TOQUES Y MARCHAS MILITARES ARGENTINAS

Los toques y marchas militares fueron introducidos en nuestro país por las expediciones españolas. Así el primer fundador de Buenos Aires en 1536, don Pedro de Mendoza, incluía entre sus hombres a Sebastián, de origen italiano, oriundo de Salerno, que tocaba el «atambor» o tambor de caja alargada y profunda, que se consideraba de origen ibérico. Según cita Mateo Rosas de Oquendo. uno de los fundadores de La Rioja en 1594, la expedición marchó a los sones de trompetas, pífanos y atabales. Igualmente está documentado que en ocasión de fundarse Salta el 16 de abril de 1582, participó una banda militar integrada por trompetas, cajas y tambores. Al marchar a sitiar la Colonia en poder de los portugueses en 1680, el padre Altamirano dice que los Indios de las misiones jesuíticas, llevaban sus pífanos: «con que se animan en la guerra». Ya en 1728 las Ordenanzas Militares prescribían los toques del Ejército

Muchos de estos toques quedaron incorporados definitivamente a la rutina de las Bandas que a partir de 1810, se crearon para acompañar a las fuerzas patriotas, durante la gesta de la independencia para ordenar movimientos y acciones de la tropa, en el descanso, la marcha,  el combate y en sus actividades diarias. El hecho de que el rey Carlos III ordenara “la recopilación y ajuste para pífanos, clarientes y tambores”, de estos toques,  declarados reglamentarios para la infantería y la caballería en 1769, dio lugar a que se conociera como «Toques y Marchas de las Ordenanzas de Carlos III» a los siguientes:

Los toques
El toque de “Alborada” o “Diana”, que indicaba el comienzo de la jornada, marcando el fin del descanso nocturno. La «Generala»,  se tocaba para que toda la Infantería de una guarnición, acantonamiento o vivac, tomara las armas. A su vez, el toque de «Asamblea» dispone la reunión de la tropa de servicio, tomar las armas, batir carpas, atalajar, cargar el ganado, etc. Luego se solía tocar «Bandera”  o “Tropa», para que las distintas fracciones se integren en compañías o batallones, acompañando el desplazamiento del destacamento de Granaderos para escoltar la bandera desde el cuarto de banderas y estandartes hasta la cabeza de la formación militar.

«Alto» que ordenaba detener la marcha o cesar el fuego realizado por la tropa. La «Llamada» que primitivamente indicaba que se iban a cerrar las puertas de una plaza fortificada o cuartel y más tarde convocaba a formación en orden cerrado. La «Fagina» determinaba la ejecución de trabajos en guarnición o campaña. A su vez  la «Baqueta» indicaba la ejecución de un castigo que rigió hasta 1821, consistente en el desplazamiento a la carrera de un soldado entre una doble fila de hombres que lo golpeaban con las varillas metálicas que servian para limpiar el interior del cañón de los fusiles. De allí el termino de «baqueteado» que se da al hombre golpeado por la adversidad.

Mediante el toque de «Misa» se llamaba a la tropa para concurrir al oficio religioso. A su vez el toque de «Orden» convocaba a los sargentos para retirar la «Orden del Día» de la mayoría de la unidad. El toque de «Oración» se ejecutaba a la caída del sol, marcaba el fin de la jornada militar y solía hacerse oir, luego de escuchar el tañido de campana de la iglesia próxima. La «Retreta» indicaba la hora en que la tropa se retiraba a los alojamientos, precediendo al de «Silencio» o fin de la actividad y comienzo del descanso. El «Bando» era ejecutado para convocar a la tropa o población a escuchar la lectura del mismo y era tocado también en la ceremonia que tenía lugar en caso de un fusilamiento.

