo contra el suelo. Y a eso se lo llama “bolearse”, es decir, enredarse y caer uno solo, sin que lazo o boleadora alguna haya provocado la caída. Los domadores tienen una especial habilidad para darse cuenta instintivamente de cuándo el animal que montan se va a “bolear” y esquivan el peligro de ser arrastrados en la caída, dejándose caer rápidamente por el costado, pero sin soltar el cabestro, para evitar que el potro se dispare, cuando logre levantarse. También se aplica a desorientarse.
BOLETEADA. Monto total de lo jugado a un caballo en una carrera cuadrera. Mentira
BOLETEAR. Jugar boletos a un caballo; Mentir.
BOLETO. Mentira; Ticket para entrar a un espectáculo.
BOLICHE. Pequeño almacén o despacho de bebidas.
BOMBACHA. Especie de pantalones muy amplios que se angostan en el tobillo y se ciñen mediante uno o dos botones. Constituye una característica particular en la indumentaria del gaucho argentino (ver La bombacha).
BOMBEAR. Tirar abajo, hacer perder a un caballo o persona. También es mirar, espiar. Los aborígenes que lo hacían se llamaban “bomberos” y lo hacía parados sobre sus caballos.
BOMBIAR. Espiar. También se aplica en una contienda, a la acción de favorecer a uno de los contendores, en perjuicio del otro y a la acción de sacar agua por medio de la bomba.
BOMBILLA. Canuto de metal que en uno de sus extremos lleva una boquilla y en el otro un ensanchamiento cribado que sirve para sorber la infusión de yerba que se toma en el mate. Algunas eran de plata y hasta las hubo con boquilla y virolas de oro.
BOÑATO. Papa dulce o batata.
BORDONA. La sexta cuerda de la guitarra.
BOYERO. Conductor de bueyes. Oficio ejercido generalmente por niños que manejando diestramente la “picana” para azuzar a los animales, se instalaba audazmente sobre la cerviz de uno de ellos y hasta sabía hablarles para lograr mejores rendimientos en la marcha.
BOZAL. Además de llamar así al aparejo hecho con tientos o soga para sujetar la cabeza de los animales para atarlos o llevarlos, se llamaba “bozal” a quienes hablaban torpemente el idioma. También se llamaba “negro bozal” al esclavo que hablaba solamente su idioma y no el castellano.
BRACEAR. Acción de nadar, o de ir “braceando”, al tranco del caballo.
BRASITA. “Churrinche”, es la onomatopeya para nombrar a un pájaro de hermosos colores que abunda en gran parte de la llanura argentina y cuyo copete, cuello y pecho de color rojo vivo, ha inspirado los otros nombres con que se lo conoce en distintas regiones de la Argentina. “Fueguero”, “fueguito”, “hijo del sol”, “solcito” y “brasita” son ellos y todos son tan comunes como “churrinche”. Los guaraníes lo llamaron “güirá-tatá” y “güirá-pitá” o sea “pájaro de fuego” y “pájaro colorado” respectivamente.
BRINCO. Salto; Levantarse de golpe, brincar.
BUCHE. La enorme duración de los viajes en épocas pasadas, hacía que los carreteros se las ingeniasen para aumentar al máximo la capacidad de carga en sus vehículos y así, como el jinete dispuso que lo acompañara “un caballo carguero”, para llevar su exceso de equipaje, los conductores de carretas y otros vehículos, incorporaron a los mismos, una especie de abolsamiento, hecho con cueros, unidos entre sí y asegurado con lonjas del mismo material, en las partes delanteras y traseras de sus vehículos (pescante y culata respectivamente). Estas grandes bolsas o depósitos auxiliares, prolongaban así el piso y su forma combada sobresalía del cuerpo principal del vehículo, como sobresale el buche de ciertas aves que comen con exceso, semejanza que determinó, que se llamara buche a estos antiguos “portaequipajes”.
BUEY CORNETA. Buey que tiene un solo cuerno. Se aplicaba también al infidente que defraudaba las expectativas puestas en él (“Nunca falta un buey corneta” solía decirse).
BUFAR, ruido el caballo con la boca, expulsando aire sonoramente.
BUTIFARRA. Especie de embutido casero muy ordinario que puede estar hecho con infinidad de productos (carne magra de vaca, de cerdo, gallina, huevo, sangre de cerdo, hígado, lengua, arroz, cebollas, etc.).
BURRERO. Aficionado a la carrera de caballos («burros», en la jerga hípica). Amigo de los caballos.

CABORTERO. Que procede de mala fe.
CABURÉ. Ave de rapiña, redonda y fornida. Algo mayor que un puño, de color pardo. Su chillido, muy alto, parece que hipnotizara a las avecillas, entregándolas a su voracidad. La superstición popular atribuye a las plumas de esta ave virtudes mágicas.
CABRESTEADOR. Animal manso que puede llevarse de tiro.
CABRIOLAS. Dar vueltas, hacer girar o mover algo.
CACUNDA. Llevar a alguien o algo a “cacunda” es llevarlo cargado sobre la espalda. En Uruguaye se llama “cacunda” al individuo cargado de espaldas (jorobado).
CACUÍ. Es el “nictibio urutaú” de Paraguay, también llamado cakuy, kakuy, cacuy, pájaro estaca, pájaro bruja, acudo, nictibio, guajojó, potoo, perosna, urutaú común, guaiguîgué, pájaro fantasma, biemparado norteño, pájaro bruja, pericoligero, pájaro estaca menor, ayaymama o estaquero común, según distintas regiones donde se lo encuentre. Según Alberto Vúletin en su obra “Zoonimia Andina”, la pronunciación correcta es cácuy porque es onomatopeya del canto de esta ave de la familia de las Caprimulgidae.
CACUNDA. Cabeza.
CACHACIENTO. Lerdo, pesado, lento.
CACHAPÉ. Sin que se sepa el porqué de ese nombre, en el norte argentino se llama cachapé a un vehículo especial, también conocido como «alzaprima», utilizado en los obrajes, para levantar y trasportar los grandes troncos de árboles derribados por los «hacheros» en los montes.
CACHARPAS. Las prendas de vestir y de engalanar el caballo cuando son viejas.
CACHARPAYA. Despedida. Se llama así a la despedida de las fiestas de la “Pacha Mama”, que se realiza en el último día. También es una danza y un género musical.
CACHILA O CACHIRLA. Ave pequeña, color castaño, que corre muy ligero por el suelo y hace nido entre los yuyos.
CACHIMBA. Ojo de agua; manantial poco profundo. En Uruguay, especia de aljibe o pozo “calzado” para extraer agua de napas poco profundas.
CALAMACO. Poncho pequeño y ordinario.
CALANDRACA. Persona vieja y atolondrada.
CALANDRIA. Ave de color ceniciento, de seis o siete pulgadas de largo desde la cabeza a la cola, que anida en los árboles cerca de las casas. Cuida violentamente su territorio y su canto es muy dulce y melodioso. Es difícil guardarlas en cautiverio, pues entristecen y mueren.
CALDERA. Conocida actualmente como “pava”, era el recipiente donde el gaucho calentaba el agua para el mate y llevaba siempre consigo colgada del cinchón o bien de la cogotera de la yegua madrina que lo acompañaba en sus travesías llevando ganado.
CALDIAO. Caldeado, Muy caliente, Recalentado.
CALOSTRO. La primera leche que tiene la vaca, después de parir. Dura cuatro o cinco días. Por su consistencia de manteca o leche muy gorda, lego de coagulada, permite que al ser cocinada, se transforme en una especie de dulce de leche muy rico.
CAMALOTE. Planta acuática que crece en las lagunas y llena los remansos de los ríos. Trabando sus raíces con las de las otras plantas, anudándose a los leños o ramas que arrastra la corriente y uniéndose a las demás materias que flotan en el agua, constituyen a veces una masa vegetal tan sólida, que puede mantener a flote un tigre u otro animal sorprendido por la inundación. Sus hojas son grandes, circulares, coronadas en primavera con una bella flor azul.
CAMÁNDULAS. Artimañas.
CAMANDULERO. Tramposo, mañero.
CAMILUCHO. Gaucho andrajoso y despreciable.
CAMINERAS. En la Patagonia argentina, en toda la zona de la precordillera, abundan unas palomitas muy semejantes en forma y tamaño a las “torcacitas”, de otras regiones. Son diferentes solamente en el color, que es una mezcla de gris y castaño claro. Con pintas oscuras en el lomo y una especie de corbatita negra a lo largo del pecho. Andan siempre en bandadas, poco numerosas y vuelan a poca altura; preferentemente se asientan en los caminos removidos por el tránsito de vehículos y animales y avanzan, por lo común, todo el grupo en la misma dirección, presurosas e incansables, picoteando briznas, semillas y pequeños bichitos que han quedado al descubierto. Esa presencia constante en los caminos, es lo que les ha valido ser popularmente llamadas “camineras”.
CAMOATÍ. Panal que construyen con barro entre las ramas de los árboles o en el reborde o alero de alguna casa, una especie de insectos muy agresivos de la familia de las avispas.
CAMPAÑA. Se llama así, principalmente en el Uruguay, toda campo o extensión de tierra fuera de los poblados.
CAMPEAR (o CAMPIAR). Recorrer el campo. Buscar animales o algo que se ha extraviado.
CAMPERO. Persona práctica en las cosas y trabajos de campo.
CAMPIAR. Campear, salir al campo en búsqueda de animales dispersos o perdidos.
CANCHA. Terreno emparejado donde se hacían las carreras de caballos o se juega a la “taba”. “Tener cancha” es tener habilidad para hacer algo.
CANCHERO. hábil para cualquier trabajo.
CANEJO. Eufemismo para no decir carajo.
CANELÓN. Árbol de follaje verde oscuro que crece entre las piedras en las riberas de los ríos y arroyos. Los indígenas le llamaban “Capororoca” (del guaraní caá apocopada y pororog estruendo, restallar) sin duda porque observaron que sus hojas, arrojadas al fuego, reventaban como cohetes.
CANTAR DE CONTRAPUNTO. Payar.
CANTAR PARA EL CARNERO. Morirse.
CANTIMPLA. Individuo silencioso y medio tonto.
CANTO POR CIFRA. Mezcla de recitado y canto. El payador o cantor, acompañándose con la guitarra, dice una frase melódica, a continuación recita unos versos con una pequeña entonación y remata su frase musical completando la línea cantada que había dejado pendiente.
CANTRAMILLA. La voz “cantramilla”, refiere al regatón de la “picana” con que se azuza a los bueyes (según lo da a entender José Hernández en su obra “Martín Fierro”. Pero, por su parte, el doctor Martiniano Leguizamón, en una documentada monografía, advierte que los carreros suelen llevar, además de la picana larga, otra más corta, con la que hostigan a los bueyes del pértigo: esta picana corta sería la “cantramilla”.
CARACOLEAR. Dar vueltas rápidamente el caballo, en uno u otro sentido.
CARACÚ. Tuétano o médula y hueso que lo contiene, especialmente de la vaca. Hervido en agua con sal o agregado al “puchero” resulta un bocado muy apreciado para comer untando el pan con él.
CARAGUATÁ. Planta de la familia de las bromeláceas, de hoja angosta, recia y espinosa.
CARANCHO. Ave de rapiña, diurna, de unos 0,30 cents, de longitud, de color castaño oscuro, jaspeado en el pecho, con una cola blanco-cenicienta atravesada de franjas color castaño; pico curvo, corto, agudo; ojos pardos; patas amarillas. Se posa en el suelo y se alimenta con animales muertos. Los aborígenes la llamaban “caracará”.
CARAPACHAY. Es el nombre de una tribu de aborígenes que habitaba en las islas del Paraná. Construían sus ranchos elevados a cierta altura sobre gruesos troncos para ponerlos fuera del alcance de las aguas durante las crecidas y un pequeño bote y avíos para pescar, eran toda la riqueza con la que contaba esta humilde tribu.
CARBONADA. Comida criolla parecida al “puchero”, pero que lleva duraznos. Entre los diversos platos de nuestra cocina tradicional, la “carbonada” criolla, no sólo es de muy antigua data, sino que es uno de las más populares. Es un guisado hecho con grasa, cebollas, trozos de carne vacuna, ajíes, zapallo, tomates, batatas, papas y choclos al que se le agrega caldo y duraznos frescos u orejones.
CARCHAR. Robar; desposeer de sus prendas a un muerto.
CARDO. Planta de hojas muy espinosas y muy abundante en nuestros campos. Sus hojas interiores son tiernas y junto a la raíz y los tallos, pueden comerse como hortaliza, simplemente hervidas. Su gran abundancia hizo que estuviera presente en todas las mesas criollas y más aún en las de menos recursos.
CARGUERO. Animal de carga. Como le resultaba muy incómodo llevar elementos de cierto bulto, los hombres de campo, cuando viajaban a caballo, llevaban a tiro de cabestro otro animal que llamaban “carguero”. En él, ubicaban dos sacos dobles que caían a ambos costados del animal. Se llamaban “alforjas” y éstas, podían se reemplazadas por las “árganas”, una especie de cilindros de cuero abiertos en uno de sus extremos, que eran cargados sobre el caballo carguero.
CARNEADA. La faena de matar y dividir en trozos la carne de un vacuno.
CARNIAR. Matar una res.
CARONA. Pieza grande de suela que se acomoda entre la bajera y el lomillo al ensillar el caballo.
CARONERO. Cuchillo que se lleva oculto debajo de la carona.
CARPINCHO. El carpincho, conocido también con los nombres guaraníes de “capibas” o “capibara”, capí-ivá”, “capiguara” y “capiguá” es el más grande de los roedores que habitan en el territorio argentino, especialmente en la Mesopotamia, donde abundan los cursos de agua, lagunas y aguadas. Suele alcanzar una altura de sesenta centímetros y un largo de un metro y aunque está constituído orgánicamente para la vida terrestre, tiene, sin embargo manifiesta preferencia por el agua, en la que realiza todas sus actividades fisiológicas, se aparea y busca refugio en caso de alarma. Sus costumbres, forma, la calidad de su carne y de su grasa, hicieron que los españoles al llegar a estas tierras, los llamaran “puerco de agua”, aunque no tengan ninguna relación con los chanchos. La carne del “carpincho” es comestible y fue el alimento diario de muchas tribus de las zonas, donde abundaban, aunque para ello, debieron superar la vieja creencia que contagiaba la lepra. El cuero de este animal es otro de los “regalos” que le hace al hombre. conveniente-mente tratado se convierte en un producto altamente calificado para la confección de “sobrepuestos” o “ sobrepellones”, piezas clave del recado criollo, de calzado, cofres, capas, bolsos, etc. Son fáciles de domesticar y acuden cuando se les llama.
CARPINTERO. Ave de unos 0,15 cents, de color bataraz y lunares amarillentos en las alas color plomo; su copete es de color castaño oscuro y la cola luce franjas amarillas. Los hay también de plumas blancas, alas negras y copete rojo.
CARRASCA. En la provincia argentina de Catamarca y en algunas zonas vecinas, se llama carrasca a un pequeño, vivaz y simpático pajarito, que en otras regiones se conoce como “ratona”, “tacuarita”, “curucucha”, etc. El nombre deriva de una voz o grito particular que emite esta ave: Una especie de tableteo intermitente, monocorde y áspero, que es muy semejante al tableteo que produce la “carrasca”, un instrumento usado antiguamente por los negros esclavos, que consistía en un grueso palo, lleno de hendiduras y muescas horizontales, por las que se pasaba, un pequeño palillo de arriba abajo, de abajo arriba, unas veces con vigor y otras suavemente, produciendo sonidos apropiados para acompañar los cantos y danzas que les enseñaron de niños en su África natal, antes de ser vendidos como esclavos.
CARRERAS CUADRERAS. Quizás el juego que más los atraía. Por la posibilidad de lucirse como dueño de un «parejero», como jinete de alguno de ellos o hasta por la posibilidad de ganar unos «patacones», mediante las apuestas que en las cuadreras se hacían. Se llamaban cuadreras porque los jinetes, generalmente dos, debían recorrer una distancia que se medía en “cuadras”(unidad de medida urbana heredada de los españoles) para alcanzar la meta y una infinidad de vocablos, artimañas, y leyendas fueron el condimento de estas competencias, descritas por poetas y escritores que no pudieron sustraerse a la magia de las cuadreras.
CATAPLASMA. Emplasto caliente, hecho con una gran diversidad de ingredientes, como frutas, hortalizas, plantas y hierbas que se colocaban entre dos trozos de tela y se le ponía en el pecho o en la espalda, a las personas resfriadas o engripadas. Tradicionalmente se hacían con harina de trigo, lino u otros cereales especialmente ricos en fibra vegetal, ya que de esta forma se podían aprovechar y mejorar la calidad de absorción de esta fibra.
CATINGA. Olor fuerte y nauseabundo. Antiguamente era común insultar a los afrodescendientes llamándolos “negro catinga”.
CEBAR. Preparar el mate para ser tomado en una mateada.
CEIBO. Árbol de madera porosa que alcanza a gran altura altura; se cría formando montes en las islas y ostenta en verano espléndidas flores rojas, que por decreto, es la flor nacional de la República Argentina.
CERDEADO. Caballo que ha sido despojado de manera completa, no sólo de su crin, sino también de la cerda de la cola, debido a lo cual queda con el maslo pelado y en ocasiones, con un pequeño mechoncito para que se mosquee (espante las moscas que lo molesten).
CERDIAR. Cortar las cerdas del caballo.
CERNEJAS. Partes córneas, como pezuñas, que se encuentran arriba de los vasos.
CIELITO. Danza popular, en metro de romance, que pusieron en boga los bardos de la revolución (Bartolomé Hidalgo), y luego se divulgó, al igual que los “Tristes”, entre todos los payadores (ver Danzas tradicionales argentinas).
CIMARRÓN. Mate amargo. Animal salvaje.
CIMARRONEAR. Tomar mate amargo, sin azúcar.
CIMBRA. Caña con una lazada de cerdas en uno de sus extremos, que se emplea para coger vivas a las perdices.
CINACINA. Árbol espinoso de hoja menuda y flores amarillas dispuestas en racimillos axilares.
CINCHA. Pieza del recado que sirve para mantenerlo firme sobre el lomo del animal, pasándola por debajo de su barriga. En el juego de naipes, sacar las cartas juntas.
CINCHÓN. Guasca que hace de sobrecincha.
CINTO. También llamado “tirador”. Es un cinturón de cuero con el que se sujeta la “bombacha” a la cintura. Contiene una serie de “bolsillos” donde se guarda el dinero u otros elementos pequeños.
CIPÓ. Enredadera trepadora, de cuerdas muy resistentes, que compiten con las del cáñamo para trenzar y hacer cordeles.
CLINUDO. Animal que anda con las crines y/o la cola muy crecidas y desprolijas.
COATÍ. Cuadrúpedo semejante al macaco, hasta en el grito, pero con la cabeza más alargada; tiene las manos armadas con uñas fuertes y corvas.
COCEAR: Patear. Golpe dado con las patas del animal.
COJINILLO. Manta de lana que se coloca sobre los bastos en la montura con la que se ensilla a un caballo.
COMO BARRIGA DE SAPO. Que está frío o fría (se aplica especialmente al mate).
COMPONER. Arreglar cualquier cosa.
CONCERTADOR. Payador. Cantor que improvisa.
CONCHABAR. Emplear peones a salario fijo, generalmente mensual. Conchabarse (emplearse).
COQUENA. El Coquena es la deidad protectora de las vicuñas, las llamas y los guanacos. Su apariencia física es la de un hombrecito con rasgos indígenas, que viste un gorro de lana o un sombrero de pieles, sandalias, casaca, calzón y un poncho. Atraviesa los cerros silbando y mascando coca. Vigila desde los montes, ocultándose de la mirada humana, y cuida de que los cazadores malintenciona-dos no ataquen a sus majadas con armas de fuego. Por eso, dice el folklore puneño, cuando se observa que los animales van siguiendo el rumbo, guiados por un arriero invisible, es que el Coquena” los está dirigiendo por los montes para que no se pierdan, ni se lastimen y no sean atacados.
COQUERO. Presumido.
CORCOVO. Salto imprevisto y violento de la cabalgadura. Bellaqueada.
CORDERO ENSILLADO. Cordero entero hecho al asador y servido con vino, pasteles y fruta a los participantes de una reunión familiar o de amigos.
CORNETA. Dícese del vacuno al que le falta uno de los cuernos. Es el llamado “buey corneta”.
CORONA. Parte superior del vaso de los animales.
CORRAL. Recinto de piedra o de palos a pique para encerrar los animales.
CORRIDO. Experimentado. CORRIDA. Mujeres de mala vida.
CORTADERA. Se la conoce también como hierba de las Pampas, plumerillo, o cola de zorro. Es una planta medicinal que también se utilizaba, bien picada y mezclada con barro, para fabricar adobes y para techar los ranchos del gaucho.
CORTARSE. Separarse. Abrirse de los demás. Adelantarse a los demás. Irse solo.
CORUJA. Lechuza.
CORVOCADO. Yeguarizo con el anca es ligeramente levantada (con joroba). Entre la peonada se creía que estos caballos eran muy veloces.
COSCOJAS. Piezas de metal de los bocados de los frenos que hace sonar el caballo al remover la boca.
COSTALAR. Caerse de costado. Andar con otra persona.
COSTALADA. Tener una caída de costado.
COSTALEARSE: Andar siempre con otra persona y ayudarla.
COSCOJERO. Así se llama al caballo que mueve mucho la cabeza, haciendo sonar las coscojas (argolla que va en la barra del freno).
COSTILLAR. La pieza de una res formada por las costillas. Parte especialmente apta para ser cocinada al asador.
COYUYO. La cigarra o chicharra, insecto hemíptero, cuyo macho, en las horas estivales de mayor calor, aturde con su canto, una potente y monocorde vibración que emite perturbando la “siesta” de la gente, es conocida en el noroeste argentino, con el nombre quichua de “coyuyo” y con el nombre guaraní “ñamburucá” en el noreste. Las frases “cuando cantan los coyuyos” y “cuando canta la cigarra”, de idéntico significado, expresa que a llegado el verano.
CRÉDITO. Así se llama al caballo de más confianza que tiene un paisano, ya sea por su guapeza como por su velocidad.
CRIADOR. Que se dedica a la crianza de caballos, vacas, ovejas, etc.
CRIOLLO. Nativo.
CRUCERA. Nombre que se le da a la víbora de la Cruz en Uruguay.
CRUBICA (o curubica). Hecha pedacitos muy pequeños.
CUCAÑAS. Procedimientos de mala fe. Argucias.
CUADRERAS. Carreras cuadreras era el nombre que se le daba a las carreras de caballos, donde la distancia a recorrer se medía en cuadras: una, dos, tres, cuatro o más cuadras se establecía de acuerdo a la robustez y resistencia de los “parejeros” que competirían en ellas. De “cuadra” (unidad de medida urbana heredada de los españoles), derivaba entonces el nombre de “cuadreras”.
CUARESMILLO. Fruto muy dulce con la forma y el tamaño de pequeños duraznitos que se utiliza para hacer dulces, compotas y jaleas, muy apreciadas en el noroeste argentino.
CUARTA. Lazo, linga, soga o tiento que sirve para “cuartiar”. El jinete, de a caballo, mediante una «cuarta» (un “maneador”, una soga o una “guasca”) asegurado por un extremo a la cincha y por el otro al vehículo o al animal empantanado, tira hasta sacarlo del atolladero. «Cuartear» es la acción de sacar al vehículo o al animal.
CUARTEADOR. Que saca o tira un animal, un carro o a alguna otra cosa, utilizando una “cuarta” (lazo, linga, tiento, etc.).
CUARTIAR. Ayudar con una cuarta a salir de un atolladero. Sacar algo a alguien de una dificultad, auxiliar a un amigo).
CUARTOS. Patas traseras o delanteras de un animal.
CUCHILLITO MANGURRERO. En correcto castellano, llámase “mangurrero” al cuchillo tosco, ordinario y cuya hoja, como es natural, ha sido deficientemente forjada. En el noroeste argentino, donde la lengua española mantuvo siempre mayor pureza, se emplea el término en su significación castiza, aunque con alguna diferencia fonética, pues suele decirse “magurrero” (sin la n), al cuchillo que ordinariamente usan los pobres. En la llanura, en cambio, se denomina “mangurrero” al cuchillo de trabajo cuya hoja, por muchas y sucesivas afiladas, se ha reducido tanto que a veces, llega a tener menor longitud que el mago y de ahí lo de “cuchillito”. Como al reducirse la longitud, paralelamente se reduce el ancho de la hoja, el “cuchillito mangurrero” se convierte en una herramienta especial para el corte y desvisceramiento, para hacer lonjas y tientos de cuero, para señalar animales y para otras tareas menudas que requieren una hoja corta, delgada y de buen filo. Resulta curioso otro uso que se le daba a la vaina que contenían estos cuchillitos: Muchos gauchos llevaban escondidas allí las pocas monedas que tenían y hasta la bombilla para tomar mate, ya que así evitaban que se doblara o se tapara con alguna suciedad.
CUERDA. Trozo de soga. Tendón en las patas de un caballo.
CUERPIAR. Evitar algo, desentenderse de algo. También esquivar la puñalada o el bolazo.
CUERIAR. Sacar el cuero a una res. Criticar a una persona.
CUÍ. Pequeño animalito parecido a un ratón sin cola.
CUJA. Cama con respaldo o cabecera.
CULEBRILLA. Entre las enfermedades padecidas por la gente de campo en la República Argentina, la culebrilla era quizás una de las más temidas. Es una infección bacteria, más conocida en el mundo médico como “herpes zoster”; una sepa muy agresiva de la varicela y en muchos casos, las personas que la padecen, son mayores de edad y posiblemente no tuvieron la varicela cuando fueron niños.
CULERO. Resguardo hecho con un trozo de cuero basto que se ata a la cintura y cubre las posaderas para que el que enlaza un animal estando a pie, pueda sujetar más firmemente el lazo con su cuerpo y resistir los tirones de aquél.
CUMA. Asi se la llamaba a la comadre, es decir a quien oficiaba de madrina en el bautismo religioso de un niño o niña.
CUMPA. En el noroeste argentino, especialmente en las provincias de Santiago del Estero, Tucumán y otras vecinas, se emplea el término “cumpa” a modo de apócope de “compadre”, o sea del nombre que se le da al padrino de bautismo de una criatura. De igual modo, se llama “Cuma” a la comadre, es decir a quien ha oficiado de madrina de dicha ceremonia religiosa. “Cumpita” y “Cumita” son expresiones de mayor afecto hacia esas personas, unidas por aquel vínculo político.
CURANTO. Es un asado hecho en un pozo practicado en la tierra, con una base de piedras sobre las que se prende fuego. Encima de las brasas que allí quedan, se deposita la carne y las achuras, se la cubre con una chapa y luego con tierra, dejándolas allí por cuatro o cinco horas. Al abrir el pozo, todo estará a punto y muy gustoso. Fue una práctica muy difundida en nuestra Patagonia, donde los vientos y grandes fríos, hacían muy difícil hacer un asado al aire libre.
CURCUNCHO. Caballos que presentan un defecto en su estructura, consistente en un espinazo con la forma de un arco convexo, una especie de joroba en todo el lomo del animal, se los llama “curcunchos”.
CURIYÚ. Culebra gigantesca. Boa americana. Schmidel, que la vio a orillas del Paraná, la describe así: “Grandísima y monstruosa serpiente, de 45 pies de largo, del grueso de un hombre; negra, con pintas leonadas y rojas, de que los indios se admiraron por no
haberla visto mayor; matárnosla de un balazo”.
CURUPÍ. Árbol de unos 4 metros, dé hoja estrecha, que cortándolas, despiden una sustancia blanca, lechosa, por lo que se le llama también palo de leche. Los nativos envenenaban con ella las puntas de sus flechas.
CUZCO. Perro pequeño, falderillo.

