VOCABULARIO CRIOLLO ABREVIADO

No será como el Diccionario de la Real Academia Española, que necesita de numerosos volúmenes para dar cabida a todos los términos, palabras y giros idiomáticos en uso por los hispanparlantes, pero el vocabulario que empleaba nuestra gente de campo en el pasado y que utilizan hoy quienes viven en la campaña argentina, también necesitaría un gran cantidad de volúmenes, por la riqueza, originalidad  e ingenio que puso de manifiesto el criollo para crearlo y usarlo en su vida diaria.

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Los siguientes son sólo algunos de ellos. Una selección de las palabras más utilizadas en tiempos pasados, algunas de las cuales llegaron hasta hoy. Hay muchísimas más y esperamos ir incorporándolas a medida que nos lleguen, de parte de Ustedes, nuestros usuarios, o de nuestras propias fuentes (ver más en Voces, usos y costumbres del campo argentino).

ABOMBADA. Estado de la carne pasada, sin haber llegado a la putrefacción. Agua u otro líquido que despide mal olor por haberse hechado a perder.
ABOMBAR. Aturdir.
ABRE-PUÑO. Yerba originaria de Europa traída a América por los conquistadoires españoles. Sus flores, lo mismo que la raíz y las semillas,  muy amargos, contienen “enicina” lo que las hace efectivas para reducir los “callos” en los pies y dicen que también para curar los resfríos.
ACHACAR. Echarle, sin fundamento,  la culpa de algo a alguien.
ACHUMADO. Ebrio. Borracho.
ACHURA. Palabra proveniente del quichua, que significa “comer sangre”. Son las entrañas del ganado (vacas, corderos, chivos, cerdos), incluso de sus nonatos, que se comen con el asado. Hígado, riñones, intestino grueso y delgado, corazón, mollejas (las glándulas tiroides), criadillas (los testículos del toro), bienn asado a las brass constituyen, tambien hoy, una de las comidas preferidas de  los argentinos.
ACHURAR. Sacarle las vísceras a una res. Matar a un adversario.
ACHURAS. Vísceras que junto con la carne integran “el asado” (hígado, intestino grueso, intestino delgado, .corazón, riñones, criadillas (testículos del toro=, mollejas (las glándulas tiroides).
ACOLLARAR. Acollarar es una palabra que significa unir por el pescuezo a dos animales, preferentemente yeguarizos, para que se acostumbren a andar junos y no se extravíen. Generalmente se los acollara con la “yegua madrina”, para que se acostumbren a seguirla. Era costumbre que la gente de la campaña dijera “se acollararon” para referirse a una pareja formada por un hombre y una mujer que habían decidido vivir juntos.
ACULLICO. Bola de tabaco (a veces de coca, en las provincias del noroeste argentino), que se forma en la boca, mezclándola con saliva para extraerle todos sus jugos y efectos.
ADOBADA. Comida aderezada previamente a su cocción y preparada con el “adobo”.
ADOBE. Bloque hecho con paja molida y barro y secada al sol, para hacer con ellos las paredes del rancho.
AFLOJAR MANIJA. Ceder.
AGUADAS. Las aguadas eran los lugares del campo, donde la lluvia formaba depósitos más o menos permanentes. Allí iban a beber todos los animales de cría o salvajes que se encontraban en esas tierras y próximos a la “aguada”. Esta presencia segura de presas, era aprovechada por los pumas que esperaban allí al acecho para hacer de alimento.
AGUAITAR. Acechar, esperar oculto. Espiar. Aguantar.
AGUARDIENTE. Bebida alcohólica de alta graduación que se obtiene destilando vino, melaza, nueces o algunas otras frutas.
AHIJUNA. Contracción  de  » ¡ Ah hijo de una !», proferida peyorativamente.
AJÍ CUMBARÍ. Ají picante, “puta parió” (hoy Tabasco). Un pimiento muy picante que se usa como condimento de la cocina criolla.
AL ÑUDO. Inútilmente. (Al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen).
ALFA. La alfalfa, pasto o forraje  que se utiliza para alimentar al ganado, cuando no pastorea, suele ser designada con el apócope “alfa” y cuando está en el comienzo de su crecimiento “alfita”. Para el gaucho,  un alfalfar o un campo sembrado con alfalfa, era un “campo de alfa”.
ALJIBE. El aljibe, es un pozo, cuyas paredes están totalmente revestidas con ladrillos unidos con argamasa para evitar la filtración del agua. Es en resumen, un depósito destinado a guardar agua de lluvia en las regiones donde no hay red de agua potable o donde ésta se encuentra a tanta profundidad, que resultaría muy oneroso hacer perforaciones para extraerla. Una canaleta, generalmente de cinc, colocada en las caídas de los techos de las casas, recoge el agua de la lluvia que cae y la encauza hacia el “aljibe”, donde queda depositada, conservándose en buen estado para su consumo, durante mucho tiempo.
ALOJA. Bebida fuerte fermentada hecha de la fruta de la algarroba blanca, muy popular entre los diaguitas y los indígenas de los alrededores de la provincia de Córdoba.
ALONSITO. Así como hay árboles de nuestra flora autóctona que recibe nombres de personas, como es el caso de “Francisco Alvarez”, “Martín Gil”, “María Molle”, etc., igual costumbre se pone de manifiesto en nuestra fauna. Y ese es el caso del hornero (Furnarius rufus), que en la provincia de Corrientes llaman “Alonsito”, refiriéndose a un tal Alonso García, nombre que se le da a este pájaro en Paraguay. En el noreste se lo llama “hogaraitig”, nombre más apropiado, ya que éste significa “casa nido”, y se refiere al típico hornito de barro y paja que el pajarito construye. En otros lugares de la Argentina, el “Alonsito” recibe el nombre de “casero”, “caserito”, “hornillero” y otros.
ALZADO. Sublevado. Animal chúcaro. También se aplica al animal excitado sexualmente.
AMALHAYA. Simple y exacto sinónimo de “ojalá”, Expresión de un ferviente deseo de que ocurra o se produzca algo considerado como muy importante o necesario. Este vocablo, de uso tan común en todas las regiones argentinas, es nada más que una adaptación de la forma castiza “a mal haya”, transformada y tergiversado su significado por esa costumbre criolla de simplificar todo, para hacerlo más fácil para su austera y simple existencia. Valgan los siguientes ejemplos de su uso, para ilustrar lo expresado: “Amalaya me encontrara con ese guapo!”. “Amalaya fuese cierto lo que me han dicho!”, “!Amalaya llueva tres días seguidos!”.  Lo curioso con respeto a este término es la verbalización que el gaucho hizo del mismo: para él, “amalayar” equivale a desear.
AMARGO. Mate cebado sin azúcar. También llamado “cimarrón”. También se dice que un hombre es “un amargo”, cuando es cobarde, flojo de carácter.
AMASIJO. Harina amasada con agua y sal para hacer pan o pastas en el campo.
AMOLAR. Molestar, fastidiar, incomodar.
ANGELITO. Niño de corta edad  muerto.
ANGURRIA. Hambre extraordinaria y desmedida.. Deseo excesivo y contínuo de comer. Hambre canina. Necesidad irrfrenable e indebida de poseer algo.
ANTARCA. Es una voz quichua que ha sido asimilada por el lenguaje  popular del noroeste argentino, que quiere decir “de espaldas”. Caerse “antarca” quiere decir “caerse de espaldas”. El vocablo se usa en  muchas formas, particularmente como complemento de los verbos estar, tener, quedar, poner, tirar y otros. Un juego que atrae a los “changos (niños, muchacho) de esas tierras, consiste en “poner antarca” a unos gigantescos  “tucos” y “cocuyos”, nombre que se les da a las luciérnagas, que puestas de espaldas, realizan violentos movimientos hasta lograr retomar su posición normal, merced a un espectacular salto, causando la jarana del corro que se forma a su alrededor para observarlos.
APARCERO. Compañero, amigo.
APAREÁ. En casi toda la campaña argentina existe un pequeño roedor, de color parduzco, muy parecido a las ratas y los tucucutos, en tamaño y aspecto, pero sin cola. Es el “apareá”, nombre guaraní, conocido en otras regiones como “cuís” o “cuí”, un animalito muy asustadizo, que cuando quiere salir de su madriguera, observa atentamente y por largo rato, antes de aventurarse a dejar la seguridad de su escondite.
APARTAR. Es la actividad que le sigue al “rodeo” y designa a las actividades que se realizan para “apartar” a uno o a un lote de varios animales del resto.
APEDARSE. Emborracharse, embriagarse.
APERO. Conjunto de elementos que componen la montura del caballo.
API. En el noroeste argentino, a la mazamorra, esa comida criolla hecha a base de maíz blanco pisado y hervido en agua ,con un poco de lejía, se la conoce con el nombre quichua de “Api”..
APLASTADO. Caballo cansado.
APORRIAR. Golpear, castigar, maltratar.
ÁRGANAS. Eran una especie de cilindros de cuero abiertos en uno de sus extremos, que la gente de campo utilizaba como maletas para llevar sus pertenencias, cargadas sobre el caballo.
ARISCO. Difícil de dominar, mañero, indómito, cerril.
ARRIADOR. Látigo largo usado para asuzar animales.
ARRIAS. En ciertas épocas, sobre todo para transitar por zonas montañosas, en lugar de carretas para transportar mercaderías hacia destinos muchas veces muy lejanos, se usaban “arrias”. Eran conjuntos de mulas “cargueras” que unidas en fila india mediante “cabestros, marchaban llevando sobre sus lomos bien balanceadas cargas, bajo la atenta mirada de los “arrieros”.
ARRUMBAO. Abandonado.
ASADO CON CUERO. Es el que se cocina a las brasas, poniendo sobre la parrilla, grandes trozos de carne de vaca sin cuerar y con la piel contra las brasas. Cocinado a fuego lento, aún hoy,  es uno de los manjares predilectos en la campaña Rioplatense.
ASADO. Carne que se utiliza para ser asada, preferentemente el costillar, el matambre, los cuartos y la paleta de las reses vacunas. Invitar a un asado era invitar a una “comilona” donde el plato único era carne y achuras al asador.
ASADOR. Varillas de hierro cruzados de tal forma que atando la pieza de carne a esa estructura (generalmente un costillar o un cordero o un cerdo entero), que se clava en la tierra, a un costado y cerca de un fuego de leños bien encendidos, permiten lograr una perfecta,  lenta y pareja cocción de la carne.
ASAITE. Era como nuestros viejos gauchos pedían aceite en las pulperías.
ASAO. El asado en el lenguaje de nuestros criollos.
ATORADO. Atragantado, ahogado. También se aplica al atolondrado, al que obra precipitadamente.
AUJAS. Agujas o vértebras de la res que siguen a las cervicales. Estos huesos con carne ubicados en la parte superior del cogote de la res, eran muy solicitados por su bajo precio y excelente calidad..
AVIAO. Persona bien provista.

BAGRE. Pez muy abundante de río, de color pardo, sin escamas pero con una peligrosa púa en su dorso. De cabeza ancha y aplastada con bigotes, cuyo feo aspecto hizo que se llamara “bagre” a las mujeres feas o con pcos atractivos.
BAGÜAL. Caballo salvaje que en grandes manadas poblaban las llanuras rioplatenses. Nacidos en libertad y dueños absolutos de las llanuras, eran muy ariscos y huían del hombre. Se los capturaba sólo con el lazo o las boleadoras y se los definía como “chúcaro” o “cimarrón”.
BAGÜALA. La bagüala identifica a un canto muy parecido a “la  vidala” y que por eso también se lo llama “vidala coya” (ver La bagüala).
BAILONGO. Baile.
BANDEAR. Las líneas costeras de una extensión de agua, de mayor o menor longitud, son también conocidas con el nombre de “bandas”. Cruzar o atravesar un curso de agua, de costa a costa, es “bandearlo”, es decir ir de una a otra orilla o “banda”. Al principio, se vocablo se usó exclusivamente para definir el acto de cruzar a nado un curso de agua, ya sea el hombre solo o con su caballo; luego el significado se generalizó y “bandear” o “bandiar”, era la forma popular de decir que se había cruzado un río, ya sea a nado, a caballo, en bote  o en carreta. Aquel primitivo concepto hizo que el hombre de gaucho  convirtiese  el término “bandear” en sinónimo de traspasar y así fue que para ellos era “bandeado” el cuerpo humano traspasado por un arma blanca, una bala u otro elemento perforante, que había sido traspasado de lado a lado por alguno de estos elementos. Esta segunda acepción, derivó a su vez en la costumbre de decir que se había “bandeado” a alguien, cuando aportando pruebas irrebatibles, un contrincante superara al otro, sin discusión, en la controversia que los enfrentaba. De igual modo alguien podía “bandearse” solo, cuando por su ineptitud o incapacidad, por la falta de razones atinadas, contribuye, involuntariamente, al triunfo de un rival, por lo que, en ambos casos, este “bandeado” queda en la misma situación de inferioridad que aquel “bandeado” o atravesado por el arma de un adversario, en el curso de una pelea. Hoy la acción de cruzar un curso de agua, se llama “vadear”.
BAQUIANO. La palabra “baquiano” deriva de “baquía” que quiere decir habilidad y el “baqueano” o “baquiano”, era el hombre que conocía a la perfección los caminos, vueltas y recodos, el vado de los ríos y las sendas y “picadas” más convenientes para cruzar  los extensos territorios que se debían recorrer para trasladarse de un lugar a otro, para llevar mercaderías o para escapar de una partida de indios.
BARAJA. Cada una de las cuarenta cartas que componían un mazo de naipes para jugar al Truco o al Monte.Eran muy variados los juegos de cartas con los que se entretenía el gaucho. En el Martín Fierro de JOSÉ HERNÁNDEZ pueden encontrarse, en sus versos, una larga lista de ellos, cuando hace hablar a Picardía, el hijo de Juan Cruz. Pero uno de los más jugados, era (y lo sigue siendo) el truco, un juego donde precisamente la picardía, el sutil engaño y a veces hasta la poesía, le permitían lucir sus dones.
BARAJO. Eufemismo para no decir carajo, sin duda aprendido de los mercachifles (los llamados turcos), que recorrían el campo vendiendo su mercadería.
BARULLO. Desorden. Ruido.
BASTOS. Pieza del recado criollo que hoy reemplaza al antigüo “lomillo”, no es un modismo argentino, sino que deriva del latín “bastum”, cuya definición es: “cierto género de aparejo o albarda que llevan las caballerías de carga”.
BICHOCO. Viejo, inútil.
BILMA. Los emplastos, cataplasmas y parches, especialmente los que se llamaban “porosos”, fueron remedios principalísimos de la farmacopea campera del pasado, como aún lo es para los “curanderos” y en la medicina casera. A estos emplastos se lo conocían con el nombre de “bilmas”, término que aún se oye en el interior. Su nombre no es un fonema autóctono, sino que parece ser una deformación de “bizma” o “bidma”, palabra castellana que precisamente define a estos emplastos, cataplasmas y parches.
BOFE. Son los pulmones del animal. Puesto a cocinar sobre las brasas, es la comida de los perros en los ranchos pobres.
BOLADA. Ocasión, oportunidad favorable.
BOLAS. Boleadoras.
BOLAZO. Mentira. Cuento. Fantasía. Golpe dado con las boleadoras.
BOLEARSE. O BOLIARSE. Durante la “doma” suele suceder que un potro, al alzarse sobre sus patas traseras con demasiada violencia, pierda el equilibrio y caiga hacia atrás, golpeando el lomo contra el suelo. Y a eso se lo llama “bolearse”, es decir, enredarse y caer uno solo, sin que lazo o boleadora alguna haya provocado la caída. Los domadores tienen una especial habilidad para darse cuenta instintivamente de cuándo el animal que montan se va a “bolear” y esquivan el peligro de ser arrastrados en la caída, dejándose caer rápidamente por el costado, pero sin soltar el cabestro, para evitar que el potro se dispare, cuando logre levantarse. También se aplica a desorientarse.
BOLICHE. Pequeño almacén o despacho de bebidas.
BOMBACHA. Especie de pantalones muy amplios que se angostan en el tobillo y se ciñen mediante uno o dos botones. Constituye una característica particular en la indumentaria del gaucho argentino (ver La bombacha).
BOMBERO. Vigía. Se le daba este nombre al aborígen o al “milico” que a veces parado sobre su caballo, trataba de divisar y definir a lo lejos, la llegada de quien podía ser amigo o enemigo.
BOMBIAR. Espiar. También se aplica en una contienda, a la acción de favorecer a uno de los contendores,en perjuicio del otro y a la acción de sacar agua por medio de la bomba..
BOMBILLA. Canuto de metal que en uno de sus extremos lleva una boquilla y en el otro un ensanchamiento cribado que sirve para sorber la infusión de yerba que se toma en el mate. Algunas eran de plata y hasta las hubo con boquilla y virolas de oro.
BOÑATO. Papa dulce o batata.
BORDONA. La sexta cuerda de la guitarra.
BOYERO. Conductor de bueyes. Oficio ejercido generalmente por niños que manejando diestramente la “picana” para azuzar a los animales, se instalaba audazmente sobre la cerviz de uno de ellos y hasta sabía hablarles para lograr mejores rendimientos en la marcha.
BOZAL. Además
e llamar así al aparejo hecho con tientos o soga para sujetar la cabeza de los animales paraatarlos o llevarlos, se llamaba “bozal” a quienes hablaban torpemente el idioma. También se llamaba “negro bozal” al esclavo que hablaba solamente su idioma y no el castellano.
BRASITA. “Churrinche”, es la onomatopeya para nombrar a un pájaro de hermosos colores que abunda en gran parte de la llanura argentina y cuyo copete, cuello y pecho de color rojo vivo, ha inspirado los otros nombres con que se lo conoce en distintas regiones de la Argentina. “Fueguero”, “fueguito”, “hijo del sol”, “solcito” y “brasita” son ellos y todos son tan comunes como “churrinche”. Los guaraníes lo llamaron “güirá-tatá” y “güirá-pitá” o sea “p´jaro de fuego” y “pájaro colorado” respectivamente.
BUCHE. La enorme duración de los viajes en épocas pasadas, hacía que los carreteros se las ingeniasen para aumentar al máximo la capacidad de carga en sus vehículos y así, como el jinete dispuso que lo acompañara “un caballo carguero”, para llevar su exceso de equipaje, los conductores de carretas y otros vehículos, incorporaron a los mismos, una especie de abolsamiento, hecho con cueros, unidos entre sí y asegurado con lonjas del mismo material, en las partes delanteras y traseras de sus vehículos (pescante y culata respectivamente). Estas grandes bolsas o depósitos auxiliares, prolongaban así el piso y su forma  combada sobresalía del cuerpo principal del vehículo, como sobresale el buche de ciertas aves que comen con exceso, semejanza que determinó, que se llamara buche a estos antigüos “portaequipajes”
BUEY CORNETA. Buey que tiene un solo cuerno. Se aplicaba también al infidente que defraudaba las expectativas puestas en él (“Nunca falta un buey corneta” solía decisrse).
BUTIFARRA. Especie de embutido casero muy ordinario que puede estar hecho con infinidad de productos (carne magra de vaca, de cerdo, gallina,  huevo, sangre de cerdo, hígado, lengua, arroz, cebollas, etc.).