El toque de «Carga”  o “Calacuerda», señalaba el momento del asalto a bayoneta y se denominaba así porque era precedido por la voz de mando para colocar la mecha a la cazoleta del arcabuz. Se sabe que la primera carga a la bayoneta, se habría producido en la batalla de Espira (o Speyerbach) el 15 de noviembre de 1703, durante la guerra de sucesión española. Poco más de un siglo después, durante la Segunda invasión inglesa a Buenos Aires, en 1807, una columna de 1000 hombres de varios cuerpos patriotas con un cañón de a cuatro y un obús de a dieciocho, al toque de «Calacuerda», cargó ala bayoneta por la actual calle Bolivar sobre Santo Domingo, ocupado por los ingreses, . Esto consta en las actas capitulares. También en la batalla de Tucumán, Belgrano ordena a la infantería argentina atacar a los sones de Calacuerda. A su vez, el General Lucio V. Mansilla menciona que dicho toque fue ejecutado frecuentemente en la Guerra contra el Paraguay en 1865.

Las Bandas Militares
Tanto los toques enunciados precedentemente y la inclusión de Bandas dentro de las estructuras castrfenses, fueron introducidos en estas tierras, como hemos dicho,  por las expediciones españolas y comenzaron a oírse ya en 1536, cuando PEDRO DE MENDOZA llegó para funbar por primera vez la ciudad de Buenos Aires. En registros de la época consta que trajo entre su gente a un tal SEBASTIÁN, un hombre de origen italiano, oriundo de Salerno, que tocaba el «atambor» o tambor de caja alargada y profunda, que se considera de origen ibérico y a cuyos sones, marchaban los hombres de Mendoza..

Según cita MATEO ROSAS DE OQUENDO, uno de los fundadores de La Rioja en 1594, la expedición marchó acompañada por el sonido de trompetas, pífanos y atabales. Igualmente está documentado que en ocasión de fundarse Salta el 16 de abril de 1582, participó en este acto, una Banda militar integrada por trompetas, cajas y tambores. Al marchar a sitiar la Colonia del Sactamento  en poder de los portugueses en 1680, el padre ALTAMIRANO dice que los aborígenes  de las misiones jesuíticas^ llevaban sus pífanos: «con que se animan en la guerra» y ya en 1728, las Ordenanzas Militares prescribían los toques del Ejército que se usaban en América, asignando a la caballería dos trompetas por escuadrón y a la infantería un tambor y un pífano por compañía. Pedro de Cevallos al conquistar en 1762 la Colonia del Sacramento, entró a la ciudad tocando con trompas, trompetas, cajas, timbales y pífanos, las marchas «Granadera» y «Fusileros». Por eso, no debe extrañar que en 1768, el Cuerpo de Caballería de Buenos Aires, tuviera una Banda de 24 trompeteros y un timbalero.

Entre las marchas militares de época, dos eran las más usadas, especialmente en ultramar, una era la «Marcha de los Fusileros’ y otra la «Granadera», que con el tiempo se transformaría en la «Marcha Real Española», según testimonio del director del Servicio Histórico del Ejército Español, General JOAQUÍN DE SOTTO Y MONTES. El general JOSÉ MARÍA PAZ nos dice en sus memorias, que en Vilcapugio la infantería española atacó a los sones de la antigua marcha de ordenanza denominada «Granadera». Por ese entonces el italiano Francisco Fao era flaustista de la Guarnición Militar en Buenos Aires; nacido en 1734 ostentaba el grado de Sargento de la. clase. Otro músico de aquélla época en el Plata, fue Juan Daniel de Hericovet, clarinete en 1771 del regimiento de Mallorca.

Los instrumentos usados entonces por las Bandas militares eran los pífanos, pequeña flauta traversa de seis agujeros, de sonido penetrante;  las trompetas lisas, sin llaves ni pistones; los atabales o timbales y los atambores, una especie de tambor más largo con cuerdas cruzadas a efectos de templar la lonja. Los pífanos y los tambores, son de origen germánico. Llegaron a España con las tropas suizas que sirvieron a los principes cristianos desde las Guerras de Granada. Los atambores en cambio,  serían de origen ibérico.

