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GOBIERNOS DE MANUEL DORREGO (1820 y 1827)
MANUEL DORREGO regresó a Buenos Aires, de su exilio en Baltimore, Estados Unidos de Norteamérica en abril de 1820, tras enterarse de la caída del Directorio, en medio de la llamada «Anarquía del año XX». Fue rehabilitado en su grado de coronel y recibió el mando de un batallón. Cuando, ese mismo año, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, MIGUEL ESTANISLAO SOLER fue derrotado por ESTANISLAO LÓPEZ en la batalla de Cañada de la Cruz, DORREGO tomó el control de las tropas de la capital y el 29 de junio de 1820, fue nombrado gobernador interino de la provincia de Buenos Aires.
Fue el suyo, un mandato breve y turbulento marcado por la anarquía que se abatió sobre el país luego de la batalla de Cepeda y asumió el cargo debiendo enfrentar una grave inestabilidad política. Salió a campaña a perseguir a LÓPEZ y sus aliados, JOSÉ MIGUEL CARRERA y CARLOS MARÍA DE ALVEAR y luego de derrotarlos en “San Nicolás de los Arroyos”, sus tropas saquearon la villa.
Después invadió la provincia de Santa Fe y luego de derrotar a ESTANISLAO LÓPEZ en la batalla de Pavón I (12/08/1820) trató de negociar la paz con el caudillo santafesino, pero sin lograr un acuerdo con éste, debió enfrentarlo nuevamente y el 2 de setiembre de 1820, fue vencido en la batalla de “Gamonal”.
Mientras estaba en campaña, la Sala de Representantes decidió nombrar al gobernador titular; sus amigos presentaron su candidatura, pero el 20 de septiembre la Legislatura nombró en su lugar al coronel MARTÍN RODRÍGUEZ. DORREGO se retiró a su quinta en San Isidro y en el mes de octubre de 1820, luego de que abortara la revolución que encabezara su antiguo aliado, el coronel MANUEL PAGOLA, en la que no participó, se unió a MANUEL MORENO para llevar adelante el esfuerzo realizado por las provincias a fin de evitar que RIVADAVIA federalizara la ciudad de Buenos Aires (que era entonces tanto la capital nacional como provincial).
SEGUNDO GOBIERNO. En las elecciones que en 1827 se realizaron en la provincia de Buenos Aires, no participó ninguna lista unitaria, de modo que el Partido Federal obtuvo todas las bancas y nombró gobernador de la provincia a MANUEL DORREGO quien asumió el cargo el 12 de agosto de 1827.
Su gobierno inició tímidos pasos para dar al país una organización federal. La mayor parte de los gobernadores confiaban en su gestión y todos ellos delegaron en Dorrego el manejo de las relaciones exteriores y la guerra, algo que algunas provincias habían delegado anteriormente en el gobernador JUAN GREGORIO DE LAS HERAS y más tarde volverían hacerlo con JUAN MANUEL DE ROSAS.
Durante su gobierno tomó decisiones para encaminar la economía del país, inició una política de acercamiento con las provincias y se enfrentó con infinidad de problemas surgidos del caótico estado en que se encontraba el país, comprometido en una guerra que lo estaba dejando sin reservas. Suspendió el pago del empréstito Baring, considerado ilegítimo y fomentó una política de precios máximos para proteger el consumo popular; representó lealmente los intereses de las provincias y buscó un orden federal, ganando el apodo de «líder popular», debiendo enfrentar el descontento de la oligarquía terrateniente y unitaria.
Respecto del «problema del indio» en la frontera, DORREGO sostuvo que “El interés de asegurar y de extender nuestras fronteras respecto de los indios salvajes es demasiadamente sentido. Los habitantes de la campaña habían sido excitados a concurrir con sus auxilios a formar una nueva línea. No obstante, un proyecto de esta naturaleza estaba consignado al olvido; pasando a la administración actual la tarea de renovarlo, y llevarlo a su perfección. Más entretanto, la repetición y los excesos de la leva, sobre atacar la seguridad personal, y producir una espantosa emigración, había causado tal desorden en los cuerpos de la milicia activa como los causó en la ciudad, que era imposible de mandarles ningún servicio, o contar con seguridad en sus esfuerzos, si la campaña hubiese sufrido una incursión”.
DORREGO trató de superar la pesada herencia de la Convención Preliminar de Paz de 1827 firmada por GARCÍA y repudiada por RIVADAVIA. Como encargado de las Relaciones Exteriores y de la Guerra, intentó concluir rápidamente la guerra con audaces operaciones. Entre otros proyectos, comisionó al gobernador santafesino ESTANISLAO LÓPEZ la liberación de las Misiones Orientales, desde donde debía atacar a los brasileños en Porto Alegre. Otra de sus iniciativas fue apoyar a un mercenario alemán, FRIEDRICH BAUER, para que abandonara el servicio de Brasil e intentara la creación de la República de Santa Catarina. Dorrego también entró en relación con los principales líderes riograndenses, BENTO GONÇALVES DA SILVA y BENTO MANUEL RIBERO, promoviendo la creación de la “República de San Pero del Río Grande”, ya que el sentimiento en contra de la monarquía era creciente e importante en el sur del Brasil. Se llegó a planificar el secuestro del Emperador PEDRO I.