CACHAPÉ. Sin que se sepa el porqué de ese nombre, en el norte argentino se llama cachapé a un vehículo especial, también conocido como «alzaprima», utilizado en los obrajes, para levantar y trasportar los grandes troncos de árboles derribado por los «hacheros» en los montes.
CALAMACO. Poncho pequeño y ordinario.
CALDERA. Conocida actualmente como “pava”, era el recipiente donde el gaucho calentaba el agua para el mate y llevaba siempre consigo colgada del cinchón o bien de la cogotera de la yegua madrian que lo acompañaba en sus travesías llevando ganado.
CALDIAO. Caldeado, Muy calente, Recalentado.
CALOSTRO. La primera leche que tiene la vaca, después de parir. Dura cuatro o cinco días y su consistencia de manteca o leche muy gorda cogauklada, permite que al ser cocinada, se transforme en una especie de dulce de leche muy rico.
CAMÁNDULAS. Artimañas. Camandulero (viejo mañoso).
CAMINERAS. En la Patagonia argentina, en toda la zona de la precordillera, abundan unas palomitas muy semejantes en forma y tamaño a las “torcacitas”, de otras regiones. Son diferentes solamente en el color, que es una mezcla de gris y castaño claro. Con pintas oscuras en el lomo y una especie de corbatita negra a lo largo del pecho. Andan siempre en bandadas, poco numerosas y vuelan a poca altura; preferentemente se asientan en los caminos removidos por el tránsito de vehículos y animales y avanzan, por lo común, todo el grupo en la misma dirección, presurosas e incansables, picoteando briznas, semillas y pequeños bichitos que han quedado al descubierto. Esa presencia constante en los caminos, es lo que les ha valido ser popularmente  llamadas “camineras”.
CAMPIAR. Campear, salir al campo en búsqueda de animales dispersos o perdidos.
CANCHA. Terreno emparejado donde se hacían las carreras de caballos.
CANEJO. Eufemismo para no decir carajo.
CANTAR DE CONTRAPUNTO. Payar.
CANTAR PARA EL CARNERO. Morirse.
CARACÚ. Tuétano o médula y hueso que locontiene, especialmente de la vaca. Hervido en agua con sal o agregado al “puchero” resulta un bocado muy apreciado para comer untando el pan con él.
CARAPACHAY. Es el nombre de una tribu de aborígenes que habitaba en las islas del Paraná. Construían sus ranchos elevados a cierta altura sobre gruesos troncos para ponerlos fuera del alcance de las aguas durante las crecidas y un pequeño bote y avíos para pescar, eran toda la riqueza con la que contaba esta humilde tribu.
CA
BONADA. Comida criolla parecida al “puchero”, pero que lleva duraznos. Entre los diversos platos de nuestra cocina tradicional, la “carbonada” criolla, no sólo es de muy antigüa data, sino que es uno de las más populares. Es un guisado hecho con grasa, cebollas, trozos de carne vacuna, ajíes, zapallo, tomates, batatas, papas y choclos al que se le agrega caldo y duraznos frescos u orejones.
CARDO. Planta de hojas muy espinosas y muy abundante en nuestros campos. Sus hojas interiores son tiernas y junto a la raíz y los tallos, pueden comerse como hortaliza, simplemente hervidas. Su gran abundancia  hizo que estuviera presente en todas las mesas criollas y más aún en las de menos recursos.
CARGUERO. Animal de carga. Como le resultaba muy incómodo llevar elementos de cierto bulto, los hombres de campo, cuando viajaban a caballo, llevaban a tiro de cabestro otro animal que llamaban “carguero”. En él, ubicaban dos sacos dobles que caían a ambos costados del animal. Se llamaban “alforjas” y éstas, podían se reemplazadas por las “árganas”, una especie de cilindros de cuero abiertos en uno de sus extremos, que eran cargados sobre el caballo carguero.
CARNIAR. Matar una res.
CARPINCHO. El carpincho, conocido también con los nombres guaraníes de “capibas” o “capibara”, capí-ivá”, “capiguara” y “capiguá” es el más grande de los roedores que habitan en el territorio argentino, especialmente en la Mesopotamia, donde abundan los cursos de agua, lagunas y aguadas. Suele alcanzar una altura de sesenta centímetros y un largo de un metro y aunque está constituído orgánicamente para la vida terrestre, tiene, sin embargo manifiesta preferencia por el agua, en la que realiza todas sus actividades fisiológicas, se aparea y busca refugio en caso de alarma. Sus costumbres, forma, la calidad de su carne y de su grasa, hicieron que los españoles al llegar a estas tierras, los llamaran “puerco de agua”, aunque no tengan ninguna relación con los chanchos. La carne del “carpincho” es comestible y fue el alimento diario de muchas tribus de las zonas, donde abundaban, aunque para ello, debieron superar la vieja creencia que  contagiaba la lepra. El cuero de este animal es otro de los “regalos” que le hace al hombre: convenientemente tratado se convierte en un producto altamente calificado para la confección de “sobrepuestos” o “ sobrepellones”, piezas clave del recado criollo, de calzado, cofres, capas, bolsos, etc.
CARRASCA. En la provincia argentina de Catamarca y en algunas zonas vecinas,  se llama carrasca a un pequeño, vivaz  y simpático pajarito, que en otras regiones se conoce como “ratona”, “tacuarita”, “curucucha”, etc. El nombre deriva de una voz o grito particular que emite esta ave: Una especie de tableteo intermitente, monocorde y áspero, que es muy semejante al tableteo que produce la “carrasca”, un instrumento usado antiguamente por los negros esclavos, que consistía en un grueso palo, lleno de hendiduras y muescas horizontales, por las que se pasaba, un pequeño palillo de arriba abajo, de abajo arriba, una
veces con vigor y otras suavemente, produciendo sonidos apropiados para acompañar los cantos y danzas que les enseñaron de niños en su África natal, antes de ser vendidos como esclavos.
CARRERAS CUADRERAS. Quizás el juego que más los atraía. Por la posibilidad de lucirse como dueño de un «parejero», como jinete de alguno de ellos o hasta por la posibilidad de ganar unos «patacones», mediante las apuestas que en las cuadreras se hacían. Se llamaban cuadreras porque los jinetes, generalmente dos, debían recorrer una distancia que se medía en “cuadras”(unidad de medida urbana heredada de los españoles) para alcanzar la meta y una infinidad de vocablos, artimañas, y leyendas fueron el condimento de estas competencias, descritas por poetas y escritores que no pudieron sustrarerse a la magia de las cuadreras.
CATAPLASMA. Los fríos, lluvias y vientos que debían soportar nuestros hombres de campo, cumpliendo sus tareas, muchas veces les provocaba el lógico estado gripal, los resfríos, tos  y congestiones que también hoy son habituales, pero en aquellos tiempos no acudían a los descongestivos, antigripales, antihistamínicos y otros remedios que compramos en las Farmacias. En casos así, se recurría a “las cataplasmas”. Éstas eran un emplasto caliente, hecho con una gran diversidad de ingredientes, como frutas, hortalizas, plantas y hierbas que se colocaban entre dos trozos de tela y se le ponía al paciente en el pecho o la espalda. Tradicionalmente se hacían con harina de trigo, lino u otros cereales especialmente ricos en fibra vegetal, ya que de esta forma se podían aprovechar –y mejorar- la calidad de absorción de esta fibra.
CEBAR. Preparar el mate para ser tomado en una mateada.
CERDIAR. Cortar las cerdas del caballo

CHAFALOTE. Cuchillo de grandes dimensiones. Caballo de gran alzada.
CHALA. Hoja verde y seca que envuelve la mazorca del maíz. Hervida se rorna muy maleable y se la usa para envolever con ella los “tamales” y la “humita en chala”.
CHAMUSCADO. Medio quemado. También se llamaba así a quien estaba medio borracho.
CHANCACA. Pancitos dulces hechos con miel de caña aromatizada con vainilla y mezclada con partes iguales de leche y cocinados al baño maría hasta que se solidifican.
CHANCHERO. Ancho cinturón de cuero, a veces con bolsillos y casi siempre con adornos de monedas de metal precioso, que las talabarterías confeccionaban con cuero de chancho (de ahí el nombre que recibían), cuya vistosa superficie graneada y su larga duración, le otorgaban el favor de quienes podían adquirirlo.
CHANCLETA. Este es un térmnino que tiene variedad dee significados, la mayoría de ellos sin relación alguna. Se llama así a la mujer de cierta edad que ya ha perdido parte de sus encantos, pero por otra parte,  también a la niñas recién nacidas, a un calzado casero que no toma el talón y al hombre cobarde.
CHANGARÍN. Peón de las cuadrillas que,  a las órdenes de un capataz, se ocupaba de todas las faenas vinculadas con el cereal ya trillado: carga y descarga, ventilación del grano  en las playas y estiba  de las bolsas, cuando el grano  era depositado en espera de su envío. “Changarín” deriva de “changa”, palabra quichua que significa “ganancia ocasional”, pues el jornal de esos “changadores”, era de un tanto por bolsa y en consecuencia, su ganancia dependía de la mayor o menor cosecha que se producía en esa zona.
CHANG
En algunas regiones de la República Argentina, especialmente en las provincias del norte, a los niños y jóvenes menores se les llama «chango», así como “gurí” en el Litoral y “botija” en la zona central.
CHAPEADO. El mayor lujo del gaucho era “el chapeado”, un apero o recado cuyas riendas, cabezada, bozal y cabestro se adornaban con bombas y virolas de plata o de plata y oro, La cabecera de los bastos, artísticamente trabajada llevaba una chapa del mismo metal, con el monograma del dueño y hasta las “copas del freno” y la “pontezuela” eran de plata, cuando el orgulloso propietario, disponía de mayores riquezas.
CHAPETÓN. Inexperto.
CHARABÓN. Cría pequeña del ñandú, aun sin plumas.
CHARANGO. En las provincias del norte argentino, especialmente en las cordilleranas, aún pueden escucharse los sonidos de una especie de guitarrita, de factura indígena, cuya caja de resonancia se hace con la caparazón de un quirquincho (armadillo o “mulita”). Se lo llama “charango” y no debe confundirse con el”changango”, esa guitarra muy rústica que antiguamente se tocaba en las llanuras.
CHARQUE. Voz proveniente del araucano “charqui” que quiere decir  “carne seca”. Son tiras delgadas de carne, generalmente de vaca que saladas y expuestas a los reayos del sol, se secan completamente, sin perder sus propiedades y se pueden conservar durante muchotiempo.
CHATASCA. Comida criolla hecha con “charqui”.
CHAUCHA. Moneda de poco valor. Órgano genital masculino.
CHICHA. Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha sabido descubrir los caminos que lo llevaran a esos paraísos artificiales que le prometen las bebidas alcohólicas. Ya Ulrico Schmidt, el primer cronista del Río de la Plata, escribió, refiriéndose a las tribus que poblaban estas regiones “…. Con la algarroba, hacen también un vino muy bueno, tanto como allá en Alemania, es el hidromiel”. En efecto, las vainas del algarrobo, machacadas en un mortero y puestas a fermentar en agua, producen la “aloja”, bebida más o menos alcohólica, al que Schmidt llama vino. Contemporánea de aquella y de similar factura, aunque fabricada con otra materia prima es la “chicha”, a la que también se refiere este cronista, diciendo “Hacen vino de trigo turco y con él se emborrachan en la misma forma, que en otras partes, se hace con el mejor de los vinos”. El “trigo turco” al que hace referencia Schmidt, es el maíz, cereal nativo de América, por entonces desconocido por los europeos.
CHICHARRÓN. Residuo de grasa deretida. Son pedacitos pequeños de carne y gordura fritos en la misma grasa que se usan para enriquecer el gusto de pan y de algunos quesos.
CHICOTE. Rebenque de lonja larga. Látigo.
CHIFLE. Recipiente para llevar agua, hecho con el asta, por lo general de buey por su gran tamaño, lo que permite disponer de una gran capacidad. Convenientemente vaciado de impurezas, limpio y  seco, se tapona sólidamente con madera (a veces forrada con plata) la base del cuerno, es decir la parte más gruesa y con un pequeño tapón  o espita la extremidad más fina, luego de perforarla para que sirva de pico.
CHINO. Chino y China, eran los términos con los que las altas clases sociales se referían al personal a su servicio y en general a todos los trabajadores de piel oscura, que carecían de educación o especialización, quizás como antecedente de los “cabecitas negra” y “descamisados” que vinieron después. También para el gaucho rioplatense, la “china” era su mujer (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
CHIPA. Chipá, chipaco. Son todos nombres que según la región, se le da a unos bollitos amasados con con harina de mandioca, agua, queso y sal se cocinan al horno.
CHIRIPÁ. Pintoresca prenda de vestir del gaucho. De tela liviana de algodón, vistosa, con rayas coloradas o verdes, azules y blancas, para los mortales menes afortunados; de tela fuerte, azul obscuro con cruces blancas, “pampa”, para algunos vascos rancios, que miran la moda con desprecio.
CHIRÍPA. Por pura suerte. Se dice de lo que se logra sin haber puesto en juego nada para conseguirlo. Como venido del cielo.
CHOCLO. Maíz tierno y verde, en su mazorca.
CHOIQUE. A las voces “ñandú”, “churi”  y “suri”  del guaraní y el quichua, con las que se conoce el “avestruz americano”,  debe agregarse choique, la voz de origen araucano, que se ha generalizado en toda la Patagonia  y provincias andinas, para designar a esta gran “ave paleognata”.
CHORIZO. Embutido hecho con una mezcla carne de vaca y/o de cerdo muy bien picada y sazonada con diversos condimentos y especias. Introducida a presión en tiras del pellejo de intestino delgado vacuno, es atado cada diez o doce centímetros y se lo cuece a las brasas, para comer al plato o como sandwiche (el célebre “choripán”.
CHUCHO. Término derivado del quichua y que popularmente se le da, especialmente en el noroeste de la Argentina, al paludismo, enfermedad cuya característica sintomatológica principal  son los temblores, que se producen en el cuerpo del afectado, en sus accesos, de mayor intensidad. El paludismo, es lo que los conquistadores españoles llamaban “las fiebres”, las temidas “tercianas”, a cuyos estragos entre la soldadesca, se refieren muchas crónicas de aquella época.. Ese temblor, típico, en forma .
e escalofríos irreprimibles, influyó para  que la palabra “chucho” ampliase su significado y se convirtiese en sinónimo de miedo, ya que se da por sentado que las personas  asustadas, tiemblan, igual que las atacadas por el paludismo.Tambien así se lo llama al miedo.
CHUMBO. Plomo, balazo. Derivación quizás del portugués “chumbo”, idioma en el que precisamente, tal es como se llama el metal plomo.
CHUÑO. Comida especialmente destinada a los niños. Es una mezcla de harina de maíz blanco con leche y azúcar que cocinada al fuego lento, adquiere la consistencia de una sopa espesa.
CHUPAO. Borracho.
CHUPAR. Beber, emborracharse, embriagarse.
CHURO. Voz quichua que ha ingresado en el vocabulario popular en el noroeste argentino, adquiriendo una significación amplia y variada. Se usa como adjetivo calificativo para ambos géneros y expresa, que las personas, animales o cosas, tienen alguna condición especial que los hace merecedores de sobresalir entre sus semejantes. Un hombre “churo” lo es por viril o animoso; por su belleza física, elegancia en el vestir, corrección, cordialidad en sus modales o mayor capacidad en cualquier actividad que fuere.  A su vez, una mujer es “chura”, por tener esas misma cualidades u otras que la distinguen por sobre las demás. Aplicado a los animales y las cosas, “churo” es sinónimo de atractivo, lindo, bonito.
CHURRASCO. Carne asada a las brazas o cenizas calientes.
CHUSCHÍN. El “chingolo” ese pajarito representativo de la llanura pampeana, es conocido en las zonas andinas de la Argentina, con el nombre de “chuschín” y en el sur de la provincia de Mendoza, lo llaman “chincol”, lo que permite deducir que el nombre que se le da en la llanura, tuvo su origen en una voz de origen araucano.
CHUSMA. Eran los viejos, las mujeres y los niños que integraban una tribu de aborígenes. Eran los que no combatían.
CHUSPA. El gaucho, hombre ingenioso como el que más, para guardar el tabaco que usaba, ya sea para masticar o para liar sus cigarros, se fabricaba lo que se llamaba “una chuspa”. Para ello recurría a la piel del cogote de un avestruz (también se hacían con vejigas de vaca), que una vez bien sobada, quedaba tan suave y flexible que parecía hecha de género. En algunas regiones recibía el nombre de “guayaca” y a veces se le añadían caprichosos bordados. Para cerrarla, si no tenía alguna cinta de vivos colores para hacerlo, simplemente, se la enrollaba varias veces sobre sí misma.