En la parada militar que precedió a la Segunda Invasión Inglesa en 1807, una Banda de cien tambores seguida de una Banda de música, precedía la columna en su marcha hacia Barraca?. Es de hacer notar que los integrantes de esta Banda fueron instruidos en parte por el maestro de Banda del Regimiento 71 inglés, que por entonces era prisionero en Buenos Aires, y vivía en la casa de ANTONIO JOSÉ DE ESCALADA, que daba a la Plaza Mayor Este músico incorporó a nuestras Bandas,  instrumentos nuevos, tales como el trombón, el bascorno y el serpentón.

Hay documentación que acreditan la realización de conciertos y “paradas” a cargo de Bandas militares a fin de solemnizaban las ceremonias. Así en 1807 al recibirse la lámina de oro y plata enviada por la ciudad de Oruro a Buenos Aires con motivo de la victoria sobre los ingreses, tanto la Bnda de Patricios como la de Vizcainos ofrecieron conciertos en la Plaza Mayor y en las galerías del Cabildo y en 1808,  el Tercio de Catalanes dió una recepción en su cuartel, la que fue amenizada por su Banda de música, compuesta por diez ejecutantes. Otro tanto hicieron en ocasión de la coronación de Fernando VII. Por entonces la Banda de Patricios tenía su Banda lisa compuesta por once tambores y tres pífanos y la Banda de música integrada por ocho clarinetes, dos octavines, dos trompas, dos fagotes, un serpentón, dos clarines, un combo, un triángulo y una pandereta.

De la época independiente podemos decir, que en 1810 las Bandas lisas de la guarnición Buenos Aires estaban compuestas por 150 tambores y 15 pífanos.  El ejército de los Andes contaba con cuatro Bandas militares en los batallones de infantería y fanfarrias de cornetas los de caballería. La Banda del Batallón 8 de Infantería la conducía MATÍAS SARMIENTO y la del Batallón 11, estaba integrada por dieciseis negros, bajo la conducción de  RAFAEL VARGAS que los mandó a estudiar a Buenos Aires. Estas Bandas además de actuar en marchas y combates, hicieron conocer er. Chile y, Perú, danzas europeas y argentinas, entre ellas el Cielito, el Pericón, la Sanjuanina y el Cuando.

Cabe consignar que la primera unidad de nuestro Ejército que contó con una Banda de música equipada con su instrumental cumpleto, fue la del 2º Batallón de Infantería, formado en 1816 en Mendoza. Hay testimonios de que en la década de 1820, durante los gobiernos de MARTÍN RODRÍGUEZ y BERNARDINO  RIVADAVIA, las Bandas de la Guarnición Buenos Aires salían en verano a las 9 de la noche de la Fortaleza y daban conciertos en la Plaza Mayor, en Retiro, o en la calle Victoria, tocando piezas de jerarquía, como la obertura de «Lodoiska». En la guerra contra el imperio del Brasil, cita JOSÉ BRITOS DEL PINO, ayudante de ALVEAR, la actuación de las Bandas. En Ituzaingó según menciona BALDRICH en su libro «Historia de la Guerra del Brasil», fue tomada como botín de guerra, una marcha a las tropas imperiales, que desde entonces es conocida en nuestro ejército con el nombre de dicha batalla.

Los ejércitos de Paz y Lavalle también tenían sus Bandas y el mismo Paz da testimonio de ello en sus «Memorias», cuando se reñere a la del Batallón Nro. 5 luego de la batalla de La Tabalda en 1829. Por 1837 Donato Alvarez, que luego llegaría a General, era trompa del Regimiento «Coraceros de la Libertad». Luego de Caseros entró Urquiza a Buenos Aires al frente de 30.000

hombres que desfilaron con sus Bandas al frente, según el testimonio de Juan Manuel Beruti. En el componente Argentino del Ejército de Urquiza, figuraba una Banda con un Sargento, cuatro cabos y veintiséis músicos; 134 trompas, 10 cornetas, 14 pífanos y 16 tambores. (26)

En 1860, las unidades de la Guardia Nacional,  contaban con sus Bandas de música conducidas por los maestros Gambín y Giribone, las que daban retretas los jueves y los domingos en la Plaza de la Victoria. También en Cepeda y Pavón actuaron Bandas de música en las que formó el Sargento de Ordenes Juan de La Rosa y otro tanto sucedió en la Campaña del Paraguay a partir de 1865, en la que se desempeñó como trompa de órdenes de Mitre, Angel Vicente Gordillo.