 CHAFALOTE. Cuchillo de grandes dimensiones. Caballo de gran alzada.
CHAGUARA. Piolín con que se hace bailar el trompo. “Darle cháguara” a alguno, es tirarle de la lengua, hacerlo hablar.
CHAJÁ. Ave zancuda de color ceniciento, collarín blanco y espolón rojo en las alas, con las que pelea. Su grito de alerta, que le ha dado su nombre, denuncia cualquier novedad o movimiento que se produce en el campo.
CHALA. Hoja verde y seca que envuelve la mazorca del maíz. Hervida se torna muy maleable y se la usa para envolver con ella los “tamales” y la “humita en chala”.
CHALCHAL. Arbusto de 2 o 3 metros, con hojas trifoliadas y flores color amarillento dispuestas en racimillos. Sus frutos, del tamaño de las alberjillas, son comestibles.
CHAMICHUNGA. Nombre con el que en el Río de la Plata, antiguamente, se llamaba a la sanguijuela. Cuando trabajando en los bañados nuestros criollos se ven asaltados por alguno de estos anélidos, se deshacen de él aproximándole la lumbre del cigarro: sintiendo la quemadura, la sanguijuela se contrae, relaja su ventosa y suelta.
CHAMUSCADO. Medio quemado. También se llamaba así a quien estaba medio borracho.
CHANCACA. Pancitos dulces hechos con miel de caña aromatizada con vainilla y mezclada con partes iguales de leche y cocinados al baño maría hasta que se solidifican.
CHANCHERO. Cinturón ancho de cuero, a veces con bolsillos y casi siempre con adornos de monedas de metal precioso, que las talabarterías confeccionaban con cuero de chancho (de ahí el nombre que recibían), cuya vistosa superficie graneada y su larga duración, le otorgaban el favor de quienes podían adquirirlo.
CHANCLETA. Término que tiene variedad de significados, la mayoría de ellos sin relación alguna. Se llama así a la mujer de cierta edad que ya ha perdido parte de sus encantos, pero por otra parte, también a la niñas recién nacidas, a un calzado casero que no toma el talón y al hombre cobarde.
CHANGANGO. Guitarrón viejo.
CHANGARÍN. Peón de las cuadrillas que, a las órdenes de un capataz, se ocupaba de todas las faenas vinculadas con el cereal ya trillado: carga y descarga, ventilación del grano en las playas y estiba de las bolsas, cuando el grano era depositado en espera de su envío. “Changarín” deriva de “changa”, palabra quichua que significa “ganancia ocasional”, pues el jornal de esos “changadores”, era de un tanto por bolsa y en consecuencia, su ganancia dependía de la mayor o menor cosecha que se producía en esa zona.
CHANGO. En algunas regiones de la República Argentina, especialmente en las provincias del norte, a los niños y jóvenes menores se les llama «chango», así como “gurí” en el Litoral y “botija” en la zona central.
CHANGÜÍ. “Dar changüí” es dar ventaja a alguien en el juego o en una apuesta.
CHAPEADO O CHAPEAO. El mayor lujo del gaucho era “el chapeado”, un apero o recado cuyas riendas, cabezada, bozal y cabestro se adornaban con bombas y virolas de plata o de plata y oro, La cabecera de los bastos, artísticamente trabajada llevaba una chapa del mismo metal, con el monograma del dueño y hasta las “copas del freno” y la “pontezuela” eran de plata, cuando el orgulloso propietario, disponía de mayores riquezas.
CHAPETÓN. Inexperto. Torpe.
CHAPETONADA. Torpeza; falta de experiencia al hacer una cosa. “Pagar la chapetonada”, recoger un daño o pérdida de lo que se ha ejecutado mal.
CHAPINO. Animal que tiene largos los vasos o pezuñas.
CHARABÓN. Cría pequeña del ñandú, aun sin plumas.
CHARANGO. En las provincias del norte argentino, especialmente en las cordilleranas, aún pueden escucharse los sonidos de una especie de guitarrita, de factura indígena, cuya caja de resonancia se hace con la caparazón de un quirquincho (armadillo o “mulita”). Se lo llama “charango” y no debe confundirse con el “changango”, esa guitarra muy rústica que antiguamente se tocaba en las llanuras.
CHARQUE. Voz proveniente del araucano “charqui” que quiere decir “carne seca”. Son tiras delgadas de carne, generalmente de vaca que saladas y expuestas a los rayos del sol, se secan completamente, sin perder sus propiedades y se pueden conservar durante mucho tiempo.
CHARQUEAR. Agarrarse de la montura o preparar carne salada (hacer charque).
CHARRÚA. Aborigen de la costa septentrional del Río de la Plata.
CHASQUE (O CHASQUI). Mensajero que se envía con un parte o noticias al ejército. Cuando se trata de asuntos privados, se le llamaba “un propio”.
CHATASCA. Comida criolla hecha con “charqui”.
CHAUCHA. Moneda de poco valor. Órgano genital masculino.
CHICHA. Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha sabido descubrir los caminos que lo llevaran a esos paraísos artificiales que le prometen las bebidas alcohólicas. Ya Ulrico Schmidt, el primer cronista del Río de la Plata, escribió, refiriéndose a las tribus que poblaban estas regiones “…. Con la algarroba, hacen también un vino muy bueno, tanto como allá en Alemania, es el hidromiel”. En efecto, las vainas del algarrobo, machacadas en un mortero y puestas a fermentar en agua, producen la “aloja”, bebida más o menos alcohólica, al que Schmidt llama vino. Contemporánea de aquella y de similar factura, aunque fabricada con otra materia prima es la “chicha”, a la que también se refiere este cronista, diciendo “Hacen vino de trigo turco y con él se emborrachan en la misma forma, que en otras partes, se hace con el mejor de los vinos”. El “trigo turco” al que hace referencia Schmidt, es el maíz, cereal nativo de América, por entonces desconocido por los europeos.
CHICHARRÓN. Residuo de grasa derretida. Son pedacitos pequeños de carne y gordura fritos en la misma grasa que se usan para enriquecer el gusto de pan y de algunos quesos.
CHICOTE. Rebenque de lonja larga. Látigo.
CHIFLE. Recipiente para llevar agua, hecho con el asta, por lo general de buey por su gran tamaño, lo que permite disponer de una gran capacidad. Convenientemente vaciado de impurezas, limpio y seco, se tapona sólidamente con madera (a veces forrada con plata) la base del cuerno, es decir la parte más gruesa y con un pequeño tapón o espita la extremidad más fina, luego de perforarla para que sirva de pico.
CHILCA. Arbusto que crece y se multiplica con gran profusión empobreciendo la tierra; despide un olor parecido al del pino. A veces adquiere tal altura, que cubre a un hombre a caballo.
CHIMANGO. Ave de rapiña color canela del tamaño de una paloma.
CHINA. Mujer del gaucho y también la del soldado.
CHINCHULINES. Yeyuno o parte del intestino delgado del animal vacuno donde se forma el quilo. Se preparan asados a la parrilla o sobre las brasas.
CHINGOLA. Ave pequeña parecida al jilguero, que vive en bandadas, asaltando sembrados. Su canto de cinco notas es melodioso y por la mañana y las horas de la siesta, se la oye entre los cardales y arbustos.
CHINO. Chino y China, eran los términos con los que las altas clases sociales se referían al personal a su servicio y en general a todos los trabajadores de piel oscura, que carecían de educación o especialización, quizás como antecedente de los “cabecitas negras” y “descamisados” que vinieron después. También para el gaucho rioplatense, la “china” era su mujer (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
CHIPA. Chipá, chipaco. Son todos nombres que según la región, se le da a unos bollitos amasados con harina de mandioca, agua, queso y sal se cocinan al horno.
CHIRIPÁ. Prenda de vestir del gaucho. De tela liviana de algodón, vistosa, con rayas coloradas o verdes, azules y blancas, para los mortales menes afortunados; de tela fuerte, azul obscuro con cruces blancas, “pampa”, para algunos vascos rancios, que miran la moda con desprecio.
CHIRÍPA. Por pura suerte. Se dice de lo que se logra sin haber puesto en juego nada para conseguirlo. Como venido del cielo.
CHIRUZA. Así se llama peyorativamente a una muchacha joven sin muchos encantos.
CHOCLO. Maíz tierno y verde, en su mazorca.
CHÚCARON. Animal arisco; dícese también del que es asustadizo, desconfiado o áspero.
CHUECO. Con las piernas curvadas hacia afuera a la altura de las rodillas.
CHURRASCO. Trozo de carne asado sobre las brasas.
CHURRINCHE. Pajarito alegre y vivaz, de color pardo, con la cabeza, cuello y cola escarlata
CHOIQUE. A las voces “ñandú”, “churi” y “suri”, del guaraní y el quichua, con las que se conoce el “avestruz americano”, debe agregarse “choique”, la voz de origen araucano, que se ha generalizado en toda la Patagonia  y provincias andinas, para designar a esta gran “ave paleognata”.
CHORIZO. Embutido hecho con una mezcla carne de vaca y/o de cerdo muy bien picada y sazonada con diversos condimentos y especias. Introducida a presión en tiras del pellejo de intestino delgado vacuno, es atado cada diez o doce centímetros y se lo cuece a las brasas, para comer al plato o como sandwiche (el célebre “choripán”.
CHUCHO. Término derivado del quichua y que popularmente se le da, especialmente en el noroeste de la Argentina, al paludismo, enfermedad cuya característica sintomatológica principal son los temblores, que se producen en el cuerpo del afectado, en sus accesos, de mayor intensidad. El paludismo, es lo que los conquistadores españoles llamaban “las fiebres”, las temidas “tercianas”, a cuyos estragos entre la soldadesca, se refieren muchas crónicas de aquella época. Ese temblor, típico, en forma de escalofríos irreprimibles, influyó para que la palabra “chucho” ampliase su significado y se convirtiese en sinónimo de miedo, ya que se da por sentado que las personas asustadas, tiemblan, igual que las atacadas por el paludismo. También así se lo llama al miedo.
CHUECO. Con las piernas a la altura de las rodillas, curvadas hacia afuera.
CHUMBO. Plomo, balazo. Derivación quizás del portugués “chumbo”, idioma en el que precisamente, así es como se llama al metal plomo.
CHUÑO. Comida especialmente destinada a los niños. Es una mezcla de harina de maíz blanco con leche y azúcar que cocinada al fuego lento, adquiere la consistencia de una sopa espesa.
CHUPAO. Borracho.
CHUPAR. Beber, emborracharse, embriagarse.
CHURO. Voz quichua que ha ingresado en el vocabulario popular en el noroeste argentino, adquiriendo una significación amplia y variada. Se usa como adjetivo calificativo para ambos géneros y expresa, que las personas, animales o cosas, tienen alguna condición especial que los hace merecedores de sobresalir entre sus semejantes. Un hombre “churo” lo es por viril o animoso; por su belleza física, elegancia en el vestir, corrección, cordialidad en sus modales o mayor capacidad en cualquier actividad que fuere. A su vez, una mujer es “chura”, por tener esas mismas cualidades u otras que la distinguen por sobre las demás. Aplicado a los animales y las cosas, “churo” es sinónimo de atractivo, lindo, bonito.
CHURRASCO. Carne asada a las brasas o cenizas calientes.
CHUSCHÍN. El “chingolo” ese pajarito representativo de la llanura pampeana, es conocido en las zonas andinas de la Argentina, con el nombre de “chuschín” y en el sur de la provincia de Mendoza, lo llaman “chincol”, lo que permite deducir que el nombre que se le da en la llanura, tuvo su origen en una voz de origen araucano.
CHUSMA. Eran los viejos, las mujeres y los niños que integraban una tribu de aborígenes. Eran los que no combatían. También se denomina asi a las personas chismosas y ordinarias.
CHUSPA. Especie de bolsita para guardar el tabaco que usaba el gaucho, ya sea para masticar o para liar sus cigarros. Se fabricaba con la piel del cogote de un avestruz (también se hacían con vejigas de vaca), que una vez bien sobada, quedaba tan suave y flexible que parecía hecha de género. En algunas regiones recibía el nombre de “guayaca” y a veces se le añadían caprichosos bordados. Para cerrarla, si no tenía alguna cinta de vivos colores para hacerlo, simplemente, se la enrollaba varias veces sobre sí misma.
CHUZO. Palabra de origen quichua, que en su traducción literal significa delgado o flaco. También reciben este nombre los yeguarizos aguantadores, ligeros y entendidos para el trabajo campero.

DAÑO. Mal de ojo. Hechizo. Brujería que se le hace a un semejante.
DAR ALCE. Dar un respiro, una tregua.
DAR LAZO. Cuando se enlaza a un animal se lo deja correr un rato para desarrollar el lazo.
DAR PALO. Alusión o reproche mortificante.
DE ARRIBA. Sin pagar. Gratis.
DE LEY. De buena calidad.
DE MALA MUERTE. De mala calidad. Expresión peyorativa hacia personas de origen muy humilde.
DEPOSITADA. Una carrera de importancia se concretaba con anticipación de días y hasta de meses. En esos casos, el importe total, o una gran parte de las apuestas, era depositado por los contendientes en custodia de un tercero, designado de común acuerdo por las partes y elegido por su nombradía como persona honrada y justa. Este depósito era la “depositada” y garantizaba la realización del desafío, ya que si uno de los adversarios, por cualquier motivo dejara de presentarse con su caballo en la fecha y hora convenida, perdía el depósito, quedando éste a favor del otro.
DESCAROZADO. En las provincias andinas, donde la desecación de las frutas es una industria muy antigua, se llama “·descarozado” al orejón que se hace con los duraznos, previa extracción del carozo que contiene.
DAR USURA. Dar ventaja en una carrera.
DAR CHANGÜÍ. Dar ventaja.
DESCALIFICADO. Quedar fuera de una carrera o de toda honorabilidad.
DESPRESILLAR. Sacar la presilla del lazo de la asidera del recado.
DESORLIJAO. Quedar manco o rengo.
DESPEADO. Caballo que por tener los vasos arruinados, no puede caminar.
DESPRESILLAR. Sacar la presilla del lazo de la asidera del recado.
DI’ANDE. Contracción de “de” y “adonde”. Exclamación que denota sorpresa, incredulidad. “Di ande me viene ahora con esos cuentos?.
DISTANCIADO. Estar enojado con una persona No verse en mucho tiempo.
DISTANCIAR. Separar un caballo de otro en la carrera. Descalificar a un caballo en una carrera.
DISPARAR. Huir, correr en toda velocidad. Largar una carrera cuadrera.
DISPARADOR. Animal asustadizo que se dispara, que huye en cualquier momento. También se usa como “Eliminar”: sacar a alguien de una cosa, sacar un caballo de una carrera.
DORADO. Pájaro pequeño de color amarillo dorado, muy vivaz y alegre. También se llama así a un pez de los salmónidos de intenso color dorado, famoso entre los pescadores por la feroz lucha que ofrece al ser capturado.
DORMILÓN DEL MONTE. Ave de unos 0,30 cm., de color pardo oscuro, ojos grandes, pico triangulado, que vive en pareja solitaria, haciendo su nido en el suelo. Vuela silenciosamente en la hora crepuscular con el pico abierto para tragar insectos, mariposas, libélulas, mosquitos, etc.

EL BURRO. En los grandes establecimientos ganaderos y hasta en los humildes ranchos, cuando el dueño era propietario de un “chapeado”, fue costumbre la de tener un caballete de madera, destinado a poner sobre él este recado de lujo, para su conservación y cuidado, mientras se lo guardaba como un tesoro en “las casa”. Quizás se lo haya nombrado así por que su inevitable mansedumbre para cumplir con su misión, lo hacía parecer a su homónimo animal. En las chacras, comercios de ramos generales y galpones ferroviarios, donde se almacenaba gran cantidad de bolsas llenas de cereales, se utilizaba un “burro” de factura y aplicación distintas al comentado. Este era un aparato de mayor altura (solía llegar a los tres metros), con escalera en uno o ambos costados y una plataforma en la parte superior. Cuando se apilaban bolsas en estiba o se cargaban en los carros y vagones, los “hombreadores” (peones o changarines), tenían en este “burro” un excelente auxiliar, pues las escaleras primero y luego la plataforma elevada, les permitía alcanzar progresivamente los distintos niveles a los que se elevaba la estiba.
EL MALO. El diablo. Mandinga.
EL MUERTO. Se llama así, aunque también es conocido como palenque pampa, a dos palos unidos en cruz con un tiento, o un hueso que el gaucho siempre llevaba consigo en el apero, que le servían para asegurar su caballo en campo abierto, donde no había ni ramas, ni pastos duros, ni árboles, ni paja brava para atarlo. El gaucho aprendió mucho del aborigen y esta forma de evitar que su montado, durante su descanso nocturno, lo dejara abandonado en la soledad de esa inmensa y hostil pampa, fue una de esas cosas que quizás alguna vez le hayan salvado la vida. Ataba esos palos o el hueso en un extremo del “atador” (cabestro, soga o tiento largo) y si no disponía de ellos, hacía un nudo en uno de sus extremos. Con su cuchillo enterraba los palos, el hueso o el nudo y una vez bien apisonado el terreno, al otro extremo de la soga, ataba su caballo. La eficacia de este sostén radicaba en que al poner el hueso o uno de los palos, de tal forma que quedara horizontal con el nivel de la tierra, había logrado instalar una verdadera “ancla” del desierto. Era así imposible que el animal lograra liberarse, porque es natural que para hacerlo solo pueda tirar horizontalmente, en forma casi paralela al suelo. Cosa que en cambio, el hombre puede hacer, simplemente tirando para arriba de la soga.
EL OCULTO. El tucutucu, pequeño roedor conocido en todas las regiones de la República Argentina, recibe también en nuestro campo, el nombre de “oculto”, denominación que se inspira en las costumbres de este animalito: la mayor parte de su vida la pasa escondido, es decir “oculto”, en el interior de los larguísimos túneles subterráneos que cava para que le sirvan de cueva. Los guaraníes, en su lengua lo llamaba “anguyá-tutú” (“anguyá” es ratón y “tutú” es un término onomatopéyico) y los quichuas “tojo”.
EL PAGO. El gaucho nacía, se criaba y se hacía hombre, siempre en un mismo lugar y era muy raro que cambiara de “querencia” y cuando lo hacía, permanecía por largo tiempo afincado allí. Los campos, los establecimientos, los animales y los vecinos le eran tan conocidos, tan cercanos, que todos eran su familia. Por eso, ese lugar era su “pago” y si alguna vez, ya sea por razones de trabajo o cualquier otra, tenía que abandonarlo, vivía obsesionado pensando en el regreso, pues para él, no había en la tierra, mejor “pago” que el suyo, la tierra que lo vio nacer o el lugar donde se afincó por largo tiempo. Trabando sólidas amistades y acostumbrando su oído al canto de los pájaros de esa región, a los vientos, arroyos y nubes que lo acompañaron durante toda su vida o gran parte de ella. “irse del pago” y “volver al pago”, son frases que aún se usan en la Argentina y ambas se vinculan con un profundo amor a la tierra que nos vio nacer.
EMBALAJE: acción de aumentar la velocidad en una carrera.
EMBALAR: tomar velocidad, apurarse.
EMBOTELLARSE: juntarse varias personas o animales, estre­charse.
EMBRETAR. Encerrar, aprisionar.
EMBROLLO: entuerto, lio.
EMBUCHAO. El que guarda un insulto o agravio que no pudo ser reparado.
EMPACADOR. El caballo que tiene por costumbre no responder al jinete y se resiste a andar, no obstante castigársele, permaneciendo como clavado en el sitio.
EMPACAO: Persona disgustada. Que no quiere salir, hablar o moverse de un sitio.
EMPANADA. Comida criolla seguramente derivada del “fatay” árabe, que consiste en una mezcla de carne con diversos productos que varían según sea la zona donde se la come, envuelta en masa y frita u horneada.
EMPARDAR: empatar, igualar.
EMPERRADO. Empecinado, terco, empacado.
ENANCAOS. Forma de montar de dos jinetes en un mismo caballo.
EN ANCAS: ir sentado en las ancas de un caballo. Refiriéndose a las entrepiernas: es la cara interior de las piernas.
ENANCAR: subir a otra persona en ancas de un caballo.
ENCIMERA. Pieza angosta de suela del recado que lleva una argolla en cada extremo y afianzados en ellas unos correones; la una asegurada a la cincha y la otra dispuesta para poder cinchar con ella.
ENCOCORARSE: Enojarse, alterarse, disgustarse con alguien.
ENCUENTRO. La entrepierna delantera del caballo.
ENDURECERSE: ponerse duro, volverse inservible.
ENGANCHAO. Soldado contratado a sueldo.
ENRIEDAR. Por enredar. Embridar, poner las riendas.
EN TODITA LA JURIA: en toda velocidad.
ENTONAO. Animado. Medio emborrachado. Envalentonado. Pasado en copas.
ENTREVERARSE. Mezclarse, confundirse.
ENTRENAR: prepararse para algo.
ENTREVERAO: mezclarse con otros.
ENTREVERO. Choque, pelea a cuchillo o lanza, cuerpo a cuerpo.
ENTRIPAO. Lo que queda dentro de quien ha sido agraviado u ofendido.
ENTROMPETADO: a ¡os caballos que se tienen a soga, cubiertos con una manta y preparados para correr, se les coloca una especie de morral, para evitar que coman a deshora y pier­dan estado; por eso los paisanos le llaman entrompetado, por­que tienen una trompa en el hocico.
ENVENAO. Cuchillo con el cabo forrado en verga de toro.
ESCARDADOR: al galopar o tranquear, algunos caballos saben ir levantando o bajando la cabeza. Si lo hacen para arri­ba, se llama escarciador arriba y si, por el contrario, el movimiento de cabeza es para abajo, se le llama escarciador abajo. Para que el animal adquiera esa costumbre, muy vistosa por cierto, se le pone en la hociquera del bozal un manojo de plumitas de modo que le toquen la nariz. De esta manera, al hacerle cosquillas, el pingo baja y sube la cabeza, hasta adquirir estas costumbres.
ESLILLA. En el campo argentino, “eslilla” era la antigua denominación de ese hueso del hombro hoy llamado clavícula y lo curioso de esta costumbre, es que “eslilla” no es otra cosa que la deformación fonética, mantenida después en la grafía gauchesca, de la palabra “islilla”, voz castellana que tiene la doble equivalencia de sobaco y clavícula.
ESPANTADIZO: que se asusta.
ESPANTARSE: asustarse.
ESPICHAR. Morir.
ESPINILLO. Árbol del género de las mimosas; sus ramas tienen espinas fuertes; da unas florcillas esféricas muy olorosas, de color amarillo anaranjado.
ESQUILA. Tarea que se realiza cortándole la lana a las ovejas.
ESTANCIA. La palabra estancia, para referirse a los establecimientos de campo donde se criaban diversos ganados, especialmente el vacuno, se originó en las antiguas “vaquerías”, actividad que identificaba las tareas vinculadas con la captura de animales salvajes y su faenamiento “a campo abierto”, siendo “la estancia” el lugar donde se estaba. En otros países de América se la conoce como “Rancho” (EE.UU.), “Fazenda” (Brasil), “Hacienda” (Méjico y Puerto Rico).
ESTANTEO. El “estanteo” fue uno de los sistemas más primitivos para la construcción de corrales y edificación de viviendas, empleado en regiones donde abundaba la madera, material éste que era su elemento básico. La palabra tiene su origen en los travesaños horizontales llamados “estantes” o estribos, que se usaban para asegurar los materiales de las paredes. Ya antes del siglo XVII, en las zonas rurales, ricas en plantaciones forestales, se hacían corrales con “palo a pique”, con varios “estantes” para aumentar su solidez. El 1584 el Cabildo de Santa Fe, dispuso que se hicieran “corrales de cinco estantes por banda”, para guardar los caballos de la comunidad. Ordenaba así la construcción de corrales de “palo a pique” (postes de madera dura clavados profundamente en el suelo, reforzados o trabados con cinco parantes horizontales en cada costado. Estos “estantes” se aseguraban a diversa altura con tientos de cuero crudo, que al secarse, garantizaban un ajuste perfecto y daban enorme resistencia al conjunto. En los “ranchos de estanteo”, el esqueleto o armazón y el techado, eran idénticos en toda la llanura: en todos se utilizaban los “horcones”, la cumbrera para dividir las aguas (en los llamados techos a dos aguas) y paja quinchada. Cambiaban solamente las paredes, que en vez de ser hechas con adobes, se hacían con cañas divididas longitudinalmente por la mitad, que sumergidas en barro, adquirían más cuerpo y garantizaban una gran impermeabilidad. Una vez seco el barro, se las sujetaba con tientos a los “estantes”, una a continuación de otra, procurando que quedaran lo más juntas y ajustadas posible. Terminadas así estas paredes, se las cubría exteriormente con una capa de barro mezclado con paja fina y estiércol, aumentando así sus facultades para resistir el viento, la lluvia y el frío.
ESTAQUIAR. Castigo que consistía en atar al preso de pies y manos a cuatro estacas.
ESTERO. Terreno bajo, pantanoso, anegadizo, cubierto de pajas o hierbas acuáticas, tales que juncos, totoras, algas, camalotes, etc.
ESTORBAR: andar molestando.
ESTRELLERO: se llama así a los caballos que tienen la maña de levantar de improvisto la cabeza, pudiendo golpear al jinete o herirlo de mala forma.
ESTRICOTE. Sin miramiento.
EXPIADO. Animal que tiene los vasos gastados.