CIMARRÓN. Mate amargo. Animal salvaje.CINCHA.  En el juego de naipes, sacar las cartas juntas.
COJINILLO. Manta de lana que se coloca sobre los bastos en la montura del jinete.
COMO BARRIGA DE SAPO.  Que está frío o fría.
CONCERTADOR. Payador. Cantor que improvisa.
CONCHABAR. Emplear peones a salario fijo, generalmente mensual. Conchabarse (emplearse).
COQUENA. El Coquena  es la deidad protectora de las vicuñas, las llamas y los guanacos. Su apariencia física es la de un hombrecito con rasgos indígenas, que viste un gorro de lana o un sombrero de pieles, sandalias, casaca, calzón y un poncho. Atraviesa los cerros silbando y mascando coca. Vigila desde los montes, ocultándose de la mirada humana, y cuida de que los cazadores malintencionados no ata­quen a sus majadas con armas de fuego. Por eso, dice el folklore puneño, cuando se observa que los animales van siguiendo el rumbo, guiados por un arriero invisible, es que el Coquena”  los está dirigiendo por los montes para que no se pierdan, ni se lastimen y no sean atacados.
CORDERO ENSILLADO. Cordero entero hecho al asador y servido con vino, pasteles y fruta a los participantes de una reunión familiar o de amigos.
CORRIDO. Experimentado.
CORTADERA. Se la conoce también como hierba de las Pampas, plumerillo, o cola de zorro. Es una planta medicinal que también se utilizaba, bien picada y mezclada con barro, para fabricar adobes y para techar los ranchos del gaucho.
CORTARSE. Separarse. Adelantarse a los demás. Irse solo.
COSCOJERO. Al caballo que mueve mucho la cabeza, haciendo sonar las coscojas (argolla que va en la barra del freno) se lo llama «coscojero».
COSTILLAR. La pieza de una res formada por las costillas. Parte especialmente apta para ser cocinada al asador.
COYUYO. La cigarra o chicharra, insecto hemíptero, cuyo macho, en las horas estivales de mayor calor, aturde con su canto, una potente y monocorde vibración que emite perturbando la “siesta” de la gente, es conocida en el noroeste argentino, con el nombre quichua de “coyuyo” y con el nombre guaraní “ñambaruccá” en el noreste. Las frases “cuando cantan los coyuyos” y “cuando canta la cigarra”, de idéntico significado, expresa que a llegado el verano.
CRIOLLO. Nativo hijo de extranjero.
CUADRERAS. Carreras cuadreras era el nombre que se le daba a las carreras de caballos, donde la distancia a recorrer se medía en cuadras: una, dos, tres, cuatro o más cuadras se establecía de acuerdo a la robustez y resistencia de los “parejeros” que competirían en ellas. De “cuadra” (unidad de medida urbana heredada de los españoles), derivaba entonces el nombre de “cuadreras”.
CUARESMILLO. Fruto muy dulce con la forma y el tamaño de pequeños duraznitos que se utiliza para hacer dulces, compotas y jaleas, muy apreciadas en el noroeste argentino.
CUARTIAR. Ayudar con una cuarta a salir de un atolladero.
CUCAÑAS. Procedimientos de mala fe. Argucias.
CUCHILLITO MANGURRERO. En correcto castellano, llámase “mangurrero” al cuchillo tosco, ordinario y cuya hoja, como es natural, ha sido deficientemente forjada. En el noroeste argentino, donde la lengua española mantuvo siempre mayor pureza, se emplea el término en su significación castiza, aunque con alguna diferencia fonética, pues suele decirse  “magurrero” (sin la n), al cuchillo que ordinariamente usan los pobres. En la llanura, en cambio, se denomina “mangurrero” al cuchillo de trabajo cuya hoja, por muchas y sucesivas afiladas, se ha reducido tanto que a veces, llega a tener menor longitud que el mago y de ahí lo de “cuchillito”. Como al reducirse la longitud, paralelamente se reduce el ancho de la hoja, el “cuchillito mangurrero” se convierte en una herramienta especial para el corte y desviramiento de lonjas y tientos de cuero, para señalar animales y para otras tareas menudas que requieren una hoja corta, delgada y de buen filo. Resulta curioso otro uso que se le daba a la vaina que contenían  estos cuchillitos: Muchos gauchos llevaban escondidas allí las pocas monedas que tenían y hasta la bombilla para tomar mate, ya que así evitaban que se doblara o se tapara con alguna suciedad.
CUERPIAR. Evitar algo, desentenderse de algo. También esquivar la puñalada o el bolazo.
CUJA. Cama con respaldo o cabecera.
CULEBRILLA. Entre las enfermedades  padecidas por lagente de campo en la República Argentina, la culebrilla era quizás una de las más temidas. Es una infección bacteria, más conocida en el mundo médico como “herpes zoster”;  una sepa muy agresiva de la varicela y en muchos casos, las personas que la padecen, son mayores de edad y posiblemente no tuvieron la varicela cuando fueron niños.
CUMA. , Ai se la llamaba a la comadre, es decir a quien oficiaba de madrina en el bautismo religioso de un niño o niña.
CUMPA. En el noroeste argentino, especialmente en las provincias de Santiago del Estero, Tucumán y otras vecinas, se emplea el término “cumpa” a modo de apócope de “compadre”, o sea del nombre que se le da al padrino de bautismo de una criatura. De igual modo, se llama “Cuma” a la comadre, es decir a quien ha oficiado de madrina de dicha ceremonia religiosa. “Cumpita” y “Cumita” son expresiones de mayor afecto hacia esas personas, unidas por aquel vínculo político.
CURANTO. Es un asado hecho en un pozo practicado en la tierra, con una base  de piedras sobre las que se prende fuego. Encima de las brasas que allí quedan, se deposita la carne y las achuras, se la cubre con una chapa y luegocon tierra, dejandolas allí por cuatro o cinco horas. Al abrir el pozo, todo estará a punto y muy gustoso. Fue una práctica muy difundida en nuestra Patagonia, donde los vientos y grandes fríos, hacían muy difícil hacer un asado al aire libre.
CURCUNCHO. Caballos que presentan un defecto en su estructura, consistente en un espinazo con la forma de un arco convexo, una  especie de joroba en todo el lomo del animal, se los llama “curcunchos”.
CUERIAR: Sacar el cuero a una res.

DAÑO. Mal de ojo. Hechizo. Brujería que se le hace a un semejante.
DAR ALCE. Dar un respiro, una tregua.
DAR LAZO. Cuando se enlaza a un animal se lo deja correr un rato para desarrollar el lazo.
DAR PALO. Alusión o reproche mortificante.
DE ARRIBA. Sin pagar. Gratis.
DE LEY. De buena calidad.
DE MALA MUERTE. De mala calidad. Expresión peyortaiva hacia personas de origen muy humilde.
DEPOSITADA. Una carrera de importancia se concretaba con anticipación de días y hasta de meses. En esos casos, el importe total, o una gran parte de las apuestas, era depositado por los contendientes en custodia de un tercero, designado de común acuerdo por las partes y elegido por su nombradía como persona honrada y justa. Este depósito era la “depositada” y garantizaba la realización del desafío, ya que si uno de los adversarios, por cualquier motivo dejara de presentarse con su caballo en la fecha y hora convenida, perdía el depósito, quedando éste a favor del otro.
DESCAROZADO. En las provincias andinas, donde la desecación de las frutas es una industria muy antigüa, se llama “·descarozado” al orejón que se hace con los duraznos, previa extracción del carozo que contiene.
DIANDE. Apócope de  De adonde ¡!, exlamación que denota sorpresa, incredulidad.

EL BURRO. En los grande establecimientos ganaderos y hasta en los humildes ranchos, cuando el dueño era propietario de un “chapeado”, fue costumbre la de tener un caballete de madera, destinado a poner sobre él este recado de lujo, para su conservación y cuidado, mientras se lo guardaba como un tesoro en “las casa”. Este “caballete”  quizás haya sido nombrado “burro” por que su inevitable mansedumbre para cumplir con su misión, lo hacía parecer a su homónimo animal. En las chacras, comercios de ramos generales y galpones ferroviaios, donde se almacenaba gran cantidad de bolsas llenas de cereales, se utilizaba un “burro” de factura y aplicación distintas al comentado. Este era un aparato de mayor altura (solía llegar a los tres metros), con escalera en uno o ambos costados y una plataforma en la parte superior. Cuando se apilaban bolsas en estiba o se cargaban en los carros y vagones, los “hombreadores” (peones o changarines), tenían en este “burro” un excelente auxiliar, pues las escaleras primero y luego la plataforma elevada, les permitía alcanzar progresivamente los distintos niveles a los que se elevaba la estiba.
EL MALO. El diablo. Mandinga.
EL OCULTO. El tucutucu, pequeño roedor conocido en todas las regiones de la República Argentina, recibe también en nuestro campo, el nombre de “oculto”, denominación que se inspira en las costumbres de este animalito: la mayor parte de su vida la pasa escondido, es decir “oculto”, en el interior de los larguísimos túneles subterráneos que cava para que le sirvan de cueva. Los guaraníes, en su lengua lo llamaba “anguyá-tutú” (“anguyá” es ratón y “tutú” es un término onomatopéyico) y los quichuas “tojo”.

EL MUERTO.Se llama así, aunque también es conocido como palenque pampa, a dos palos unidos en cruz con un tiento, o un hueso que el gaucho siempre llevaba consigo en el apero,  que le servían para asegurar su caballo en campo abierto, donde no había ni ramas, ni pastos duros, ni árboles, ni paja brava para atarlo.

El gaucho aprendió mucho del aborigen y esta forma de evitar que su montado, durante su descanso nocturno, lo dejara abandonado en la soledad de esa inmensa y hostil pampa, fue una de esas cosas que quizás alguna vez le hayan salvado la vida. Ataba esos palos o el hueso en un extremo del “atador” (cabestro, soga o tiento largo) y si no disponía de ellos, hacía un nudo en uno de sus extremos.

Con su cuchillo enterraba los palos, el hueso o el nudo y una vez bien apisonado el terreno, al otro extremo de la soga, ataba su caballo. La eficacia de este sostén radicaba en que al poner el hueso o uno de los palos, de tal forma que quedara horizontal con el nivel de la tierra, había logrado instalar una verdadera “ancla” del desierto. Era así imposible que el animal lograra liberarse, porque es natural que para hacerlo solo pueda tirar horizontalmente, en forma casi paralela al suelo. Cosa que en cambio, el hombre puede hacer, simplemente tirando para arriba de la soga.

EL PAGO. El gaucho nacía, se criaba y se hacía hombre, siempre en un mismo lugar y era muy raro que cambiara de “querencia” y cuando lo hacía, permanecía por largo tiempo afincado allí. Los campos, los establecimientos, los animales y los vecinos le eran tan conocidos, tan cercanos, que todos eran su familia. Por eso, ese lugar era su “pago” y si alguna vez, ya sea por razones de trabajo o cualquier otra, tenía que abandonarlo, vivía obsesionado pensando en el regreso, pues para él, no había en la tierra, mejor “pago” que el suyo, la tierra que lo vio nacer o el lugar donde se afincó por largo tiempo. Trabando sólidas amistades y acostumbrando su oído al canto de los pájaros de esa región, a los vientos, arroyos y nubes que lo acompañaron durante toda su vida o gran parte de ella. “irse del pago” y “volver al pago”, son frases que aún se usan en la Argentina y ambas se vinculan con un profundo amor a la tierra que nos vio nacer.
EMBRETAR. Encerrar, aprisionar.
EMBUCHAO. El que guarda un insulto o  agravio que no pudo ser reparado.
EMPANADA. Comida criolla seguramente derivada del “fatay” árabe, que consiste en una mezcla de carne con diversos productos que varían según sea la zona donde se la come, envuelta en masa y frita u horneada.
EMPERRADO. Empecinado, terco, empacado.
ENANCAOS. Forma de montar de dos jinetes en un mismo caballo.
ENCOCORARSE. Enojarse. Alterarse.

ENGANCHAO. Soldado contratado a sueldo.
ENRIEDAR. Por enredar. Embridar, poner las riendas.
ENTONAO. Animado. Medio emborrachado. Envalentonado. Pasado en copas.
ENTREVERARSE. Mezclarse, confundirse.
ENTREVERO. Choque, pelea a cuchillo o lanza, cuerpo a cuerpo.
ENTRIPAO. Lo que queda dentro de quien ha sido agraviado u ofendido.
ENVENAO. Cuchillo con el cabo forrado en verga de toro.
ESLILLA. En el campo argentino, “eslilla” era la antigüa denominación de ese hueso del hombro hoy llamado clavícula y lo curioso de esta costumbre, es que “eslilla” no es otra cosa que la deformación fonética, mantenida después en la grafía gauchesca, de la palabra “islilla”, voz castellana que tiene la doble equivalencia de sobaco y clavícula.
ESPICHAR. Morir.
ESTANCIA. La palabra estancia, para referirse a los establecimientos de campo donde se criaban diversos ganados, especialmente el vacuno, se originó en las antigüas “vaquerías”, actividad que identificaba las tareas vinculadas con la captura de animales salvajes y su faenamiento “a campo abierto”, siendo “la estancia” el lugar donde se estaba. En otros países de América se la conoce como “Rancho” (EE.UU.), “Fazenda” (Brasil), “Hacienda” (Méjico y Puerto Rico).
ESTANTEO. El “estanteo” fue uno de los sistemas más primitivos para la construcción de corrales y edificación de viviendas, empleado en regiones donde abundaba la madera, material éste que era su elemento básico. La palabra tiene su origen en los travesaños horizontales llamados “estantes” o estribos, que se usaban para asegurar los materiales de las paredes. Ya antes del siglo XVII, en las zonas rurales, ricas en plantaciones forestales, se hacían corrales con “palo a pique”, con varios “estantes” para aumentar su solidez. El 1584 el Cabildo de Santa Fe, dispuso que se hicieran “corrales de cinco estantes por banda”, para guardar los caballos de la comunidad. Ordenaba así la construcción de corrales de “palo a pique” (postes de madera dura clavados profundamente en el suelo, reforzados o trabados con cinco parantes horizontales en cada costado. Estos “estantes” se aseguraban a diversa altura con tientos de cuero crudo, que al secarse, garantizaban un ajuste perfecto y daban enorme resistencia al conjunto. En los “ranchos de estanteo”, el esqueleto o armazón y el techado, eran idénticos en toda la llanura: en todos se utilizaban los “horcones”, la cumbrera para dividir las aguas (en los llamados techos a dos aguas) y paja quinchada. Cambiaban solamente las paredes, que en vez de ser hechas con adobes, se hacían con cañas divididas longitudinalmente por la mitad, que sumergidas en barro, adquirían más cuerpo y  garantizaban una gran impermeabilidad. Una vez seco el barro, se las sujetaba con tientos a los “estantes”, una a continuación de otra, procurando que quedaran lo más juntas y ajustadas posible. Terminadas así estas paredes, se las cubría exteriormente con una capa de barro mezclado con paja fina y estiércol, aumentando así sus facultades para resistir el viento, la lluvia y el frío.
ESTAQUIAR. Castigo que consistía en atar al preso de pies y manos a cuatro estacas.
ESTRICOTE. Sin miramiento.

FACÓN: Cuchillo grande..
FACTURA. Embutidos y productos hechos para comer frescos o para conservar, utilizando diversas carnes y condimentos. Chorizos, morcillas, queso de chancho, jamones, butifarra, son algunos de ellos. En la República Argentina, también se llama “facturas” a los “bizcochos” uruguayos, esos pequeños bocaditos de masaa dulce o salada, de distintas formas y contenidos, que se comen acompañando el café, el te o el mate.
FANDANGO. Alboroto. Desorden.
FARIÑA. Comida hecha a base de garbazos  y cebolla frita que se sirve como acompañamiento del puchero y otros platos con carne.
FAROL. En las provincias del norte argentino, el farol no es otra cosa que la “luz mala” como se la conoce en las llanuras. Un fuego fatuo al que la superstición y la imaginería popular vincula con la encarnación de un alma en pena. Creen que “los faroles” denuncian la existencia de “tapados” (tesoros ocultos) y que para dar con éstos, basta con localizar exactamente  el lugar donde apareció la fosforescencia.  Pero como “el farol” es considerado como cosa sobrenatural que se muestra sólo de noche,  pocos son los que se animan a salir a su encuentro “para encontrar el tesoro”. El “farol” ya era mencionado en las crónicas de los conquistadores españoles, pero ellos lo llamaban “carbunclo” y eso muestra la antigüedad de esta superstición o creencia.
FILIAR. Enderezar, componer.
FLETACIONES. Friegas, frotaciones que se le hacían a quienes sufrían de dolores de estómago.
FLETE. Caballo.
FLOJO. Cobarde. Asustadizo. Falto de carácter.


FOGÓN. Precaria construcción se hace amontonando piedras para formar un círculo, en cuyo centro se colocan los maderos que luego de encendidos, generarán el fuego que en nuestra campaña se utiliza para hacer el asado, calentar el agua para el mate, hacer la comida en la “negrita” o simplemente, para reunir a su alrrededor a lla “peonada”, luego de un día de trabajo.
FRANGOLLO. Comida hecha a base de maíz muy molido. Lío, situación confusa.
FUMAR. Engañar. Estafar.

GARGERO. Garganta. Llamado así por su relación con las gárgaras, uno de los remdios considerados infalibles por los viejos curanderos y manos santas.
GARIFO. Altanero, apuesto, galano.
GARRA. Al estaquear un cuero, en cada uno de los lugares donde se lo clava a la estaca que lo contendrá estirado, se produce una especie de saliente, que se va agrandando cada vez más, a medida que el cuero se seca y se contrae. Cada una de estas salientes, recibe el nombre de “garra”, por su similitud de forma y aspecto con la garra o pata armada de fuertes uñas de ciertos animales. Las cuatro “garras” que han mantenido estirado el cuero, son partes desechadas luego, cuando se lo soba y curte, porque han quedado secas y muchas veces retorcídos e informes. Por extensión, cuando en una tertulia, se referían a aquellas mujeres  que por su flacura excesiva o expresión avinagrada, estaban  secas y arrugadas, como esa parte de los cueros, se decía “es una garra”.
GAZNATE. Golosina hecha con una masa de harina y agua a la que cortada en trozos, se le da forma de moños aplanados y se la cubre con dulce de leche. También se le decía así a la garganta.
GRASA DE PELLA. La pella, es la manta de gordura que cubre la carne de un animal. Grasa de pella, es entonces el producto que se obtiene de poner a freír trozos de esta grasa, que por acción del calor, va liberando un líquido graso, usado en la cocina criolla para hacer frituras, pan y bizcochos
GRINGO. Extranjero.
GUACAS. Guacas o “huacas” era el nombre que se le daba a las tumbas de los aborígenes. Éstos, en modo particular los que habitaban en los valles calchaquíes (zona ocupada hoy por la provincia de Buenos Aires), creían que sus muertos, sólo emprendía un largo viaje y por eso al enterrarlos, colocaban junto al cadáver sus prendas personales, sus armas y adornos de plata y oro que se consideraban amuletos para que le garantizarían un buen viaje, convencidos que tales elementos, le iban a ser tan necesarios como lo habían sido en la tierra. Por eso a las “guacas” también se las conocía como “tapados”, porque ellas escondían verdaderos tesoros.
GUACHA LOCRO. Comida criolla parecida al “locro”, pero que no llevaba carne.
GUACHO. Huérfano. Sin padres.
GUADAL. Terreno movedizo. En el interior de la República Argentina, se da el nombre de “guadal” al terreno blando, movedizo; a esos verdaderos colchones de polvo o de polvo y arena, cuyas partículas, por razones propias de su naturaleza, carecen de la cohesión necesaria para compactarse y no ofrecen esa consistencia firme que caracteriza a la superficie terrestre. Estos “guadales”, que ahora sólo se encuentran por excepción, fueron en el pasado, una contingencia, muchas veces insalvable para los viajeros. Eran muchos los que se encontraban en las llanuras y era tal su extensión y su profundidad, que en el mejor de los casos, cruzarlos resultaba una tarea larga y extremadamente cansadora para los animales de tiro y para las personas que viajaban por esos lugares, trance que se agravaba, cuando esos “guadales” eran húmedos , es decir, cuando una corriente  o una filtración subterránea de agua, convertía a esa gran masa de polvo ingrávido, en un magma semi-líquido, un verdadero tembladeral, especie de ciénaga, de gran profundidad y muchas veces, capaz de absorber, por un poder de succión irresistible, a los animales y hasta los vehículos que habían osado internarse en ellos. Acción ésta, que es muy semejante a la generada por los “menucos patagónicos” y los “cangrejales”, producto de la acción contínua de una vertiente sobre terrenos arcillosos en la Patagonia el primero, y debido a la presencia de millares de cangrejos en terrenos barrosos la segunda.
GUAICO. En la campaña argentina, se conoce con el nombre de “guaico”  a ciertas concavidades de mayor o menor extensión, que se producen a veces en las proximidades de los ríos y arroyos, como consecuencia de una creciente del mismo. Según el diccionario “guaico” es una “hondura o bajo nivel en los terrenos anegadizos”.
GUALICHO. Brujería. Mal de ojo.
GUASANCHO o “sillón”. Es el caballo cuya columna vertebral hundida y arqueada,  presenta la forma de un arco cóncavo, que va desde la cruz hasta el nacimiento de las ancas o grupa..
GUASCAS. Lonja de cuero. La necesidad de contar con los elementos necesarios para su vida y su trabajo, sin tener que depender exclusivamente del “pulpero” o del “bolichero”, hizo que el gaucho se las ingeniara para fabricarlos y para ello, que echara mano a lo que más abundaba en su entorno: el cuero vacuno. Elegía uno que estuviera bien “estaqueado” (estirado mediante estacas clavadas en el suelo o colgado en un marco de maderas o cañas), para que
e secara en forma uniforme y quedara uniformemente plano. Sacaba luego de este cuero unas  finas tiras de variada longitud y luego de afeitarlas bien, las sobaba cuidadosamente para darles elasticidad. Estas eran las “guascas”. Con ellas hacía lazos para realizar sus tareas o para cazar; maneas para inmovilizar a su caballo, riendas, cinchones, banquetas, tirantes para su toldo, cabestros, etc.). Estas “guascas”  trenzadas o simplemente bien curtidas, en sus hábiles manos, se transformaban en eficaces útiles de trabajo. También se llama “guasca”o “guascazo” al azote que se le da al animal (y a veces a un rival), con el rebenque o el látigo. Si a la “guasca” se le agregaba ojales, botones, pasadores, argollas, etc. Perdía su nombre original y pasaba a ser una simple “soga” y si ésta, por un deficiente sobado se endurece y pierde elasticidad, vuelve a llamársela “guascas”, pero esta vez en forma despectiva.
GUAYACA. La “guayaca” es una tabaquera que aún se usa en el campo. Se hace preferentemente con la vejiga o el buche de ciertos animales (avestruz por lo común) y según se afirma, es la mejor forma de conservar fresco y con buen aroma al tabaco. En algunas regiones, a esta “bolsa de tabaco” se la conoce como “chuspa”.
GUAZÚ. Término guaraní que puede expresar “grande”, como es el caso de “aguaraguazú” (zorro grande) y el de un ciervo, que puede ser un “guazutí”, un “guazuncho”, un “guazubirá” o un “guazupucú”, es decir ciervos pequeños. “Iguazú”, nombre de un río del noreste argentino, pertenece al primer grupo donde “I” es agua y “guazú” es grande, conformando “agua grande”, característica de río ancho que tiene en algunas partes, y que es la que le da ese nombre.
GÜENO. Bueno (Tá güeno» por está bueno  está bien).
GURÍ. Niño. Pequeño. A veces reemplazado con “botija” o  “chango” (en el noroeste)