Con fecha 30 de abril de 1865 el presidente BARTOLOMÉ MITRE dictó un decreto dotando de Bandas lisas a los regimientos de la Guardia Nacional. El General FOTHERINGHAM narra en sus memorias, que en el asalto a Curupayti el 22 de septiembre de 1866, fue iniciado por un toque de atención a cargo del trompa del Comandante en Jefe el corneta ANGEL VICENTE GORDILLO y que el toque fue repetido por los clarines de las unidades, iniciando el avance a «paso de vencedores». En esta guerra, se seguían ejecutando los toques de Ordenanza de Carlos III; según testimonia el General LUCIO V. MANSILLA en carta al General LEVALLE al referirse al toque de Calacuerda. Igualmente se ejecutaba la marcha del período hispánico denominado «Granadera», cuando las tropas desfilaban por la Calle Florida, antes de embarcarse para el frente de guerra en el Paraguay.

Como detalle anecdótico cabe citar que durante el combate del Pozo de Vargas, el 10 de abril de 1867, entre la montonera de Felipe Varela y las milicias del General Antonio Taboada, integradas por santiagueños, tucumanos y catamarqueños, Taboada en el momento crítico ordenó a la Banda del Batallón de Catamarca que mandaba el Comandante Brizuela, que tocase una zamba. Al oir esta música que les recordaba el teruño, contraatacaron las fuerzas de Taboada y lograron la Victoria.

Para completar este relato, nos referiremos a las Campañas al Desierto en las cuales descolló la Banda del Batallón 6 de Infantería y la del Regimiento de Artillería a cargo del maestro FARAMILLÁN, integradas en parte por aborígenes. Y es precisamente de esa época,  que data la composición musical «Retreta del Desierto» que recuerda la crítica situación vivida por patrullas desde Choel Choel hacia la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, destacados por la Primera División del Ejército que mandaba el General ROCA. Dichas patrullas que avanzaban penosamente a través de nevadas y ventiscas perdiron contacto con la columna principal, siendo orientadas por los toques de clarines y la música de las Bandas.

Antiguas marchas militares
Mencionaremos algunas de las obras que traídas por los españoles, fueron ejecutadas aquí y muchas de ellas, adoptadas como repertorio de nuestras Bandas. Comenzaremos refiriéndonos a la introducción de la “Marcha del reino”, una verdadera  joya musical que se ejecutó en los cortes españoles los siglos XV y XVI durante los reinados de Carlos I, Felipe II y Felipe III habiendo sido restaurada por Silvano Cervantes y tocada en esta tierras durante el virreinato. La composición «Cortejo Militar», una obra de Juan de Cavanilles reconstruida por el Padre Nemesio Otaño, que sigue la línea melódica de la música de los Tercios españoles y que tenía como base a ejecutantes de pífanos y tambores. Los pífanos serían de origen germánico y  llegaron a España con las tropas suizas que sirvieron a los príncipes cristianos desde las Guerras de Granada, los tambores en cambio serían de origen ibérico.

Si bien los toques de ordenanza y las marchas vigentes durante el período hispánico, en las Provincias Unidas del Río de la Plata, se siguieron usando ya en la época independiente y hasta fines del siglo XIX, paralelamente, fueron surgiendo otras composiciones que animaron en la marcha y en el combate a los ejércitos argentinos. Así en los albores de nuestra emancipación, en noviembre de 1810, BLAS PARERA compuso una «Marcha Patriótica», a la que ESTEBAN DE LUCA agregó la letra. También a BLAS PARERA se deben las obras «Canción Patriótica», «Canto Patriótico» y se le reconoce la autoría de «La Azulada Bandera del Plata».