FACILITAR. Ayudar, dar oportunidad.
FACÓN. Cuchillo grande utilizado por el hombre de campo para realizar tanto sus faenas como para comer. Lo llevaba atravesado a su espalda, por debajo del cinto.
FACTURA. Embutidos y productos hechos para comer frescos o para conservar, utilizando diversas carnes y condimentos. Chorizos, morcillas, queso de chancho, jamones, butifarra, son algunos de ellos. En la República Argentina, también se llama “facturas” a los “bizcochos” uruguayos, esos pequeños bocaditos de masa dulce o salada, de distintas formas y contenidos, que se comen acompañando el café, el te o el mate.
FACHINAL. Pajonal alto.
FANDANGO. Alboroto. Desorden.
FARIÑA. Comida hecha a base de garbanzos y cebolla frita que se sirve como acompañamiento del puchero y otros platos con carne.
FAROL. Además de llamara así al común artefacto para iluminar, en las provincias del norte argentino, el farol no es otra cosa que la “luz mala” como se la conoce en las llanuras. Un fuego fatuo al que la superstición y la imaginería popular vincula con la encarnación de un alma en pena. Creen que “los faroles” denuncian la existencia de “tapados” (tesoros ocultos) y que para dar con éstos, basta con localizar exactamente el lugar donde apareció la fosforescencia. Pero como “el farol” es considerado como cosa sobrenatural que se muestra sólo de noche, pocos son los que se animan a salir a su encuentro “para encontrar el tesoro”. El “farol” ya era mencionado en las crónicas de los conquistadores españoles, pero ellos lo llamaban “carbunclo” y eso muestra la antigüedad de esta superstición o creencia.
FIGURAR. Aparecer en el marcador o bien aparecer en los diarios.
FIJA. Dato considerado imperdible para apostar en las carreras de caballos.
FILIAR. Enderezar, componer.
FLACUCHÓN. Equivale a flaco, delgado, mal comido.
FLECHILLA. Pasto muy delgado, de color blanco amarillento, que crece en gran abundancia en el campo.
FLETACIONES. Friegas, frotaciones que se le hacían a quienes sufrían de dolores de estómago.
FLETE. Voz que designa a un buen caballo, ya sea por su andar, su velocidad o por su figura.
FLOJO. Cobarde. Asustadizo. Falto de carácter. Que no sirve para nada.
FLOREARSE. Darse corte delante de la gente. Florearse con un buen pingo.
FLOREO. Ganar algo sin necesidad de comprometerse. Se floreó.

FOGÓN (imagen). Precaria construcción se hace amontonando piedras para formar un círculo, en cuyo centro se colocan los maderos que luego de encendidos, generarán el fuego que en nuestra campaña se utiliza para hacer el asado, calentar el agua para el mate, hacer la comida en la “negrita” o simplemente, para reunir a su alrededor a la “peonada”, luego de un día de trabajo.
FRANGOLLO. Comida hecha a base de maíz muy molido. Lío, situación confusa.
FRISAR. Pisar, andar pisando, llegando a algo. Gastar la ropa.
FUMAR. Engañar. Estafar. Ganar sin ningún problema. “Se lo fumó”.

GACHO. Sombrero hongo con que se cubre la cabeza el hombre, bajándole el ala sobre la frente para hacer visera a los ojos contra el sol.
GALOPE TENDIDO. Acción de galopar con rapidez, a todo lo que da el caballo.
GALOPEADA. Hacer un largo galope. También es la acción  de “galopear” un caballo redomón.
GALOPE CORTO. Aire de marcha sosegado del caballo.
GALOPE LARGO. Aire de marcha despejado.
GALOPE AMONTONAO. Se dice así cuando el caballo sale al galope, estando encogido.
GALPÓN. Construcción aislada de “las casas”, con o sin paredes, donde se guardan frutos, maquinarias, aperos y útiles en general.
GALLARETA. Ave del tamaño de una gallina mediana, de color plomo oscuro, cola corta, base del pico roja. Vuela corto y nada en los bañados, donde pone sus nidos flotantes.
GANAR AL FRENO. Ganar una carrera dejando contrario a la altura de las patas del freno.
GANAR CORTADO. Ganar ampliamente.
GANAR LA PUNTA. Tomar la delantera en una carrera.
GARGERO. Garganta. Llamada así por su relación con las gárgaras, uno de los remedios considerados infalibles por los viejos curanderos y manos santas.
GARIFO. Altanero, apuesto, galano.
GARRA. Extremidad de un cuero por donde, mediante un ojal, se le asegura a la estaca para estirarlo. Al estaquear un cuero, en cada uno de los lugares donde se lo clava a la estaca que lo contendrá estirado, se produce una especie de saliente, que se va agrandando cada vez más, a medida que el cuero se seca y se contrae. Cada una de estas salientes, recibe el nombre de “garra”, por su similitud de forma y aspecto con la garra o pata armada de fuertes uñas de ciertos animales. Las cuatro “garras” que han mantenido estirado el cuero, son partes desechadas luego, cuando se lo soba y curte, porque han quedado secas y muchas veces retorcídas e informes. Por extensión, cuando en una tertulia, se referían a aquellas mujeres  que por su flacura excesiva o expresión avinagrada, estaban  secas y arrugadas, como esa parte de los cueros, se decía “es una garra”.
GATEADO. Animal yeguarizo color bayo o amarillo oscuro con una raya negra en el anca, así como en las patas desde la rodilla para abajo.
GAUCHO. Individuo nativo que vive y trabaja en el campo.
GAUDERIO. Nombre que se estima fue como se los llamaba primitivamente a los gauchos.
GAZNATE. Cogote de las aves. También, golosina hecha con una masa de harina y agua a la que cortada en trozos, se le da forma de moños aplanados y se la cubre con dulce de leche. También se le decía así a la garganta.
GOLILLA. Pañuelo con que se rodea el cuello doblado diagonalmente para dejar flotar dos de sus puntas a la espalda.
GRASA DE PELLA. La pella, es la manta de gordura que cubre la carne de un animal. Grasa de pella, es entonces el producto que se obtiene de poner a freír trozos de esta grasa, que por acción del calor, va liberando un líquido graso, usado en la cocina criolla para hacer frituras, pan y bizcochos.
GRINGO. Extranjero.
GUABIYÚ. Árbol mirtáceo de propiedades medicinales; produce una fruta negra del grueso de una guinda, comestible.
GUACAS. Guacas o “huacas” era el nombre que se le daba a las tumbas de los aborígenes. Éstos, en modo particular los que habitaban en los valles calchaquíes (zona ocupada hoy por la provincia de Buenos Aires), creían que sus muertos, sólo emprendía un largo viaje y por eso al enterrarlos, colocaban junto al cadáver sus prendas personales, sus armas y adornos de plata y oro que se consideraban amuletos para que le garantizarían un buen viaje, convencidos que tales elementos, le iban a ser tan necesarios como lo habían sido en la tierra. Por eso a las “guacas” también se las conocía como “tapados”, porque ellas escondían verdaderos tesoros.
GUACHA LOCRO. Comida criolla parecida al “locro”, pero que no llevaba carne. Se la conocía como el “puchero del pobre”.
GUACHO. Huérfano. Sin padres.
GUADAL. Terreno movedizo. En el interior de la República Argentina, se da el nombre de “guadal” al terreno blando, movedizo; a esos verdaderos colchones de polvo o de polvo y arena, cuyas partículas, por razones propias de su naturaleza, carecen de la cohesión necesaria para compactarse y no ofrecen esa consistencia firme que caracteriza a la superficie terrestre. Estos “guadales”, que ahora sólo se encuentran por excepción, fueron en el pasado, una contingencia, muchas veces insalvable para los viajeros. Eran muchos los que se encontraban en las llanuras y era tal su extensión y su profundidad, que en el mejor de los casos, cruzarlos resultaba una tarea larga y extremadamente cansadora para los animales de tiro y para las personas que viajaban por esos lugares, trance que se agravaba, cuando esos “guadales” eran húmedos , es decir, cuando una corriente  o una filtración subterránea de agua, convertía a esa gran masa de polvo ingrávido, en un magma semi-líquido, un verdadero tembladeral, especie de ciénaga, de gran profundidad y muchas veces, capaz de absorber, por un poder de succión irresistible, a los animales y hasta los vehículos que habían osado internarse en ellos. Acción ésta, que es muy semejante a la generada por los “menucos patagónicos” y los “cangrejales”, producto de la acción contínua de una vertiente sobre terrenos arcillosos en la Patagonia el primero, y debido a la presencia de millares de cangrejos en terrenos barrosos la segunda.
GUAICO. En la campaña argentina, se conoce con el nombre de “guaico” a ciertas concavidades de mayor o menor extensión, que se producen a veces en las proximidades de los ríos y arroyos, como consecuencia de una creciente del mismo. Según el diccionario “guaico” es una “hondura o bajo nivel en los terrenos anegadizos”.
GUALICHO. Brujería. Mal de ojo. Genio del mal que los aborígenes creían que se introducía en forma de enfermedad en el cuerpo.
GUAMPAS. Las astas del animal vacuno
GUASANCHO (o “sillón”). Es el caballo cuya columna vertebral hundida y arqueada, presenta la forma de un arco cóncavo, que va desde la cruz hasta el nacimiento de las ancas o grupa. Es lo opuesto del “caballo curcuncho”.
GUASCAS. Lonja de cuero. La necesidad de contar con los elementos necesarios para su vida y su trabajo, sin tener que depender exclusivamente del “pulpero” o del “bolichero”, hizo que el gaucho se las ingeniara para fabricarlos y para ello, que echara mano a lo que más abundaba en su entorno: el cuero vacuno. Elegía uno que estuviera bien “estaqueado” (estirado mediante estacas clavadas en el suelo o colgado en un marco de maderas o cañas), para que se secara en forma uniforme y quedara uniformemente plano. Sacaba luego de este cuero unas finas tiras de variada longitud y luego de afeitarlas bien, las sobaba cuidadosamente para darles elasticidad. Estas eran las “guascas”. Con ellas hacía lazos para realizar sus tareas o para cazar; maneas para inmovilizar a su caballo, riendas, cinchones, banquetas, tirantes para su toldo, cabestros, etc.). Estas “guascas” trenzadas o simplemente bien curtidas, en sus hábiles manos, se transformaban en eficaces útiles de trabajo. También se llama “guasca” o “guascazo” al azote que se le da al animal (y a veces a un rival), con el rebenque o el látigo. Si a la “guasca” se le agregaba ojales, botones, pasadores, argollas, etc. , perdía su nombre original y pasaba a ser una simple “soga” y si ésta, por un deficiente sobado se endurece y pierde elasticidad, vuelve a llamársela “guascas”, pero esta vez en forma despectiva.
GUAYABO. Árbol de poca altura, de madera oscura, que crece en Argentina, Brasil y Uruguay, cuyo fruto es comestible y especial para hacer dulces.
GUAYACA. La “guayaca” es una tabaquera que aún se usa en el campo. Se hace preferentemente con la vejiga o el buche de ciertos animales (avestruz por lo común) y según se afirma, es la mejor forma de conservar fresco y con buen aroma al tabaco. En algunas regiones, a esta “bolsa de tabaco” se la conoce como “chuspa”.
GUAYACÁN. Pequeño arbusto de madera muy dura, que da unas pequeñas florcitas blancas.
GUAZÚ. Término guaraní que puede expresar “grande”, como es el caso de “aguaraguazú” (zorro grande) y el de un ciervo, que puede ser un “guazutí”, un “guazuncho”, un “guazubirá” o un “guazupucú”, es decir ciervos pequeños. “Iguazú”, nombre de un río del noreste argentino, pertenece al primer grupo donde “I” es agua y “guazú” es grande, conformando “agua grande”, característica de río ancho que tiene en algunas partes, y que es la que le da ese nombre.
GUAZUBIRÁ. Pequeño venado de monte. Existe la creencia que para defenderse del ataque de una víbora, la rodea con su baba y así le impide moverse.
GÜENO. Bueno. “Tá güeno» por está bueno, está bien.
GURÍ. Niño. Pequeño. A veces reemplazado con “botija” o  “chango” (en el noroeste).

HEMBRAJE. Conjunto de mujeres.
HIJAR. El gaucho, obligado a vivir y a trabajar en un medio inhóspito y carente de recursos, muchos de ellos elementales, debió esforzarse para ejercitar su inventiva en la búsqueda de soluciones para sus problemas más inmediatos. Así nació el “hijar”, una prenda auxiliar de su vestimenta, que se llevaba entre las dos caronas del recado. Consistía en un cuero de potro, bien sobado y con todo su pelo, al que se le daba una forma rectangular y que servía como impermeable en los casos de lluvia, para cubrir las “bajeras” (paja o pasto) que se usaba como colchón para dormir bajo las estrellas, o para improvisar un pequeño toldo que lo protegía del sol o de la lluvia. En la vida “en las casas”, el “hijar se utilizaba para cerrar puertas o ventanas, en reemplazo de la madera.
HINCHAR EL LOMO. Enojarse una persona o cuando al caballo lo cinchan y endurece el lomo.
HINCHAR LA BARRIGA. Maña del caballo cuando le aprietan la cincha.
HIGUERÓN. Árbol muy frondoso que arraiga lo mismo en el suelo como en la horqueta de otro árbol, o bien entre las ruinas o peñascos. Tiene hojas grandes, elípticas, pecioladas. Da un higo pequeño, color marrón – rojizo.
HOCICADA. Caída del jinete cuando al caballo se le aflojan las manos o cuando las mete en una vizcachera. También se dice que se la tuvo cuando se perdió algo o cuando alguien baja los brazos y se rinde o se entrega.
HORMIGUERO. Además del significado propio de “hormiguero”, que define a un nido de hormigas, se le llamaba “hormiguero” a una infección que se produce en la cara interna del vaso o pezuña de los caballos, infección que si no es atacada a tiempo, termina por destruír los tejidos, ocasionando la pérdida total de la sustancia córnea. Es un mal que penetra por algún pequeño agujero que por accidente se produce en la parte inferior delantera del vaso y que va destruyendo sistemáticamente la pezuña y la carne, como si fueran comidas por las hormigas y de ahí el nombre que se le dio.
HORNERO. El hornero, ese simpático y trabajador pájaro que es tan común en el campo argentino es quizás, el más hábil e ingenioso constructos de casas que existe. Un poco de barro y algunas pajitas, pasto seco y mucha dedicación, le bastan para hacer un nido consistente y sorprendentemente funcional. Elegido el lugar que siempre es elevado, como un poste telegráfico, la horqueta de un árbol o el poste de algún alambrado, comienza a llevar en su pico, los materiales que busca, a veces en lejanos lugares. Construye una especie de horno (de allí su nombre), cuya puerta sabe orientar de modo que la lluvia y los vientos predominantes no entren por ella y adentro lo tabica, de modo que sus polluelos, cuando los tenga, puedan acomodarse bien al abrigo. Es curioso observar que muchos de estos pajaritos, como si quisieran imitar los rascacielos que construye el hombre, han ido construyendo sus nidos (seguramente distintas parejas que encuentran apto el lugar), encimándolos uno sobre otro.
HORQUETA. Junción en ángulo agudo de una rama con el tronco de un árbol. También, paraje donde dos brazos de un río se unen, formando ángulo.
HUINCA. Los antiguos aborígenes araucanos, que ocuparon la Patagonia argentina, desplazando a los “pampas” y “araucanizando estos territorios, no reconocían diferencias religiosas entre los conquistadores españoles y luego entre los criollos, Para ellos todos los hombres de piel blanca eran cristianos, lo mismo que todos eran considerados españoles, así fueran italianos, alemanes o ingleses. Fue por eso, que en su lengua, llamaban “huinca” a los cristianos de piel blanca y extranjeros, es decir a todo aquél que no fuera de su etnia. El semicastellanizado grito con el que atronaba la tierra durante sus malones: “matando huinca” expresaba “matar al cristiano” y hasta cuando rendían homenaje a la bravura de algún milico, decían “huinca toro”, como lo llamaban al coronel LUCIO V. MANSILLA, declarando su admiración hacia este bravo coronel. Este vocablo aborigen ha quedado instalado en topónimos tales como “Huinca-Renancó” y “Huinca Rupu” (“aguada” y “camino” del cristiano respectivamente), localidades de la provincia de Río Negro.
HUMITA. Palabra derivada del araucano “uminta”, que sirve para designar a una comida hecha con choclo rayado, cebolla, tomates y pimientos fritados, envueltos en chala y hervidos o cocinados al vapor. En la cocina criolla de los argentinos, la “humita” es una de las comidas preferidas por la gente campo.

IGUANA. — Especie de lagarto pequeño, de color negruzco con vetas verdes, de aproximadamente 50 cm. de largo.
INFIEL. Así era llamado el aborigen, no cristiano.
IR A LA COLA. Ir a lo último, atrás de todo.
IR AL MUERE: ir a perder.
IRIBÚ. Nombre dado por los aborígenes al cuervo.
ISIPÓ. — Bejuco; planta sarmentosa y trepadora.
ISLA. Conjunto de árboles o monte de poca extensión, aislados en medio del campo.

JABÓN. Susto. Miedo, temor.
JAGÜEL. Zanjón o embalse con agua, que sirve de abrevadero para los animales. En el nordeste de la República Argentina, zona donde el término se originó, los quichuas llamaban “jagüey” al embalse o poza grande, donde se acumulaba y se conservaba el agua de las lluvias, de arroyos o riachos de escaso caudal o de esas pequeñas vertientes naturales llamadas “ojos de agua”. Convertido y deformado luego en “Jagüel”, es un vocablo quichua que como “pampa”, “guasca”, “chiripá” y otros fueron adoptados por nuestros gauchos (ver Agua para el gaucho y su ganado).
JEJÉN. Especie de mosquito muy diminuto que prolifera en las regiones húmedas y cálidas, que se reproduce en forma fabulosa, y que en algunas horas del día, sumando miríadas y miríadas vuelan a cierta altura por sobre el nivel del suelo, llegando a oscurecer el aire. Su picadura es desagradable y muy molesta: es un suave escozor al principio, que aumenta poco a poco de intensidad, llegando a convertirse en una verdadera tortura, más si son los ojos, las narinas o los labios, las zonas del cuerpo por donde ha andado. Entre las muy variadas “sabandijas” que pueblan el campo argentino, el “jején” ocupa con el “tábano”, la vinchuca y otros hematófagos, un lugar de privilegio por las molestias que ocasiona.
JERGAS. Trapos de lana que se colocan debajo de la montura, sobre el lomo del caballo.
JERINGAR. O jeringear. Incomodar, molestar.
JILGUERO. Ave pequeña de color amarillo verdoso, cuyo canto y trinos son hermosos, razón por la cual es una de las preferidas de los cazadores para tenerlas en cautiverio.
JIRACEADOR. Caballo que al andar, levanta mucho las manos o las saca hacia afuera.
JOTE. Existe en la República Argentina una familia de aves rapaces, cuyos integrantes, aunque tengan manifiestas diferencias con sus semejantes europeos, han sido clasificados como “cuervos”. Cuervos son pues el “iribú” de los guaraníes, el “pala-pala” del noroeste y el “jote” o “congo” común en casi todas las regiones argentinas. “Jote” es simplemente la deformación de un de los términos del nombre científico que esta ave recibe (Catarthes aura jota). Son aves de color negro azulado con la cabeza y el cuello pelados o sin plumas; de esa negrura debe provenir seguramente el otro nombre con el que se lo conoce: “congo”, nombre con el que antiguamente se llamaba a todos los africanos. Una danza propia del noroeste, cuya coreografía se inspira en los movimientos y el vuelo característicos del “cuervo”, se llama “Pala-Pala” y los bailarines, hombre y mujer, se valen del poncho y del rebozo, respectivamente, para simular las alas de este pajarraco y el significado que se le atribuye a sus movimientos.

KAWI. Bebida ritual utilizada por los aborígenes del Chaco desde ante de la conquista. Estaba hecha a base de maíz fermentado y era servida en una calabaza por el jefe de la tribu, quien luego la hacía circular entre todos sus guerreros, que sentados en círculo, confirmaban así su obediencia (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
KIKI. Bebida popular entre los aborígenes de la República Argentina hasta la llegada de los conquistadores españoles. Estaba hecha con maíz fermentado con frutos o nueces de la araucaria (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).