HEMBRAJE. Conjunto de mujeres.
HIJAR. El gaucho, obligado a vivir y a trabajar en un medio inhóspito y carente de recursos, muchos de ellos elementales, debió esforzarse para ejercitar su inventiva en la búsqueda de soluciones para sus problemas más inmediatos. Así nació el “hijar”, una prenda auxiliar de su vestimenta, que se llevaba entre las dos caronas del recado. Consistía en un cuero de potro, bien sobado y con todo su pelo, al que se le daba una forma rectangular y que servía como impermeable en los casos de lluvia, para cubrir la “bajeras” (paja o pasto) que se usaba como colchón para dormir bajo las estrellas, o para improvisar un pequeño toldo que lo protegía del sol o de la lluvia. En la vida “en las casas”, el “hijar se utilizaba para cerrar puertas o ventanas, en reemplazo de la madera.
HORMIGUERO. Además del significado propio de “hormiguero”, que define  a un nido de hormigas, se le llamaba “hormiguero” a una infección que se produce en la cara interna del vaso o pezuña de los caballos, infección que si no es atacada a tiempo, termina por destruír los tejidosn ocasionando la pérdida total de la sustancia córnea. Es un mal que penetra por algún pequeño agujero que por accidente se produce en la parte inferior delantera del vaso y que va destruyendo sistemáticamente la pezuña y la carne, como si fueran comidas por las hormigas y de ahí el nombre que se le dio.
HORNERO. El hornero, ese simpático y trabajador pájaro que es tan común en el campo argentino es quizás, el más hábil e ingenioso constructos de casas que existe. Un poco de barro y algunas pajitas, pasto seco y mucha dedicación, le bastan para hacer un nido consistente y sorprendentemente funcional. Elegido el lugar que siempre es elevado, como un poste telegráfico, la horqueta de un árbol o el poste de algún alambrado, comienza a llevar en su pico, los materiales que busca, a veces en lejanos lugares. Construye una especie de horno (de allí su nombre), cuya puerta sabe orientar de modo que la lluvia y los vientos predominantes no entren por ella y adentro lo tabica, de modo que sus polluelos, cuando los tenga, puedan acomodarse bien al abrigo. Es curioso observar que muchos de estos pajaritos, como si quisieran imitar los rascacielos que construye el hombre, han ido construyendo sus nidos (seguramente distintas parejas que encuentran apto el lugar), encimándolos uno sobre otro.
HUINCA. Los antigüos aborígenes araucanos, que ocuparon la Patagonia argentina, desplazando a los “pampas” y “araucanizando estos territorios, no reconocían diferencias religiosas entre los conquistadores españoles y luego entre los criollos, Para ellos todos los hombres de piel blanca eran cristianos, lo mismo que todos eran considerados españoles, así fueran italianos, alemanes o ingleses. Fue por eso que en su lengua, llamaban “huinca” a los cristianos de piel blanca y extranjeros, es decir a todo aquél que no fuera de su etnia. El semicastellanizado grito con el que atronaba la tierra durante sus malones: “matando huinca” expresaba “matar al cristiano” y hasta cuando rendían homenaje a la bravura de algún milico, decían “huinca toro”, como lo llamaban al coronel LUCIO V. MANSILLA, declarando su admiración hacia este bravo coronel. Este vocablo aborigen ha quedado instalado en topónimos tales como “Huinca-Renancó” y “Huinca Rupu” (“aguada” y “camino” del cristiano respectivamente), localidades de la provincia de Río Negro.
HUMITA. Palabra derivada del araucano “uminta”, que sirve para designar a una comida hecha con choclo rayado, cebolla, tomates  y pimientos fritados, envueltos en chala y hervidos o cocinados al vapor. En la cocina criolla de los argentinos, la “humita” es una de las comidas preferidas por la gente campo.

INFIEL. Así era  llamado el aborigen, no cristiano.

JABÓN. Miedo, temor.
JAGÜEL. En el nordeste de la República Argentina,  zona donde el término se originó, los quichuas llamaban “jagüey” al embalse o poza grande, donde se acumulaba y se conservaba el agua de las lluvias, de arroyos o riachos de escaso caudal o de esas pequeñas vertientes naturales llamadas “ojos de agua”. Convertido y deformado luego en  “Jagüel” es un vocablo quichua que como “pampa”, “guasca”, “chiripá” y otros fueron adoptados por nuestros gauchos (ver Agua para el gaucho y su ganado).
JEJÉN. Especie de mosquito muy diminuto que prolifera en las regiones húmedas y cálidas, que se reproduce en forma fabulosa, y que en algunas horas del día, sumando miríadas y miríadas vuelan a cierta altura por sobre el nivel del suelo, llegando  a oscurecer el aire. Su picadura es desagradable y muy molesta: es un suave escozor al principio, que aumenta poco a poco de intensidad,  llegando a convertirse en una verdadera tortura, más si son los ojos, las narinas o los labios, las zonas del cuerpo por donde ha andado. Entre las muy variadas “sabandijas” que pueblan el campo argentino, el “jején” ocupa con el “tábano”, la vinchuca y otros hematófagos, un lugar de privilegio por las molestias que ocasiona.
JOTE. Existe en la República Argentina una familia de aves rapaces, cuyos integrantes, aunque tengan manifiestas diferencias con sus semejantes europeos, han sido clasificados como “cuervos”. Cuervos son pues el “iribú” de los guaraníes, el “pala-pala” del noroeste y el “jote” o “congo” común en casi todas las regiones argentinas. “Jote” es simplemente la deformación de un de los términos del nombre científico que esta ave recibe (Catarthes aura jota). Son aves de color negro azulado con la cabeza y el cuello pelados o sin plumas; de esa negrura debe provenir seguramente el otro nombre con el que se lo conoce: “congo”, nombre con el que antiguamente se llamaba a todos los africanos. Una danza propia del noroeste, cuya coreografía se inspira en los movimientos y el vuelo característicos del “cuervo”, se llama “Pala-Pala” y los bailarines, hombre y mujer, se valen del poncho y del rebozo, respectivamente, para simular las alas de este pajarraco y el significado que se le atribuye a sus movimientos.

KAWI. Bebida ritual utilizada por los aborígenes del Chaco desde ante de la conquista. Estaba hecha a base de maíz fermentado y era servida en una calabaza por el jefe de la tribu, quien luego la hacía circular entre todos sus guerreros, que sentados en círculo, confirmaban así su obediencia (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
KIKI. Bebida popular entre los aborígenes de la República Argentina hasta la llegada de los conquistadores españoles. Estaba hecha con maíz fermentado con frutos o nueces de la araucaria (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).

LA PAPELETA. Antiguamente, en el campo solía llamarse “papeleta” a la Libreta de Enrolamiento, documento que se usó durante mucho tiempo como documento de identidad. Los viajeros y troperos que debían recorrer grandes distancias lejos de sus hogares, visitando infinidad de pueblos y asentamientos, debían llevar siempre consigo “la papeleta” en un bolsillo del tirador o del cinto, para evitarse dificultades con la autoridad, cuando se les requería identificarse, si por casualidad se hallaban en lugares donde se presumía la presencia de algún delincuente.
LA PARTIDA. De tiempo en tiempo, desde las Comisarías de Policía de campaña, salía una comisión integrada por tres o cuatro agentes, al mando de un cabo o un sargento, para recorrer la jurisdicción, es decir los territorios sobre los que debían ejercer la vigilancia. A esta comisión, a la que se le daba el nombre de “la partida”, solían agregarse algunos gauchos desocupados, grandes conocedores de esa comarca, que buscaban congraciarse con la autoridad, sirviéndoles de guía. La recorrida se hacía por lo g
neral, con el objeto de aprehender a los individuos que hubieran cometido algún robo, asesinato u otro delito y dada la peligrosidad de algunos de ellos, muchas fueron las veces que tuvieron enfrentamientos y sangrientos combates. Estos delincuentes, a los que se los llamaba “matreros”, eran muy peligrosos, pues estaban firmemente decididos a defender su libertad y rechazaban violentamente todo intento de coartársela que viniera de parte de la autoridad.
LA PEINADA. Acción de pasar suave y parejamente la mano sobre las tablas del cuello del caballo, para amansarlo y aquietar sus ímpetus.
LA QUERENCIA. Así, como los gauchos se aferraban al “pago” como una necesidad de pertenencia, también los animales se acostumbran a vivir en un lugar determinado, quizás donde han nacido, quizás donde han pastado o parido en el caso de las hembras. Estos lugares son conocidos como “la querencia” (de querer, sentir atracción), término que también se usaba para designar al lugar donde vive una familia. Cuando buscando mejores pastos o lugares más aptos para la yerra, la marca, la esquila, etc. Se nota que extrañan “la querencia” y tratan de volver a ella, aunque se encuentren a muchas leguas de distancia. Este instinto animal daba mucho trabajo en los tiempos que no había alambrados, pues era muy difícil contenerlos. Las haciendas trasladadas tenían que ser vigilados día y noche, hasta que se “aquerenciaran” a su nuevo lugar. Sin embargo, en ciertas ocasiones, esa tendencia tenía sus ventajas, especialmente a la noche. Cuando se volvía a “las casas”, el ganado iba solo de regreso, instintivamente conocía la dirección y el camino que debía tomar para llegar a “su querencia” y así los gauchos que las conducían, podía ir durmiendo tranquilamente sobre su caballo, sabiendo que nada interrumpirá la marcha y que ningún animal se desprenderá del “arreo”. Este instinto también era aprovechado por el gaucho que por alguna circunstancia debía prestar su caballo. Lo hacía con total tranquilidad pues le bastaba decir cuando lo entregaba: “cuando llegue adonde va, suéltelo nomás, que él sabe cómo volver”.
LA RASTRA. De las prendas de adorno que eran usadas por el gaucho, “la rastra” es una de las que aún hoy subsisten  y quizás es la que goza de la mayor preferencia  por parte de nuestros hombres de campo. “La rastra” es un lujo que reemplaza a la hebilla en el cinturón o en el tirador. Consiste en una chapa de metal  (plata u oro), modelada de diversas formas, llevando por lo general, grabado o calado las iniciales del nombre y apellido del dueño (a veces ambos completos), adornadas con  artísticos dibujos.
LA SEÑALADA. El signo de propiedad en el ganado menor (ovejas, cabras, cerdos, etc.), no es como en el ganado mayor (vacas, caballos, mulas), una marca aplicada con un hierro al rojo, sino que es un corte de diversas formas que se le hace a los animales en una de sus orejas. La “señalada” es entonces, el acto de marcar con esa señal al ganado menor y para ello se utiliza una simple tijera o un cuchillo, instrumentos que hoy son reemplazados por maquinaria que ofrece un resultado más limpio y piadoso. De acuerdo con la forma que tenga el corte, las señales tienen un nombre característico: horqueta, punta de horqueta, muesca, doble muesca, zarcillo, punta de lanza, agujero, martillo, etc. Una misma señal puede ser usada por dos propietarios distintos, siempre que se la aplique en diferentes orejas, o si es en la misma, puesta en sentido inverso o en diferente lugar.
LADERO. La falta de caminos y la frecuencia de ríos, arroyos y cursos de agua diversos, pantanos, cañadones casi siempre anegados, pajonales y otros accidentes del terreno que era común encontrar en su camino, obligaban a quienes viajaban por el interior de la República Argentina, especialmente los que lo hacían en las “galeras” y otros coches destinados al transporte de pasajeros y correspondencia, a reforzar el número de caballos que tiraban de esos vehículos. Para ello, a ambos costados se agregaban otros animales, aperados con un recado sumario, que aportaban mayor fuerza de tracción eran utilizados para que sumaran sus fuerzas, tirando o cuarteando a la cincha, a fin de sacar el vehículo del atolladeros que lo había detenido. Cada uno de estos caballos auxiliares, recibía el nombre de “ladero”, en razón de su colocación en el vehículo. No llevaban riendas y para que no se abriesen o perdiesen la línea de marcha, iban asegurados por medio de un “cabestro” corto a las varas o al freno del “tronquero”, cuyos movimientos debían seguir en todo momento. “Ladero” era también la persona que secundaba a otro en el logro de un propósito, cumpliendo la función de ayudante.
LADINO. Simulador, listo, habilidoso, astuto. También se llamaba así al indio que sabia el idioma del blanco.
LAS CASAS. En el campo, cuando alguien se refiere a su vivienda, es muy raro que use el singular para referirse a su casa: “Me voy pa’ las casas”, dicen, aunque se trate de un humilde rancho perdido en la soledad de la pampa. Esta costumbre, posiblemente se deba a que l
s primeros establecimientos que se alzaron en medio del desierto (las Estancias y las “Postas”), a pesar de pertenecer generalmente a un mismo dueño, solían estar formadas por tres cuerpos de edificios destinados a usos distintos: uno era la vivienda del propietario, otro destinado al funcionamiento de la “Posta” con su boliche anexo y otro, quizás como depósito, granero y eventual alojamiento de algún cansado viajero. La “ramada”, precario techado hecho con cañas o ramas, era otro elemento que se sumaba a este conjunto de “edificios”, que se llamaban “las casas”.
LATA DE POBRE. Muchas denominaciones populares, que en un principio chocan al oído por su fonética rústica, y que aparentemente carecen de sentido, resultan encantadoras y gráficas al extremo, cuando se conoce su significado. Tal el caso de la expresión “lata de pobre”, nombre que se le da en el noroeste argentino, a un árbol (“Piper tucumanus”), de ramas rectas, largas y muy livianas, provistas de anchas hojas. Estas ramas, con su follaje, se usan para techar los ranchos y ramadas, tal como se usan los juncos, la paja u otros similares, reemplazando a las chapas de metal (latas según el habla campesina). De ahí su nombre: la “lata de pobre” es la única que está al alcance de la gente con escasos recursos para techar su vivienda. Pero éste no es el único beneficio que brinda este árbol; sus ramas, largas y flexibles, sirven para reemplazar a las cañas en aquellos lugares donde a ésta no está disponible y además de emplearlas también en la construcción de refugios, se las utiliza como “picanas” y “picanillas”, empleadas para acuciar a  los bueyes que tiran de las carretas, arados y carros.
LATA. Sable. Latón era la forma despectiva de referirse al sable de los «milicos»
LAYA. Clase. Tipo.. Característica.
LEJÍA. Ceniza de jume (planta de terreno salitroso) que se utilizaba como jabón.
LENGUARAZ. Interprete que sabe el idioma indígena.
LEÓN: El gaucho llamaba así al puma. En la pampa no hay leones.
LIMETA: Frasco de bebida, especialmente “caña”.
LOBO. Aunque en la Pampa no había lobos, así llamaban los aborígenes y luego los gauchos a los perros salvajes que pululaban entonces..
LONJEAR. Cortar correas de cuero.
LOBIZÓN. Definición del séptimo hijo varón de mujer, al que se le atribuía la facultad de transformarse en un “lobizón”: criatura con forma y actitudes de perro negro, con ojos fosforescentes, devorador de criaturas sin bautizar, preferentemente.
LOCRO. Comida criolla hecha con maíz blanco o trigo, carne de vaca o de cerdo, verduras diversas, legumbres y trozos de choclo. En las mesas menos pudientes se comía el “guacha locro”, que no tenía carne.
LOS VICIOS. El gaucho podía privarse de comer y a veces lo hacía por largo tiempo, por carecer de dinero o por estar ocupado realizando tareas que le imponían un forzoso ayuno, pero había cosas de las que no podía privarse: estas eran los “vicios” y entre ellos estaba el vino, el mate, el tabaco y la caña, todos productos de los que no podía prescindir, sin que se resintiera su aptitud y voluntad para el trabajo.
LUNAR. En una tropilla, además de la “yegua madrina”, a veces solía mezclarse exprofeso, un animal de color absolutamente distinto al de los demás, al que se lo llamaba “el lunar”, para utilizarlos como referencia en los distintos movimientos que se le imponía a la tropilla.
LUNAREJO. Se llama “lunarejo” al animal, especialmente al caballo,  cuyo pelo , pelaje o color, presenta manchas de color distinto , redondeadas y más o menos pequeñas. “Lunarejo” deriva de lunar , que no otra cosa resultan ser esas manchas, dentro de la uniformidad  de la capa o color predominante.
LUZ MALA. Fuego fatuo. Las materias orgánicas, especialmente las carnes y los huesos, que se encuentran en descomposición sobre la tierra, especialmente si son terrenos húmedos, producen una fosforescencia, muy visible en la oscuridad de la noche. Este fenómeno conocido como “fuego fatuo”, ha dado pie a una creencia que aún perdura en nuestras zonas rurales: se dice que esa fosforescencia, es  la “luz mala”, el alma de un difunto que recorre el campo buscando una paz que jamás encontrará. Es un “ánima en pena”, el alma de un difunto que abandona su sepultura y anda penando y errando por el mundo, muchas veces para pedir venganza porque había sido muerto en “mala ley” (a traición, o asesinado) y otras veces para reclamar porque no lo habían enterrado en “lugar sagrado”, o sea en cementerio o camposanto.
LLORONAS. Así se llamaba a las grandes y cantarinas espuelas con grandes “rodajas” que usaban los gauchos. El peculiar ruido que hacían al ser arrastradas por el piso, era un motivo de orgullo de quien las llevaba, porque avanzando con aire altanero, parecía decir: “presten atención, porque aquí estoy yo !!”. Y ni que decir cuando alguno de ellos, quizás más rico o con pretensiones de elegante, las había adornado con aplicaciones de plata y oro.