En momentos en que las provincias habían asumido sus poderes y gobernaba en Buenos Aires MARTÍN RODRÍGUEZ, un mes después de inaugurarse las sesiones de la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires, en su nuevo recinto de Perú 272, el gobierno dispuso se hiciera circular en los regimientos la «Marcha del General Belgrano». De esto da testimonio el periódico «Argos», en su número del 26 de junio de 1822. Esta marcha es muy anterior a la del maestro Arena.

La marcha de la época independiente más antigua es «Ituzaingó», una obra unida a una historia llena de misterios y simbologías. Se dice que el emperador de Brasil Don Pedro I, que era aficionado a la música, la habría compuesto en homenaje a la que preveía como victoria militar de sus ejércitos, en la guerra contra nuestro país.  Lo cierto es que el 20 de febrero de 1827 tras el violento encuentro armado en Ituzaingó, las tropas imperiales se retiraron derrotadas, dejando a retaguardia armas y bagajes. En una de las carpas abandonadas, habría sido encontrada la partitura musical mencionada, considerada botín de guerra. Otra versión dice que fue hallada en la mochila de un soldado brasileño muerto.  Dicha pieza de una belleza singular, fue tocada en la formación realizada por el Ejército en Operaciones el 25 de mayo de 1827. Ituzaingó es actualmente marcha presidencial y de homenaje a la Bandera de Guerra en sus desplazamientos.

También mencionan algunos autores, otra marcha que ejecutaban nuestras Bandas en la contienda con Brasil, denominada «La Prisionera». Tanto en la Campaña de los Andes, como en las Guerras con  Brasil y más tarde con Paraguay, los compositores de nuestras marchas, se vieron influenciadas por el paso doble español. Podemos mencionar al respecto «Batalla de Ayacucho» que data de 1832 y que fue compuesta por PABLO ROSQUELLES. El General FOTHERINGHAM al referirse al asalto a Curupaytí nos dice: «Las Bandas tocan sus mejores pasos dobles y las banderas flotan al impulso de la brisa matutina, confundiendo sus hermosos colores con el del cielo, límpido y diáfano, apenas velado aquí y allá por levísimos celajes blancos».

De 1837 data el «Paso Doble para Banda» que pertenece a JUAN PEDRO ESNAOLA. También dentro de este género,  cabe citar el pasodoble «El Paso de San Ignacio» que compusiera  el Teniente FRANCISCO FERREYRA en homenaje  al combate de San Ignacio y que dedicó al Coronel ARREDONDO. Más tarde, ya durante la época de ROSAS, se compusieron numerosas marchas, entre las que podemos citar «Gloria eterna al magnánimo Rosas» (1843)  y «Marcha Federal» pertenecientes ambas a Juan Pedro Esnaola. En este período y en los anteriores, existieron un conjunto de marchas, cuyas partituras se han perdido y de las que sólo tenemos referencias orales.

Llegamos así a «El Tala»; una marcha compuesta en 1854 y que fue compuesta por el maestro JOSÉ GIRIBONE, quien se desempeñaba como director de Banda del Regimiento 2 de Infantería y rinde homenaje a la batalla del mismo nombre. En 1862, JOSÉ SORO compuso la marcha «El triunfo del Ejército de Buenos Aires» que exalta la victoria de Pavón sobre las fuerzas de la Confederación. Poco más tarde,en 1865, la Guerra con Paraguay inspiró al maestro SERAFÍN BUGNI su marcha «El 25 de mayo de 1865 en Corrientes», que dedicó al Jefe de la Legión Militar, el Teniente Coronel JUAN BAUTISTA CHARLONE. En 1866, luego de la toma de «Yatay» durante la misma guerra, el maestro Antonio Scapattura compuso en su recuerdo, la marcha del mismo nombre. El combate de Capibarí, inspiró al maestro FÉLIX MASTRACCHIO la marcha que lleva ese nombre y que se tocó por primera vez en 1890. Esta marcha fue conocida inicialmente con el nombre de «Peribebuy» o «Los mártires de Capibarí» y con el tiempo se la reconoció como «Capibarí». Rememora la conquista de la posición paraguaya de Peribebuy por las fuerzas aliadas el 12 de agosto de 1869, durante la guerra con Paraguay. Otra marcha característica de fines del siglo pasado fue «Cura Malal», obra del maestro JUAN RÚSPOLI, quien la escribió en 1896.