LADEREAR: andar al lado de otra persona.
LANDEREARLE: andar con otra persona y hacer lo que ella dice.
LADERO. El caballo que se agrega a los que van de tiro en las varas y trota a un lado del camino.
LADINO. Astuto, taimado, sagaz. También se llamaba “negro ladino” al esclavo afrodescendiente que ya había estado en estado de esclavitud durante por lo menos un año y que ya se había adaptado a las nuevas costumbres y vida que se le había impuesto.
LAPACHO. Árbol enorme de madera dura que produce una apreciada tinta amarilla.
LA PAPELETA. Antiguamente, en el campo solía llamarse “papeleta” a la Libreta de Enrolamiento, documento que se usó durante mucho tiempo como documento de identidad. Los viajeros y troperos que debían recorrer grandes distancias lejos de sus hogares, visitando infinidad de pueblos y asentamientos, debían llevar siempre consigo “la papeleta” en un bolsillo del tirador o del cinto, para evitarse dificultades con la autoridad, cuando se les requería identificarse, si por casualidad se hallaban en lugares donde se presumía la presencia de algún delincuente.
LA PARTIDA. De tiempo en tiempo, desde las Comisarías de Policía de campaña, salía una comisión integrada por tres o cuatro agentes, al mando de un cabo o un sargento, para recorrer la jurisdicción, es decir los territorios sobre los que debían ejercer la vigilancia. A esta comisión, a la que se le daba el nombre de “la partida”, solían agregarse algunos gauchos desocupados, grandes conocedores de esa comarca, que buscaban congraciarse con la autoridad, sirviéndoles de guía. La recorrida se hacía por lo general, con el objeto de aprehender a los individuos que hubieran cometido algún robo, asesinato u otro delito y dada la peligrosidad de algunos de ellos, muchas fueron las veces que tuvieron enfrentamientos y sangrientos combates. Estos delincuentes, a los que se los llamaba “matreros”, eran muy peligrosos, pues estaban firmemente decididos a defender su libertad y rechazaban violentamente todo intento de coartársela que viniera de parte de la autoridad.
LA PEINADA. Acción de pasar suave y parejamente la mano sobre las tablas del cuello del caballo, para amansarlo y aquietar sus ímpetus.
LA QUERENCIA. Así, como los gauchos se aferraban al “pago” como una necesidad de pertenencia, también los animales se acostumbran a vivir en un lugar determinado, quizás donde han nacido, quizás donde han pastado o parido en el caso de las hembras. Estos lugares son conocidos como “la querencia” (de querer, sentir atracción), término que también se usaba para designar al lugar donde vive una familia. Cuando buscando mejores pastos o lugares más aptos para la yerra, la marca, la esquila, etc. Se nota que extrañan “la querencia” y tratan de volver a ella, aunque se encuentren a muchas leguas de distancia. Este instinto animal daba mucho trabajo en los tiempos que no había alambrados, pues era muy difícil contenerlos. Las haciendas trasladadas tenían que ser vigilados día y noche, hasta que se “aquerenciaran” a su nuevo lugar. Sin embargo, en ciertas ocasiones, esa tendencia tenía sus ventajas, especialmente a la noche. Cuando se volvía a “las casas”, el ganado iba solo de regreso, instintivamente conocía la dirección y el camino que debía tomar para llegar a “su querencia” y así los gauchos que las conducían, podía ir durmiendo tranquilamente sobre su caballo, sabiendo que nada interrumpirá la marcha y que ningún animal se desprenderá del “arreo”. Este instinto también era aprovechado por el gaucho que por alguna circunstancia debía prestar su caballo. Lo hacía con total tranquilidad pues le bastaba decir cuando lo entregaba: “cuando llegue adonde va, suéltelo nomás, que él sabe cómo volver”.
LA RASTRA. De las prendas de adorno que eran usadas por el gaucho, “la rastra” es una de las que aún hoy subsisten  y quizás es la que goza de la mayor preferencia  por parte de nuestros hombres de campo. “La rastra” es un lujo que reemplaza a la hebilla en el cinturón o en el tirador. Consiste en una chapa de metal  (plata u oro), modelada de diversas formas, llevando por lo general, grabado o calado las iniciales del nombre y apellido del dueño (a veces ambos completos), adornadas con  artísticos dibujos.
LARGADA. El lugar de donde se sale, se larga una carrera.
LARGAR EL GALOPE. Cuando el caballo de un aire, pasa o toma el galope.
LARGAR EL ROLLO. Hablar todo lo que sabe acerca de algo. Correr con toda la velocidad posible.
LARGAR. Salir. Partir en una carrera.
LA SEÑALADA. El signo de propiedad en el ganado menor (ovejas, cabras, cerdos, etc.), no es como en el ganado mayor (vacas, caballos, mulas), una marca aplicada con un hierro al rojo, sino que es un corte de diversas formas que se le hace a los animales en una de sus orejas. La “señalada” es entonces, el acto de marcar con esa señal al ganado menor y para ello se utiliza una simple tijera o un cuchillo, instrumentos que hoy son reemplazados por maquinaria que ofrece un resultado más limpio y piadoso. De acuerdo con la forma que tenga el corte, las señales tienen un nombre característico: horqueta, punta de horqueta, muesca, doble muesca, zarcillo, punta de lanza, agujero, martillo, etc. Una misma señal puede ser usada por dos propietarios distintos, siempre que se la aplique en diferentes orejas, o si es en la misma, puesta en sentido inverso o en diferente lugar.
LAS CASAS. En el campo, cuando alguien se refiere a su vivienda, es muy raro que use el singular para referirse a su casa: “Me voy pa’ las casas”, dicen, aunque se trate de un humilde rancho perdido en la soledad de la pampa. Esta costumbre, posiblemente se deba a que los primeros establecimientos que se alzaron en medio del desierto (las Estancias y las “Postas”), a pesar de pertenecer generalmente a un mismo dueño, solían estar formadas por tres cuerpos de edificios destinados a usos distintos: uno era la vivienda del propietario, otro destinado al funcionamiento de la “Posta” con su boliche anexo y otro, quizás como depósito, granero y eventual alojamiento de algún cansado viajero. La “ramada”, precario techado hecho con cañas o ramas, era otro elemento que se sumaba a este conjunto de “edificios”, que se llamaban “las casas”.
LATA DE POBRE. Muchas denominaciones populares, que en un principio chocan al oído por su fonética rústica, y que aparentemente carecen de sentido, resultan encantadoras y gráficas al extremo, cuando se conoce su significado. Tal el caso de la expresión “lata de pobre”, nombre que se le da en el noroeste argentino, a un árbol (“Piper tucumanus”), de ramas rectas, largas y muy livianas, provistas de anchas hojas. Estas ramas, con su follaje, se usan para techar los ranchos y ramadas, tal como se usan los juncos, la paja u otros similares, reemplazando a las chapas de metal (latas según el habla campesina). De ahí su nombre: la “lata de pobre” es la única que está al alcance de la gente con escasos recursos para techar su vivienda. Pero éste no es el único beneficio que brinda este árbol; sus ramas, largas y flexibles, sirven para reemplazar a las cañas en aquellos lugares donde a ésta no está disponible y además de emplearlas también en la construcción de refugios, se las utiliza como “picanas” y “picanillas”, empleadas para acuciar a  los bueyes que tiran de las carretas, arados y carros.
LATA. Sable. Latón era la forma despectiva de referirse al sable de los «milicos».
LAUCHA. Ratón pequeño.
LAYA. Clase. Tipo.. Característica.
LAZO. Trenza de cuero de 10 o 15 brazos de largo con argolla de hierro en uno de sus extremos para formar la “armada”. Se lo utiliza para “enlazar” o capturar animales y para innumerables tareas que demandan el uso de una cuerda fuerte en el campo.
LAZAZO. Pegarle a alguien con un rebenque o con el lazo.
LECHIGUANA. Especie de avispa.
LEJÍA. Ceniza de jume (planta de terreno salitroso) que se utilizaba como jabón.
LENGUARAZ. Interprete que sabe el idioma indígena.
LEÓN. El gaucho llamaba así al puma. En la pampa no hay leones.
LIBERAL. Es un yeguarizo de extraordinaria velocidad, pero que también sirve para enlazar, apartar, pechar, correr en rodeos y toda clase de actividades donde sea necesaria la velocidad y la fuerza.
LIMETA: Frasco de bebida, especialmente “caña”.
LINDAZO. Muy lindo, muy agradable. También con el mismo sentido se dice “Buenaza” para referirse a una persona muy buena.
LOBIZÓN. Según una leyenda el «lobizón» era el séptimo hijo varón de mujer, al que se le atribuía la facultad de transformarse en un “lobizón”: criatura con forma y actitudes de perro negro, con ojos fosforescentes, devorador preferentemente, de criaturas sin bautizar
LOBO. Aunque en la Pampa no había lobos, así llamaban los aborígenes y luego los gauchos a los perros salvajes que pululaban entonces.
LOMIARSE. Enojarse, “hinchar el lomo”, tal como lo hacen los gatos cuando se enfurruñan.
LONJEAR. Cortar correas de cuero.
LOBIZÓN. Definición del séptimo hijo varón de mujer, al que se le atribuía la facultad de transformarse en un “lobizón”: criatura con forma y actitudes de perro negro, con ojos fosforescentes, devorador de criaturas sin bautizar, preferentemente.
LOCRO. Comida criolla hecha con maíz blanco o trigo, carne de vaca o de cerdo, verduras diversas, legumbres y trozos de choclo. En las mesas menos pudientes se comía el “guacha locro”, que no tenía carne.
LOMILLO. Pieza del recado con dos almohadillas rellenas de paja llamadas “bastos”, sujetas entre sí por una lonja de suela, y que se coloca sobre la “carona”, para ensillar alyeguarizo.
LORO BARRANQUERO. Ave de tamaño mediano y plumaje vistoso color verde con algunas plumas rojizas y amarillas. Habita en las barrancas cerca de los ríos, particularmente en las del Río de la Plata y del Río Uruguay, reunidos en colonias. Hacen nido en cuevas y siguen a las personas que van a caballo durante largo trecho lanzando sobre su cabeza chillidos aturdidores. No se les puede enseñar a hablar como a otras especies del Paraguay.
LOS VICIOS. El gaucho podía privarse de comer y a veces lo hacía por largo tiempo, por carecer de dinero o por estar ocupado realizando tareas que le imponían un forzoso ayuno, pero había cosas de las que no podía privarse: estas eran los “vicios” y entre ellos estaba el vino, el mate, el tabaco y la caña, todos productos de los que no podía prescindir, sin que se resintiera su aptitud y voluntad para el trabajo.
LUNAR. En una tropilla, además de la “yegua madrina”, a veces solía mezclarse exprofeso, un animal de color absolutamente distinto al de los demás, al que se lo llamaba “el lunar”, para utilizarlos como referencia en los distintos movimientos que se le imponía a la tropilla.
LUNAREJO. Se llama “lunarejo” al animal, especialmente al caballo,  cuyo pelo , pelaje o color, presenta manchas de color distinto , redondeadas y más o menos pequeñas. “Lunarejo” deriva de lunar , que no otra cosa resultan ser esas manchas, dentro de la uniformidad  de la capa o color predominante.
LUNÁTICO. Yeguarizo que tiene una mitad del anca más abajo que la otra.
LUZ MALA. Fuego fatuo. Las materias orgánicas, especialmente las carnes y los huesos, que se encuentran en descomposición sobre la tierra, especialmente si son terrenos húmedos, producen una fosforescencia, muy visible en la oscuridad de la noche. Este fenómeno conocido como “fuego fatuo”, ha dado pie a una creencia que aún perdura en nuestras zonas rurales: se dice que esa fosforescencia, es  la “luz mala”, el alma de un difunto que recorre el campo buscando una paz que jamás encontrará. Es un “ánima en pena”, el alma de un difunto que abandona su sepultura y anda penando y errando por el mundo, muchas veces para pedir venganza porque había sido muerto en “mala ley” (a traición, o asesinado) y otras veces para reclamar porque no lo habían enterrado en “lugar sagrado”, o sea en cementerio o camposanto.

LLORONAS. Así se llamaba a las grandes y cantarinas espuelas con grandes “rodajas” que usaban los gauchos. El peculiar ruido que hacían al ser arrastradas por el piso, era un motivo de orgullo de quien las llevaba, porque avanzando con aire altanero, parecía decir: “presten atención, porque aquí estoy yo !!”. Y ni que decir cuando alguno de ellos, quizás más rico o con pretensiones de elegante, las había adornado con aplicaciones de plata y oro.

MACA. Ave acuática, de muy torpe vuelo, que siempre realiza casi rozando por sobre la superficie del agua.
MACACHINES. Planta tuberácea; sus rizomas son muy dulces.
MACACO. palabra que viene desde muchísimos años designando todo aquello que no sirve para nada; un caballo macaco es un animal flojo, lerdo, duro de boca y resabiado.
MACAGUA. Ave de tamaño mediano que persigue y ataca a las víboras con saña obligándolas a huir.
MACANA. Maza de madera dura de gran tamaño, usada como arma para la caza y la lucha cuerpo a cuerpo por los aborígenes del Río de la Plata, especialmente utilizada por los nativos del noroeste, el Chaco, regiones pampásica, del noreste y centrales de la Argentina. Fueron quizás las primeras víctimas abatidas con esta arma poderosa, JUAN DÍAZ DE SOLÍS (1516) y HERNANDO DE MAGALLANES (1527). En sentido figurado: disparate enorme o acción brusca e intempestiva.
MACANAZO. Golpe dado con la macana. Dicho o escrito absurdo, sin sentido común.
MACETA. El animal o el hombre de andar pesado por enfermedad o vejez; el que tiene nudos en las rodillas o pies, siendo de poca gracia y pesado en el andar.
MACHADO. Borracho, ebrio. El borracho y la borrachera, reciben en la Argentina varios nombres a cual más original y adecuado a ese deplorable estado: Además de ebrio y beodo, es común escuchar entre los norteños, que fulano está “machado”o “achumado”. En la región andina se dice que está “curado”, porque al beber se lo llama “matar el gusano”. Estar “punteado” o “puntino” significa hallarse en los comienzos de la embriaguez, o sea mareado a medias, es decir “alegre”. “tranca” y “peludo” son también sinónimos de borrachera y “agarrarse un peludo o una tranca es emborracharse.
MACETA. El animal o el hombre de andar pesado por enfermedad o vejez; el que tiene nudos en las rodillas o pies.
MACHETE. Caballo de andar pesado y somnoliento, lerdo y poco ágil. También especie de cuchilla larga y ancha que se usa para segar, podar, cortar y realizar otras actividades del hombre de campo.
MADERA DE HIERRO. Así se la llama a la madera del quebracho, árbol de gran tamaño que abunda en el norte argentino (especialmente en las provincias de Chaco y Misiones) y su nombre, ya está indicando el porqué del mismo, ya que quebracho significa “quiebra hachas”, una cualidad que le otorga su extremada dureza y que obliga a los “hacheros” a tener que afilar continuamente sus hachas, melladas con toda facilidad por esta tenaz madera. Hay dos clases de quebracho: el colorado y el blanco y la madera de ambos es muy apreciada para la fabricación de durmientes para las vías de los ferrocarriles, la construcción de “tablestacados” para la defensa de las costas contra la erosión del agua, para la construcción, etc. De la corteza del colorado, también se extrae el “tanino”, un producto que es fundamental para el curtido de pieles y cueros.
MADREJÓN. En los territorios norteños de la República Argentina, llaman “madrejón” al cauce seco de los riachos y arroyos, cuyo caudal de agua, por alguna razón (erosión, obstrucción, desvío, prolongada sequía, etc.), se ha desviado de su lecho primitivo, definitiva o temporariamente. Los “madrejones” se producen especialmente en épocas de sequía o calores extremos, cuando las elevadas temperaturas hacen que desaparezcan los cursos de agua que no tienen afluentes propios, es decir que no cuentan con el aporte de agua que les sería necesario para compensar las pérdidas que le ocasionan estos factores climáticos. También se llama “madrejón” al arroyo que ha quedado sin entrada de nuevos caudales, ni desagüe y que por esa circunstancia, siempre tiene muy escasa agua.
MADRUGAR. Adelantarse a la acción de otro.
MALACARA. Caballo alazán que tiene una mancha blanca desde la frente hasta el hocico.
MALAMBO. Baile antiguamente realizado exclusivamente por hombres que se lucen realizando un característico zapateo y diversos floreos.
MALEVO. Salteador, gaucho malo; Delincuente, peleador, bandido. El que anda huido de la autoridad.
MALICIAR. Sospechar. Intuir.
MALÓN. Ataque en masa de aborígenes belicosos. Asalto de indios a un poblado para robar, asesinar y raptar mujeres.
MAMAO. Borracho.
MAMÚA. Borrachera.
MAMBORETÁ. Es así llamada la “manta religiosa” de los naturalistas.
MAMANGÁ O MANGANGÁ. Abejorro, de la familia de los himenópteros. Es un insecto que zumba continuamente, de color negro a listas blancas, o con segmentos amarillos en el escudete, cuya picadura es muy dolorosa. Dícese de la persona que habla mucho, con monotonía.
MANCARRÓN. Caballo viejo, muy manso.
MANDINGA. El Diablo.
MANDIOCA. Tubérculo cuyo interior es muy fibroso. Hervido en agua y sal se constituía en el pan de los pobres en nuestra campaña, que también lo comían formando parte del “puchero”.
MANDRIA. Temeroso; cobarde.
MANEA. Traba para inmovilizar al caballo. Útil de cuero con ojotas y botones con el que se le traban las patas delanteras.
MANGANETA. Engaño, ardid, trampa.
MANGUERA. Corral de piedra suficientemente grande como para encerrar numerosos vacunos. También especie de “brete” hecho con madera para encauzar a los animales hacia un determinado destino.
MANGRULLO. Avistadero. Los riesgos propios del desierto, particularmente los temidos malones indios y los ataques de las montoneras en el período de las guerras civiles que azotaron a la Argentina, durante casi 40 años, obligaban a los escasos habitantes de esos territorios alejados, a mantener una casi constante vigilancia, con el objeto de prevenir con tiempo, la defensa o la fuga, si ello era necesario. En las pequeñas ciudades y poblados, esto era posible, porque la altura de las casas o edificios públicos, les permitían construír en sus techos y terrazas, atalayas (miradores), desde los cuales se podía avizorar a mayores distancias la llegada de estos indeseables. Pero en el interior de la llanura, esto era distinto: el rancho, bajo y con techo de paja a dos aguas, no admitía obra ni estructura alguna encima de ellos. Así nació el “mangrullo”: una especie de torre construída con palos atados de forma similar a la del esqueleto metálico de los molinos, cerca de “las casas”, en el límite más vulnerable del poblado. Una pequeña plataforma ubicada en lo más alto del “mangrullo”, a la que se llegaba mediante una rústica escalera, admitía la instalación de un vigía, que atenta su mirada hacia lo lejos, podía anunciar con mucha anticipación la llegada del atacante. Conocido también como “vichadero” (de “vichar”, es decir espiar, vigilar), en los fortines, donde esta vigilancia debía hacerse permanentemente, de día y de noche, los mangrullos tenían un rústico techo de paja, para preservar al centinela de los rigores del sol y la lluvia.
MANGURUYÚ. Pez de agua dulce, feísimo, de color pardo; rechoncho, cabeza enorme y ojos pequeñísimos. Vive en el fango o escondido entre las toscas.
MANÍ. Cacahuete. Llaman “mandubí” a  la planta que da este fruto.
MANIADOR O MANEADOR. Tira de cuero crudo, que se soba y engrasa para ablandarla, que sirve para inmovilizar a un caballo, atándole las patas delanteras.
MANOTIAR. Robar. Dar manotazos.
MANTAS. abrigo que se le pone a los parejeros.
MARCADO. Es la tarea que se realiza en los establecimientos de campo para “marcar” cada animal de su propiedad, con la marca que lo identifica. Se llama “yerra” y durante la misma, a cada animal se le aplica la marca de hierro al rojo con las iniciales o logotipo de su dueño, o bien con una marca característica de esta persona.
MARCHERO. Caballo adiestrado para un tipo especial de marcha. Los caminos de las regiones serranas y montañosas, obligan a los jinetes a regular muy cuidadosamente el paso de sus cabalgaduras, ya que el trote o el galope, andares muy comunes en las llanuras, son allí muy ocasionales, debido a las características del suelo, generalmente de piedra y a la presencia de barrancos y cuevas, que hacen muy difícil y peligroso transitarlos. Es por eso que a los caballos y mulas destinados a ser “de andar”, se les enseña un tipo de marcha especial, que es conocido como “marchado”. En el “marchero”, nombre que se le da al animal así enseñado, las manos se mueven con el braceo y ritmo propios del galope, mientras que las patas, lo hacen con el del trote. Esta aparente disparidad locomotiva, entre los remos delanteros y los traseros, determina un andar suave, rápido y descansado, brindando seguridad para el jinete, como para la misma cabalgadura. Todos los aires de marcha: el tranco, el trote y el galope son cansadores y sólo el “marchado” no deshace el cuerpo, ni produce dolores en la espalda o la cintura, permitiéndole dormir cómodamente al jinete, mientras viaja sobre el lomo de un animal así adiestrado”, dice LUCIO V. MANSILLA en su obra “Una excursión a los indios ranqueles”. Conviene aclarar que el “marchero” nada tiene que ver con sobrepaso característico de los caballos “pasucos”, típicos de la campaña peruana.
MARCA. El hierro con que el dueño marca a fuego sus animales en la paleta.
MAROMA. En América, principalmente en la República Argentina, una “maroma”, es una soga o cable que se encuentra tenso, sujeto en ambos extremos y a cierta altura por sobre el nivel del suelo. Así que una “maroma” es el grueso cable aéreo, que asegurado en ambas orillas de un río, permite el desplazamiento regular de las balsas, que construídas en forma más o menos rudimentaria y sin impulsión propia, sirven para trasladar de una a otra margen de un curso de agua, personas, animales y carga en general, mediante el simple recurso que aporta el esfuerzo de un hombre, que va tomando entre sus manos extendidas esta “maroma”, para que al flexionarlos sobre sí, la vayan impulsando hacia su destino. También se llamaba “maroma” al conjunto de sogas o “guascas” que ligaban la parte superior de los postes o “principales”, que limitaban la abertura de la tranquera, en los corrales de “palo a pique”. Por último, esta denominación es también utilizada para nombrar a los hilos de los alambrados, en cuyas “maromas” suelen degollarse al alzar vuelo, las espantadas perdices, que huyen del cazador que las persigue.
MARUCHA. Corte de carne. Parte de la res vacuna. Punta gruesa que viniendo desde las costillas, pasa por sobre las paletas.
MARUCHO. En las tropas de carretas, único medio de comunicación que existíó durante mucho tiempo en nuestras tierras, el “marucho” era el encargado de cuidar los bueyes o las mulas que tiraban de ellas, cuando se disponía un descanso en la marcha, para comer y dormir o para refugiarse de las tormentas.
MASAGUAGUA. Amasijo para hacer pan. A través del análisis de ciertos vocablos populares en uso en determinadas regiones del país, puede determinarse su mayor o menor autóctomía y en muchos casos, hasta cuál fue la época de su aparición como elementos fonéticos dentro de la lengua que los posee. Esto se explica, recordando que los conquistadores españoles introdujeron en América usos y costumbres, animales y comestibles absolutamente desconocidos por los aborígenes y con esas novedades, vinieron también las palabras que tenían para nombrarlas, en idioma castellano. Muchas de ellas, fueron obligadamente utilizadas por los nativos, pues como es lógico, en sus idiomas, no existían palabras que definieran esas cosas nuevas. Pero por dificultades de pronunciación, tuvieron que modificarlas, adaptándolas, a veces en su totalidad y a veces en algunas partes de estas palabras para que, junto con las que ellos conocían, conformaran las nuevas que se utilizarían para llamar a esas cosas nuevas que les traían los hombres blancos. Por el ejemplo, la palabra caballo, animal que ellos no conocían, pero que pronto adoptaron, comprendiendo la utilidad que les traía para la caza y para la guerra, se transformó en “cavayú” para los guaraníes, en “cahuel” para los araucanos, “cawal” y “cavallú” para los pampas de la pampa y finalmente “cawul” para los tehuelches. Con “masaguagua” sucedió lo mismo. Esta palabra es una hibridación porque está formada por una palabra del idioma castellano: “masa” a la que se le agregó otra de origen quichua: “guagua” o “huahua”. Masa quiere decir amasijo hecho con harina, sal y agua y “guagua”, para los nativos era una criatura de corta edad. Así se formó “masaguagua”, palabra que en el noroeste designa a un pancito al que se le da la forma de una criatura. Este, en realidad un bizcocho, desempeña un importante papel en las fiestas regionales, en el “topamiento de las comadres” que se realiza en vísperas del carnaval (o “chaya”), para elegir  la que será madrina de los festejos, a cuyo término se reparten las “masaguaguas” entre todos los asistentes, como preanuncio de las fiestas y bailes que se acercan.
MASCADA. Producto de un robo. También se designaba así al tabaco que se masticaba (ver acullico).
MATAO. Animal que no sirve o que es bellaco.
MATACO. Aborígen del Chaco. También se llama así a un árbol cuya madera de extrema dureza, era utilizada por esos aborígenes para hacer las puntas de sus flechas, lanzas y arpones para la pesca. Una tercera acepción se refiere a una especie de armadillo que existe en el norte y noroeste argentino, que tiene una condición especial que lo diferencia del “peludo”, “la mulita”, “el piche” y otros de la misma familia. Es el llamado “mataco” o “quirquincho” o “tatú bola”, nombres estos dos últimos, que se refieren a las características propias de este animalito, que, cuando se siente amenazado, se arrolla dentro de su caparazón (cuyas placas están especialmente articuladas) y forma una esfera hermética que lo defiende de casi todos los peligros que puedan amenazarlos. Ni el zorro con su picardía, ni el tigre con la fuerza de sus afiladas garras, logran forzar esta protectora coraza. Y cuando no, es el hombre quien logra hacerlo para saborear su rica carne.: simplemente lo estrella contra una roca y el golpe atonta al animal, que pierde así el dominio de sus músculos y no puede abroquelarse dentro de su caparazón. “Quirquincho” en el idioma quichua y “tatú” en idioma guaraní significan “armadillo”.
MATADURA. Lesión o lastimadura en el lomo del animal.
MATAMBRE. Carne de res vacuna situada entre las costillas y el pellejo del animal. Junto con la lengua, eran las presas más codiciadas por el gaucho.
MATAOJO. Árbol que al ser quemado produce un humo malísimo para los ojos.
MATE. Calabaza en la que se “ceba”, es decir, se sirve la infusión de yerba mate que se sorbe por medio de la bombilla.
MATEAR. La acción de tomar mate, solo o en rueda de amigos.
MATE COCIDO. Infusión de yerba hervida en agua y colada, que a diferencia del mate, se sirve en taza o jarro. A veces se le agrega leche.
MATERA. Contenedor para llevar la yerba y el azúcar necesarios para hacer y tomar mate. Separados ambos productos por medio de un tabique, generalmente son de madera, lata o cuerno de vacuno. En épocas de la Colonia se hacían de plata, hermosamente cinceladas y constituían verdaderas obras orfebrería.
MATRERO. Se llamaba “matrero” al gaucho que andaba huyendo de la justicia, por haber cometido algún delito. Se escondía en los montes y como en la mayoría de los casos, contaba con la ayuda de los pobladores, que por miedo a estos delincuentes o por temor a la justicia, lo amparaban y lo proveían de comida, lo que había muy difícil aprehenderlos.
MATUCHO. Caballo viejo que ya no sirve para el trabajo.
MATUNGAZO. Puede ser en despectivo, por malo o inservible, animal de poco valor o como admiración por muy bueno.
MATUNGO. El caballo pesado, de desastrosa figura, que no sirve para nada.
MATURRANGO. El que no sabe andar a caballo. El que es torpe al intentar hacer algo.
MAULA. Cobarde. Que es flojo; que rehuye pelear o no se atreve a una empresa difícil. Cuando un hombre se dejaba insultar sin responder ni castigar al ofensor, o por lo menor “pelearlo”, los gauchos decían de él, que era “un maula” o también “un mulita”, “un morado”, “un amargo” o “un flojo”, todos calificativos que todavía se escuchan en el campo.
MAZAMORRA. Especie de postre hecho con maíz blanco pisado o quebrado en el mortero, hervido con agua sin sal, a lo que luego de agregársele un puñadito de cenizas, se revuelve hasta que se ablanda por completo y se le agrega leche. Se lo sirve con o sin azúcar, según el gusto de quien la coma.
MBURUCUYÁ. Nombre que se le da a la “pasionaria”, una planta, cuya flor, admite también el nombre de “flor de la pasión”, porque la fantasía popular establece una relación entre sus estambres y pistilo, con el martillo, los clavos y la corona de espinas utilizados en la crucifixión de Jesucristo.
MENSUALES. Así se llamaba a los peones que vivían en la misma estancia. Para ellos, en todos los establecimientos había construcciones con varias habitaciones, baño y cocina, que eran ocupadas por la peonada fija y allí, todas las mañanas al salir el sol, iba el capataz o el mayordomo, para distribuir el trabajo del día.
MENTAO. Renombrado; famoso.
MENTAS. Memorias, fama, recuerdos.
M’ IJO. M’ ijito. Apócope de mi hijo y de mi hijito que se empleaba para referirse a alguien muy querido.
MILICO. Soldado.
MILONGA. Tonada sencilla, algo monótona. Danza de la que derivó el “tango”.  Le dicen también así a la mujer de vida licenciosa.
MIOMÍO. Yuyo venenoso, cuya ingesta puede llegar hasta la muerte a los animales.
MIRAGUAYA. Pez de un metro y medio de largo, y más todavía, – semejante a la “corvina negra”. Seco y salado, se vende en el Uruguay como bacalao, pues su gusto es parecidísimo al de éste.
MISIA. Tratamiento de respeto, que se antepone al nombre propio de una señora.
MISTO. Ave pequeña de color amarillo castaño. Vive en bandadas y es perjudicial para los agricultores.
MOJINETE. Remate triangular de la pared frontera de un rancho o galpón.
MOLLE. Árbol indígena muy tortuoso o retorcido, cuyas ramas espinosas le hacen parecer más salvaje aún.
MONDONGO. Es el estómago del animal cocinado como guiso. Cortado en pequeños trozos o tiras, agregándosele garbanzos, porotos, papas, zapallo, cebollas, tomates y muchos condimentos, se logra un plato que es semejante a los “callos a la madrileña”.
MOQUETE. Golpe dado con la mano; cachetada.
MOQUILLO. Enfermedad de los caballos parecida a la gripe. También se aplica a las personas resfriadas o engripadas.
MORCILLAS. Embutido hecho con sangre fresca de ganado, muy condimentada y mezclada con trozos de grasa y a veces con papa y pasas de uva.
MORMO. La canícula, los calores del mediodía.
MORMASO. La pesadez del mediodía en verano.
MORO. Color del pelaje de un caballo, mezcla de negro y blanco, pero más oscuro que el tordillo.
MORTERO. Recipiente de madera muy dura que sirve para moler granos (maíz y trigo especialmente) con un mazo (o “mano de mortero), también de madera. A veces son pequeños y se los usa apoyándoselo en una mesa y a veces son hechos con un trozo de madera de aproximadamente 120 centímetros de altura para apoyarlos en el suelo y hacer la molienda de parado, con un largo mazo también de madera muy dura, romo en su punta distal. Solamente la mitad superior del tubo es hueca, mientras que la inferior, de mayor diámetro que la superior, sirve de base. También se llaman así, los hechos con una piedra circular socavada hasta obtener una concavidad circular suficiente para contener el grano en la molienda. También se llama mortero a la mezcla de cemento, cal, arena y agua que se emplea como argamasa para unir ladrillos en una construcción.
MOSQUEADOR. Animal que bate la cola para los costados, como si espantara las moscas, sin que haya moscas que lo molesten.
MOSTRENCO. Caballo sin dueño conocido o que si lo tuvo no se le conoce.
MUCHACHO. Palo que sirve de sostén. Las carretas y los carros antiguos, tenían sólo dos ruedas y éstas eran siempre muy altas, para facilitar el cruce de los ríos y arroyos que frecuentemente debían vadear en su marcha llevando su carga. Por esa causa, al desatar los bueyes, las mulas o caballos que llevaban, estos vehículos caían sobre alguno de sus dos extremos y eso hacía muy difícil el poder enderezarlos para no desparramar la carga. Para evitar esto, en la parte inferior del piso, adelante y atrás, se ponía un palo de madera (“el muchacho”) sujeto a la caja con “guascas” (tiras de cuero crudo). Cuando se llegaba a destino y se desataban los animales, estos maderos, sirviendo como patas auxiliares, impedían que la caja se desnivelara.
MUERTO. Así se llamaba a dos palos unidos en cruz o en forma de “T” con un tiento, que se enterraban en la tierra, dejando afuera el extremo de uno de ellos, para poder atar a él, el cabestro con el que el gaucho mantenía sujeto a su caballo cuando no quería que se alejara, durante su descanso nocturno. La eficacia de este sostén radicaba en que luego de hacer un pozo, se introducía en él estos palos, poniendo uno de ellos de tal forma, que quedara horizontal con el nivel de la tierra, para que el otro, emergiendo verticalmente hacia la superficie, permitiera atar el caballo en su extremo. La posición del quedaba enterrado horizontalmente, le otorgaba una absoluta firmeza a esta verdadera “ancla” del desierto.
MULEQUE. Antiguamente, el negrito esclavo.
MULITA. Animalito también conocido como “Tatú”,  de algo menos de medio metro de largo; sus orejas son parecidas a las de la mula.