M’IJO. Mi’jito. Apócope de mi hijo y de mi hijito que se empleaba para referirse a alguien muy querido.
MACANA. Maza de gran tamaño de madera dura usada como arma para la caza y la lucha cuerpo a cuerpo por los aborígenes del Río de la Plata, especialmente utilizada por los nativos del noroeste, el Chaco, regiones  pampásica, del noreste y centrales de la Argentina. Fueron  quizás las primeras víctimas abatidas con esta arma poderosa, JUAN DÍAZ DE SOLÍS (1516)  y HERNANDO DE MAGALLANES (1527).
MACHADO. Borracho, ebrio. El borracho y la borrachera, reciben en la Argentina varios nombres a cual más original y adecuado a ese deplorable estado: Además de ebrio y beodo, es común escuchar entre los norteños, que fulano está “machado”o “achumado”. En la región andina se dice que está “curado”, porque al beber se lo llama “matar el gusano”. Estar “punteado” o “puntino” significa hallarse en los comienzos de la embriaguez, o sea mareado a medias, es decir “alegre”. “tranca” y “peludo” son también sinónimos de borrachera y “agarrarse un peludo o una tranca es emborracharse.
MADERA DE HIERRO. Así se la llama a la madera del quebracho, árbol de gran tamaño que abunda en el norte argentino (especialmente en las provincias de Chaco y Misiones) y su nombre, ya está indicando el porqué del mismo, ya que quebracho significa “quiebra hachas”, una cualidad que le otorga su extremada dureza, y que obliga a los “hacheros” a tener que afilar continuamente sus hachas, melladas con toda facilidad por esta tenaz madera. Hay dos clases de quebracho: el colorado y el blanco y la madera de ambos es muy apreciada para la fabricación de durmientes para las vías de los ferrocarriles, la construcción de “tablestacados” para la defensa de las costas contra la erosión del agua, para la construcción, etc. De la corteza del colorado, también  se extrae el “tanino”, un producto que es fundamental para el curtido de pieles y cueros.
MADREJÓN. En los territorios norteños de la República Argentina, llaman “madrejón” al cauce seco de los riachos y arroyos, cuyo caudal de agua, por alguna razón (erosión, obstrucción, desvío, prolongada sequía, etc.), se ha desviado de su lecho primitivo, definitiva o temporariamente. Los “madrejones” se producen especialmente en épocas de sequía o calores extremos, cuando las elevadas temperaturas hacen que desaparezcan los cursos de agua que no tienen afluentes propios, es decir que no cuentan con el aporte de agua que les sería necesario para compensar las pérdidas que le ocasionan estos factores climáticos. También se llama “madrejón” al arroyo que ha quedado sin entrada de nuevos caudales, ni desagüe y que por esa circunstancia, siempre tiene muy escasa agua.
MALEVO:.Delincuente, peleador, bandido.
MALICIAR. Sospechar. Intuir.
MALÓN. Ataque en masa de aborigenes belicosos, que termina en robo e incendios de poblados y establecimientos rurales.
MAMAO. Borracho.
MAMÚA. Borrachera.
MANCARRÓN. Caballo viejo.
MANDIOCA. Tubérculo cuyo interior es muy fibroso. Hervido en agua y sa
, se constituía en el pan de los pobres en nuestra camapaña, que también lo comían formando parte del “puchero”.
MANEA. Traba para inmovilizar al caballo.
MANGANETA. Engaño, ardid, trampa.
MANGRULLO. Los riesgos propios del desierto, particularmente los temidos malones indios y los ataques de las montoneras en el período de las guerras civiles que azotaron a la Argentina, durante casi 40 años, obligaban a los escasos habitantes de esos territorios alejados, a mantener una casi constante vigilancia, con el objeto de prevenir con tiempo, la defensa o la fuga, si ello era necesario. En las pequeñas ciudades y poblados, esto era posible, porque la altura de las casas o edificios públicos, les permitían construír en sus techos y terrazas, atalayas (miradores), desde los cuales se podía  avizorar a mayores distancias la llegada de estos indeseables. Pero en el interior de la llanura, esto era distinto: el rancho, bajo y con techo de paja a dos aguas, no admitía obra ni estructura alguna encima de ellos. Así nació el “mangrullo”: una especie de torre construída con palos  atados de forma similar a la del esqueleto metálico de los molinos, cerca de “las casas”, en el límite más vulnerable del poblado. Una pequeña plataforma ubicada en lo más alto del “mangrullo”, a la que se llegaba mediante una rústica escalera, admitía la instalación de un vigía, que atenta su mirada hacia lo lejos, podía anunciar con mucha anticipación la llegada del atacante. Conocido también como “vichadero” (de “vichar”, es decir  espiar, vigilar), en los fortines, donde esta vigilancia debía hacerse permanentemente, de día y de noche, los mangrullos tenían un rústico techo de paja, para preservar al centinela de los rigores del sol y la lluvia.
MANOTIAR. Robar.
MARCHERO. Los caminos de las regiones serranas y montañosas, obligan  a los jinetes  a regular muy cuidadosamente el paso de sus cabalgaduras, ya que el trote o el galope, andares muy comunes en las llanuras, son allí muy ocasionales, debido a las características del suelo, generalmente de piedra y a la presencia de barrancos y cuevas, que hacen muy difícil y peligroso transitarlos. Es por eso que a los caballos y mulas destinados a ser “de andar”, se les enseña un tipo de marcha  especial,  que es conocido como “marchado”. En el “marchero”, nombre que se le da al animal así enseñado, las manos se mueven con el braceo  y ritmo propios del galope, mientras que las patas, lo hacen con el del trote. Esta aparente disparidad locomotiva, entre los remos delanteros y los traseros, determina un andar suave, rápido y descansado, brindando seguridad para el jinete, como para la misma cabalgadura. Todos los aires de marcha: el tranco, el trote y el galope son cansadores y sólo el “marchado” no deshace el cuerpo, ni produce dolores en la espalda o la cintura, permitiéndole dormir cómodamente al jinete, mientras viaja sobre el lomo de un animal así adiestrado”, dice LUCIO V. MANSILLA en su obra “Una excursión a los indios ranqueles”. Conviene aclarar que el “marchero” nada tiene que ver con sobrepaso característico de los caballos “pasucos”, típicos de la campaña peruana.
MAROMA. En América, principalmente en la República Argentina, una “maroma”, es una soga o cable que se encuentra tenso, sujeto en ambos extremos y a cierta altura por sobre el nivel del suelo. Así que una “maroma” es el grueso cable aéreo, que asegurado en ambas orillas de un río, permite el desplazamiento regular de las balsas, que construídas en forma más o menos rudimentaria y sin impulsión propia, sirven para trasladar de una a otra margen de un curso de agua, personas, animales y carga en general, mediante el simple recurso que aporta el esfuerzo de un hombre, que va tomando entre sus manos extendidas esta “maroma”, para que al flexionarlos sobre sí, la vayan impulsando hacia su destino. También se llamaba “maroma” al conjunto de sogas o “guascas” que ligaban la parte superior de los postes o “principales”, que limitaban la abertura de la tranquera, en los corrales de “palo a pique”. Por último, esta denominación es también utilizada para nombrar a los hilos de los alambrados, en cuyas “maromas” suelen degollarse al alzar vuelo, las espantadas perdices, que huyen del cazador que las persigue.
MARUCHA. Parte de la res vacuna. Punta gruesa que viniendo desde las costillas, pasa por sobre las paletas.
MARUCHO. En las tropas de carretas, único medio de comunicación que existíó durante mucho tiempo en nuestras tierras, el “marucho” era el encargado de  cuidar los bueyes o las mulas que tiraban de ellas, cuando se disponía un descanso en la marcha, para comer y dormir o para refugiarse de las tormentas.
MASAGUAGUA. A través del análisis de ciertos vocablos populares en uso en determinadas regiones del país, puede determinarse su mayor o menor autóctomía y en muchos casos, hasta cuál fue la época de su aparición como elementos fonéticos dentro de la lengua que los posee. Esto se explica, recorda
do que los conquistadores españoles introdujeron en América usos y costumbres, animales y comestibles absolutamente desconocidos por los aborígenes y con esas novedades, vinieron también las palabras que tenían para nombrarlas, en idioma castellano. Muchas de ellas, fueron obligadamente utilizadas por los nativos, pues como es lógico, en sus idiomas, no existían palabras que definieran esas cosas nuevas. Pero por dificultades de pronunciación, tuvieron que modificarlas, adaptándolas, a veces en su totalidad y a veces en algunas partes de estas palabras para que, junto con las que ellos conocían, conformaran las nuevas que se utilizarían para llamar a esas cosas nuevas que les traían los hombres blancos. Por el ejemplo, la palabra  caballo, animal que ellos no conocían, pero que pronto adoptaron, comprendiendo la utilidad que les traía para la caza y para la guerra, se transformó en “cavayú” para los guaraníes, en “cahuel” para los araucanos, “cawal” y “cavallú” para los pampas  de la pampa y finalmente “cawul” para los tehuelches. Con “masaguagua” sucedió lo mismo. Esta palabra es una hibridación porque está formada por una palabra del idioma castellano: “masa”  a la que se le agregó otra de origen quichua: “guagua” o “huahua”. Masa quiere decir amasijo hecho con harina, sal y agua y “guagua”, para los nativos era una criatura de corta edad. Así se formó “masaguagua”, palabra que en el noroeste designa a un pancito al que se le da la forma de una criatura. Este, en realidad un bizcocho, desempeña un importante papel en las fiestas regionales, en el “topamiento de las comadres” que se realiza en vísperas del carnaval (o “chaya”), para elegir  la que será madrina de los festejos, a cuyo término se reparten las “masaguaguas” entre todos los asistentes, como preanuncio de las fiestas y bailes que se acercan.
MASCADA. Producto de un robo. También se designaba así al tabaco que se masticaba (ver acullico).
MATACO. En el norte y el noroeste argentino, existe un “armadillo”, con cierta condición especial, que lo diferencia del “peludo”, “la mulita”, “el piche” y otros de la misma familia. Es el llamado “mataco” o “quirquincho” o “tatú bola”, nombres estos dos últimos, que se refieren a las características propias de este animalito, que, cuando se siente amenazado, se arrolla dentro de su caparazón (cuyas placas están especialmente articuladas) y forma una esfera hermética que lo defiende  de casi todos los peligros que puedan amenazarlos. Ni el zorro con su picardía, ni el tigre con la fuerza de sus afiladas garras, logran forzar esta protectora coraza. Y cuando no, es el hombre quien logra hacerlo para saborear su rica carne.: simplemente lo estrella contra una roca y el golpe atonta al animal, que pierde así el dominio de sus músculos y no puede abroquelarse dentro de su caparazón. “Mataco” es además, en su origen, la denominación de cierta etnia aborigen que habita en el norte argentino y también  la de un árbol cuya madera, de gran dureza, era utilizada por esos aborígenes para hacer las puntas de sus flechas, lanzas y arpones para la pesca. “Quirquincho” en el idioma quichua y “tatú” en idioma guaraní significan “armadillo”.
MATAMBRE. Carne de res vacuna situada entre las costillas y el pellejo del animal. Junto con la lengua, eran las presas más codiciadas por el gaucho.
MATE COCIDO. Infusión de yerba hervida en agua y colada, que a diferencia del mate, se sirve en taza o jarro. A veces se le agrega leche.
MATEAR. Tomar mate.
MATERA. Contenedor para llevar la yerba y el azúcar necesarios para hacer y tomar mate. Separados ambos productos por medio de un tabique, generalmente son  de madera, lata o cuerno de vacuno. En épocas de la Colonia se hacían de plata, hermosamente cinveladas y constituían verdaderas obras orfebrería.
MATRERO. Se llamaba “matrero” al gaucho que andaba huyendo de la justicia, por haber cometido algún delito. Se escondía en los montes y como en la mayoría de los casos, contaba con la ayuda de los pobladores, que por miedo a estos delincuentes o por temor a la justicia, lo amparaban y lo proveían de comida, lo que había muy difícil aprehenderlos.
MATUCHO. Caballo viejo que ya no sirve para el trabajo.
MATUNGO. Caballo viejo e inservible.
MAULA. Quiere decir cobarde. Cuando un hombre se dejaba insultar sin responder  ni castigar al ofensor, o por lo menor “pelearlo”, los gauchos decían de él, que era “un maula” o también “un mulita”, “un morado”, “un amargo” o “un flojo”, todos calificativos que todavía se escuchan en el campo.
MAZAMORRA. Especie de guiso hecho con maíz blanco pisado o quebrado en el mortero, hervido con agua sin sal, a lo que luego de agregársele un puñadito de cenizas, se revuelve hasta que se ablanda por completo y se le agrega leche. Se lo sirve con o sin azúcar, según el gusto de quien la coma.
MBURUCUYÁ. Nombre que se  le da a la “pasionaria”, una planta, cuya flor, admite también el nombre de “flor de la pasión”, porque la fantasía popular establece una relación entre sus estambres y pistilo, con el martillo, los clavos y la corona de espinas utilizados en la crucifixión de Jesucristo.
MENSUALES. Así se llamaba a los peones que vivían en la misma estancia. Para ellos, en todos los establecimientos había construcciones con varias habitaciones, baño y cocina, que eran ocupadas por la peonada fija y allí, todas las mañanas al salir el sol, iba el capataz o el mayordomo, para distribuir el trabajo del día.
MILICO. Soldado.
MONDONGO. Es el estómago del animal cocinado como guiso. Cortado en pequeños trozos o tiras, agregándosele garbanzos, porotos, papas, zapallo, cebollas, tomates y muchos condimentos, se logra un plato que es semejante a los “callos a la madrileña”.
MORCILLAS. Embutido hecho con sangre fresca de ganado, muy condimentada y mezclada con trozos de grasa y a veces con papa y pasas de uva.
ORO. Color del pelaje de un caballo, mezcla de negro y blanco, mas oscuro que el tordillo.
MORTERO. Recipiente de madera muy dura que sirve para moler granos (maíz y trigo especialmente) con un mazo (o “mano de mortero), también de madera. A veces son pequeños y se los usa apoyándoselo en una mesa y a veces son hechos con un trozo de madera de aproximadamente 120 centímetros de altura para apoyarlos en el suelo y hacer la molienda de parado, con un largo mazo también de madera muy dura, romo en su punta distal. Solamente la mitad superior del tubo es hueca, mientras  que la inferior, de mayor diámetro que la superior, sirve de base. También se llaman así, los hechos con una piedra circular socavada hasta obtener una concavidad circular suficiente para contener el grano en la molienda.También se llama mortero a la mezcla de cemento, cal, arena y agua que se emplea como argamasa para unir ladrillos en una construcción.
MOQUETE. Golpe dado con la mano. cachetada.
MUCHACHO. Las carretas y los carros antigüos, tenían sólo dos ruedas  y éstas eran siempre muy altas, para facilitar  el cruce de los ríos  y arroyos que frecuentemente debían vadear en su marcha llevando su carga. Por esa causa, al desatar los bueyes, las mulas o caballos que llevaban, estos vehículos caían sobre alguno de sus dos extremos y eso hacía muy difícil el poder enderezarlos para no desparramar la carga. Para evitar esto, en la parte inferior del piso, adelante y atrás, se ponía un palo de madera (“el muchacho”) sujeto a la caja con “guascas” (tiras de cuero crudo). Cuando se llegaba a destino y se desataban los animales, estos maderos, sirviendo como patas auxiliares, impedían que la caja se desnivelara.
MUERTO. Así se llamaba a dos palos unidos en cruz o en forma de “T” con un tiento, que se enterraban en la tierra, dejando afuera el extremo de uno de ellos, para poder atar a él, el cabestro con el que el gaucho mantenía sujeto a su caballo cuando no quería que se alejara, durante su descanso nocturno. La eficacia de este sostén radicaba en que luego de hacer un pozo, se introducía en él estos palos, poniendo uno de ellos de tal forma, que quedara horizontal con el nivel de la tierra, para que el otro, emergiendo verticalmente hacia la superficie, permitiera atar el caballo en su extremo. La posición del quedaba enterrado horizontalmente, le otorgaba una absoluta firmeza a esta verdadera “ancla” del desierto.
NAHUEL. El “yaguar” o “yaguareté”, conocido como “tigre americano”, pese a sus diferencias con el felino de igual nombre que vive en otros continentes, tenía entre los araucanos que habitaron la Patagonia argentina, un nombre propio de su lengua: lo llamaban “Nahuel”. La palabra ha quedado como gentilicio y topónimo, especialmente en la Patagonia, zona que fuera invadida por esta etnia. Así se conoce como “nahuelquir” al tigre overo; “nahuelmilla” al tigre de oro y “Nahuel-Huapi” a la isla del tigre. Por su parte, el “uturunco” quichua y el “capiango” de la región andina, eran el mismo animal, un “yaguareté” al que la leyenda popular, le asignaba un carácter fantástico: se trataba de hombres, que merced a misteriosas razones extranaturales, en ciertos y determinados momentos, podían transformarse en tigres, cuya ferocidad, los hacía aún más temibles que los “yaguareté” o los “Nahuel”.
NALES. Durante gran parte del siglo XIX, los valores que circulaban en el interior de la Argentina, eran monedas de oro o de plata, extranjeras muchas de ellas: libras esterlinas, onzas, reales, etc. La aparición de los billetes o pesos papel, emitidos por el gobierno nacional, hizo que a éstos, para diferenciarlos de los otros, se los llamara “nacionales”, o más simplemente con el apócope “nales”, muy generalizado en esa época.
NAZARENAS. Espuelas que usan los hombres del campo en el Río de la Plata, cuya rodaja o roseta, está provista de grandes rayos, parecidos a las púas de la corona de Cristo, semejanza que permitió darles ese nombre. Generalmente de hierro, eran sin embargo un lujo del gaucho, que las usaba de plata y de hasta más de dos y tres libras de peso cada una.


NEGRITA. Cacerola de hierro fundido, de regular tamaño que sirve para hacer guisados, sopas,etc.en nuestro campo. Debido que se la coloca directamente sobre el fuego, se limpia con mucho cuidado su interior y jamás se lo hace con su exterior, toma un color negro brillante, que es orgullo del propietario.
OCHERO. El “nochero” era el caballo que se dejaba durante la noche en las casas, ya sea encerrado en un corral o atado con un cabestro, para disponer de él, rápida y seguramente en caso de urgencia. Era además el que se utilizaba, cuando despuntaba el día, para traer a las casas, las lecheras para ser ordeñadas o la hacienda que se hallaba desparramada por el campo.
NOQUE. El “noque” era un recipiente de cuero de formas muy variadas que se usaba mucho en el campo, especialmente para guardar sustancias semilíquidas, como se la leche cuajada (empleada para fabricar quesos), la miel, el arrope (jarabe de algarrobo). Los “noques” se colgaban  de las ramas de algún árbol cercano “a las casas” o de los palos que sostenían el techo de los ranchos y así se los defendía del ataque de las hormigas u otros bichos.