Llegados ahora a los comienzos del siglo XX, cuando en 1902, el maestro CAYETANO A. SILVA Compone «San Lorenzo», una marcha que fue estrenada el 30 de octubre de 1902, al inaugurarse el monumento a San Martín en Santa Fe, mediante  un  acto presidido por el Presidente ROCA, durante su segunda presidencia. SILVA le había puesto el nombre de “San Martín” a su marcha, pero en consideración de que el monumento que se inauguraba se hallaba emplazado en la provincia  de Santa Fe, el mismio lugar donde se había librado la batalla de San Lorenzo, SILVA decidió cambiarlo y llamarla con el nombre del primer combate que libró San Martín en América. La partitura musical fue complementada con la letra que al efecto escribió  en 1908, logrando, a partir de entonces ser conocida en varios países e incluída en el repertorio de gran cantidad de Bandas americanas.

En 1915 nació “Avenida de las Camelias”, una marcha militarespecialmente compuesta para la Infantería Argentina por el Capitán de Banda PEDRO MARANESI y pronto comenzo a interpretarse en otros país, comenzando con Colombia y siguiendo con Alemania y Polonia, ya durante la época del tercer reich.

Es totalmente instrumental ya que no tiene letra y suele ser tocada con bombos y trompetas.  Por su ritmo vigoroso se ha convertido, junto con la Marcha “San Lorenzo”, no solo en dos de las principales marchas de las Fuerzas Armadas Argetinas,  sino las más representativas y por ello, frecuentemente interpretadas en desfiles y ceremonias oficiales.

Desde siempre, la tradición nos ha dicho que la marcha tuvo su origen en un denominado “Campo del Durazno, situado en Rosario de la Frontera, al sur de la provincia de Salta, cuando en 1915, la Quinta División del Ejército se encontraba allí realizando maniobras militares, y los mismos soldados tuvieron que abrir una calle en esa oportunidad y la denominaron «Avenida de las Camelias», por la abundante presencia de árboles de camelias (1) en ese lugar.

Se nos aseguraba que esa circunstancia había inspirado al jefe de la Banda de música de esa unidad militar, a componer una marcha, utilizando el parche de un bombo, para escribir allí las notas de la partitura que una súbita inspiración le dictaba. Pero aunque esa historia acompañó sus primeros años de existencia. investigaciones posteriores confirmaron que el “Campo de Durazno” no existe en la provincia de Salta y que quizá el verdadero escenario del nacimiento de la marcha, hayan sido los campos que ocupaba un establecimiento llamado «Finca El Duraznito», que sí existe en el camino hacia «Ojo de Agua» a 9 km al Sudeste de la Ciudad capital de esa provincia, donde quizás había esas camelias que le dieron nombre a la marcha.

(1).-La “Camelia” es un árbol perennifolio, de origen asiático, que llega a tener hasta 4 meetros de altura. De follaje verde muy atractivo y grandes flores muy fragantes, con una corola simple o doble con tonalidades que van del blanco al rojo. El único camino conocido como “Avenida de las Camelias”, está en la provincia de Vigo, Comunidad Autónoma de Galicia, España, donde se ubica una populosa arteria denominada «Avenida de las Camelias» o «Avenida Camelias».

