UNA OSCURA GESTIÓN DE JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN? (1816)

Si bien durante su gestión. PUEYRREDÓN no vaciló en adoptar todos los medios necesarios para mantener su autoridad, ésta se vió seriamente comprometida, por la acción, no sólo de sus enemigos internos y externos, sino por su propia actuación en ciertos casoss, como lo fue, el de sus relaciones con Brasil, donde mostró cierta pasividad (o indiferencia) ante hechos que no debieron producirse..

Una gravísima situación, apoyada al parecer, desde 1815 por nuestro representante en ese imperio, MANUEL JOSÉ GARCÍA, que culminó en enero de 1817 con la toma de Montevideo por las tropas del general LECOR, concretán-do así el sueño portugués de extender sus dominios hasta estas ricas tierras del Plata. ¿Fue éste un verdadero imperativo de la geopolítica, que Pueyrredón no pudo o no supo soslayar?. Ignoraba lo que tramaba nuestro representante en Brasil?. En el momento de los hechos, eso no pudo saberse y por eso, Pueyrredón fue severamente juzgado. La penetración portuguesa, se efectuó lentamente por la margen este del Uruguay y el artiguismo, sirvió de magnífica excusa para que se cometiera un agravio sin precedentes.

La acción de García —desconocida en gran parte por los miembros del Congreso y el Director Supremo Pueyrredón, fue conducida con el mayor secreto por el señor TAGLE y a pesar de esto, trascendieron algunos detalles sustanciosos que provocaron gran indignación entre el pueblo de Buenos Aires. Se decía que en febrero de 1816, García conversó con el conde de Barca y acordaron enviar una expedición a la Banda Oriental con «el sólo objeto de acabar con el «anarquista» Artigas. El regente portugués, hábil y capciosamente declaró que el movimiento de tropas que se estaba produciendo en la frontera, se debía a simples medidas de seguridad. Los rumores sobre la redacción de un coherente plan invasor elaborado por MIGUEL DE IRIGOYEN, emisario del Congreso, NICOLÁS HERRERA y el comandante MONASTERIO, donde consta la necesidad de realizar un avance de tropas portuguesas hasta las orillas del Paraná, con el fin de evitar que Artigas sea auxiliado por sus seguidores, ya fueron suficiente razón para sospechar, o una connivencia con dichos planes o, lo que sería aún peor, una supina ignorancia sobre cuestiones tan serias como lo es nuestra soberanía y la de nuestros vecinos del Plata.

Afortunadamente las autoridades portuguesas habrían prohibido a sus tropas cruzar el Uruguay, mostrando que el gobierno de nuestro peligroso vecino, era más prudente en tomar, que los argentinos en ofrecer. Un humillante Tratado firmado en abril de 1817, según algunos testimonios, parecía corroborar esta ofensiva situación, que puso en muy serios aprietos al Director Supremo Pueyrredón, hasta que se desvirtuaron los rumores de la existencia de tratado alguno, que convalidara la teoría de esa supuesta complicidad de Pueyrredón en un ataque a nuestra soberanía.

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