ÑACO. Harina de trigo tostado que los aborígenes de la región cordillerana de la Patagonia y luego muchos blancos, hechos a las costumbres locales, usaban como alimento, en forma similar a la del “gofio” (trigo o maíz tostado y molido). El “ñaco”, preparado con agua o leche fría o caliente, equivale, en todo sentido al “chilcán” del norte, ya que sólo varía el cereal que se emplea, maíz en este último caso.
ÑACURUTÚ. Nombre de una especie de lechuza o búho que abunda en la República Argentina, especialmente en las selvas del norte del país. Esta denominación es la onomatopeya del grito de esta ave, grito melancólico, un poco lúgubre que se oye desde que aparecen las primeras sombras de la noche y que da lugar a diversas leyendas entre la gente simple y crédula, que le adjudica la triste virtud de presagiar desgracias, olvidando la utilidad de su presencia en los campos, pues es un gran cazador de ratones, víboras y otras sabandijas, de las que se alimenta.

OREJANO. Nombre dado en el Río de la Plata al ganado vacuno que por no tener dueño, se lo marca como símbolo de propiedad, haciéndole un corte en forma de triángulo, en una de sus orejas. Esta
peración fue muy corriente durante la última parte del siglo XVIII y principios del XIX. El 24 de agosto de 1852, mediante un Decreto de JUSTO JOSÉ DE URQUIZA,  se dispuso que “los orejanos que se encuentren en el predio de un estanciero pertenecen a éste, si el ternero no sigue a la vaca madre” (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).

PACHAMAMA. Pachamama, Madre de la Tierra, Madre Tierra o, con mayor exactitud, la “Mamapacha” o la “Pachamama”, es una de las figuras de la cosmogonía indígena americana que más se ha extendido y ha perdurado.  La fiesta de la” es celebrada durante todo el año, porque es la Tierra Madre, pero el 1º de agosto de cada año en el Altiplano, se le dedica un día entero con ritos y ceremonias.

PACHIQUIL. En algunas provincias andinas (Catamarca, La Rioja, Neuquén, Mendoza, etc. Las mujeres que deben llevar canastos con verduras, frutos u otros productos, se lo ponían sobre la cabeza, pues así les resultaba más cómodo y menos cansador el transporte. Pero como entre el canasto y el cuero cabelludo, se ponen una almohadilla para evitar el roce entre ambos. Es una torzada circular de gruesos bordes (almohadilla de una sola pieza, en forma de anillo), que hacen simplemente con un pedazo de género. A esta torzada, que con otros nombres se usa en otras muchas partes del mundo, entre nosotros, se llama “pachiquil”, de acuerdo al idioma quichua.
PADREJÓN. bandido, obstinado e incorregible.
ADRINAZGO. Para la gente de campo, el nacimiento de un hijo traía aparejado un serio compromiso: elegir a la persona que sería el “padrino” del recién nacido. De acuerdo con las costumbres de tiempos ya idos, no cualquiera servía para desempeñarse como tal. Los padrinos, por el solo hecho de serlo, entraban a formar parte de la familia. Eran, en realidad, los segundos padres de la criatura y el ahijado le debía el mismo respeto y obediencia que a éstos y si llegaba a suceder que los padres biológicos murieran, el lugar era ocupado por los padrinos, que heredaban por entero las autoridad y las responsabilidades paternas. Teniendo en cuenta la importancia que tenía para el futuro del nuevo vástago, debía ponerse especial cuidado en la elección del padrino, al que se llamaba “compadre” y de la madrina, a la que se la llamaba “comadre”.
PAGO. Lugar donde se ha nacido. Término originalmente utilizado para nombrar a un sitio rural con límites imprecisos dentro de un distrito administrativo español más amplio. Podía o no tener pobladores y comunmente disponía de agua en sus cercanías o junto a sus tierras, por lo que los pagos, posibilitaron los asentamientos. Los Pagos más importantes que se conocían en la provincia de Buenos Aires, allá por el sglo XVII, eran los Pagos de Arroyo, Arrecifes, Cañada de la Cruz, Luján, Las Conchas, Matanzas, Magdalena y Monte Grande. En 1717, el Cabildo de Buenos Aires designó Jueces de Paz para los
urales. Más adelante, “pago” fue sinónimo de partido, unidad local geográfica y política en que puede dividirse una provincia.
PAILA. Término quichua que se aplica a todos los recipientes del menaje de la cocina: ollas, cacerolas y sartenes. Pero en el campo argentino, especialmente en el centro y el norte del país, una “paila” es una olla de hierro o cobre de gran tamaño, provista de patas, que sirve para ser colocada directamente sobre el fuego. Cuando se carece de éstas, se usa una “trebe” o “trébede”, que es aquel recipiente que se cuelga de un gancho suspendido con alambre o cadena de uno de los tirantes del techo del rancho crioll.
PAISANO Y GAUCHO. Muchos opinan que el modismo “gaucho” puede reemplazarse con el sustantivo “paisano” y nada está más alejado de la realidad. La palabra “gaucho” sea cual fuere su etimología, es un genérico tradicional que determina, de modo único, a una individuo del pasado argentino. Al hombre del caballo, el lazo y las boleadoras; del cuchillo, el mate y “las lloronas”. Al obrero insustituible de las tareas de campo; de los rodeos, del aparte, las yerras, las domas  y todo cuanto con ellas tenía relación en el campo abierto de antaño, las famosas “pampas argentinas”. “Paisano”, en cambio, es término común en todos los países de habla castellana. El Diccionario de la Real Academia Española, dice: “Paisano: que es del mismo país, provincia o lugar  que otro”, dando como segunda acepción la de “Campesino” y como tercera, “Que no es militar”. Hecha esta salvedad, debemos reconocer que en el interior de la República Argentina, muchas veces se llama “paisanos” a los que habitan en la campaña, fuera de las ciudades.
PAJONAL. En nuestro antigüo campo, casi despoblado, ciertas plantas alcanzaban un gran desarrollo, sobre todo en lugares húmedos, cañadones y esteros
es decir, donde se acumulaba agua de lluvia o del desborde fluvial. La “paja cortadera” y todas aquellas que se aprovechaban para la construcción de viviendas y su techado, como ser el junco, la totora, la biznaga, el espartillo, la espadaña, la paja brava etc., alcanzaban una gran altura y cubrían grandes extensiones. Ese conjunto de plantas, llamadas “pajas” por ser todas largas, delgadas y muy livianas, eran las que formaban “los pajonales”. En ellos, tenían sus madrigueras la mayor parte de nuestra fauna silvestre de la zona y en medio de ellos, quizás también buscaban refugio seguro, quienes iban huyendo de la justicia o de los indígenas.
PALANGANA. En los ranchos del gaucho, no había agua corriente ni baños como los conocemos hoy.  Para las abluciones matinales se usaba una “palangana”, jofaina o recipiente donde se ponía agua para lavarse. En la pobreza campesina de antaño, estas palanganas no tenían mueble que la contuviera ni ubicación definida; por eso se la dejaba en el suelo, en algún rincón de la pieza o junto al pozo. En uno u otro lado que estuvieran, era común que las personas frecuentemente tropezasen con ellas provocando un rezongo o una injusta exclamación “palangana del diablo” y un masaje en el empeine golpeado. Y la palangana quedaba allí. Nadie la cambiaba de lugar para que otros no sufrieran el mismo percance. Les era útil, pero nadie le prestaba la más mínima atención ni cuidado. Esa “mala onda” de las palanganas y su permanente desubicación, hizo que el nombre de este artefacto adquiriese una significación popular: se llamó “palangana” a las personas que aburrían, que cansaba, ya sea por zoncera natural, ya por ser demasiado conversadora o charlatana, ya por exceso de curiosidad, zalamería u otras características de las que resulta difícil deshacerse a ciertas personas.
PALENQUE. En todas las casas de campo, solía haber un poste, enterrado a cierta altura, que se destinaba exclusivamente para atar los caballos de quienes llegaban al lugar. En las “pulperías” o comercios donde se reunía mucha gente, como no bastaba este palenque para atar los caballos de quienes se reunían allí, al frente del local, con el mismo propósito, se acostumbraba a clavar dos o más  palos, separados unos dos metros entre sí y unidos por otro palo horizontal, asegurado con “guascas” También era llamado “palenque” a un poste muy grueso y fuerte que se clavaba en el centro de un corral, para atar allí a los animales, caballos o vacunos muy “chúcaros”, costumbre que se llamaba “palenquear”.
PALENQUEAR. Palenquear un potro es atarlo al “palenque” antes y durante el período de la doma, para que se vaya acostumbrando a estar sujeto y tranquilo. En estas ocasiones se lo ata con un bozal y un cabestro muy gruesos y reforzados, llamados “potreadores”, pues de otro modo no aguantarían los tirones que dan “los bagüales” al comenzar su atadura.
PANGO. Enredo, confusión, barullo.
PARDO. Mulato.
PAREJERO. Caballo preparado para correr carreras cuadreras.
PARLAMENTO. Reunión de caciques o con caciques.
PARTIDAS. Puestos en la cancha, los “parejeros” dispuestos a correr una carrera, necesitan entrar en calor, entonarse y prepararse para rendir al máximo de sus fuerzas. Con ese fin, se les hace realizar una serie de paseos previos al lance definitivo y para ello, los dos caballos apareados recorren una cierta distancia (cuarenta, cincuenta o más metros), al paso o al tranco las primeras veces, al galope luego y a “media rienda” o “media furia” finalmente. Estos ejercicios se llamaban “las partidas” y su número puede ser ilimitado, según fueren las condiciones del desafío. En un momento oportuno, cuando los dos animales corren en una misma línea, sin ventaja para ninguno de ellos, uno de los corredores convida “Vamos?” y si el otro está de acuerdo, responde a su vez ¡Vamos!. Y ambos caballos, espoleados por sus jinetes, pican violentamente en procura de la “raya” donde ha de definirse quién es el ganador.
PASMO. Todo edema o hinchazón que se produjese en el cuerpo de una persona, era diagnosticado como “pasmo”, sin importar cuál fuera su origen. Y como es lógico, también tenían siempre a mano, la cura eficaz de este mal: había que “atajar el pasmo” porque si se lo dejaba avanzar, éste terminaría por causar la muerte del atacado.
PAYAR. Cantar improvisando versos.
PAYÉ. Nombre con el que se conocen a los amuletos o talismanes que según las creencias populares, conceden a quienes lo llevan, éxitos en el amor, en el juego, en los negocios o en cualquier otra actividad del hombre. Es una creencia de origen guaraní que se afincó en la imaginería popular argentina. El payé se lleva colgado del cuello y consiste generalmente en una bolsita que contiene una heterogénea cantidad de elementos que incluye trozos de la madera de una cruz de cementerio,
lumas de diversos pájaros (las de caburé son principalísimas), piedras, plomo de una bala (especialmente si con ella se ha matado a un hombre), imágenes de santos, semillas, hierbas, etc. Dicen que para que el “payé” no se enoje, hay que alimentarlo y para ello, de vez en cuando, hay que ir agregando en la bolsita, algo más de los elementos que contiene u otros, que se cree que le darán más poder al talismán.
PELAR. Sacarle el dinero mediante argucias a los jugadores novatos.
PELLÓN Y SOBREPELLÓN. El “cojinillo”, ese cuero de oveja con toda su lana, que se coloca encima del “lomillo” o los bastos del recado criollo, cuyo objeto es brindar una siento más blando y cómodo al jinete, recibe el nombre de “pellón”. Del mismo modo, el “sobrepuesto”, pieza de diversa factura que se pone a continuación de aquél, se llama “sobrepellón”.
PELÓN. Nombre que se le daba a nuestros actuales “orejones” (duraznos pelados, descarozados y secos). El  nombre de «pelón», se funda en que para sacar el carozo, se debe pelar la parte superior de la pulpa, por lo que el fruto queda así pelado o “pelón”.
PELUCONA. La “onza de oro”, o “doblón de a ocho” (moneda española antigua, llamada así porque se descomponía en ocho escudos). Circuló en la época de la colonia (siglos XV al XVI) y fue conocida con el nombre de “pelucona”, denominación en cierta forma satírica, que tuvo su origen en la enorme peluca que usaba el rey de España, cuya efigie, se acuñaban en una de las caras de dicha moneda.
PELUDO. Borrachera o asunto costoso.
PIAL. Cuerda o lazo para pialar animales.
PIALAR: Tiro del lazo a las patas delanteras del animal
PICAFLOR. Muchas de nuestras aves, igual que otros animales, reciben, según la región que habitan, nombres distintos. Asó el “picaflor” (o “tuminejo”), pequeñísimo y muy bello pajarito, se llama “tente en el aire”, “tumuñuco, “tumiño”, “colibrí”, “pájaro mosca”, Para los quichuas era “quenti” o “kenti”, los guaraníes lo llamaban “mainumbá”. Nuestro picaflor es nativo de América y no se lo encuentra en ninguna otra parte del mundo. Existen muchísimas variedades (los expertos dicen que son trescientas), que se diferencian sólo por su tamaño y su colorido. Suspenden sus pequeños nidos en las ramas altas de los árboles y en algunos casos en rocas, también elevadas y durante el invierno no es posible verlos porque se aletargan, para aparecer cuando vuelven los calores. Son las únicas aves que pueden volar para atrás y utilizan esta habilidad para succionar con sus largos picos, dentro mismo de las corolas de las flores para extraer su néctar o los pequeños insectos que allí pueden encontrar. Hay picaflores totalmente verdes o negros, pero por efecto de la luz y de la velocidad de sus movimientos, despiden reflejos tornasolados y aparentan colores, que en verdad no tienen. Muy presentes en ls creencias populares, se dice que cuando un “picaflor” entra a una casa, lo que es frecuente, y revolotea alrededor de una persona, está anunciando la pronta llegada de visitas. Más utilitaria resulta la creencia de que un “picaflor” caído a la puerta de un comercio, podía atraer a muchos clientes.
PICHICOS. Huesos de las patas del vacuno con que se hacen juguetes para los niños.
PIFIAR. Errar.
PIJOTEAR. Mezquinar.
PINTÓN. Estado de un fruto, cuando comienza a madurar.
PIRCAS. Se llaman pircas a unas paredes, muros y vallas, construídos rústicamente con piedras sin labrar y calzadas, si usar argamasa. De una altura de entre 0,90 y 1,30 centímetros, se utilizaban para marcar los deslindes entre las distintas propiedades que se establecieron en la campaña, principlmente de la región andina.
PISINGALLO.
specie de maíz de grano pequeño, duro y puntiagudo. Es el más apropiado para hacer “pororó”, o como también se lo llama en la ciudad “rosetas”.
PITAR. Fumar.
POLLAS. Nuestro hombre de campo llamaba “carrera” solamente a la justa o competencia entre dos caballos. Hubo cierta época, en la que las autoridades quisieron combatir la práctica de este deporte que ya alcanzaba características de “vicio nacional”, en razón de las sangrientas peleas a que solían dar lugar la parcialidad de los “rayeros” (jueces de llegada), o las malas artes de algunos de los competidores. Como medida previa a la prohibición total que se pensaba aplicar, se dispuso que sólo podrían realizarse esas competencias, cuando interviniesen en ellas, tres o más caballos y que los propietarios debían pagar un derecho de participación, cuyo producto total (conocido como “la polla”), se acordaría como premio para el ganador. A esta clase de carreras se las llamó “pollas”, nombre que quizás hacía referencia a la competencia librada entre dos o más galanes aspirantes a los favores de una joven (“polla” se llamaba a una joven bonita, hacendosa y soltera), cuyo ganador se llevaba “la polla”. Como aquella disposición significaba quitarle toda su esencia a las “cuadreras”, el gaucho discurrió una trampa para eludirla y con suma habilidad burlaban lo dispuesto en las mismas barbas de la autoridad, en los contados casos en que ésta no se allanaba a “hacer la vista gorda”: Seguían corriendo solamente dos caballos, pero otros dos, montados por peones, corrían atrás, a una prudencial distancia para no molestar a los verdaderos competidores.POMBERO. En el noreste argentino, el “pombero”, también llamado “el señor de los pájaros”, por ser amigo y protector de las aves, es según una creencia popular, un duende o personaje fabuloso, al que se le asigna el aspecto de un hombre de corta estatura, tocado con un sombrero de anchas alas que el valor de un símbolo,  pues se dice que el “pombero” lo usa obligado para protegerse del sol, ya que sus apariciones se producen a la hora de la “siesta”, cuando en esos territorios, el calor del sol es abrasador y todo el mundo duerme en sus casas.
PONCHO. Prenda típica de Sudamérica, cuyo origen aún está en discusión, aunque existe un amplio consenso en que es una prenda de origen andino, que formaba parte de la vestimenta habitual de los pueblos originarios de esa región, y que pronto fue adoptado por los criollos. Se trata de un abrigo de diseño sencillo, consistente en un trozo rectangular de tela pesada y gruesa, en cuyo centro se ha practicado un tajo para pasar la cabeza. La tela se deja caer sobre el cuerpo, disponiendo los extremos de manera que permitan mover con facilidad los brazos.
POR CARAMBOLA. De casualidad.
PORCELANO. Pelaje equino producto de una piel  o manta (el cuero, propiamen
e dicho), de color oscuro, cubierta de pelos blancos, lo que determina en el conjunto  exterior, un suave reflejo azulado, semejante al de las finas porcelanas. Esta semejanza es lo que le dio pie al gaucho argentino, para llamar “porcelano” a estos animales.
PORRÓN. Frasco de ginebra.
PORRUDO, De pelo abundante.
PRENDA, Mujer amada.
PUCHA. Eufemismo para evitar decir puta.
PUCHERO. Guiso que fue el plato preferido de la vieja cocina criolla, cuando la abundancia y poco costo de sus ingredientes, lo hacía accesible al bolsillo del criollo. Lleva carnes (de vaca, de cerdo y de gallina), panceta, verduras (papas, zapallo, boñato, repollo, cebollas, zanahorias), legumbres (porotos, garbanzos, habas),  diversos condimentos y especias. A veces se le agrega arroz o fideos. También, en algunas regiones se llama “puchero” a una gran olla donde se hace esa comida.
PUESTERO. Los establecimientos de campo, por la extensión y el gran número de animales que tenían, no podían ser eficazmente vigilados desde el casco de la estancia, así llamado el conjunto de edificios donde vivían los propietarios, los mayordomos, capataces y “me
suales”. Por esta razón, en distintos lugares del campo, se levantan pequeñas viviendas que reciben el nombre de “puestos”. En cada uno de ellos, vive un peón con su familia, que tiene a su cargo la vigilancia sobre un sector determinado del campo, debiendo recorrerlo periódicamente, controlando el estado de los alambrados, de las aguadas, de los molinos, tanques y bebederos y muy especialmente al ganado consignado en su sector. Estos peones, que deben gozar de la más absoluta confianza del “patrón” por su honradez y laboriosidad, se llaman “puesteros” y están una escala por encima de los “peones.
PUESTO. Muchas veces, la presencia de grandes arboledas o elevaciones del terreno hacían difícil la vigilancia de lugares lejanos a la casa principal de un establecimiento de campo, donde vivían los dueños de la Estancia y alrededor de ésta, el capataz y los peones o “mensuales”. Ello obligaba a instalar en distintos lugares del campo, pequeñas casas o “ranchos” que recibían el nombre de “puestos” y en cada uno de ellos, vivía un peón, solo o con su familia, teniendo a su cargo la vigilancia de una parte de ese campo (hasta donde alcanzara su vista), debiendo recorrerlo periódicamente, vigilando el estado de los alambrados, de las aguadas, molinos, tanques y principalmente de la hacienda que había quedado bajo su responsabilidad. Estos peones, que merecían plena confianza de los “patrones”, se llama “puestero” y como su responsabilidad y su trabajo era mayor que el de los “mensuales”, era, como es lógico mucho mejor remunerado. A veces también se llamaba “puestero” al que, sin estar de fijo en ninguna estancia, cuidaba a cierto número de animales, ya fueran suyos o ajenos.
PUJLLAY. Es el espíritu del Carnaval diaguita-calchaquí que preside a una de las fiestas tradicionales más importantes del norte argentino. Es cuando el  hombre se libera y se desinhibe durante siete días y festeja el advenimiento del Carnaval con la caja chayera, las coloridas ropas collas, la aloja y el vino, llenando el aire con su exitante olor a albahaca. Personaje al que algunos le atribuyen un papel divino, siendo así una divinidad menor en la escala mitológica de la región; otros le conceden sólo el papel de un personaje de la Chaya, desacralizándolo.
PULPERÍA. Tienda de ramos generales, donde se despachan bebidas. La pulpería o “casa de negocios” del antigüo campo argentino, vendía todos aquellos artículos que los pobladores podían necesitar: géneros, remedios, comestibles y los “vicios”, como el tabaco, papel para armar cigarrillos, yerba, caña, vino, etc. Allí se reunían a beber y conversar los hombres que vivían en los alrededores, mientras el “pulpero” los atendía tras una reja que lo protegía de los peligros de un borracho pendenciero o de un asalto. En las pulperías siempre había una o dos  guitarras para que se lucieran los cantores o para que se trenzaran en épicas “payadas” quienes con sus picantes versos, hacían las delicias de un público siempre ávido de diversiones (ver “Los payadores” en Crónicas). Allí se jugaba a los naipes (la malilla y el truquiflor eran los juegos preferidos)  y a “la taba”, se concertaban y se corrían “carreras cuadreras” y se recibía la correspondencia que llegaba “al pago”,
PUMA. El nombre “puma”, de uso general en la República Argentina, para denominar al llamado “león americano”(felis concolor), es una palabra de origen quichua inspirado en los sanguinarios instintos  que caracterizan a este felino. Salvo en circunstancias especialísimas, el “puma” (“lión o “león” para el hombre de la llanura), solo ataca a traición, nunca de frente, pero es un hábil predador, sobre todo nocturno, cuando sus presas (ovejas, cabras y crías de ganado vacuno y caballar), medran indefensas. Los guaraníes influídos por el color de su pelaje lo llamaron “yaguá pitá”, es decir “perro colorado” y los araucanos le decían “pangi”.
PUPO. Es el nombre familiar y corriente del ombligo en toda la República Argentina. Es una simple adaptación del vocablo quichua “pupu”, que se usaba entre los incas, para designar a esa parte del cuerpo humano. En el noroeste argentino, a los niños que tiene el ombligo muy prominente y desarrollado, les llaman “pupilos” que significa ombligudos.
PUYÓN. Espolón de acero para los gallos de riña.