Largo sería enumerar las variadas composiciones musicales que completan una lista que honra la vena poética y musical de nuestros compositores. Baste recordar como cierre de esta nota, a la marcha «Río Negro» que su autor CAYETANO SILVA dedicó al General Roca al culminar la Campaña al río del mismo nombre y «22 de Julio» del mismo autor,  dedicada al General NICOLÁS LEVALLE,  la marcha «Patricios» de JOSÉ ARENA y el «Uno Grande», que también glosa al regimiento con continuidad histórica más antiguo de Hispanoamérica.

Nombres famosos
Algunos como Maestros de Banda, otros como integrantes interpretando algún instrumento y otros como Tambores Mayores,  son muchos los nombres que no deberíamos olvidar por el importante rol que cumplieron acompañando a nuestra tropas en duras jornadas de marchas riesgosas y difíciles, alentándolas en el combate y hasta colaborando para lograr el éxito en las operaciones. Debemos por ello nombrar a los Mayores FRANCISCO RAMOS, ANTONIO MARTÍNEZ , al Tambor Mayor de Arribeños  JOSÉ SAURA y por supuesto el tambor de órdenes del Ejército de BELGRANO en el Paraguay, el niño Pedro Ríos, conocido como el Tambor de Tacuarí y otro que formó paite del Ejército del Norte: el Sargento PEDRO BUSTAMENTE, a quien le tocó batir el parche en la batalla de Tucumán, en cuya acción murió un tambor del 6 de Infantería llamado PANTALEÓN SILVA.

En la campaña de Chile les tocó actuar como Tambor Mayor a LATORRE a JOSÉ PONS y al FÉLIX BOGADO que se inició como corneta de Granaderos y llegó a Coronel. Recordemos que este ilustre oficial de granaderos fue quien trajo bajo su mando a los últimos 78 granaderos, supervivientes de las Campañas Libertadoras de Chile y Perú (ver Regreso con gloria de 78 soldados de la Patria). En Chacabuco y Maipú el negro DOMINGO LARA fue trompa de órdenes de SAN MARTÍN. Actuaron en el Ejército de los Andes, el Sargento Mayor MOYANO en el 8 de Infantería y JOSÉ AGAPITO ROCO en el Batallón 7 de la misma arma. También actuó allí el Sargento JULIÁN PONCE que se inició como trompa de órdenes de SAN MARTIN en San Lorenzo. Durante la época de Rosas se reglamentan las posiciones y movimientos del Tambor Mayor para la ejecución de los toques de ordenanza.  Entre los tambores mayores de esa época, se destacó el del regimiento «Guardia Argentina», a quien se conocía por el sobrenombre de »Real y Medio»; hombre de elevada estatura, realzada por su alto morrión de pelo negro con un pompón colorado y de quien hablan en sendas obras, el General GARMENDIA y el Doctor PASTOR S. OBLIGADO. Por ese entonces las señales que hacía el Tambor Mayor para ordenar los toques de Ordenanza eran cuarenta y uno y fueron recopiladas por LAURO AYESTARÁN en un cuadernillo durante el sitio de Montevideo (1843-1851). Para finalizar, merece citarse aquí el Sargento 1ro. RESTITUTO PEDERNERA que fuera jefe de la Banda Lisa del Batallón 3 de Infantería. Este músico criollo se incorporó a la banda a los 13 años; recibió un sablazo en la cara en Pavón y mientras batía su caja en Curupayti, una granada trituró su mano derecha.

Esta nota ha sido confeccionada extrayendo material contenido en un trabajo realizado por el general Isaías García Enciso para el Círculo Militar.

3 Comentarios

  1. Francisco Almiral

    Me extraña no encontrar mención a «Avenida de las Camelias».

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor Admiral: Comparto su extrañeza. No comprendo cómo es que no pusimos esa hermosa marcha en nuestro relato. Para mi gusto personal, es la más marcial y estimulante de todas las que me acompañaron en aquellos ya lejanos tiempos de la conscrición. Gracias por su colaboración.

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      1. Horacio (Publicaciones Autor)

        Perdón, conscripción

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