NACO. Trenza de cuerda de tabaco.
NAHUEL. El “yaguar” o “yaguareté”, conocido como “tigre americano”, pese a sus diferencias con el felino de igual nombre que vive en otros continentes, tenía entre los araucanos que habitaron la Patagonia argentina, un nombre propio de su lengua: lo llamaban “Nahuel”. La palabra ha quedado como gentilicio y topónimo, especialmente en la Patagonia, zona que fuera invadida por esta etnia. Así se conoce como “nahuelquir” al tigre overo; “nahuelmilla” al tigre de oro y “Nahuel-Huapi” a la isla del tigre. Por su parte, el “uturunco” quichua y el “capiango” de la región andina, eran el mismo animal, un “yaguareté” al que la leyenda popular, le asignaba un carácter fantástico: se trataba de hombres, que merced a misteriosas razones extranaturales, en ciertos y determinados momentos, podían transformarse en tigres, cuya ferocidad, los hacía aún más temibles que los “yaguareté” o los “Nahuel”.
NALES. Durante gran parte del siglo XIX, los valores que circulaban en el interior de la Argentina, eran monedas de oro o de plata, extranjeras muchas de ellas: libras esterlinas, onzas, reales, etc. La aparición de los billetes o pesos papel, emitidos por el gobierno nacional, hizo que a éstos, para diferenciarlos de los otros, se los llamara “nacionales”, o más simplemente con el apócope “nales”, muy generalizado en esa época.
NAZARENAS. Espuelas que usan los hombres del campo en el Río de la Plata, cuya rodaja o roseta, está provista de grandes rayos, parecidos a las púas de la corona de Cristo, semejanza que permitió darles ese nombre. Generalmente de hierro, eran sin embargo un lujo del gaucho, que las usaba de plata y de hasta más de dos y tres libras de peso cada una.

NEGRITA. Cacerola de hierro fundido, de regular tamaño que sirve para hacer guisados, sopas, etc. en nuestro campo. Debido que se la coloca directamente sobre el fuego, se limpia con mucho cuidado su interior y jamás se lo hace con su exterior, toma un color negro brillante, que es orgullo del propietario.
NOCHERO. El “nochero” era el caballo que se dejaba durante la noche en las casas, ya sea encerrado en un corral o atado con un cabestro, para disponer de él, rápida y seguramente en caso de urgencia. Era además el que se utilizaba, cuando despuntaba el día, para traer a las casas, las lecheras para ser ordeñadas o la hacienda que se hallaba desparramada por el campo. También se llama así a un trozo de leña grande que sirve para tener el fuego encendido durante toda la noche.
NOQUE. El “noque” era un recipiente de cuero de formas muy variadas que se usaba mucho en el campo, especialmente para guardar sustancias semilíquidas, como se la leche cuajada (empleada para fabricar quesos), la miel, el arrope (jarabe de algarrobo). Los “noques” se colgaban  de las ramas de algún árbol cercano “a las casas” o de los palos que sostenían el techo de los ranchos y así se los defendía del ataque de las hormigas u otros bichos.
NOVILLADA. Conjunto de toritos jóvenes y castrados.

ÑACANINÁ. Víbora muy grande y bravísima.
ÑACO. Harina de trigo tostado que los aborígenes de la región cordillerana de la Patagonia y luego muchos blancos, hechos a las costumbres locales, usaban como alimento, en forma similar a la del “gofio” (trigo o maíz tostado y molido). El “ñaco”, preparado con agua o leche fría o caliente, equivale, en todo sentido al “chilcán” del norte, ya que sólo varía el cereal que se emplea, maíz en este último caso.
ÑACURUTÚ. (Voz guaraní, que quiere decir jiboso). Nombre de un ave nocturna, especie de lechuza o búho que abunda en la República Argentina, especialmente en las selvas del norte del país. Esta denominación es la onomatopeya del grito de esta ave, grito melancólico, un poco lúgubre que se oye desde que aparecen las primeras sombras de la noche y que da lugar a diversas leyendas entre la gente simple y crédula, que le adjudica la triste virtud de presagiar desgracias, olvidando la utilidad de su presencia en los campos, pues es un gran cazador de ratones, víboras y otras sabandijas, de las que se alimenta.
ÑANDUBAY. Árbol indígena de proporciones, de madera dura y muy pesada, usada comúnmente en cercos y postes. Su fruto contiene tanino.
ÑANDÚ. — Avestruz americano.
ÑANGAPIRÉ. Árbol muy parecido a la “pitanga”, de fruto amarillento, menos dulce que ésta.
ÑAPINDÁ. Mimosa. Zarza armada de espinas curvas, muy duras. Le dicen también “uña de gato”.

OMBÚ. Erróneamente mencionado como un árbol, el ombú o “bellasombra”, es una planta herbácea perteneciente a la familia Phytolaccaceae, oriunda de los montes del Nordeste argentino, Uruguay y Sur de Brasil, también se da en Paraguay. Es muy frondoso y a menudo alcanza una altura de 18 metros. Es de madera fofa, que no sirve ni para quemar. Crece solitario en medio del campo. Junto a él el gaucho suele construir su rancho, para aprovechar la sombra que le otorga.
OREJANO. Nombre dado en el Río de la Plata al ganado vacuno que por no tener dueño, se lo marca como símbolo de propiedad, haciéndole un corte en forma de triángulo, en una de sus orejas. Esta operación fue muy corriente durante la última parte del siglo XVIII y principios del XIX. El 24 de agosto de 1852, mediante un Decreto de JUSTO JOSÉ DE URQUIZA,  se dispuso que “los orejanos que se encuentren en el predio de un estanciero pertenecen a éste, si el ternero no sigue a la vaca madre” (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
ORTIGA VIZCACHERA. Ortiga de hoja menuda, mucho más irritante que la común.
OVERO. Yeguarizo cuyo pelaje ostenta manchas blancas y negras. Cuando aquéllas son rosadas, al animal, se lo llama “overo rosado”.