QUERENCIA. Lugar donde se habita
QUESILLO. Queso blando y lechoso, hecho con leche de cabra. Se le da forma de delgadas láminas que se sirven sobre una hoja de vid, y bañados en su misma leche.
QUILLA. En el vocabulario regional, tanto en el cancionero, como en viejas crónicas del noroeste argentino, es frecuente encontrar la palabra “quilla”, que no es otra cosa que “luna” en idioma quichua. Y como el sol, fuente de calor que le da vida al mundo, según la interpretación de ese pueblo, que lo invocaba con el respetuoso tratamiento de “Tata Inti” (Padre Sol), a la luna, señora de la noche, que disipa los peligros de la oscuridad, se la llamó “Mama Quilla” o sea Madre Luna, pues la creían esposa de aquél y por consiguiente, debían asignársele las mismas condiciones divinas.
QUILLANGO. A los guanacos, mientras son mamones, es decir, durante los primeros meses de vida, se los llama “quillangos” o “chulengos”. Y así también se llama “quillango” a una manta que hacían los aborígenes, especialmente los habitantes de la Patagonia (comarca donde abundan esos camélidos), uniendo mediante una costura muy especial, varios cueros de guanaco para confeccionar esa prenda que les servirá de abrigo, de manta
ara echarse a dormir o para cubrirse de la lluvia y el sol. Hoy, debido a exigencias del mercado que han descubierto el alto valor comercial de estos productos, se utiliza la piel de zorro y hasta de zorrino, para combinar con las de guanaco, logrando una prenda muy vistosa.
QUILLAY. En la lengua de los indios pampas, se daba el nombre de “quillay” a la corteza de un árbol, cuyos efectos eran similares a los del jabón de lavar que usaban sus mujeres para lavar y aunque parezca mentira, ellos para lavarse de vez en cuando, aunque no sabían que podían hacerlo, porque el producto que obtenían cuando hervían esas cortezas era “saponina” (un glucósido de esteroide, con propiedades semejantes a las del jabón). Parece ser que el vocablo en realidad, pertenece al idioma araucano y que el “quillay” es un árbol oriundo de Chile, datos que confirman la “araucanización” que sufrieron los indios pampas, auténticos pobladores nativos de nuestra Pampa, que fueron colonizados por los aborígenes chilenos, que atravesaron la Cordillera de los Andes, en busca de mejores pastos para su ganado y de mejores condiciones de vida para sus tribus.
QUINCHO. Tejido de juncos o paja para techar los ranchos o las “ramadas”.

RAMADA. Enramada, cobertizo.
RANCHO COLA DE PATO. El rancho cola de pato que fue vivienda del gaucho argentino, tenía como característica, que adosado a uno de sus costados, se erigía un ala, también habitable, que le daba mayor espacio y comodidad.
RANCHO DE ESTANTEO. Antiguas construcciones que servían de vivienda para el gaucho y su familia. Se diferenciaban de otros cuyas paredes eran de adobes,  en que éstas se hacían con cañas divididas longitudinalmente por la mitad, que sumergidas en barro, adquirían más cuerpo y  garantizaban una gran impermeabilidad. Una vez seco el barro, se las sujetaba con tientos a los “estantes”, una a continuación de otra, procurando que quedaran lo más juntas y ajustadas posible. Terminadas así estas paredes, se las cubría exteriormente con una capa de barro mezclado con paja fina y estiércol, aumentando así sus facultades para resistir el viento, la lluvia y el frío.
RANCHO DE TERRÓN. Tipo de construcción cuyas paredes están hechas con “terrones” (panes) de pasto o césped apilados unos sobre otros.
RANCHO.  Vivienda con paredes de barro y techo de paja.
RASTRILLADA.  Camino abierto en la espesura de un monte, debido al contínuo  paso de los animales.
RATONA. Casi todas las regiones de la República Argentina disfrutan con la presencia de un simpático pajarito, muy pequeño y confiado, de color
ardo cuyo nombre común es “ratona”, pero que también es conocida como “ratonerita”, pititurria”, “tacuarita” y “curcucha”. El nombre “ratona” es el que mejor le cabe, debido a su aspecto, tamaño y vivacidad de movimientos, que son semejantes a los de las lauchas o ratoncitos, esos roedores tan comunes en nuestros campos. Pero “ratonera” también le viene bien, debido a su costumbre de andar siempre corriendo de aquí para allá, metiéndose en cuanto agujero o recoveco halla a su paso, dando la impresión de que anda buscando ratones para comer. “Pititurria” hace referencia a la pequeñez de su cuerpito, modismo que también se aplica a las personas de físico esmirriado. “Tacuarita” (diminutivo de “tacuara”, especie de caña sumamente resistente y flexible con las que se hacen las lanzas),  es otro de los nombres que el ingenio popular le aplicó, ya que se “aquerencia” frecuentemente en aquellos lugares donde se estiba y guardan cañas tacuaras para ser empleadas cuando fuere necesario. Finalmente digamos que “curcucha” es un derivado de la voz quichua “hucucha”, nombre que en el noroeste argentino se le da a las lauchas o ratoncitos.
RAYAR. Una frenada violenta, brutal en muchos casos, hace que el caballo se detenga de golpe, inmovilizando sus patas delanteras y sentándose casi sobre sus jarretes o garrones traseros, hace que, por la fuerza del impulso, trace unos profundos surcos sobre la tierra. En la sentada súbita, sus vasos “rayan” la tierra, como si araran con una gruesa reja sin filo y sin puntas. Eso era “hacer rayar” al caballo, verdadera suerte ecuestre que no todos los jinetes se animaban a hacer, por los riesgos que corría su montado, posesión preciosa para el gaucho.
RECADITO CANTOR.  Recado chico y pobre.
RECADO.  Conjunto de piezas para ensillar el caballo.
REDOMÓN. Potro a medio amansar.
REDOMONEAR. Es sabido por hombre de campo en la Argentina que desde las primeras ensilladas que sufre, un potro pierde su condición de tal, para convertirse en “redomón”, o sea, una animal a medio amansar. Ya empieza a conocer lo que que le espera y va sometiéndose al rigor de las “palenqueadas”, al manoseo que le quitará las cosquillas del miedo, el antes jamás sentido peso del jinete sobre su lomo y el imperativo y poco agradable rigor del bocado y las riendas. En un principio, eso fue “redomonear”, pero en el habla del campo, este vocablo ha extendido su alcance y se emplea también para para expresar que en la ejecución de un trabajo, una empresa, o un aprendizaje cualquiera, se han vencido las primeras dificultades, que sueles ser las mayores y más difícil de superar, como ocurre, cuando se doma a un caballo chúcaro. Es decir que, en lenguaje campero “redomonear”, significa  cumplir la etapa primera de una actividad cualesquiera.
REFOCILO o rjucilo eran los relámpagos.
RENEGARSE.  Enojarse.
REJUNTAR.  Juntar animales dispersos.
RESCOLDO. Son las brasas menudas que se mantienen encendidas, envueltas en cenizas.
RETOBAO.  Malhumorado, resentido, rebelde.
REYUNO. Caballo propiedad del Estado.
RIÑONADA. Es la grasa que se saca del riñón del ganado.
ROBADA. Logrado con facilidad, sin mucho esfuerzo.
RODEO. El rodeo es uno de los trabajos que se realiza en las estancias y que consiste en juntar la hacienda que estaba desparramada  por el campo, en busca de mejores pastos, para conducirla a un lugar preestablecido. Para ello, los jinetes, a veces con la ayuda de los perros, la rodean y luego la arrean hacia su destino.

SALMUERA. Mezcla de agua con sal que se usa para sazonar los asados criollos y que según la “ciencia gaucha” es buena para aliviar golpes y caídas si se frota con ella, la zona afectada.
SANCOCHAR. Cocinar en agua y sal cualquier alimento.
SANGRÍA. Bebida hecha con vino tinto, soda o agua, azúcar y rodajas de limón y/o naranja.

SEGURIDÁ. Con este nombre (por seguridad), era conocido el certificado de propiedad de los animales que había sido extendido por la autoridad competente. Era la certificación que el o los animales que llevaba, le pertenecían legalmente. Nadie emprendía un largo viaje, ni transportaba ganado o caballos de un lado a otro, sin llevar en su bolsillo, junto con “la papeleta”, la “seguridá” (sic), ya que ambas constancias, podían serles requeridas en el momento menos pensado.
SEÑUELO. Cuando había que trabajar con hacienda arisca, chúcara, resultaba muy difícil el rodeo y el aparte, o hacerla entrar en un corral, o cruzar el vado de un arroyo, de un río u otro obstáculo y para lograrlo se utilizaban los señuelos. Éstos eran animales mansos, ya acostumbrados a las órdenes del hombre y a entrar en los corrales. Se mezclaban con la hacienda cimarrona y lograban que lo siguieran, entrando mansamente detrás de ellos a los corrales, o dócilmente encolumnados para sortear el obstáculo que los detenía en su marcha.
SILLONES (O “guasanchos”). Caballos cuya columna vertebral presenta la forma de un arco cóncavo, que va desde la cruz hasta el nacimiento de las ancas o grupa y que son conocidos también como «sillones» o “guasanchos”, en diversas regiones de la Argentina.
SOCORROS. Adelantos de sueldo.
SOFRENAR. Detener bruscamente el caballo con un tirón de riendas.
SOTRETA. Forma despectiva usada en el campo argentino, para expresar que una persona era poco merecedora de confianza por sus procederes. Es quizás también, las más gráfica y elocuente denominación  del caballo resabiado y lleno de mañas, tan profundamente enquistadas, que ya nadie puede sacárselas. “Sotreta” se usa también como sinónimo de “matungo”, “macarrón” o animal inútil, en razón del desagrado que producen éstos, en las personas que se ven obligadas a emplearlos.
SUCEDIDO. Todos sabemos que “sucedido” (de suceso), expresa la existencia de un hecho real, algo que sucede u ocurre, dentro de las posibilidades humanas. De ahí, que en las charlas de fogón campero, se haya usado (y aún se usa), para dar fe de que lo contado o comentado es verdad y no cosa de la imaginación. Pero lo cierto es, que gran parte de estos “sucedidos”, aunque se amparacen en dicho carácter de veracidad, no pasaban de ser simples fantasías, tales como aquellas en las que intervenían “la viuda”, “el lobizón”, “la luz mala” y otras leyendas igualmente fantásticas y frutos de la superstición., aunque la credulidad popular  admitía como fenómenos de este mundo, o las que, refiriéndose a hechos reales, resultaban tan exageradas que difícilmente podían ser aceptadas y creídas. Por eso, los “sucedidos” del vocabulario campero deben ser tomados siempre con beneficio de inventario, antes de aceptarlos, como lo que pretenden ser.
SURÍ. Es el nombre quichua del “ñandú” o “avestruz americano”, pero también se llama así a un
ipo de alpaca en el noroeste argentino. El “alpaca surí” es un rumiante de la familia de la llama, el guanaco y la vicuña que produce una lana larga y sedosa, tan suave y ligera como la más fina pluma de avestruz.

TABA. Juego practicado en la campaña rioplatense que consiste en tirar la taba (confeccionada con un hueso de res, excluyentemente el astrágalo) al que se le ha fijado una chapa de hierro
n un lado y una chapa de bronce en el otro. Los competidores, tirando la taba por turno, de a uno por vez, a una distancia aproximada de tres metros, deben tratar de que caiga con la parte enchapada en bronce, para ganar la apuesta, porque si cae con la otra parte arriba, (se dice que salió “culo”), perderá sus apuestas.
TACO. Trago de bebida alcohólica fuerte.

Resultado de imagen para tacurúTACURÚ (imagen). En las distintas regiones de la República Argentina, pero en modo especial en el norte y nordeste del país, existen unas hormigas blancas, llamadas “termes” (comúnmente conocidas como “termitas”), que se caracterizan por su habilidad para construír sus refugios, tal como lo hace el hornero para construír su nido. Viven en terrenos anegadizos, preferentemente arcillosos (material que les es necesario para su trabajo) y para impedir que el agua invada el hormiguero que han construido bajo tierra, con el mismo material que han extraído para cavarlo, levantan a su alrededor unos montículos de base ancha y forma cilíndrica o cónica que alcanza hasta un metro y más de altura. Como lo construyen con tierra arcillosa, al secarse ésta, se solidificas de tal modo que pueden subsistir durante muchos años, aun cuando hayan sido abandonados por sus pobladoras. Estas construcciones” reciben el nombre de “tacurú” (voz guaraní) y el conjunto o colonia de ellas o campo donde se encuentran se llama “tacuruzal” . Los “tacurúes” abandonados y ahuecados por el gaucho, le sirvieron muchas veces para improvisar un fogón, que debido a la altura de sus paredes, permanecerá a cubierto del viento y el agua. También se llamó «tacurú» a un mineral de hierro pobre, localiado y procesado cerca de Posadas, en la provincia de Misiones.

