UN TRISTE FINAL PARA NUESTROS PRÓCERES

El destierro fue una condena común para la mayoría de los próceres de la convulsionada historia argentina del siglo XIX. Algunos tuvieron un final aun más ingrato y murieron en la más absoluta pobreza o simplemente fueron fusilados. . Las vidas de MANUEL BELGRANO, BERNARDINO RIVADAVIA y ESTEBAN ECHEVERRÍA compartieron ese destino. «Fueron víctimas de las luchas de cada momento», explica el historiador HUGO CHUMBITA. «Esto muestra la profundidad y la violencia de los encontronazos de esa especie de guerra civil que se prolongó muchos años después de Mayo. Las guerras de partido, las guerras civiles fueron tremendas. Argentina ha sido siempre un país de conflictos irreductibles, muy difíciles de resolver, de sintetizar».

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La muerte de BELGRANO (imagen), ocurrida el 20 de junio de 1820, pasó casi inadvertida en medio del desorden político y la anarquía. Ese mismo día, tres hombres eran designados como gobernadores de Buenos Aires. De los ocho diarios en la ciudad, sólo uno “El despertador Teofilantrópico”, publicó la noticia de su muerte. Las biografías de BELGRANO detallan la penosa situación que debió enfrentar cuando, ya enfermo, decidió separarse de sus tropas y regresar a Buenos Aires: las autoridades le negaron los medios para realizar el viaje, que pudo costear gracias al préstamo de un amigo. La familia ni siquiera pudo comprar una lápida para su tumba. Cortaron un pedazo de mármol de una cómoda donde se escribió: «Aquí yace el general Manuel Belgrano».

«La mayoría de los próceres de la generación de 1810 y de 1837 sufrieron persecución y destierro y, si pasaron sus últimos años tranquilos, no fue en la riqueza», recuerda la historiadora MARÍA SÁENZ QUESADA. BERNARDINO RIVADAVIA pasó varios años en Europa luego de su renuncia a la presidencia. Volvió en 1834, pero fue obligado a reembarcarse en el buque que lo había traído. Se instaló en Colonia, donde se convirtió en agricultor. Pero también fue expulsado y llegó casi sin recursos a Cádiz, España, donde murió en 1845. _ «Quiero sepultar conmigo las crueles violencias e ingratitudes de las que he sido víctima,» escribió ese año. ESTEBAN ECHEVERRÍA no desempeñó cargos públicos. Fue poeta y ensayista, y en tiempos de feroces luchas internas, propuso un programa para la reconstrucción nacional. El autor de “El dogma socialista” falleció en 1851, exiliado en Montevideo, pobre, enfermo de tuberculosis y olvidado. «Moría a los 45 años sin ver el triunfo de sus ideas representadas por la victoria de Caseros en 1852. Su cuerpo no tuvo tumba propia. Martina, su hija, no recibió herencia. Hasta su nutrida biblioteca había sido vendida. Pero el legado político e intelectual de Echeverría fue esencial en la construcción del país,» repasó SAÉNZ DE QUESADA.

Y no podemos olvidar de incluír en esta lista a CORNELIO SAAVEDRA, primer presidente de un gobierno patrio que fue procesado y expatriado y aunque tardíamente reivindicado, murió también rodeado de la indiferencia de sus conciudadanos, libres y soberanos, gracias su valor y determinación. MARIANO MORENO, el númen de la Revolución de Mayo, que víctima de rencillas partidarias, fue apartado de su destino y enviado a una gestión diplomática que nunca llegó a desempeñar, porque murió en alta mar, luego, según parece, de ser envenenado. MANUEL DORREGO fusilado por pensar distinto a lo que estaba bien visto en la época que le tocó actuar.

El propio general SAN MARTÍN, que murió abandonado por su gobierno en un lejano pueblo de Francia, porque no quiso involucrarse en las luchas fratricidas que enlutaban a su amada patria. Y la lista sigue con los nombres de ANTONIO RUÍZ (el negro Falucho), fusilado por sus camaradas de armas por no rendir honores a la bandera española, SANTIAGO DE LINIERS, héroe de la reconquista de Buenos Aires en 1806, fusilado sumariamente poco después, RODRÍGUEZ PEÑA, JOSÉ HIPÓLITO VIEYTES, JUAN LARREA y MIGUEL DE AZCUÉNAGA desterrados por la Primera Junta, por no adherirse a las ideas de la mayoría . ANTONIO AERASTAIN, MARIANO ACHA, MARCO M. AVELLANEDA, BERNABÉ ARÁOZ, VICTORINO RODRÍGUEZ, SEVERO GARCÍA DE SEQUEIRA, SIXTO QUESADA, JOAQUÍN MORENO, ANTONIO LUIS BERUTI que murió envuelto en las sombras de la locura a la que lo llevó una vida consagrada a defender la libertad. Y muchísimos más, todos ellos víctimas de una cruel aptitud que a los argentinos nos viene de lejos: no aceptar el disenso. Desterrados, fusilados, con su salud degradada o simplemente perdidos en el olvido, muchos de nuestros próceres, hombres públicos, soldados y libre pensadores, no tuvieron el reconocimiento de sus congéneres o el respeto a sus ideas, por lo menos en vida (ver Finales amargos para hombres y mujeres públicos)

5 Comentarios

  1. Laura Grande

    Muy Exaco el texto muchas gracias

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  2. Anónimo

    Entiendo que Rivadavia no murió en 1835 sino en 1845.

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    1. Horacio

      Gracias por su observación. Lástima que me llegó como «Anónimo». Me hubiera gustado saber a quien tengo que agradecerle, porque usuarios como Usted, son los que me están ayudando a que mi página, sea todo lo interesante y veraz que soñé cuando comencé hace ya 28 años.

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  3. Ismael José Arancibia

    Sería bueno conocer aparte de sus trayectorias incluir fechas de nacimiento y fallecimiento, orígenes y lugares donde cursaron sus estudios, vinculaciones con otros patriotas.
    Gracias

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    1. Horacio

      Señor Arancibia: Ha tenido Usted una muy buena idea. Hasta ahora, respondiendo a los múltiples reclamos que se nos hacían acerca de lo extenso de nuestros artículos, pensábamos, que para referirnos a un personaje de nuestra Historia, era suficiente con poner cada tema por separado: Por un lado su biografía, por otro su participación en algún evento específico y por otro, los comentarios del hecho que lo hacen merecedor de la atención que se le dispensa. Pero su idea nos alienta un cambio. Ya mismo nos ponemos a armar un nuevo espacio que contenga en un solo escrito, todos los datos que Usted menciona. Gracias por su colaboración.

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