PACHAMAMA. Pachamama, Madre de la Tierra, Madre Tierra o, con mayor exactitud, la “Mamapacha” o la “Pachamama”, es una de las figuras de la cosmogonía indígena americana que más se ha extendido y ha perdurado. La fiesta de la fiesta de la Pachamama” es celebrada durante todo el año, porque es la Tierra Madre, pero el 1º de agosto de cada año en el Altiplano, se le dedica un día entero con ritos y ceremonias.
PACHIQUIL. En algunas provincias andinas (Catamarca, La Rioja, Neuquén, Mendoza, etc. Las mujeres que deben llevar canastos con verduras, frutos u otros productos, se lo ponían sobre la cabeza, pues así les resultaba más cómodo y menos cansador el transporte. Pero como entre el canasto y el cuero cabelludo, se ponen una almohadilla para evitar el roce entre ambos. Es una torzada circular de gruesos bordes (almohadilla de una sola pieza, en forma de anillo), que hacen simplemente con un pedazo de género. A esta torzada, que con otros nombres se usa en otras muchas partes del mundo, entre nosotros, se llama “pachiquil”, de acuerdo al idioma quichua.
PACÚ. Pez grande de agua dulce, escamoso, chato, de color pardo.
PADREJÓN. bandido, obstinado e incorregible.
PADRINAZGO. Para la gente de campo, el nacimiento de un hijo traía aparejado un serio compromiso: elegir a la persona que sería el “padrino” del recién nacido. De acuerdo con las costumbres de tiempos ya idos, no cualquiera servía para desempeñarse como tal. Los padrinos, por el solo hecho de serlo, entraban a formar parte de la familia. Eran, en realidad, los segundos padres de la criatura y el ahijado le debía el mismo respeto y obediencia que a éstos y si llegaba a suceder que los padres biológicos murieran, el lugar era ocupado por los padrinos, que heredaban por entero la autoridad y las responsabilidades paternas. Teniendo en cuenta la importancia que tenía para el futuro del nuevo vástago, debía ponerse especial cuidado en la elección del padrino, al que se llamaba “compadre” y de la madrina, a la que se la llamaba “comadre”.
PAGO. Lugar; distrito campesino, localidad. Lugar donde se ha nacido. Término originalmente utilizado para nombrar a un sitio rural con límites imprecisos dentro de un distrito administrativo español más amplio. Podía o no tener pobladores y comunmente disponía de agua en sus cercanías o junto a sus tierras, por lo que los pagos, posibilitaron los asentamientos. Los Pagos más importantes que se conocían en la provincia de Buenos Aires, allá por el siglo XVII, eran los Pagos de Arroyo, Arrecifes, Cañada de la Cruz, Luján, Las Conchas, Matanzas, Magdalena y Monte Grande. En 1717, el Cabildo de Buenos Aires designó Jueces de Paz para los rurales. Más adelante, “pago” fue sinónimo de partido, unidad local geográfica y política en que puede dividirse una provincia.
PAILA. Término quichua que se aplica a todos los recipientes del menaje de la cocina: ollas, cacerolas y sartenes. Pero en el campo argentino, especialmente en el centro y el norte del país, una “paila” es una olla de hierro o cobre de gran tamaño, provista de patas, que sirve para ser colocada directamente sobre el fuego. Cuando se carece de éstas, se usa una “trebe” o “trébede”, que es aquel recipiente que se cuelga de un gancho suspendido con alambre o cadena de uno de los tirantes del techo del rancho criollo.
PAISANO Y GAUCHO. Muchos opinan que el modismo “gaucho” puede reemplazarse con el sustantivo “paisano” y nada está más alejado de la realidad. La palabra “gaucho” sea cual fuere su etimología, es un genérico tradicional que determina, de modo único, a un individuo del pasado argentino. Al hombre del caballo, el lazo y las boleadoras; del cuchillo, el mate y “las lloronas”. Al obrero insustituible de las tareas de campo; de los rodeos, del aparte, las yerras, las domas y todo cuanto con ellas tenía relación en el campo abierto de antaño, las famosas “pampas argentinas”. “Paisano”, en cambio, es término común en todos los países de habla castellana. El Diccionario de la Real Academia Española, dice: “Paisano: que es del mismo país, provincia o lugar que otro”, dando como segunda acepción la de “Campesino” y como tercera, “Que no es militar”. Hecha esta salvedad, debemos reconocer que en el interior de la República Argentina, muchas veces se llama “paisanos” a los que habitan en la campaña, fuera de las ciudades.
PAJA BRAVA. Cortadera. Hierba de los bañados, de hoja larga, muy cortante; echa un plumero blanco. Se emplea para techar ranchos.
PAJONAL. Sitio o paraje bajo, húmedo, próximo a los arroyos o cañadas, lleno de juncos, pajas y otras hierbas semejantes. En nuestro antiguo campo, casi despoblado, ciertas plantas alcanzaban un gran desarrollo, sobre todo en lugares húmedos, cañadones y esteros, es decir, donde se acumulaba agua de lluvia o del desborde fluvial. La “paja cortadera” y todas aquellas que se aprovechaban para la construcción de viviendas y su techado, como ser el junco, la totora, la biznaga, el espartillo, la espadaña, la paja brava etc., alcanzaban una gran altura y cubrían grandes extensiones. Ese conjunto de plantas, llamadas “pajas” por ser todas largas, delgadas y muy livianas, eran las que formaban “los pajonales”. En ellos, tenían sus madrigueras la mayor parte de nuestra fauna silvestre de la zona y en medio de ellos, quizás también buscaban refugio seguro, quienes iban huyendo de la justicia o de los indígenas.
PALANGANA. En los ranchos del gaucho, no había agua corriente ni baños como los conocemos hoy.  Para las abluciones matinales se usaba una “palangana”, jofaina o recipiente donde se ponía agua para lavarse. En la pobreza campesina de antaño, estas palanganas no tenían mueble que la contuviera ni ubicación definida; por eso se la dejaba en el suelo, en algún rincón de la pieza o junto al pozo. En uno u otro lado que estuvieran, era común que las personas frecuentemente tropezasen con ellas provocando un rezongo o una injusta exclamación “palangana del diablo” y un masaje en el empeine golpeado. Y la palangana quedaba allí. Nadie la cambiaba de lugar para que otros no sufrieran el mismo percance. Les era útil, pero nadie le prestaba la más mínima atención ni cuidado. Esa “mala onda” de las palanganas y su permanente desubicación, hizo que el nombre de este artefacto adquiriese una significación popular: se llamó “palangana” a las personas que aburrían, que cansaba, ya sea por zoncera natural, ya por ser demasiado conversadora o charlatana, ya por exceso de curiosidad, zalamería u otras características de las que resulta difícil deshacerse a ciertas personas.
PALENQUE. En todas las casas de campo, solía haber un poste, enterrado a cierta altura, que se destinaba exclusivamente para atar los caballos de quienes llegaban al lugar. En las “pulperías” o comercios donde se reunía mucha gente, como no bastaba este palenque para atar los caballos de quienes se reunían allí, al frente del local, con el mismo propósito, se acostumbraba a clavar dos o más  palos, separados unos dos metros entre sí y unidos por otro palo horizontal, asegurado con “guascas” También era llamado “palenque” a un poste muy grueso y fuerte que se clavaba en el centro de un corral, para atar allí a los animales, caballos o vacunos muy “chúcaros”, costumbre que se llamaba “palenquear”.
PALENQUEAR. Palenquear un potro es atarlo al “palenque” antes y durante el período de la doma, para que se vaya acostumbrando a estar sujeto y tranquilo. En estas ocasiones se lo ata con un bozal y un cabestro muy gruesos y reforzados, llamados “potreadores”, pues de otro modo no aguantarían los tirones que dan “los baguales” al comenzar su atadura.
PALETILLA. Huesito de la punta de la paleta, muy fácil de sacar.
PAMPA. Llanura muy extensa, sin vegetación. Así se llama también al aborigen que habitaba la Pampa austral y al caballo o vacuno que tiene la cabeza blanca y el cuerpo de otro color (los Hereford vacunos).
PAMPERO. Viento que sopla desde el oeste y el sud, sudeste. A veces lo hace furiosamente durante dos o tres días acompañado de fuertes aguaceros; pero cuando cesa, deja el cielo límpido. Se lo llama así porque atraviesa el desierto o la Pampa.
PANGO. Hierba que usaban como tabaco los esclavos. También se usa como Enredo, confusión, barullo.
PARADA. Apuesta en las carreras, generalmente por dinero.
PARDO. Mulato. Hijo de blanco y negro.
PAREJERO. Caballo de carrera, muy veloz, especialmente preparado para correr carreras cuadreras, por lo que reciben una alimentación y un trato preferencial.
PARLAMENTO. Reunión de caciques o con caciques.
PARTIDAS. Salidas que hacen los caballos en la cancha, al iniciarse una carrera cuadrera. Puestos en la cancha, los “parejeros” dispuestos a correr una carrera, necesitan entrar en calor, entonarse y prepararse para rendir al máximo de sus fuerzas. Con ese fin, se les hace realizar una serie de paseos previos al lance definitivo y para ello, los dos caballos apareados recorren una cierta distancia (cuarenta, cincuenta o más metros), al paso o al tranco las primeras veces, al galope luego y a “media rienda” o “media furia” finalmente. Estos ejercicios se llamaban “las partidas” y su número puede ser ilimitado, según fueren las condiciones del desafío. En un momento oportuno, cuando los dos animales corren en una misma línea, sin ventaja para ninguno de ellos, uno de los corredores convida “Vamos?” y si el otro está de acuerdo, responde a su vez ¡Vamos!. Y ambos caballos, espoleados por sus jinetes, pican violentamente en procura de la “raya” donde ha de definirse quién es el ganador.
PASADA. Acción de probar algo sin comprometerse, “de pasada nomás’’.
PASMO. Todo edema o hinchazón que se produjese en el cuerpo de una persona, era diagnosticado como “pasmo”, sin importar cuál fuera su origen. Y como es lógico, también tenían siempre a mano, la cura eficaz de este mal: había que “atajar el pasmo” porque si se lo dejaba avanzar, éste terminaría por causar la muerte del atacado.
PASUCO. Caballo de “sobrepaso” o andadores, o sea aquellos que tienen un aire de marcha intermedio entre el trote y el paso, resultando en algunos tan suave y cómodo que el jinete puede llevar un vaso de agua sin derramarlo.
PATALEAR. Acción de mover las patas, enojado por alguna cosa que se le hace.
PATEADOR. Animal que tiene la costumbre de patear.
PATO. Juego declarado “Deporte Nacional de la República Argentina”. Cinco jugadores montados a caballo por bando se disputan la posesión del “pato” para tratar de introducirlo en una red que es el arco contrario. Antiguamente el “pato”, era, precisamente eso, un pato vivo que era metido en una bolsa de arpillera. Como la bolsa estaba anudada con dos o más cuerdas, los jugadores, dándose el anca de los caballos, aferraban los extremos de ellas y a una señal, arrancaban violentamente. El más esforzado y hábil jinete, se llevaba la prenda, que debía conducir en “el arco” contrario, pero mientras corre es perseguido y asaltado por los otros competidores. Con los encontrones y pechazos que se dan las cabalgaduras, suelen producirse rodadas, caídas y hasta alguna rotura de brazos y piernas. Debido a ello, en alguna oportunidad, este juego fue prohibido por la autoridad, pero hoy se lo vuelve a jugar, aunque “el pato” es una pelota de cuero con manijas.
PATRIADA. Una corajeada; una tarea difícil. Antiguamente los criollos, designaban así a los movimientos armados que perseguían la liberación de la patria, movimientos que los partidos políticos usaron como excusa para escribir la crónica roja de nuestras contiendas civiles.
PAYADOR. Trovero popular, que canta sus versos improvisados acompañándose con la guitarra. En sus andanzas y correrías, suele encontrarse con otro payador y entonces entran en competencia lírica, organizando, para regocijo del auditorio congregado en una “pulpería”, lo que se llama una “payada”: una competencia, donde uno de los cantores formula una pregunta, en verso naturalmente y el otro debe contestarle, en verso también, de inmediato, so pena de ser declarado vencido.
PAYAR. Cantar improvisando versos.
PACÚ. Pez grande de agua dulce, escamoso, chato, de color pardo.
PAYÉ. Práctica supersticiosa que se realiza con el fin de obtener un beneficio o producir un mal a una persona que se quiere perjudicar. Objeto o conjunto de objetos que se utiliza como talismán o amuleto en prácticas supersticiosas. Nombre con el que se conocen a los amuletos o talismanes que según las creencias populares, conceden a quienes lo llevan, éxitos en el amor, en el juego, en los negocios o en cualquier otra actividad del hombre. Es una creencia de origen guaraní que se afincó en la imaginería popular argentina. El payé se lleva colgado del cuello y consiste generalmente en una bolsita que contiene una heterogénea cantidad de elementos que incluye trozos de la madera de una cruz de cementerio, plumas de diversos pájaros (las de caburé son principalísimas), piedras, plomo de una bala (especialmente si con ella se ha matado a un hombre), imágenes de santos, semillas, hierbas, etc. Dicen que para que el “payé” no se enoje, hay que alimentarlo y para ello, de vez en cuando, hay que ir agregando en la bolsita, algo más de los elementos que contiene u otros, que se cree que le darán más poder al talismán.
PELAR. Sacarle el dinero mediante argucias a los jugadores novatos.
PELIAGUDO. Difícil.
PELO. Se emplea para referirse al color del pelaje de un animal.
PELÓN. Nombre que se le daba a nuestros actuales “orejones” (duraznos pelados, descarozados y secos). El nombre de «pelón», se funda en que para sacar el carozo, se debe pelar la parte superior de la pulpa, por lo que el fruto queda así pelado o “pelón”.
PELUCONA. La “onza de oro”, o “doblón de a ocho” (moneda española antigua, llamada así porque se descomponía en ocho escudos). Circuló en la época de la colonia (siglos XV al XVI) y fue conocida con el nombre de “pelucona”, denominación en cierta forma satírica, que tuvo su origen en la enorme peluca que usaba el rey de España, cuya efigie, se acuñaban en una de las caras de dicha moneda.
PELUDO. El peludo, armadillo, tatú peludo o quirquincho grande es una especie de mamífero cingulado endémico de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. Mide poco menos de medio metro y está cubierto de pelos entre las escamas de su caparazón. El término también se refiere a una borrachera y a un asunto costoso y muy difícil solución.
PELLÓN Y SOBREPELLÓN. El “cojinillo”, ese cuero de oveja con toda su lana, que se coloca encima del “lomillo” o los bastos del recado criollo, cuyo objeto es brindar una siento más blando y cómodo al jinete, recibe el nombre de “pellón”. Del mismo modo, el “sobrepuesto”, pieza de diversa factura que se pone a continuación de aquél, se llama “sobrepellón”.
PERDER TERRENO. Perder colocación en una carrera o en alguna otra actividad. Quedar atrás en la estima de alguien.
PERICÓN. Danza que bailan en conjunto numerosas parejas, compuesta de variadas y vistosas figuras: las “visitas”, el “molinete”, la “cadena”, la “coronación”, el “paseo”, las “relaciones”, etc. En esta última, una pareja es echada al centro del ruedo y el hombre debe improvisar unos versos que muy luego contesta con otros la mujer. La persona que dirige el baile dando voces de mando para la formación de las figuras, se llama «bastonero».
PESAJE. Acción de pesar en la balanza a los caballos y a los jinetes, en las carreras cuadreras.
PETIZO. Caballo o persona de muy poca alzada o altura.
PIAFAR. Resoplar fuertemente el caballo.
PIAL. Cuerda o lazo para pialar animales.
PIALAR. Derribar un animal, trabándole las patas con el lazo.
PICADA. Senda abierta entre el monte, o paso fácil de un río o arroyo.
PICAFLOR. Muchas de nuestras aves, igual que otros animales, reciben, según la región que habitan, nombres distintos. Así el “picaflor” (o “tuminejo”), pequeñísimo y muy bello pajarito, se llama “tente en el aire”, “tumuñuco, “tumiño”, “colibrí”, “pájaro mosca”, Para los quichuas era “quenti” o “kenti”, los guaraníes lo llamaban “mainumbá”. Nuestro picaflor es nativo de América y no se lo encuentra en ninguna otra parte del mundo. Existen muchísimas variedades (los expertos dicen que son trescientas), que se diferencian sólo por su tamaño y su colorido. Suspenden sus pequeños nidos en las ramas altas de los árboles y en algunos casos en rocas, también elevadas y durante el invierno no es posible verlos porque se aletargan, para aparecer cuando vuelven los calores. Son las únicas aves que pueden volar para atrás y utilizan esta habilidad para succionar con sus largos picos, dentro mismo de las corolas de las flores para extraer su néctar o los pequeños insectos que allí pueden encontrar. Hay picaflores totalmente verdes o negros, pero por efecto de la luz y de la velocidad de sus movimientos, despiden reflejos tornasolados y aparentan colores, que en verdad no tienen. Muy presentes en las creencias populares, se dice que cuando un “picaflor” entra a una casa, lo que es frecuente, y revolotea alrededor de una persona, está anunciando la pronta llegada de visitas. Más utilitaria resulta la creencia de que un “picaflor” caído a la puerta de un comercio, podía atraer a muchos clientes.
PICANA. Vara larga de pocos metros con un clavo en la punta, que se emplea para azuzar a los bueyes.
PICAZO. El yeguarizo que tiene el cuerpo oscuro y la frente y los pies blancos.
PICHICOS. Huesos de las patas del vacuno con que se hacen juguetes para los niños.
PICHIGOTONES. Indiecitos de pecho.
PIFIAR. Errar.
PIJOTEAR. Mezquinar.
PILCHA. Prenda de uso.
PINGAZO. Aumentativo de “pingo”.
PINGO. Palabra para ponderar la valía de un caballo. Caballo vivo, de buena estampa, veloz y fuerte.
PINTÓN. Estado de un fruto, cuando comienza a madurar.
PIRCAS. Se llaman pircas a unas paredes, muros y vallas, construídos rústicamente con piedras sin labrar y calzadas, si usar argamasa. De una altura de entre 0,90 y 1,30 centímetros, se utilizaban para marcar los deslindes entre las distintas propiedades que se establecieron en la campaña, principalmente de la región andina.
PIRINCHO. Ave de unos 20 cm., con otros tantos de cola, de color castaño, cuello y pecho amarillos y un penacho de plumas color café en la cabeza. Se domestica fácilmente. Su canto es estridente y muy alto, por lo que se lo oye a grandes distancias.
PIRÓN. Pasta que suple al pan, hecha con fariña y caldo.
PISINGALLO. Especie de maíz de grano pequeño, duro y puntiagudo. Es el más apropiado para hacer “pororó”, o como también se lo llama en la ciudad “rosetas”.
PITANGA. Árbol mirtáceo de hojas aovadas y fruto comestible semejante a la guinda, de un color morado oscuro.
PITAR. Fumar.
POLLA. Cantidad de dinero reunido para una apuesta. Nuestro hombre de campo llamaba “carrera” solamente a la justa o competencia entre dos caballos. Hubo cierta época, en la que las autoridades quisieron combatir la práctica de este deporte que ya alcanzaba características de “vicio nacional”, en razón de las sangrientas peleas a que solían dar lugar la parcialidad de los “rayeros” (jueces de llegada), o las malas artes de algunos de los competidores. Como medida previa a la prohibición total que se pensaba aplicar, se dispuso que sólo podrían realizarse esas competencias, cuando interviniesen en ellas, tres o más caballos y que los propietarios debían pagar un derecho de participación, cuyo producto total (conocido como “la polla”), se acordaría como premio para el ganador. A esta clase de carreras se las llamó “pollas”, nombre que quizás hacía referencia a la competencia librada entre dos o más galanes aspirantes a los favores de una joven (“polla” se llamaba a una joven bonita, hacendosa y soltera), cuyo ganador se llevaba “la polla”. Como aquella disposición significaba quitarle toda su esencia a las “cuadreras”, el gaucho discurrió una trampa para eludirla y con suma habilidad burlaban lo dispuesto en las mismas barbas de la autoridad, en los contados casos en que ésta no se allanaba a “hacer la vista gorda”: Seguían corriendo solamente dos caballos, pero otros dos, montados por peones, corrían atrás, a una prudencial distancia para no molestar a los verdaderos competidores.
POMBERO. En el noreste argentino, el “pombero”, también llamado “el señor de los pájaros”, por ser amigo y protector de las aves, es según una creencia popular, un duende o personaje fabuloso, al que se le asigna el aspecto de un hombre de corta estatura, tocado con un sombrero de anchas alas que el valor de un símbolo, pues se dice que el “pombero” lo usa obligado para protegerse del sol, ya que sus apariciones se producen a la hora de la “siesta”, cuando en esos territorios, el calor del sol es abrasador y todo el mundo duerme en sus casas.
PONCHO. Prenda típica de Sudamérica, cuyo origen aún está en discusión, aunque existe un amplio consenso en que es una prenda de origen andino, que formaba parte de la vestimenta habitual de los pueblos originarios de esa región, y que pronto fue adoptado por los criollos. Se trata de un abrigo de diseño sencillo, consistente en un trozo rectangular de tela pesada y gruesa, en cuyo centro se ha practicado un tajo para pasar la cabeza. La tela se deja caer sobre el cuerpo, disponiendo los extremos de manera que permitan mover con facilidad los brazos, cubriendo el pecho y la espalda.
PONER BANDERA. Dícese cuando en unas carreras criollas o «penca», la autoridad (generalmente el comisario de policía), ordena que un hombre enarbole una bandera (un pañuelo atado al mango de un rebenque), bajada la cual se considera «largada» la carrera. Este recurso extremo se ejecuta cuando los corredores, por maña o picardía, demoran la «partida’ de los caballos, perdiendo tiempo con sus «envites» y corriditas en falso.
PORONGO.  Calabaza. El mate de forma ovalada.
PORORÓ. Maíz tostado en una sartén con un poco de grasa, con lo cual revienta formando «rosetas», al que se le echa luego un poco de miel. Para ello, se prefiere una clase de maíz pequeño llamado «pisingallo». En sentido figurado: «habla como un pororó», para designar al que habla mucho, seguido y atropelladamente.
POR CARAMBOLA. De casualidad.
PORCELANO. Pelaje equino producto de una piel o manta (el cuero, propiamente dicho), de color oscuro, cubierta de pelos blancos, lo que determina en el conjunto exterior, un suave reflejo azulado, semejante al de las finas porcelanas. Esta semejanza es lo que le dio pie al gaucho argentino, para llamar “porcelano” a estos animales.
PORRÓN. Frasco de barro donde se envasaba la ginebra.
PORRUDO, De pelo abundante. Animales que andan con las crines y cola excesivamente crecidos y llenas de abrojos o empinas, formándoseles por esa causa verdaderos matetes, difíciles hasta de cortar con tijeras de tuzar, debiendo usarse para tal fin un cuchillo filoso. Por extensión también se llama así al hombre con mucho cabello.
PORTERA o tranquera. Abertura hecha en un cerco o alambrado para dar tránsito a personas y vehículos, que luego se cierra con palos unidos con alambres.
POTRERO. Trozo de campo cercado donde se guardan caballos o vacunos.
POTRIADOR. Animal manso, pero que una vez suelto, o sea liberado de su trabajo, sale al campo relinchando y queriendo juntarse con otros caballos o bien la manada si la hubiera.
PRENDA O PRIENDA. Mujer amada.
PUCHA. Usada para demostrar fastidio («la pucha») o como eufemismo para evitar decir puta.
PUCHERO. Guiso que fue el plato preferido de la vieja cocina criolla, cuando la abundancia y poco costo de sus ingredientes, lo hacía accesible al bolsillo del criollo. Lleva carnes (de vaca, de cerdo y de gallina), panceta, verduras (papas, zapallo, boñato, repollo, cebollas, zanahorias), legumbres (porotos, garbanzos, habas), diversos condimentos y especias. A veces se le agrega arroz o fideos. También, en algunas regiones se llama “puchero” a una gran olla donde se hace esa comida.
PUESTA. Empatada, igualada.
PUESTERO. Persona que estaba a cargo del «Puesto». Los establecimientos de campo, por la extensión y el gran número de animales que tenían, no podían ser eficazmente vigilados desde el casco de la estancia, así llamado el conjunto de edificios donde vivían los propietarios, los mayordomos, capataces y “mensuales”. Por esta razón, en distintos lugares del campo, se levantan pequeñas viviendas que reciben el nombre de “puestos”. En cada uno de ellos, vive un peón con su familia, que tiene a su cargo la vigilancia sobre un sector determinado del campo, debiendo recorrerlo periódicamente, controlando el estado de los alambrados, de las aguadas, de los molinos, tanques y bebederos y muy especialmente al ganado consignado en su sector. Estos peones, que deben gozar de la más absoluta confianza del “patrón” por su honradez y laboriosidad, se llaman “puesteros” y están una escala por encima de los “peones.»
PUESTO. Construcción para que habite el «puestero». Muchas veces, la presencia de grandes arboledas o elevaciones del terreno hacían difícil la vigilancia de lugares lejanos a la casa principal de un establecimiento de campo, donde vivían los dueños de la Estancia y alrededor de ésta, el capataz y los peones o “mensuales”. Ello obligaba a instalar en distintos lugares del campo, pequeñas casas o “ranchos” que recibían el nombre de “puestos” y en cada uno de ellos, vivía un peón, solo o con su familia, teniendo a su cargo la vigilancia de una parte de ese campo (hasta donde alcanzara su vista), debiendo recorrerlo periódicamente, vigilando el estado de los alambrados, de las aguadas, molinos, tanques y principalmente de la hacienda que había quedado bajo su responsabilidad. Estos peones, que merecían plena confianza de los “patrones”, se llama “puestero” y como su responsabilidad y su trabajo era mayor que el de los “mensuales”, era, como es lógico mucho mejor remunerado. A veces también se llamaba “puestero” al que, sin estar de fijo en ninguna estancia, cuidaba a cierto número de animales, ya fueran suyos o ajenos.
PUJLLAY. Es el espíritu del Carnaval diaguita-calchaquí que preside a una de las fiestas tradicionales más importantes del norte argentino. Es cuando el hombre se libera y se desinhibe durante siete días y festeja el advenimiento del Carnaval con la caja chayera, las coloridas ropas collas, la aloja y el vino, llenando el aire con su excitante olor a albahaca. Personaje al que algunos le atribuyen un papel divino, siendo así una divinidad menor en la escala mitológica de la región; otros le conceden sólo el papel de un personaje de la Chaya, desacralizándolo.
PULPERÍA. Tienda de ramos generales, donde se despachan bebidas. La pulpería o “casa de negocios” del antiguo campo argentino, vendía todos aquellos artículos que los pobladores podían necesitar: géneros, remedios, comestibles y los “vicios”, como el tabaco, papel para armar cigarrillos, yerba, caña, vino, prendas de vestir, etc. Allí se reunían a beber y conversar los hombres que vivían en los alrededores, mientras el “pulpero” los atendía tras una reja que lo protegía de los peligros de un borracho pendenciero o de un asalto. Ubicadas en medio del campo, a la vera de un camino, congregaba los días festivos a los gauchos de los alrededores, que distraían allí su ocio. Tenían siempre un par de guitarras a mano para que se lucieran los cantores o para que se trenzaran en épicas “payadas” quienes, con sus picantes versos, hacían las delicias de un público siempre ávido de diversiones (ver “Los payadores” en Crónicas). También se jugaba a los naipes (la malilla y el truquiflor eran los juegos preferidos) y a “la taba”, se concertaban y se corrían “carreras cuadreras” y se recibía la correspondencia que llegaba “al pago».
PUMA. El nombre “puma”, de uso general en la República Argentina, para denominar al llamado “león americano” (felis concolor), es una palabra de origen quichua inspirado en los sanguinarios instintos que caracterizan a este felino. Salvo en circunstancias especialísimas, el “puma” (“lión o “león” para el hombre de la llanura), solo ataca a traición, nunca de frente, pero es un hábil predador, sobre todo nocturno, cuando sus presas (ovejas, cabras y crías de ganado vacuno y caballar), medran indefensas. Los guaraníes influenciados por el color de su pelaje lo llamaron “yaguá pitá”, es decir “perro colorado” y los araucanos le decían “pangi”.
PUNTAS. Los primeros gajos de un río o arroyo.
PUNTERO. Que va adelante, en la punta. Se aplica al animal que marcha a la cabeza del conjunto que tira de un vehículo.
PUNZÓ. Se llama así al color encarnado vivo.
PUPO. Es el nombre familiar y corriente del ombligo en toda la República Argentina. Es una simple adaptación del vocablo quichua “pupu”, que se usaba entre los incas, para designar a esa parte del cuerpo humano. En el noroeste argentino, a los niños que tiene el ombligo muy prominente y desarrollado, les llaman “pupilos” que significa ombligudos.
PUYÓN. Espolón de acero para los gallos de riña.

QUEBRACHO. Árbol de 10 o 15 metros de altura, de madera oscura, muy pesada y durísima, que suele “quebrar el hacha” de los leñadores. Existe el “blanco” y el “colorado” y se emplea en construcciones fuertes, como durmientes en las vías del ferrocarril, tablazones de buques, etc.
QUERENCIA. El lugar o paraje donde se habita.
QUESILLO. Queso blando y lechoso, hecho con leche de cabra. Se le da forma de delgadas láminas que se sirven sobre una hoja de vid, y bañados en su misma leche.
QUILLA. En el vocabulario regional, tanto en el cancionero, como en viejas crónicas del noroeste argentino, es frecuente encontrar la palabra “quilla”, que no es otra cosa que “luna” en idioma quichua. Y como el sol, fuente de calor que le da vida al mundo, según la interpretación de ese pueblo, que lo invocaba con el respetuoso tratamiento de “Tata Inti” (Padre Sol), a la luna, señora de la noche, que disipa los peligros de la oscuridad, se la llamó “Mama Quilla” o sea Madre Luna, pues la creían esposa de aquél y por  consi-guiente, debían asignársele las mismas condiciones divinas.
QUILLANGO. Manta de piel de guanaco. A los guanacos, mientras son mamones, es decir, durante los primeros meses de vida, se los llama “quillangos” o “chulengos”. Y así también se llama “quillango” a una manta que hacían los aborígenes, especialmente los habitantes de la Patagonia (comarca donde abundan esos camélidos), uniendo mediante una costura muy especial, varios cueros de guanaco para confeccionar esa prenda que les servirá de abrigo, de manta para echarse a dormir o para cubrirse de la lluvia y el sol. Hoy, debido a exigencias del mercado que han descubierto el alto valor comercial de estos productos, se utiliza la piel de zorro y hasta de zorrino, para combinar con las de guanaco, logrando una prenda muy vistosa.
QUILLAPICAS. Mantas de cuero.
QUILLAY. En la lengua de los indios pampas, se daba el nombre de “quillay” a la corteza de un árbol, cuyos efectos eran similares a los del jabón de lavar que usaban sus mujeres para lavar y aunque parezca mentira, ellos para lavarse de vez en cuando, aunque no sabían que podían hacerlo, porque el producto que obtenían cuando hervían esas cortezas era “saponina” (un glucósido de esteroide, con propiedades semejantes a las del jabón). Parece ser que el vocablo en realidad, pertenece al idioma araucano y que el “quillay” es un árbol oriundo de Chile, datos que confirman la “araucanización” que sufrieron los indios pampas, auténticos pobladores nativos de nuestra Pampa, que fueron colonizados por los aborígenes chilenos, que atravesaron la Cordillera de los Andes, en busca de mejores pastos para su ganado y de mejores condiciones de vida para sus tribus.
QUINCHA O QUINCHO. Tejido de junco con que se asegura las pajas, cañas, etc. de la construcción de ranchos o ramadas.
QUIRQUINCHO. Una variedad de armadillo; “tatú” grande.

