URQUIZA Y SARMIENTO RECONCILIADOS (24/06/1869)

Después de haber estado muchos años distanciados. militando, uno como unitario empedernido y el otro como antigüo federal, devenido en unitario, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO y JUSTO JOSÉ DE URQUIZA hacen las paces (ver José Hernández, López Jordán y Urquiza).

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Y fue el Doctor BENJAMÍN VICTORICA, quien portando un regalo de URQUIZA para el Presidente SARMIENTO, fue el mensajero de esa paz, que traía la cordura a estas dos figuras de nuestra Historia, empequeñecidas por las disputas que les impidieron ver durante largos años, que el futuro de un país, no se hace discutiendo, peleando o denostando, sino que se logra mediante la comprensión, el equilibrio emocional y la racionalidad.

Las cartas que se cursaron ambos: uno para enviar su prenda de paz y el otro para agradecer el envío, son prueba suficiente de que al fin, así lo habían comprendido estos dos buenos señores, aunque en el caso de SARMIENTO, parece no haber dejado atrás las características de su genio polémico (y obstinado, según algunos autores)

“San José, junio 24 de 1869. Estimado Sr. Presidente y amigo; acordándome de las mañanas frías y de las horas que Ud. tiene que permanecer en su bufete, me tomo la libertad de remitirle una “rob-de-chambre”  y un gorro para que lo use en mi nombre, no fijándose en su importancia, sino como recuerdo de su afcmo. s. s. y amigo. Justo José de Urquiza».

Días después, Sarmiento le respondió con la siguiente carta: “Buenos Aires, 1869. Sr. General D. Justo José de Urquiza: Mi distinguido General: Recibí anoche en robe de chambre a los ministros y amigos que venían a felicitarme y felicitarse por el espléndido triunfo que obtuvieron ayer en el Senado las sanas doctrinas del Gobierno. Esto le mostrará que me consideraba honrado con su obsequio y hacia alarde de ello. El birrete de Cachemira inspirará algún canto báquico a la Nación. Antes de abandonar mi estudiada reserva recordaré que los pasados veinte años, cualidades y ocasiones comunes nos pusieron en contacto, repeliéndose luego nuestras pronunciadas desemejanzas. Llegados a la vejez, espero, con la dura experiencia atesorada y frotándonos con las resistencias, por diversos motivos hemos aceptado un término medio posible para entre ambos, la libertad y el gobierno unidos, y creo que en esta vía po- dremos marchar sin querellarnos.

¿Necesito decirle que llevados a la lucha, Ud. con el cañón y yo con la palabra, ha transcurrido bastante tiempo para que olvidemos las cicatrizadas heridas?. Puedo comunicarle con gusto que el Senado ayer, después de la más obstinada y brillante discusión, ha dado un bello ejemplo de cordura aceptando la conducta del Gobierno en San Juan. La opinión pública se ha mostrado igualmente justa apreciadora de la sinceridad de los motivos y quizá del acierto de la ejecución. Nuestros adversarios mismos han hecho justicia sino al Gobierno, al saber y los talentos oratorios de los ministros. Nuestro viejo Vélez Sarsfield se sintió renacer; Varela conquistó por asalto el título de hombre de Estado, y Avellaneda se llevó todo por delante.

Sólo yo me he quedado el mismo loco que Ud. caracterizó. La cuestión provenía de un viejo disentimiento en nuestro partido y que parece  tocar a su término. Menos gobierno que Ud., más gobierno que el general Mitre; he aquí mi programa. No reclamo patente de invención, porque éste es el único gobierno conocido en los países bien organizados. Mucho tenemos que andar para conseguirlo, pero no desespero si cada uno se mantiene en los limites del deber.

Sé con gusto que el Entre Ríos se ocupa de Escuelas. Ayúdelos en mi nombre y el suyo. Felicitando a Ud. y a su señora por el buen día de ayer, tengo el gusto de suscribirme su afcmo. amigo. D. F. Sarmiento”.

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