Pero la presión de Inglaterra, ejercida directamente por el enviado lord JOHN PONSONBY, representante de los intereses británicos en Buenos Aires, e indirectamente a través del Banco de la Provincia de Buenos Ares, controlado por capitalistas ingleses y sus socios locales, trabaron su accionar. Por otro lado, las acciones directas de naves militares del Reino Unido y del Brasil sobre naves argentinas forzaron a DORREGO a aceptar una paz desventajosa. PONSONBY llegó hasta el punto de amenazar con una intervención militar si no se firmaba la paz con Brasil.
Si bien se mantuvo inflexible sobre la negativa a aceptar lo antes firmado por GARCÍA, se vio obligado a firmar un nuevo acuerdo de paz con el Brasil. Por eso, intentando poner fin a esta contienda, puso en ello todos sus esfuerzos y el 27 de agosto de 1828, firmó un “Tratado Preliminar de Paz” con Brasil, que fue ratificado el 29 de septiembre de 1828, y que si bien concluyó con esta guerra, fue unánimemente resistido porque mantenía una de las cláusulas incluida en la funesta “Convenció Preliminar” de GARCÍA, que se consideraba “deshonrosa”, porque reconocía la independencia de la provincia en disputa, como “Estado Oriental del Uruguay”; una concesión que a muchos, les pareció innecesariamente cercana a la rendición de los ejércitos argentinos, cuyas victorias se habían sucedido casi continuamente en el campo de batalla.
A principios de octubre de 1828, las tropas argentinas establecidas en Río Grande partieron de regreso hacia Buenos Aires, sintiéndose traicionadas por el Tratado que DORREGO se había visto obligado a firmar y los unitarios viendo entonces, la posibilidad de recuperar el poder, aprovechando el descontento de los jefes militares que regresaban triunfantes de aquella guerra, pero derrotados por los términos de ese Tratado, junto con ex compañeros de DORREGO como SOLER y ALVEAR y los generales MARTÍN RODRÍGUEZ, JUAN LAVALLE y JOSÉ MARÍA PAZ comienzan a conspirar abiertamente para derrocar al gobierno federal. Cuando le dijeron que el general LAVALLE —antiguo compañero de armas en el ejército y a quien DORREGO había recomendado en su momento para un ascenso— iba a intentar derrocarlo, rechazó de plano esa posibilidad.
Pero lo que no quería creer, era una realidad. Muchas unidades se rebelaron entonces y se pusieron bajo las órdenes del general JUAN GALO LAVALLE, que instalado en Montevideo, se había hecho cargo de la organización y coordinación de los esfuerzos que desde allí se realizaban con la intención de poner fin su gobierno. Al amanecer del 1º de diciembre de 1828 el ejército de LAVALLE avanzó silenciosamente hacia el centro de la ciudad de Buenos Aires. DORREGO, sin tropas con las que pudiera oponerse, abandonó la Fortaleza, por la puerta que daba a la hoy calle Balcarce y luego de encargar a los generales BALCARCE y GUIDO que resistieran dentro del Fuerte de Buenos Ares, sede del gobierno, se dirigió al interior de la provincia a fin de organizar una fuerza para intentar la reconquista
Ante el avance de los insurrectos, BALCARCE y GUIDO, sin ofrecer resistencia, entregaron la fortaleza y LAVALLE, dueño ya de la ciudad, convocó a una centena de ciudadanos adictos unitarios acaudillados por el propio doctor AGÜERO que custodiados por efectivos de LAVALLE, se reunieron en el atrio de una Iglesia para proceder a la elección de un nuevo gobernador para reemplazar a DORREGO.
Luego de que los asistentes, simplemente levantando sus sombreros en señal de acuerdo, aprobaron que se lo nombrara Gobernador de Buenos Aires, LAVALLE asumió el cargo, en calidad de provisorio. La legislatura fue disuelta y los unitarios anunciaron en la prensa que los sirvientes “volverán a la cocina”.
DORREGO se dirigió hacia el sur de la provincia y le pidió a JUAN MANUEL DE ROSAS, comandante de campaña, que lo apoyase. ROSAS le aconsejó que fuese a Santa Fe y le solicitase respaldo a ESTANISLAO LÓPEZ, pero DORREGO decidió enfrentar a LAVALLE dirigiéndose a Navarro. Imprudentemente, esperó allí a LAVALLE y sus hombres, por los que fue fácilmente vencido en la batalla de Navarro.
Huyó hacia el norte, buscando la protección de ÁNGEL PACHECO, pero fue alcanzado y arrestado por BERNARDINO ESCRIBANO y MARIANO ACHA, dos oficiales a los que suponía leales, y entregado a LAVALLE, quien ordenó su inmediato fusilamiento, un hecho que profundizó las guerras civiles argentinas y posibilitó el ascenso de JUAN MANUEL DE ROSAS al poder (ver Fusilamiento de Manuel Dorrego).