 

RABICANO. El caballo que tiene pelos blancos en la raíz de la cola.
RAJACINCHA. A rajacincha es a toda velocidad, con todo apuro.
RAMADA. Sencilla construcción que se levanta cerca de la casa o rancho para resguardo del sol. Consta de cuatro palos clavados en tierra para sostener la techumbre hecha de paja o ramas de árboles. Cobertizo.
RANCHO. Vivienda campesina con paredes de barro, techo de paja o totora sostenido por horcones y cuyo piso es de tierra. La puerta es de madera y a veces la reemplaza un cuero seco de vacuno.
RANCHO COLA DE PATO. El rancho cola de pato que fue vivienda del gaucho argentino, tenía como característica, que adosado a uno de sus costados, se erigía un ala, también habitable, que le daba mayor espacio y comodidad.
RANCHO DE ESTANTEO. Antiguas construcciones que servían de vivienda para el gaucho y su familia. Se diferenciaban de otros cuyas paredes eran de adobes,  en que éstas se hacían con cañas divididas longitudinalmente por la mitad, que sumergidas en barro, adquirían más cuerpo y  garantizaban una gran impermeabilidad. Una vez seco el barro, se las sujetaba con tientos a los “estantes”, una a continuación de otra, procurando que quedaran lo más juntas y ajustadas posible. Terminadas así estas paredes, se las cubría exteriormente con una capa de barro mezclado con paja fina y estiércol, aumentando así sus facultades para resistir el viento, la lluvia y el frío.
RANCHO DE TERRÓN. Tipo de construcción cuyas paredes están hechas con “terrones” (panes) de pasto o césped apilados unos sobre otros.
RANCHO.  Vivienda con paredes de barro y techo de paja.
RASTRILLADA.  Camino abierto en la espesura de un monte, debido al contínuo  paso de los animales.
RATONA O RATONERA. Pajarito de color acanelado, que busca insectos recorriendo zarzas, escombros o las irregularidades del terreno, semejante a un ratón. Casi todas las regiones de la República Argentina disfrutan con la presencia de este simpático pajarito, muy pequeño y confiado, de color pardo cuyo nombre común es “ratona”, pero que también es conocida como “ratonerita”, pititurria”, “tacuarita” y “curcucha”. El nombre “ratona” es el que mejor le cabe, debido a su aspecto, tamaño y vivacidad de movimientos, que son semejantes a los de las lauchas o ratoncitos, esos roedores tan comunes en nuestros campos. Pero “ratonera” también le viene bien, debido a su costumbre de andar siempre corriendo de aquí para allá, metiéndose en cuanto agujero o recoveco halla a su paso, dando la impresión de que anda buscando ratones para comer. “Pititurria” hace referencia a la pequeñez de su cuerpito, modismo que también se aplica a las personas de físico esmirriado. “Tacuarita” (diminutivo de “tacuara”, especie de caña sumamente resistente y flexible con las que se hacen las lanzas),  es otro de los nombres que el ingenio popular le aplicó, ya que se “aquerencia” frecuentemente en aquellos lugares donde se estiba y guardan cañas tacuaras para ser empleadas cuando fuere necesario. Finalmente digamos que “curcucha” es un derivado de la voz quichua “hucucha”, nombre que en el noroeste argentino se le da a las lauchas o ratoncitos.
RAYAR. Una frenada violenta, brutal en muchos casos, hace que el caballo se detenga de golpe, inmovilizando sus patas delanteras y sentándose casi sobre sus jarretes o garrones traseros, hace que, por la fuerza del impulso, trace unos profundos surcos sobre la tierra. En la sentada súbita, sus vasos “rayan” la tierra, como si araran con una gruesa reja sin filo y sin puntas. Eso era “hacer rayar” al caballo, verdadera suerte ecuestre que no todos los jinetes se animaban a hacer, por los riesgos que corría su montado, posesión preciosa para el gaucho.
RAYA. Meta; lugar de llegada en una carrera.
RAYAR. Sujetar el caballo violentamente sobre la raya o en cualquier otra parte.
RACIÓN. Comida que se le da al caballo en el pesebre.
RAYUNO. El animal que tiene cortada la punta de una de las orejas.
REBENQUE. Látigo formado por un cabo de madera forrado de piel y la «azotera»  (o lonja) de cuero de vacuno.
RECADITO CANTOR.  Recado chico y pobre.
RECADO. El conjunto de piezas que constituyen la montura con que se ensilla el caballo.
RECALCARSE. Acción de mancarse. Doblarse un tobillo y quedar imposibilitado de andar.
RECOSTARSE. Echarse un caballo sobre el otro cuando van corriendo o simplemente trabajando.
RECUENTO. Contar la hacienda de un potrero o de un campo.
REDOMÓN. Caballo recién amansado o a medio amansar, muy arisco aún.
REDOMONEAR. Es sabido por hombre de campo en la Argentina que desde las primeras ensilladas que sufre, un potro pierde su condición de tal, para convertirse en “redomón”, o sea, una animal a medio amansar. Ya empieza a conocer lo que que le espera y va sometiéndose al rigor de las “palenqueadas”, al manoseo que le quitará las cosquillas del miedo, el antes jamás sentido peso del jinete sobre su lomo y el imperativo y poco agradable rigor del bocado y las riendas. En un principio, eso fue “redomonear”, pero en el habla del campo, este vocablo ha extendido su alcance y se emplea también para para expresar que en la ejecución de un trabajo, una empresa, o un aprendizaje cualquiera, se han vencido las primeras dificultades, que sueles ser las mayores y más difícil de superar, como ocurre, cuando se doma a un caballo chúcaro. Es decir que, en lenguaje campero “redomonear”, significa  cumplir la etapa primera de una actividad cualesquiera.
REFOCILO o rejucilo. Los relámpagos.
RENEGARSE.  Enojarse.
REJUNTAR.  Juntar animales dispersos.
REJUCILO O REFUCILO. Relámpago
RELACIÓN. Versos que dicen las parejas que danzan en el «pericón»; primero dice los suyos el hombre, dedicados a su compañera, y luego le contesta ésta.
RELOJEAR. Observar algo atentamente o tomar el tiempo con reloj a un animal lanzado a la carrera.
RENGO. Caballo que han sufrido un percance en las patas posteriores.
RESABIADO. Animal que ha sido mal amansado, quedando flojo o inservible, ya sea por mañero, colérico, tropezador o de poco aguante.
RESCOLDO. Son las brasas menudas que se mantienen encendidas, envueltas en cenizas.
RESOPLIDO. Respirar ruidosamente por cansancio luego de comer apurado.
RESTREGARSE. Refregarse un animal contra otro o bien contra su dueño.
RETAJO. Potro de yeguarizo al que se le ha cortado longitudinalmente el miembro, para que sirva para excitar sexualmente a las manadas, con el objeto de facilitar el trabajo de los padrillos, sin que ellos traten de montar las yeguas alzadas. Actualmente se los utiliza en ciertos establecimientos dedicados a la cría de mulas, pues las yeguas muchas veces mañerean para dejarse montar por un burro, pero al quedar “calientes” por la acción de los “retajo”, se dejan servir si problemas por ellos.
RETAMAR. Matorral en el que predomina la retama un arbusto alto y frondoso con pequeñas hojas, de frutos globosos y amarillos.
RETOBAO.  Malhumorado, resentido, rebelde.
RETOZÓN. Animal que le gusta salir corriendo, retozando, jugando al campo.
REVENTAR: Exigir un esfuerzo extraordinario a un caballo hasta provocarle la muerte.
REYUNO. Caballo propiedad del Estado. Es una palabra que proviene de “res-nullius”, o sea “cosa de nadie”, que era como en tiempos de la colonia se llamaba así a los caba­llos que eran propiedad del rey, pues llevaban una señal en la oreja que consistía en tenerla cortada por la mitad.
RIENDAS. Tientos, sogas o correas de cuero que van desde el freno hasta las manos del jinete y que sirven para manejar y dirigir al caballo. Cuando un caballo está bien amansado, se dice de él, que “tiene buenas riendas”.
RIÑONADA. Es la grasa que se saca del riñón del ganado.
ROBADA. Logrado con facilidad, sin mucho esfuerzo.
RODADA. La caída del caballo cuando va corriendo.
RODADOR. Yeguarizo que marchando al galope, a cada rato amenazan con caerse o que al menor descuido, por tener las manos flojas, puede caerse (rodar por el suelo).
RODEO. El rodeo es uno de los trabajos que se realiza en las estancias y que consiste en juntar la hacienda que estaba desparramada  por el campo, en busca de mejores pastos, para conducirla a un lugar preestablecido. Para ello, los jinetes, a veces con la ayuda de los perros, la rodean y luego la arrean hacia su destino.
RONCADOR. Caballo que respira ruidosamente
RUMBIAR. Dirigirse hacia algún lado.

SABAÑONES. Inflamación muy dolorosa que se produce en las manos y en las orejas cuando el frío ambiente es muy intenso.
SABIÁ. Ave canora, de color marrón claro, que tiene el cuerpo algo más alargado que la calandria. Con ésta y el zorzal constituyen la trinidad de pájaros de más dulce canto del Río de la Plata.
SACRIFICAR. Matar un animal porque se ha quebrado. Hacer perder una carrera a un caballo.
SALMUERA. Mezcla de agua con sal que se usa para sazonar los asados criollos y que según la “ciencia gaucha” es buena para aliviar golpes y caídas si se frota con ella, la zona afectada.
SANCOCHAR. Cocinar en agua y sal cualquier alimento.
SANGRÍA. Bebida hecha con vino tinto, soda o agua, azúcar y rodajas de limón y/o naranja.
SANTERO. El buhonero que vende imágenes, amuletos y figuras de santos.
SARANDÍ. Arbusto muy común en las riberas de los ríos, tan próximo a las aguas que éstas bañan casi siempre sus troncos. Lo hay de tres clases: el “blanco”, “colorado” y “negro”. Su nombre viene del guaraní: “saran”, maleza y “di”, sitio, porque crece en paraje donde existe mucha maleza.
SECOS. Tirones violentos que da el animal enlazado.
SEGURIDÁ. Con este nombre (por seguridad), era conocido el certificado de propiedad de los animales que había sido extendido por la autoridad competente. Era la certificación que el o los animales que llevaba, le pertenecían legalmente. Nadie emprendía un largo viaje, ni transportaba ganado o caballos de un lado a otro, sin llevar en su bolsillo, junto con “la papeleta”, la “seguridá” (sic), ya que ambas constancias, podían serles requeridas en el momento menos pensado.
SENTADOR. Animal que al acercarse una persona al lugar donde está atado, se espanta y se sienta sobre sus garrones.
SENTIDO. Estado del caballo dolorido.
SEÑUELO. Cuando había que trabajar con hacienda arisca, chúcara, resultaba muy difícil el rodeo y el aparte, o hacerla entrar en un corral, o cruzar el vado de un arroyo, de un río u otro obstáculo y para lograrlo se utilizaban los señuelos. Éstos eran animales mansos, ya acostumbrados a las órdenes del hombre y a entrar en los corrales. Se mezclaban con la hacienda cimarrona y lograban que lo siguieran, entrando mansamente detrás de ellos a los corrales, o dócilmente encolumnados para sortear el obstáculo que los detenía en su marcha.
SILLONES (o “guasanchos”). Caballos cuya columna vertebral presenta la forma de un arco cóncavo en forma de hamaca, que va desde la cruz hasta el nacimiento de las ancas o grupa y que son conocidos también como «sillones» o “guasanchos”, en diversas regiones de la Argentina.
SOBRAO. “Tenerlo sobrao”. Saber uno lo que en verdad piensa o hace otro. También, cuando un caballo viene muy adelante en una carrera cuadrera.
SOBRECAÑA. Tendón que está inflamado en las manos o las patas de un yeguarizo.
SOBRECINCHA. Pieza del recado que consiste en una faja de cuero blando, gamuza, etc., con la cual se sujetan los cojinillos, pasándola por la barriga del caballo.
SOBREPASO. Dícese del caballo que tiene el andar menudo, dando el paso más corto del común a los otros equinos. “Caballo andador” lo llama el criollo, porque con esa cualidad, su marcha  rinde mucho, sobre todo en las largas distancias.
SOCORROS. Adelantos de sueldo.
SOFRENAR. Detener bruscamente el caballo con un tirón de riendas.
SONAR. Perder. Irse al bombo en una carrera.
SOTRETA. Forma despectiva usada en el campo argentino, para expresar que una persona era poco merecedora de confianza por sus procederes. Es quizás también, las más gráfica y elocuente denominación  del caballo resabiado y lleno de mañas, tan profundamente enquistadas, que ya nadie puede sacárselas. “Sotreta” se usa también como sinónimo de “matungo”, “macarrón” o animal inútil, en razón del desagrado que producen éstos, en las personas que se ven obligadas a emplearlos.
SOTERA O AZOTERA. La parte del rebenque de cuero, con que se azota el caballo.
SOTRETA. Forma despectiva usada en el campo argentino, para expresar que una persona era poco merecedora de confianza por sus procederes. Es quizás también, las más gráfica y elocuente denominación del caballo resabiado y lleno de mañas, tan profundamente enquistadas, que ya nadie puede sacárselas. “Sotreta” se usa también como sinónimo de “matungo”, “macarrón” o animal inútil, en razón del desagrado que producen éstos, en las personas que se ven obligadas a emplearlos.
SUCEDIDO. Todos sabemos que “sucedido” (de suceso), expresa la existencia de un hecho real, algo que sucede u ocurre, dentro de las posibilidades humanas. De ahí, que en las charlas de fogón campero, se haya usado (y aún se usa), para dar fe de que lo contado o comentado es verdad y no cosa de la imaginación. Pero lo cierto es, que gran parte de estos “sucedidos”, aunque se amparacen en dicho carácter de veracidad, no pasaban de ser simples fantasías, tales como aquellas en las que intervenían “la viuda”, “el lobizón”, “la luz mala” y otras leyendas igualmente fantásticas y frutos de la superstición., aunque la credulidad popular  admitía como fenómenos de este mundo, o las que, refiriéndose a hechos reales, resultaban tan exageradas que difícilmente podían ser aceptadas y creídas. Por eso, los “sucedidos” del vocabulario campero deben ser tomados siempre con beneficio de inventario, antes de aceptarlos, como lo que pretenden ser.
SUCUCHU O SUCUCHO. Habitación ruin.
SUDADERA. Peque manta de lana que se pone sobre el lomo del caballo, antes de colocar los bastos, para que éstos no lo lastimen con su roce.
SUDAO. Animal transpirado.
SUNCO. Animal manco e inservible.
SURÍ. Es el nombre quichua del “ñandú” o “avestruz americano”, pero también se llama así a un tipo de alpaca en el noroeste argentino. El “alpaca surí” es un rumiante de la familia de la llama, el guanaco y la vicuña que produce una lana larga y sedosa, tan suave y ligera como la más fina pluma de avestruz.
SURUBÍ. — Un pez muy grande y sabroso de río.

TABA. Juego practicado en la campaña rioplatense que consiste en tirar la taba (confeccionada con un hueso de res, excluyentemente el astrágalo) al que se le ha fijado una chapa de hierro en un lado y una chapa de bronce en el otro. Los competidores, tirando la taba por turno, de a uno por vez, a una distancia aproximada de tres metros, deben tratar de que caiga con la parte enchapada en bronce, para ganar la apuesta, porque si cae con la otra parte arriba, (se dice que salió “culo”), perderá sus apuestas.
TÁBANO. Mosca muy grande, de color pardo o verdoso, armada con fuerte aguijón con el cual penetra el cuero de los vacunos, inquietándolos. Pululan en los montes, cerca de las corrientes de agua.
TACO. Trago de bebida alcohólica fuerte.
TACUARA. Caña que alcanza algunos metros de altura, gruesa y muy fuerte. Con ella hacían sus lanzas los aborígenes y luego los gauchos.
TACUARUZÚ. Llamada también “tacuara brava”. Es una especie de caña de 12 y aún 15 metros de alto, gruesas como el muslo de un hombre. Se la emplea en construcciones; protección de cuencas y riberas de ríos y de quebradas; en la elaboración de muebles y de artesanías. Los trozos con un nudo en la base sirven como vasija para contener líquidos y sólidos. Los entrenudos contienen agua pura que se puede tomar en el bosque. De las ramitas se fabrican escobas.

Resultado de imagen para tacurúTACURÚ (imagen). Montículo de tierra, semiesférico, de cuarenta centímetros de altura poco más o menos, muy duro y resistente (a veces rompe el arado), que abunda sobre todo en terrenos anegadizos o en las proximidades de ríos y arroyos. Son en realidad, madrigueras de hormigas abandonadas por ellas ya que cuando éstas las habitan, se les llama sencillamente hormigueros. En las distintas regiones de la República Argentina, pero en modo especial en el norte y nordeste del país, existen unas hormigas blancas, llamadas “termes” (comúnmente conocidas como “termitas”), que se caracterizan por su habilidad para construír sus refugios, tal como lo hace el hornero para construír su nido. Viven en terrenos anegadizos, preferentemente arcillosos (material que les es necesario para su trabajo) y para impedir que el agua invada el hormiguero que han construido bajo tierra, con el mismo material que han extraído para cavarlo, levantan a su alrededor unos montículos de base ancha y forma cilíndrica o cónica que alcanza hasta un metro y más de altura. Como lo construyen con tierra arcillosa, al secarse ésta, se solidificas de tal modo que pueden subsistir durante muchos años, aun cuando hayan sido abandonados por sus pobladoras. Estas construcciones reciben el nombre de “tacurú” (voz guaraní) y el conjunto o colonia de ellas o campo donde se encuentran se llama “tacuruzal”. Los “tacurúes” abandonados y ahuecados por el gaucho, le sirvieron muchas veces para improvisar un fogón, que debido a la altura de sus paredes, permanecerá a cubierto del viento y el agua. También se llamó «tacurú» a un mineral de hierro pobre, localizado y procesado cerca de Posadas, en la provincia de Misiones.
TAJAMAR. Son embalses que se construyen en proximidades de las “aguadas” para contener agua, para servir como abrevaderos para el ganado, a los que se recurría, cuando no había seguridad de disponer de  fuentes naturales de agua en tiempos de sequía. Se cree que se los usó por primera vez en 1764 y hacia 1851, el gobierno ya había ordenado construír trescientos noventa y ocho tajamares, sólo en la provincia de Buenos Aires (ver Agua para el gaucho y su ganado).
TALA. Árbol muy común, especialmente en Uruguay, de madera blanca y muy dura. Tiene hojas pequeñas y escotadas y ramas muy torcidas y espinosas.
TAMALES. Comida típica del noroeste argentino, hecha con harina de maíz muy condimentada y armada como una croqueta en cuyo interior se le ponen trozos de grasa y cebollas fritas. Se sirven envueltas en chalas de maíz, luego de hervidas para ablandarlas.
TAMANDUÁ. Oso hormiguero en idioma guaraní. Este curioso, lento y ávido comedor de hormigas, habita en el norte argentino. Usa como “herramienta”, su larga lengua vermiforme (con forma de gusano), cubierta con una sustancia sumamente viscosa, para sacar a las hormigas de sus refugios y llevarlas pegadas a ella, hasta su boca.
TAMBEYUÁ. Chinche silvestre, de color verde.
TAMBO. Nombre con el que en el antiguo virreinato del Río de la Plata, en el sigloXVI  comenzó a nombrarse a los lugares donde se ordeñaban las vacas. Para comprender la razón de este nombre, debemos recodar que “tambo” es una palabra derivada de “tampu”, que en idioma quichua significa “alojamiento temporal y que proviene de la época del Imperio Inca. Fue práctica en aquel entonces, instalar postas o “tanpus” a todo lo largo del camino que debían recorrer los chasquis llevando y trayendo mensajes, los funcionarios cumpliendo tareas oficiales y los viajeros en general. Se los ubicaba a  25/30 kilómetros unos de otros (medida impuesta por la distancia que se recorría en una jornada de marcha a pie), y su función era satisfacer las necesidades de alojamiento y avituallamiento de estos viajeros, además de servir como centros de acopio de alimentos, leña y otros elementos necesarios para la subsistencia de las comunidades vecinas al lugar. Por la relación entonces que esos lugares considerados “alojamientos temporarios”, donde además de almacenar mercaderías, alojaban animales para el ordeñe y para consumo, fue que al formalizarse la producción lechera, se llamase “tambos” a los lugares donde se ordeñaban vacas.
TANTIAR. Observar atentamente al contrario en una discusión o en una carrera, para tratar de entender que es lo que piensa o lo que quiere hacer. Incitar a una persona a que descubra su juego.
TAPADOS. Según las leyendas que se murmuraban junto a los fogones, en muchas regiones del norte argentino, existen tesoros escondidos por los conquistadores españoles, obligados a ello, ya sea para salvarlos de la codicia de sus compañeros o porque tuvieron que huir ante alguna amenaza. A estos tesoros ocultos se los llama “tapados”.
TAPE. Así se llamaban a los aborígenes de la etnia guaraní, que habitaban en las Misiones jesuíticas y en general, al hombre de tez oscura, tirando a indio. También se llama así al hombre de poca estatura y con anchas espaldas.
TAPERA. Vivienda o rancho abandonado, en ruinas. Las “taperas” no son otra cosa que las ruinas de una casa que ha estado deshabitada durante mucho tiempo. El viento y la lluvia han ido destruyendo poco a poco su estructura y sus paredes, ya sin ventanas ni puertas, comienzan a degradarse y el techo termina por caerse, dejando que los pastos y arbustos invadan su interior. Las “taperas” tenían así, un aspecto muy poco agradable; cubiertas por los pastizales, utilizadas por los animales para hacer allí sus madrigueras y sus nidos, eran el escenario ideal para que la imaginería popular tejiera a su alrededor, fantásticas y terribles historias de “luces malas”, y “aparecidos”, que las inducían a evitar pasar cerca de ellas, porque les tenían miedo.
TARARIRA. Pez grande de río, redondeado, negruzco, escamoso y muy espinoso.
TATA. Tratamiento respetuoso que el hijo da a su padre. “Tata viejo”, era el abuelo y “Tata Dios”, el Padre Eterno.
TATÚ. Armadillo. Cuadrúpedo cubierto por una costra ósea negruzca, muy fuerte, formada por escamas; de cabeza cónica y puntiaguda; sus patas cortas y gruesas tienen una uñas largas y encorvadas. Vive en cuevas subterráneas y los hay de varias especies. En el noroeste argentino todavía es posible encontrar el llamado “tatú carreta”, una especie gigante de tatú que existe desde hace millones de años.
TASAJO. Trozo de carne cortado en tiras y secado al sol sin sal.
TATA INTI. Los quichuas adoraban al sol, que era para ellos, un Dios todopoderoso, puesto que era él el que le daba vida al mundo, mediante la luz y el calor, elementos éstos, de los que no podían prescindir los seres vivientes, sean humanos, animales o vegetales. Para testimoniarle su devoción y respeto, así como para merecer sus favores, le ofrecían sacrificios invocándolo por su nombre “Tata Inti”, que en su idioma quería decir “Padre Sol”.
TEJIDO A PALA. Técnica textil que emplea como instrumento esencial “la pala”, una pieza de madera achatada, con un chanfle o bisel, especie de filo, a lo largo de uno de sus lados, que produce un tejido, más compacto que el “tejido a peine”.
TEMBLADERAL. Paraje cenagoso que no ofrece a la vista mayor cuidado, pues tiene el aspecto general del campo; sin embargo, el hombre o animal que se aventura a cruzarlo se hunde y desaparece por entero, tragado por la tierra. La Academia Real Española, le llama “tremedal” o “tembladal”, sitio cenagoso que por poco movimiento que se haga, retiembla.
TENDAL. Conjunto de personas o de animales caídos, que quedan atrás o que son perjudicadas por algo.
TERCEROLA. Llamadas también “recortados”, fueron los fusiles, carabinas y escopetas, a las que se les recortaba hasta la tercera parte del cañón y otro tanto de la culata, para que el arma pudiera acomodarse fácilmente en el recado y hasta en la cintura
TERERÉ. Bebida que se obtiene mediante la mceración de yerba mate en agua fría.
TERNE. Es un vocablo que antiguamente definía al “guapo”, valiente; es decir, hombre que se muestra capaz de afrontar cualquier situación de fuerza. y como muchos otros vocablos usados en el campo argentino, han sido desnaturalizados en su esencia por quienes ignoraban sus raíces, significado y uso. Hoy, se le da a terne, el significado de pillo, astuto aprovechador, ventajero.   Lo que hoy se conoce como el “vivo”, “el ventajero” podía ser reemplazado por otras dos palabras del vocabulario campero que expresaban lo mismo: “peje” y “liendre”. “Qué terne!!”, “!qué peje!” y “!qué liendre!”, eran sinónimos absolutos en su momento y en su ambiente y lo siguen siendo aún hoy, en algunos lugares del país. Claro está que en los viejos tiempos del campo argentino, nadie podía presumir de “terne”, “peje” o “liendre” sin estar respaldado por un verdadero coraje personal.
TERUTERU. Ave de poco más de 30 cm. de largo; tiene el lomo y alas negras con mezcla de pardo y el pecho blanco y tiene un copete en la cabeza. Se domestica fácilmente y vive en huertos y jardines. Su grito suena como su nombre y eso hace que sea in eficaz centinela, ya que su grito denuncia cualquier novedad o persona que entra en ellos. Otra de las características que lo distinguen de otras aves, es que la hembra pone sus huevos en un lugar y la mayor parte del tiempo, lo pasa luego en otro lugar más alejado, para confundir a sus predadores.
TEYUYAGUÁ. Variedad de lagartija. Es la que vio el arcediano Martín del Barco Centenera, que vino al Río de la Plata por el año 1573 con el adelantado don Juan Ortiz de Zárate. Decíase del animalejo que tenía una piedra preciosa en la cabeza, lo mismo que una brasa de fuego vivísima color del rubí, con la cual deslumhraba a sus perseguidores. Los indios llamábanle «el diablo de piel roja» por el aspecto y colorido del cuerpo.
TIENTOS. Tiras de cuero crudo, generalmente muy delgadas y siempre muy parejas de grosor, que se cortan con un cuchillo bien afilado de un cuero vacuno. Sirven para trenzar botones, pasadores y otros adornos de ciertas partes del apero, para hacer riendas, cinchas estribos y hasta, con los muy delgados, para coser piezas de cuero. Se usan, atados a los bastos, para sostener las boleadoras, el poncho y cualquier otra cosa que deba llevarse “atada a los tientos”, para que el jinete quede con las manos libres.
TIJERETA. Pájaro de cola negra muy larga que abre y cierra al volar, remedando el juego de una tijera.
TILINGO. El individuo simple, que habla mucho y dice tonterías.
TIMBÓ. Árbol corpulento; por su madera de muy bajo peso específico, ahuecándolos, se hacen bateas, canoas, etc.
TIMBÚ. Aborigen de la margen oeste del río Paraná.
TIPA. Árbol que alcanza gran altura; su resina es medicinal; su madera se emplea en la construcción de barcas. — Llámase también así el cesto hecho con tiras de cuero de vacuno.
TIPOY. Túnica de lienzo sin cuello y sin mangas, generalmente de algodón blanco, usada por las aborígenes del Chaco. Prenda exclusivamente femenina que pronto fue adoptada por las paraguayas de humilde condición (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
TIRADOR. Ancho cinturón de cuero, a veces con bolsillos y casi siempre adornado con monedas de metal precioso, usado por los hombres de campo en la Argentina.  Un tipo especial de “tirador” era el llamado “chanchero”, que tenía amplios bolsillos y adornos, que las talabarterías confeccionaban con cuero de chancho (de ahí el nombre que recibían), cuya vistosa superficie graneada y su larga duración, le otorgaban el favor de quienes podían adquirirlo.
TIRO. La primera condición cuando se concertaba una carrera, era fijar el “tiro”, es decir la distancia que debían recorrer los caballos. El “tiro” tenía una importancia fundamental en esas competencias, pues estaba en relación directa con la mayor o menor resistencia del animal, condición que como es de suponer, era bien conocida por cada uno de los contrincantes. Por eso, se consideraba tan importante fijar el “tiro” que tendría la competencia. Correr “dos ochenta” significaba que había que correr doscientos ochenta metros desde la largada hasta la “raya” o meta. El “tiro” podía ser modificado por cierto convenio auxiliar llamado “partir de adentro”, que significaba disminuír la distancia fijada en los cuarenta o cincuenta metros que se fijaban para las “partidas”. La distancia total, solo se recorría cuando se “partía de afuera” o con abanderado.
TIRÓN. Distancia recorrida o a recorrer sin detenerse.
TOBA. Aborigen del Chaco.
TOLDERÍA. Conjunto de toldos (viviendas) de los aborígenes.
TOLDO. Refugio primitivo usado por los aborígenes patagones y tehuelches que habitaban la Patagonia argentina. Estaba hecho con cueros (en un principio con cueros de guanaco y luego con cueros de caballo y de huemul, o ciervo de la Patagonia). Cosidos con venas y nervios de ´ñandú y sostenidos con palos de madera enterrados en la tierra. Por lo general, dejaban uno de los lados del toldo abierto, para que sirviera de chimenea ya que mantenían siempre encendido un fuego dentro del toldo para cocinar y calefaccionarlo. Al grupo de toldos levantado por un conjunto de individuos, durante las campañas que se realizaron al desierto (1822-1883), , se lo llamaba “toldería” (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
TONINA. Cetáceo muy abundante en el Río de la Plata, que alcanza a tres metros de largo. Se les ve a menudo desfilar de a uno en fondo, sacando el lomo fuera del agua, a la caza de peces, que devora en gran cantidad.
TOPADA. Para los aborígenes que poblaron el territorio argentino y más tarde para nuestros gauchos, el término “topar”, no define exactamente las carreras que emprenden los carneros, los machos cabríos, los ciervos, los vacunos y otros animales que se topan o dan topetazos usando el testuz en un combate con algún congénere. En nuestro campo, “la topada” era un divertimento en el que intervenían dos grupos de individuos a caballo, que separados por una prudente distancia, emprendían una furiosa carrera hacia el oponente, para detenerse abruptamente, frente mismo a las narices del otro, siendo la mejor “topada”, la que había terminado con una mínima separación entre ambos grupos, pues así se demostraba la serenidad y la baquía del jinete y la excelencia del adiestramiento del caballo. “Topada” se llamaba también al encuentro que reunía  a las “comadres” y “compadres” en los carnavales, donde un duelo de coplas  mal intencionadas  y llenas de picardía y humor, no sólo daban animación a la reunión, sino que establecía el derecho a ejercer la jefatura del grupo. Para el gaucho, “una topada” también era la reunión de dos o más personas entendidas en algún asunto, que competían para dirimir la superioridad o el mayor conocimiento entre ellas. Cantores, guapos, domadores, bailarines, tomadores de ginebra que se encuentran para decidir quién es el mejor, hacen que se diga “se juntaron Topate con Toparías”.
TOPADA. Encuentro en pelea o payando.
TOPAR. Topar es, según el diccionario “chocar una cosa contra”. Se topan o se dan “topetazos” los carneros, los machos cabríos, los vacunos, los ciervos y otros animales que usan su testuz o “tope” para luchar.. Pero nuestros aborígenes y más tarde nuestros gauchos, dieron a la palabra “topada” el sentido de “encuentro”, aunque no medie en esta acción contacto alguno. Los indios se “topaban”, enfrentándose dos grupos de ellos montados a caballo que se lanzaban uno contra otro a todo galope, para detenerse abruptamente, antes de tomar contacto, haciendo “rayar” sus montados, casi ante las narices del rival, demostrando así su temple y coraje. Cuanto menos fuese la distancia que separaba a los contrincantes, más brillante y corajuda había sido la “topada”, ya que así se había demostrado la serenidad y baquía del hombre y la excelencia del adiestramiento de su montado. “Topada” es también el encuentro o reunión de las “comadres” y “compadres” en los carnavales norteños, conocidos como “chayas”, donde, después de un duelo de coplas intencionadas, pícaras y llenas de humorismo, no sólo daban animación a la fiesta, sino que en ocasiones, allí se disputaba encarnizadamente el derecho a la jefatura de la “chaya”.
TOPARSE. Encontrarse con alguien en algún lugar para definir alguna cosa.
TOPO. Las mujeres araucanas que vinieron con las tribus que invadieron y luego se afincaron en la Patagonia Argentina, se sujetaban el “chamal” (especie de manta o vestidura), a la altura del pecho, con un alfiler grande, de diversas formas, cuya cabeza o remate, solía ser un hermoso medallón de plata, trabajado por sus hombres. Este alfiler, era conocido con el nombre de “topo”, vocablo de origen quichua, pues “tupo”, en ese idioma, significa exactamente lo mismo: alfiler grande que ya usaban y todavía usan las “coyas” o sea, las nativas de ciertas regiones del noroeste argentino.
TORDILLO. Caballo con el pelaje blanco entremezclado con negro.
TORDO. Ave pequeña de color negro azulado, que se caracteriza por poner sus huevos en nido ajeno.
TORO. Hombre valiente, osado, corajudo. Para los indígenas, sobre todo los que habitaban en la frontera sur de Buenos Aires, el toro era la expresión máxima de la fuerza, resistencia y valentía, condiciones éstas que apreciaban con frecuencia, en los tremendos combates que los toros cimarrones sostenían en la época del celo. Eran luchas feroces que duraban horas y horas, de días algunas veces, entre dos contrincantes y que sólo terminaban con la muerte o la fuga vergonzosa de uno de ellos. Sus roncos bramidos se escuchaban desde largas distancias, los retumbantes topetazos y las nubes de tierra que levantaban sus pezuñas en su preparación para el ataque. Provocaban el entusiasmo de los indígenas, cuyos métodos de pelea eran también ruidosos y ciegos, como el de aquellas bestias. Por eso, los “pampas” hicieron de “toro”, un calificativo aplicable, tanto a los seres humanos, como a los animales, en todas las ocasiones que implicasen una superación del nivel común. El coronel LUCIO B. MANSILLA fue uno de los que fueron reconocidos como tal por los ranqueles que lo llamaban “coronel toro”, expresando así su admiración, cuando rivalizaba con ellos en fuerza física o cuando aceptaba renovados convites de caña, sin que esa fuerte bebida alcohólica lograra vencer su lucidez, aún después de haber volteado al más famoso de los bebedores indios. “Huinca toro” era otra expresión que se oía en las tolderías, cuando regresaban de un malón, derrotados por los “milicos”.
TORTA FRITA. Pastel típico e infaltable en las mateadas, que se prepara generalmente en los días de lluvia, ante la imposibilidad de salir a trabajar afuera “de las casas”. Son una especie de tortilla de 20/25 centímetros de diámetro que se hacen mezclando harina, agua, grasa y que luego de freírlas en grasa,  se sirven a veces con azúcar por encima.
TORTA. Lo que quedaba a flor de tierra cuando se cortaba un troncho. Su forma redonda y chata, similar a la forma de una torta de repostería, fue lo que hizo que comenzara a llamársela así en los antiguos obrajes argentinos.
TORUNO. Buey mal castrado o con un solo testículo.
TOTORA. Hierba parecida a la espadaña, que crece en los parajes húmedos o anegadizos, flexible y resistente, propia para hacer esteras, asientos de sillas, cubiertas de carro; se la emplea mucho para el techo de los ranchos.
TRAMOJO. También llamado “trangallo” o “trabanco”, es una horqueta de madera que se le coloca en el pescuezo a los animales (especialmente vacunos y porcinos), para impedir que pasen por entre los alambres de un alambrado. También se utiliza para quitarle al animal la costumbre de dispararse, ya que al hacerlo, el artefacto lo golpea en el pecho y las manos.
TRAMPEAR. Hacer trampa; engañar, cometer fraude.
TRANCA. Borrachera. Palo o tirante de madera que se pone atravesando una puerta para evitar que la abran.
TRAGAR. Pasar a un rival en una carrera. También se usa para referirse a una estafa o a una trampa que perjudique a alguien.
TRANQUERA. Armazón hecha con palos o tirantes de madera, sujetos con hilos de alambre que hace las veces de puerta de un campo cercado o alambrado. En Uruguay se la llama “portera”.
TREBE. O “trébede”. Recipiente generalmente de hierro que se cuelga de un gancho suspendido con alambre o cadena, de uno de los tirantes del techo del rancho criollo sobre el fogón y que sirve para cocinar.
TRIPA DULCE. O “chinchulín”. Es el intestino delgado de la res que previamente muy bien lavado y limpiose lo asa a las brasas y constituye una de las llamadas achuras” del asado.
TRIPA GORDA. Esta es otra de las “achuras” típicas de un buen asado. Es el Intestino grueso de la res, que luego de muy bien limpio y lavado,  se lo asa a las brasas.
TROMPETA. El individuo desvergonzado y atrevido.
TROMPEZAR. Tropezar
TROPA. Conjunto de animales que se conduce a alguna parte.
TROPEL. Grupo numeroso de animales o personas.
TROPERO. El hombre de campo que conduce de a caballo una tropa. El argentinismo “tropero” (de “tropear”, conducir una tropa o conjunto de animales o de vehículos), reúne las acepciones de varios vocablos, algunos castizos y otros que se usaron y aún se usan en el campo. “Troperos” eran los arrieros o arreadores de las “muladas” que se mandaban periódicamente desde nuestros territorios hacia el Alto Perú; los e las recuas que traían y llevaban los productos del tráfico entre las provincias andinas y las del centro y la costa: los carreteros y carreros y los boyeros (llamados también “maruchos”), de las caravanas de carretas que surcaban  las principales rutas del país, llevando carga y pasaje; los “reseros” (derivación de “res o animal vacuno). Y en un orden menor, pero también afín, “troperos” deben llamarse a los “remeseros” del altiplano o conductores de una tropa o tropilla de llamas cargueras.
TROPILLA. Conjunto de animales yeguarizos. Muy pobre tenía que ser un gaucho para no poseer, al menos, una tropilla de caballos y era un verdadero lujo, si todos eran de un “mismo pelo”, es decir de semejantes características morfológicas e igual pelaje y color. Puros, alazanes o tordillos, bayos, zainos o doradillos, todos de un mismo color, reunidos en una tropilla, eran el orgullo del hombre de campo que tenía así “una tropilla de un solo pelo”.
TUBIANO o TOBIANO. Caballo que tiene manchas de dos colores muy extendidas en el cuerpo.
TROTIADOR. Caballo que tiene condiciones para el trote.
TUBICHÁ. Jefe o cacique de una tribu de aborígenes.
TUCUTUCO. Cuadrúpedo algo mayor que el topo; construye sus cuevas en terrenos arenosos.TUPÁ. El nombre de Dios entre los guaraníes.
TUPÍ. Aborigen que habitaba la parte oriental del Río Uruguay.
TUZAR. Cortarle las crines a un caballo.