TAJAMAR. Son embalses que se construyen en proximidades de las “aguadas” para contener agua, para servir como abrevaderos para el ganado, a los que se recurría, cuando no había seguridad de disponer de  fuentes naturales de agua en tiempos de sequía. Se cree que se los usó por primera vez en 1764 y hacia 1851, el gobierno ya había ordenado construír trescientos noventa y ocho tajamares, sólo en la provincia de Buenos Aires (ver Agua para el gaucho y su ganado).
TAMALES. Comida típica del noroeste argentino, hecha con harina de maíz muy condimentada y armada como una croqueta en cuyo interior se le ponen trozos de grasa y cebollas fritas. Se sirven envueltas en chalas de maíz, luego de hervidas para ablandarlas.
TAMANDUÁ. Tamanduá es el nombre del oso hormiguero en idioma guaraní. Este curioso, lento y ávido comedor de hormigas, que habita el norte argentino. Usa como “herramienta”, su larga lengua vermiforme (con forma de gusano), cubierta con una sustancia sumamente viscosa, para sacar a las hormigas de sus refugios y llevarlas pegadas a ella, hasta su boca.
TAMBO. Nombre con el que en el antigüo virreinato del Río de la Plata, en el sigloXVI  comenzó a nombrarse a los lugares donde se ordeñaban las vacas. Para comprender la razón de este nombre, debemos recodar que “tambo” es una palabra derivada de “tampu”, que en idioma quichua significa “alojamiento temporal y que proviene de la época del Imperio Inca. Fue práctica en aquel entonces, instalar postas o “tanpus” a todo lo largo del camino que debían recorrer los chasquis llevando y trayendo mensajes, los funcionarios cumpliendo tareas oficiales y los viajeros en general. Se los ubicaba a  25/30 kilómetros unos de otros (medida impuesta por la distancia que se recorría en una jornada de marcha a pie), y su función era satisfacer las necesidades de alojamiento y avituallamiento de estos viajeros, además de servir como centros de acopio de alimentos, leña y otros elementos necesarios para la subs
stencia de las comunidades vecinas al lugar. Por la relación entonces que esos lugares considerados “alojamientos temporarios”, donde además de almacenar mercaderías, alojaban animales para el ordeñe y para consumo, fue que al formalizarse la producción lechera, se llamase “tambos” a los lugares donde se ordeñaban vacas.
TAPADOS. Según las leyendas que se murmuraban junto a los fogones, en muchas regiones del norte argentino, existen tesoros escondidos por los conquistadores españoles, obligados a ello, ya sea para salvarlos de la codicia de sus compañeros o porque tuvieron que huir ante alguna amenaza. A estos tesoros ocultos se los llama “tapados”.
TAPE. Indio, también se llama así al hombre de poca estatura y con anchas espaldas.
TAPERA. Las “taperas” no son otra cosa que las ruinas de una casa que ha estado deshabitada durante mucho tiempo. El viento y la lluvia han ido destruyendo poco a poco su estructura y sus paredes, ya sin ventanas ni puertas, comienzan a degradarse y el techo termina por caerse, dejando que los pastos y arbustos invadan su interior. Las “taperas” tenían así, un aspecto muy poco agradable; cubiertas por los pastizales, utilizadas por los animales para hacer allí sus madrigueras y sus nidos, eran el escenario ideal para que la imaginería popular tejiera a su alrededor, fantásticas y terribles historias de “luces malas”, y “aparecidos”, que las inducían a evitar pasar cerca de ellas, porque les tenían miedo.
TASAJO. Trozo de carne cortado en tiras y secado al sol sin sal.
ATA INTI. Los quichuas adoraban al sol, que era para ellos, un Dios todopoderoso, puesto que era él el que le daba vida al mundo, mediante la luz y el calor, elementos éstos, de los que no podían prescindir los seres vivientes, sean humanos, animales o vegetales. Para testimoniarle su devoción y respeto, así como para merecer sus favores, le ofrecían sacrificios invocándolo por su nombre “Tata Inti”, que en su idioma quería decir “Padre Sol”.
TEJIDO A PALA. Técnica textil que emplea como instrumento esencial “la pala”, una pieza de madera achatada, con un chanfle o bisel, especie de filo, a lo largo de uno de sus lados, que produce un tejido, más compacto que el “tejido a peine”.
TERCEROLA. Llamadas también “recortados”, fueron los fusiles, carabinas y escopetas, a las que se les recortaba hasta la tercera parte del cañón y otro tanto de la culata, para que el arma pudiera acomodarse fácilmente en el recado y hasta en la cintura
TERERÉ. Bebida que se obtiene mediante la m
ceración de yerba mate en agua fría.
TERNE. Es un vocablo que antiguamente definía al “guapo”, valiente; es decir, hombre que se muestra capaz de afrontar cualquier situación de fuerza. y como muchos otros vocablos usados en el campo argentino, han sido desnaturalizados en su esencia por quienes ignoraban sus raíces, significado y uso. Hoy, se le da a terne, el significado de pillo, astuto aprovechador, ventajero.   Lo que hoy se conoce como el “vivo”, “el ventajero” podía ser reemplazado por otras dos palabras del vocabulario campero que expresaban lo mismo: “peje” y “liendre”. “Qué terne!!”, “!qué peje!” y “!qué liendre!”, eran sinónimos absolutos en su momento y en su ambiente y lo siguen siendo aún hoy, en algunos lugares del país. Claro está que en los viejos tiempos del campo argentino, nadie podía presumir de “terne”, “peje” o “liendre” sin estar respaldado por un verdadero coraje personal.
TIENTOS. Tiras de cuero crudo, generalmente muy delgadas y siempre muy parejas de grosor, que se cortan con un cuchillo bien afilado de una cuero vacuno. Sirven para trenzar botones, pasadores y otros adornos de ciertas partes del apero, para hacer riendas, cinchas estribos y hasta, con los muy delgados,  para coser piezas de cuero. Se usan, atados a los bastos, para sostener las boleadoras, el poncho y cualquier otra cosa que deba llevarse “atada a los tientos”, para que el jinete quede con las manos libres.
TIPOY. Túnica sin cuello y sin mangas, generalemente de algodón blanco, usada por las aboríigenes del Chaco. Prenda exclusivamente femenina que pronto fue adoptada por las paraguayas de humilde condición (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
TIRADOR. Ancho cinturón de cuero, a veces con bolsillos y casi siempre adornado con monedas de metal precioso, usado por los hombres de campo en la Argentina.  Un tipo especial de “tirador” era el llamado “chanchero”, que tenía amplios bolsillos y adornos, que las talabarterías confeccionaban con cuero de chancho (de ahí el nombre que recibían), cuya vistosa superficie graneada y su larga duración, le otorgaban el favor de quienes podían adquirirlo.
TIRO. La primera condición cuando se concertaba una carrera, era fijar el “tiro”, es decir la distancia que debían recorrer los caballos. El “tiro” tenía una importancia fundamental en esas competencias, pues estaba en relación directa con la mayor o menor resistencia del animal, condición que como es de suponer, era bien conocida por cada uno de los contrincantes. Por eso, se consideraba tan importante fijar el “tiro” que tendría la competencia. Correr “dos ochenta” significaba que había que correr doscientos ochenta metros desde la largada hasta la “raya” o meta. El “tiro” podía ser modificado por cierto convenio auxiliar llamado “partir de adentro”, que significaba disminuír la distancia fijada en los cuarenta o cincuenta metros que se fijaban para las “partidas”. La distancia total, solo se recorría cuando se “partía de afuera” o con abanderado.
TOLDERÍA. Conjunto de toldos (viviendas) de los aborígenes.
TOLDO. Refugio primitivo usado por los aborígenes patagones y tehuelches que habitaban la Patagonia argentina. Estaba hecho con cueros (en un principio con cueros de guanaco y luego con cueros de caballo y de huemul, o ciervo de la Patagonia).. Cosidos con venas y nervios de ´ñandú y sostenidos con palos de madera enterrados en la tierra. Por lo general, dejaban uno de los lados del toldo abierto, para que sirviera de chimenea ya que mantenían siempre encendido un fuego dentro del toldo para cocinar y calefaccionarlo. Al grupo de toldos levantado por un conjunto de individuos, durante las campañas que se realizaron al desierto (1822-1883), , se lo llamaba “toldería” (Diccionario Histórico Argentino, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994).
TOPADA. Para los aborígenes que poblaron el territorio argentino y más tarde para nuestros gauchos, el término “topar”, no define exactamente las carreras que emprenden los carneros, los machos cabríos, los ciervos, los vacunos y otros animales que se topan o dan topetazos usando el testuz en un combate con algún congénere. En nuestro campo, “la topada” era un divertimento en el que intervenían dos grupos de individuos a caballo, que separados por una prudente distancia, emprendían una furiosa carrera hacia el oponente, para detenerse abruptamente, frente mismo a las narices del otro, siendo la mejor “topada”, la que había terminado con una mínima separación entre ambos grupos, pues así se demostraba la serenidad y la baquía del jinete y la excelencia del adiestramiento del caballo. “Topada” se llamaba también al encuentro que reunía  a las “comadres” y “compadres” en los carnavales, donde un duelo de coplas  mal intencionadas  y llenas de picardía y humor, no sólo daban animación a la reunión, sino que establecía el derecho a ejercer la jefatura del grupo. Para el gaucho, “una topada” también era la reunión de dos o más personas entendidas en algún asunto, que competían para dirimir la superioridad o el mayor conocimiento entre ellas. Cantores, guapos, domadores, bailarines, tomadores de ginebra que se encuentran para decidir quién es el mejor, hacen que se diga “se juntaron Topate con Toparías”.
TOPADA. Encuentro en pelea o payando.
TOPAR. Topar es, según el diccionario “chocar una cosa contra”. Se topan o se dan “topetazos” los carneros, los machos cabríos, los vacunos, los ciervos y otros animales
ue usan su testuz o “tope” para luchar.. Pero nuestros aborígenes y más tarde nuestros gauchos, dieron a la palabra “topada” el sentido de “encuentro”, aunque no medie en esta acción contacto alguno. Los indios se “topaban”, enfrentándose dos grupos de ellos montados a caballo que se lanzaban uno contra otro a todo galope, para detenerse abruptamente, antes de tomar contacto, haciendo “rayar” sus montados, casi ante las narices del riv
l, demostrando así su temple y coraje. Cuanto menos fuese la distancia que separaba a los contrincantes, más brillante y corajuda había sido la “topada”, ya que así se había demostrado la serenidad y baquía del hombre y la excelencia del adisetramiento de su montado. “Topada” es también el encuentro o reunión de las “comadres” y “compadres” en los carnavales norteños, conocidos como “chayas”, donde, después de un duelo de coplas intencionadas, pícaras y llenas de humorismo, no sólo daban animación a la fiesta, sino que en ocasiones, allí se disputaba encarnizadamente el derecho a la jefatura de la “chaya”.
TOPO. Las mujeres araucanas que vinieron con las tribus que invadieron y luego se afincaron en la Patagonia Argentina, se sujetaban el “chamal” (especie de manta o vestidura), a la altura del pecho, con un alfiler grande, de diversas formas, cuya cabeza o remate, solía ser un hermoso medallón de plata, trabajado por sus hombres. Este alfiler, era conocido con el nombre de “topo”, vocablo de origen quichua, pues “tupo”, en ese idioma, significa exactamente lo mismo: alfiler grande que ya usaban y todavía usan las “coyas” o sea, las nativas de ciertas regiones del noroeste argentino.
TORO. Valiente, osado, corajudo. Para los indígenas, sobre todo los que habitaban en la frontera sur de Buenos Aires, el toro era la expresión máxima de la fuerza, resistencia y valentía, condiciones éstas que apreciaban con frecuencia, en los tremendos combates que los toros cimarrones sostenían en la época del celo. Eran luchas feroces que duraban horas y horas, de días algunas veces, entre dos contrincantes y que sólo terminaban con la muerte o la fuga vergonzosa de uno de ellos. Sus roncos bramidos se escuchaban desde largas distancias, los retumbantes topetazos y las nubes de tierra que levantaban sus pezuñas en su preparación para el ataque. Provocaban el entusiasmo de los indígenas, cuyos métodos de pelea eran también ruidosos y ciegos, como el de aquellas bestias. Por eso, los “pampas” hicieron de “toro”, un calificativo aplicable, tanto a los seres humanos, como a los animales, en todas las ocasiones que implicasen una superación del nivel común. El coronel LUCIO B. MANSILLA fue uno de los que fueron reconocidos como tal por los ranqueles que lo llamaban “coronel toro”, expresando así su admiración, cuando rivalizaba con ellos en fuerza física o cuando aceptaba renovados convites de caña, sin que esa fuerte bebida alcohólica lograra vencer su lucidez, aún después de haber volteado al más famoso de los bebedores indios. “Huinca toro” era otra expresión que se oía en las tolderías, cuando regresaban de un malón, derrotados por los “milicos”.
TORTA FRITA. Pastel típico e infaltable en las mateadas, que se prepara generalmente en los días de lluvia, ante la imposibilidad de salir a trabajar afuera “de las casas”. Son una especie de tortilla de 20/25 centímetros de diámetro que se hacen mezclando harina, agua, grasa y que luego de freirlas en grasa,  se sirven a veces con azúcar por encima.
TORTA. Lo que quedaba a flor de tierra cuando se cortaba un troncho. Su forma redonda y chata, similar a la forma de una torta de respostería, fue lo que hizo que comenzara a llamarsela así en los antigüos obrajes argentinos.
TORUNO. Buey mal castrado o con un solo testículo.
TRAMOJO. También llamado “trangallo” o “trabanco”, es una horqueta de madera que se le coloca en el pescuezo a los animales (especialmente vacunos y porcinos), para impedir que pasen por entre los alambres de un alambrado. T
mbién se utiliza para quitarle al animal la costumbre de dispararse, ya que al hacerlo, el artefacto lo golpea en el pecho y las manos.
TRANCA. Borrachera.
TREBE. O “trébede”. Recipiente generalmente de hierro que se cuelga de un gancho suspendido con alambre o cadena, de uno de los tirantes del techo del rancho criollo sobre el fogón y que sirve para cocinar.
TRIPA DULCE. O “chinchulín”. Es el intestino delgado de la res que previamente muy bien lavado y limpiose lo asa a las brasas y constituye una de las llamadas achuras” del asado.TRIPA GORDA. Esta es otra de las “achuras” típcas de un buen asado. Es el Intestino grueso de la res, que luego de muy bien limpio y lavado,  se lo asa a las brasas.
TROPERO. El argentinismo “tropero” (de “tropear”, conducir una tropa o conjunto de animales o de vehículos), reúne las acepciones de varios vocablos, algunos castizos y otros que se usaron y aún se usan en el campo. “Troperos” eran los los arrieros o arreadores de las “muladas” que se mandaban periódicamente desde nuestros territorios hacia el Alto Perú; los e las recuas que traían y llevaban los productos del tráfico entre las provincias andinas y las del centro y la costa: los carreteros y carreros y los boyeros (llamados también “maruchos”), de las caravanas de carretas que surcaban  las principales rutas del país, llevando carga y pasaje; los “reseros” (derivación de “res o animal vacuno). Y en un orden menor, pero también afín, “troperos” deben llamarse a los “remeseros” del altiplano o conductores de una tropa o tropilla de llamas cargueras.
TROPILLA. Conjunto de animales yeguarizos. Muy pobre tenía que ser un gaucho p
ra no poseer, al menos, una tropilla de caballos y mejor si todos eran de un “mismo pelo”, es decir de semejantes características morfológicas e igual pelaje y color. Puros, alazanes o tordillos; bayos, zainos o doradillos, todos del mismo color eran el orgullo del hombre de campo de tener “una tropilla de un solo pelo”

UTURUNCO. De acuerdo con una leyenda, el “uturunco”, u hombre tigre, era el producto de un trato hecho con el diablo en la “Salamanca” (escuela de brujería), y en pago del terrible don, el hombre debía entregar su alma, pues éste, era el precio fijado por “el malo”.

VALEAR. Este es un término que no diferencia la “v” de la “b” y se refiere a un acto, que está muy lejos de lo que parece nombrar. Hasta hace muy pocos años, en los establecimientos rurales (estancias, establecimientos rurales, obrajes, etc.), se pagan los sueldos y jornales con “órdenes de compra” o “vales” contra una determinado comercio del pueblo más cercano, donde se hacían efectivos, se depositaban a cuenta o se utilizaba para pagar alimentos, ropa, herramientas, etc. .Era un sistema perverso que enriqueció a muchos empresarios y comerciantes, ya que lo más frecuente, era que la mayoría de los peones y empleados que tenían crédito en esos comercios, el “debe” era siempre muy superior al “haber”. Al acto de entrega y recepción de estos vales, se lo llamaba “valear” y cuando alguien decía “me han valeado”, quería decir que lo habían despedido, extendiéndole el último vale que cobraría allí.
VENTOSAS. Pequeños vasos de vidrio que se utilizaban para curar “el pasmo”, la gripe, los resfríos y tantos otros males. Con el enfermo puesto boca abajo, se acercaba una llama al interior de cada uno de estos vasitos, previamente mojados con alcohol. Una vez apagada la llama que surgía de ellos, se lo aplicaba rápidamente sobre la espalda del paciente, para que el vacío que se creaba en el vasito, hiciera que éste se adhiriera firmemente como una ventosa. Se aseguraba que así se extraían los males que se habían alojado en los pulmones del pobre gaucho.
VICHAR. Espiar, mirar.
VISTEAR. La llamada esgrima criolla, que derivaba en el clásico duelo a cuchillo del gaucho, implicaba una técnica que no era definida en una escuela formal, como en el caso de la esgrima europea, sino que respondía a un criterio instintivo, desarrollado con el juego del «visteo» y una rara habilidad para dirigir los lances, desviar los golpes contrarios con quites o sacando el cuerpo para evitar un corte o la herida mortal. En los “duelos criollos” se enfrentaban dos hombres armados sólo con cuchillo (algunos de grandes dimensiones, que se llamaban “facón”) y para salir con vida de estos trances, no sólo era necesario tener valor, agilidad y destreza en el manejo del arma, sino que era fundamental “el visteo”: una capacidad adquirida tras largas prácticas, que permitía al duelista, anticiparse a los movimientos del adversario. Un ligero movimiento de ojos, un bajar de hombros o un paso a destiempo, eran suficientes para adivinar lo que se venía y contrarrestarlo. El arma firmemente tomada, el brazo desarmado envuelto en su poncho y la mirada fija en el oponente, era la posición del duelista que a la postre, vencerá en el lance. Y era tan importante saber “vistear”, que desde niños, nuestros hombres de campo dedicaban largas horas a la práctica de esta habilidad. Armados con cuchillos de madera, eran el orgullo de sus padres, cuando simulando un duelo, tiraban puntazos o planazos, paraban una estocada y “visteaban” intentando adivinar el movimiento del rival. El visteo era un juego de niños que se practicaba, incluso, cuando se llegaba a la adultez. Era una preparación para la pelea con cuchillo, en la que se adquirían la velocidad de la vista y la habilidad para adivinar el destino del golpe contrario, y cómo evitarlo.  Moviendo velozmente el cuerpo o efectuando un quite con rapidez. Se practicaba con palitos, con vainas vacías o, simplemente, «a dedo tiznao», pasando el por el fondo de una olla, con el objeto de  «marcar» al contrario, preferiblemente en el rostro, como, cuando ya mayores, quizás lograrían hacer con un cuchillo “de verdad”, en caso necesario.
VIZCACHERAS. Uno de los mayores peligros para los jinetes que cruzaban los campos, eran las “vizcacheras”, agrupación de cuevas donde vive o había vivido una colonia de vizcachas. Este mamífero roedor era muy abundante en antiguamente, pero ha ido desapareciendo debido a la caza que se practica con él, debido a la utilidad de su carne y su piel y a que ha sido tenazmente perseguido por ser una verdadera plaga para los sembrados. Cuando el gaucho “paraba rodeo” o se dedicaba a bolear avestruces, estaba expuesto a que su caballo rodara y hasta se “voleara” (darse vuelta para atrás y caer), porque había metido sus patas delanteras en alguna cueva de vizcachas, accidente que podía provocarle algún hueso roto a él y el sacrificio de su montado, si éste resultaba con alguna quebradura y en el peor de los casos la muerte.

YAPA. Pequeño exceso del producto que se regalaba a quien compraba algo en un almacén o en una pulpería. Así, cuando el puestero pesaba un kilo de yerba (o de lo que fuera), le agregaba una pequeña porción de la misma, diciendo: “va de yapa”. También los niños que acudían a hacer las compras, solían reclamar esta atención, diciendo “me da la yapa patrón?, esperando con una pícara sonrisa en sus caras, la golosina que creían merecer por su gestión.
YUNTA.  La “yunta” (par, pareja  de algo). Podía ser de animales, de jinetes o peones que realizaban juntos y en forma coordinada los apartes de hacienda y hasta de monedas, como se daba cuando se unían para formar un adorno en la rastra del gaucho. Se hacía con dos patacones unidos por su parte central a los extremos de una traba o cadena metálica de determinada longitud. El “patacón” o “real de a ocho”, era una moneda antigüa acuñada en plata novecientos que tenía un gran tamaño (3 centímetros de diámetro). Se usaban una, dos y hasta tres “yuntas”, según fueran las posibilidades de cada uno. Los hombres ricos solían reemplazar los “patacones” por “onzas” y otras monedas de oro, que circulaban en aquellos para exhibir su importancia y riqueza.

ZAPUCAY. En el noreste argentino, principalmente en la provincia de Corrientes, ya sea en el trabajo, en las fiestas populares o en otras oportunidades que lo hacen propicio, la gente de campo suele dar salida a sus buenos estados de ánimo, por medio de un grito sostenido y de tonos cambiantes, un verdadero alarido al que se lo llama “zapucay”. Un desahogo que se ha convertido en característica de ese pueblo, descendiente de los guaraníes, que juegan su honor y valía, compitiendo para dirimir quien lanza un “zapucay” más vibrante, sostenido y modulado.
ZUPAY. “Zupay” o “Supay” es el nombre autóctono que se usaba y se usa actualmente, para nombrar al diablo; el “mandinga” clásico de otras regiones o el “gualichu” o “huecuvu” de pampas y luego de los araucanos.

Recomendamos acudir a la obra «Vocabulario y refranero criollo» de Tito Saubidet para acceder a una mejor y más detallada información acerca de este tema.

1 Comentario

  1. jorge prina

    muy bueno! un dato achurar viene realmente del romani, la lengua gitana, que muchos vinieros en la conquista, churi es un cuchillo, achurara es acuchillar, y achura es ovianenete lo que se achura, esas cosas tan ricas que se comen en el asados!!!!, saludos y siempre leo este blog

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