URUNDAY. Árbol frondoso, que puede alcanzar hasta 20 metros, de madera colorada, dura, que se emplea para hacer tirantes. Quizás haya sido con esta madera con la que los aborígenes fabricaban sus arcos.
URUTAÚ. Ave nocturna de un color pardo acanelado, que se distingue por su grito alto y triste. El vulgo cree que sus plumas poseen cualidades mágicas. Ha dado origen a varias hermosas leyendas en el Paraguay y la Argentina.
UTURUNCO. De acuerdo con una leyenda, el “uturunco”, u hombre tigre, era el producto de un trato hecho con el diablo en la “Salamanca” (escuela de brujería), y en pago del terrible don, el hombre debía entregar su alma, pues éste, era el precio fijado por “el malo”.

VACAJE. Conjunto de vacas.
VACARAY. Ternero nonato.
VACÍO. Parte de la res ubicada delante del hueso cuadril y atrás de las últimas costillas, considerada como la preferida para hacer un asado a la parrilla.
VAQUILLONA. Becerra, vaca nueva
VALEAR. Pagar con vales. Este es un término que no diferencia la “v” de la “b” y se refiere a un acto, que está muy lejos de lo que parece nombrar. Hasta hace muy pocos años, en los establecimientos rurales (estancias, establecimientos rurales, obrajes, etc.), se pagan los sueldos y jornales con “órdenes de compra” o “vales” contra una determinado comercio del pueblo más cercano, donde se hacían efectivos, se depositaban a cuenta o se utilizaba para pagar alimentos, ropa, herramientas, etc. .Era un sistema perverso que enriqueció a muchos empresarios y comerciantes, ya que lo más frecuente, era que la mayoría de los peones y empleados que tenían crédito en esos comercios, el “debe” era siempre muy superior al “haber”. Al acto de entrega y recepción de estos vales, se lo llamaba “valear” y cuando alguien decía “me han valeado”, quería decir que lo habían despedido, extendiéndole el último vale que cobraría allí.
VAREAR. Hacer correr a un caballo para ejercitarlo y prepararlo para que corra una carrera cuadrera.
VAREADOR. El que monta a un caballo para varearlo.
VENCEDURA. Arte de hechicería para curar una enfermedad.
VENDAS. Tiras de género que se le ponen en las manos y patas de los caballos para preservarlos de golpes o para reforzar esas zonas antes de una carrera.
VENIRSE ABAJO. Caer de ánimo. Perder una carrera o perder toda chance de ganar.
VENTAJA. Facilidad que se le da al contario en una carrera.
VENTAJEAR. Sacar ventaja con artimañas.
VENTAJERO. Que acostumbra sacar ventaja.
VENTOSAS. Pequeños vasos de vidrio que se utilizaban para curar “el pasmo”, la gripe, los resfríos y tantos otros males. Con el enfermo puesto boca abajo, se acercaba una llama al interior de cada uno de estos vasitos, previamente mojados con alcohol. Una vez apagada la llama que surgía de ellos, se lo aplicaba rápidamente sobre la espalda del paciente, para que el vacío que se creaba en el vasito, hiciera que éste se adhiriera firmemente como una ventosa. Se aseguraba que así se extraían los males que se habían alojado en los pulmones del pobre gaucho.
VERDEAR. — Tomar mate. Pastar e los animales.
VERIJA. — La parte baja de la barriga, cerca de la entrepierna trasera.
VIBOREAR. Es lo que el caballo hace cuando está nervioso y da repetidas vueltas sobre si mismo, sin caminar o correr derecho.
VICHAR. Espiar, mirar.
VIDALITA. Música o canción popular de acento melancólico, cuyos versos rememoran amoríos, tristezas o ausencias. Cada estrofa se compone de cuatro verso de 6 sílabas cada uno, separados el 1. y el 3., así como el último del penúltimo por dos versos de 5 sílabas, constituidos éstos por la palabra “vidalita” pronunciada con acento agudo.
VINCHA. Cinta o pañuelo pasado sobre la frente y anudado detrás de la cabeza para retener el cabello. Era generalmente usada por los jinetes que corrían una carrera cuadrera.
VINCHUCA. Insecto nocturno de alas negras, que chupa la sangre como el mosquito y causa gran irritación en la piel. Trasmisor del “Mal de Chagas”, una de las pestes más mortales y difíciles de erradicar de la República Argentina.
VIRAPITÁ. Árbol de madera dura.
VIRARÁ. Árbol algo parecido al “lapacho”.
VISTEAR. La llamada esgrima criolla, que derivaba en el clásico duelo a cuchillo del gaucho, implicaba una técnica que no era definida en una escuela formal, como en el caso de la esgrima europea, sino que respondía a un criterio instintivo, desarrollado con el juego del «visteo» y una rara habilidad para dirigir los lances, desviar los golpes contrarios con quites o sacando el cuerpo para evitar un corte o la herida mortal. En los “duelos criollos” se enfrentaban dos hombres armados sólo con cuchillo (algunos de grandes dimensiones, que se llamaban “facón”) y para salir con vida de estos trances, no sólo era necesario tener valor, agilidad y destreza en el manejo del arma, sino que era fundamental “el visteo”: una capacidad adquirida tras largas prácticas, que permitía al duelista, anticiparse a los movimientos del adversario. Un ligero movimiento de ojos, un bajar de hombros o un paso a destiempo, eran suficientes para adivinar lo que se venía y contrarrestarlo. El arma firmemente tomada, el brazo desarmado envuelto en su poncho y la mirada fija en el oponente, era la posición del duelista que a la postre, vencerá en el lance. Y era tan importante saber “vistear”, que desde niños, nuestros hombres de campo dedicaban largas horas a la práctica de esta habilidad. Armados con cuchillos de madera, eran el orgullo de sus padres, cuando simulando un duelo, tiraban puntazos o planazos, paraban una estocada y “visteaban” intentando adivinar el movimiento del rival. El visteo era un juego de niños que se practicaba, incluso, cuando se llegaba a la adultez. Era una preparación para la pelea con cuchillo, en la que se adquirían la velocidad de la vista y la habilidad para adivinar el destino del golpe contrario, y cómo evitarlo.  Moviendo velozmente el cuerpo o efectuando un quite con rapidez. Se practicaba con palitos, con vainas vacías o, simplemente, «a dedo tiznao», pasando el por el fondo de una olla, con el objeto de  «marcar» al contrario, preferiblemente en el rostro, como, cuando ya mayores, quizás lograrían hacer con un cuchillo “de verdad”, en caso necesario.
VIUDITA. Ave pequeña, de color blanco y pico negro. Se posa en una rama o en un poste del alambrado y espera que pase un insecto, se lanza sobre él, lo devora y vuelve a su sitio. Existe una variedad —la “viuda negra”— de pico color plata y todo el cuerpo de color negro.
VIVARACHO. Animal lleno de vida y muy movedizo. Por extensión, cuando es ligero en la carrera.
VIZCACHA. Cuadrúpedo marsupial de unos 60 cm de largo, semejante al conejo en la boca, cola y modo de andar; de orejas cortas y cara mofletuda erizada de barbas a los costados y dotado de uñas agudas. Enemiga de los granjeros, se cuela por los gallineros para comer los huevos y llevarse a las gallinas. Perseguida, se defiende hasta morir. Vive en cuevas, a la que lleva cuantos objetos encuentra. Generalmente esta cueva es compartida por la vizcacha con las lechuzas llamadas “urucureá”.
VIZCACHERAS. Uno de los mayores peligros para los jinetes que cruzaban los campos, eran las “vizcacheras”, agrupación de cuevas donde vive o había vivido una colonia de vizcachas. Este mamífero roedor era muy abundante en antiguamente, pero ha ido desapareciendo debido a la caza que se practica con él, debido a la utilidad de su carne y su piel y a que ha sido tenazmente perseguido por ser una verdadera plaga para los sembrados. Cuando el gaucho “paraba rodeo” o se dedicaba a bolear avestruces, estaba expuesto a que su caballo rodara y hasta se “voleara” (darse vuelta para atrás y caer), porque había metido sus patas delanteras en alguna cueva de vizcachas, accidente que podía provocarle algún hueso roto a él y el sacrificio de su montado, si éste resultaba con alguna quebradura y en el peor de los casos la muerte.
VOLTEAR EL ANCA. Cuando el jinete salta del caballo mediante un rápido movimiento y cae parado. También se dice, cuando una mujer deja pronto a un hombre o viceversa.
VOLTIAR. Echar al suelo a un animal o a una persona. También cuando se acepta competir en una carrera y “se voltean los cueros”
VOLVEDOR. Animal que vuelve solo “a la querencia”, desde cualquier punto donde se lo haya dejado.

YACARÉ. El caimán americano. El amarillo es especialmente bravo y terror de los cazadores.
YACÚ. Pava de monte. Ave de color oscuro tornasolado con pintas blancas.
YAGUANÉ. El yeguarizo que tiene el pescuezo y costillares de color distinto al del lomo y barriga.
YAGUARETÉ. Es el tigre americano. Animal grande y fuerte del orden de los félidos. Su altura hasta la cruz es de unos 80 cm., aproximadamente, por 1,45 m. de largo. Su pelaje es de un amarillo rojizo, dominando el blanco en la parte del vientre y las entrepiernas. Todo su cuerpo está moteado de manchas en forma de anillos ribeteados en rojo y negro.
YAJÁ. Chajá.
YAPA. Pequeño exceso del producto que se regalaba a quien compraba algo en un almacén o en una pulpería. Así, cuando el puestero pesaba un kilo de yerba (o de lo que fuera), le agregaba una pequeña porción de la misma, diciendo: “va de yapa”. También los niños que acudían a hacer las compras, solían reclamar esta atención, diciendo “me da la yapa patrón?, esperando con una pícara sonrisa en sus caras, la golosina que creían merecer por su gestión
YARARÁ. O «yararaca». Víbora muy venenosa; de color pardo con manchas redondeadas blanquecinas; alcanza a tener más de un metro y medio de largo.
YATAY. Variedad de palmera. Da un fruto dulce.
YEGUA MADRINA. Yegua, que lleva colgada del pescuezo una pequeña campanilla para que eentreverada en medio de una ropilla de yeguarizos, sirva para que todos se mantengan unidos y la sigan por donde ella vaya, evitándose de ese modo, molestas dispersiones de ganado.
YERBA. La yerba-mate (ilex paraguayensis). El árbol tiene el tamaño de un naranjo y sus hojas son permanentes. Existen varias clases de yerba; las principales y más apreciadas son la del Paraguay y la de la provincia de Misiones en la República Argentina.
YERUÁ. Calabaza “porongo” chica.
YUNTA.  La “yunta” (par, pareja  de algo). Podía ser de animales, de jinetes o peones que realizaban juntos y en forma coordinada los apartes de hacienda y hasta de monedas, como se daba cuando se unían para formar un adorno en la rastra del gaucho. Se hacía con dos patacones unidos por su parte central a los extremos de una traba o cadena metálica de determinada longitud. El “patacón” o “real de a ocho”, era una moneda antigüa acuñada en plata novecientos que tenía un gran tamaño (3 centímetros de diámetro). Se usaban una, dos y hasta tres “yuntas”, según fueran las posibilidades de cada uno. Los hombres ricos solían reemplazar los “patacones” por “onzas” y otras monedas de oro, que circulaban en aquellos para exhibir su importancia y riqueza.
YUYO. Hierba inútil.

ZAFACOCA. Reyerta ruidosa; confusión en una pelea.
ZAFADO. — El que ofende el pudor con sus palabras o acciones.
ZANJA. Cauce formado por el arrastre de aguas pluviales en un terreno. También se llama así a la zanja cavada en la tierra para canalizar debidamente un curso de agua.
ZAPUCAY. En el noreste argentino, principalmente en la provincia de Corrientes, ya sea en el trabajo, en las fiestas populares o en otras oportunidades que lo hacen propicio, la gente de campo suele dar salida a sus buenos estados de ánimo, por medio de un grito sostenido y de tonos cambiantes, un verdadero alarido al que se lo llama “zapucay”. Un desahogo que se ha convertido en característica de ese pueblo, descendiente de los guaraníes, que juegan su honor y valía, compitiendo para dirimir quien lanza un “zapucay” más vibrante, sostenido y modulado.
ZARAMAGULLÓN. Biguá. Ave palmípeda acuáticadel tamaño de un cuervo grande, de color negro con mezcla de blanco en la cabeza y el cuello, que vive en bandadas a orillas del agua. Emite un sonido parecido al gruñir de los cerdos.
ZORRINO O ZORRILLO. Zorro pequeño, listado de blanco, que, al ser perseguido, se defiende arrojando orín, que es pestilentísimo.
ZORZAL. Ave de canto melodioso, de unos 0,25 cents. Su pecho es gris oscuro, vientre y flancos color canela, garganta blanca con rayas de un castaño claro, alas de color castaño también con filamentos claros y cola cuadrada color plomo. Puede aclimatarse en jaula.
ZUPAY. O SUPAY es el nombre autóctono que se usaba y se usa actualmente, para nombrar al diablo; el “mandinga” clásico de otras regiones o el “gualichu” o “huecuvu” de pampas y luego de los araucanos.
ZURUBÍ O SURUBÍ. Variedad del pez de gran tamaño de agua dulce. Sin escamas, de piel cenicienta con manchas atigradas y grandes bigotes.

Fuentes. “El caballo criollo en la tradición argentina” de Guillermo Alfredo Terrera; “Serie de notas publicadas por Pedro Inchauspe en el diario “La Prensa” de Buenos Aires; “Vocabulario criollo” de Víctor Pérez Petit, Montevideo, 1943;  “Vocabulario y refranero criollo” de Tito Saubidet; “Diccionario Histórico Argentino”. Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).

1 Comentario

  1. jorge prina

    muy bueno! un dato achurar viene realmente del romani, la lengua gitana, que muchos vinieros en la conquista, churi es un cuchillo, achurara es acuchillar, y achura es ovianenete lo que se achura, esas cosas tan ricas que se comen en el asados!!!!, saludos y siempre leo este blog

    Responder

Responder a jorge prina Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.