SARMIENTO, UN PRESIDENTE QUE NO HIZO NADA PARA SERLO (1868).

Cuando la polémica suscitaba por el célebre “Testamento Político” de BARTOLOMÉ MITRE llega a su climax, surgió en forma verdaderamente inesperada y curiosa, la candidatura de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO para que fuera el Presidente de la Nación.

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El 12 de octubre de 1868 terminaba el período presidencial de BARTOLOMÉ MITRE y ya en 1867 comenzaron a perfilarse como candidatos para la primera magistratura JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, ADOLFO ALSINA y RUFINO DE ELIZALDE. El último, contaba con el epoyo de BARTOLOMÉ MITRE, quien desde su campamento en Tuyú-Cué, en el Paraguay, escribió una memorable carta a JUAN MARÍA GUTIÉRREZ. Esta misiva, que ha sido considerada como su testamento político, prometía libertad electoral y prescindencia oficial; condenaba la candidatura de URQUIZA, criticaba la actuación política de ALSINA y en forma indirecta, apoyaba a RUFINO DE ELIZALDE.

La publicación de esta carta tuvo la virtud de hacer problemáticas las posibilidades de éxito para URQUIZA y ALSINA, pero también arrojó sombras sobre el futuro de ELIZALDE, puesto que lo hacía sospechoso de contar con la protección  presidencial. Para salir del atolladero, los círculos políticos porteños buscaron un candidato capaz de impedir el tan temido regreso de URQUIZA al poder y de conciliar los intereses porteños con los intereses provincianos.

Se pensó entonces en DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, que en esos momentos era Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de los Estados Unidos. El fogoso sanjuanino tenía bien ganado prestigio, a lo largo de una vidavinculada con la gestión pública, pero su candidatura era sorprendente, por cuanto no tenía ningún partido político que lo apoyara y ni siquiera se encontraba en el país, cuando se decidió su postulación.

Fue el Coronel LUCIO V. MANSILLA, el valiente y cultísimo militar, famoso entonces por la experiencia que había vivido en su campaña contra los ranqueles, quien logró que los jefes del Ejército en Operaciones en el Paraguay, suscribieran un compromiso sosteniendo la candidatura de SARMIENTO, ya que el sanjuanino representaba la línea política del momento, pues si bien era provinciano, nadie ignoraba su encono con URQUIZA, su rechazo a las montoneras,  ni su ideología cercana a los intereses de Buenos Aires. De inmediato, los hermanos  Héctor Florencio, Mariano Adrián, Rufino y Luis VARELA, desde las columnas de su diario “La Tribuna”, apoyaron el nombre de SARMIENTO para la presidencia..

El Partido Autonomista de ALSINA, que no tenía ninguna probabilidad de éxito en el interior del país, comprendiendo enseguida que si SARMIENTO figuraba en la fórmula presidencial, tendrían ganada la elección, se plegó rápidamente a la idea, entró en arreglos con los partidarios de SARMIENTO y se lanzó la fórmula integrada por SARMIENTO , como candidato a Presidente y ALSINA a Vicepresidente.

Los comicios realizados en abril de 1868 consagraron entonces a SARMIENTO, quien se enteró que sería Presidente, mientras se hallaba embarcado a bordo del buque que lo traía de regreso a Buenos Aires desde los Estados Unidos, sin que hubiera hecho ni intervenido absolutamente en nada para serlo. Su ausencia del país, su desconexión con  el ámbito de la política nacional  durante el largo tiempo que estuvo en el exterior y su absoluta carencia de estructura política propia que lo apoyara,  no fueron factores que incidieran en esta postulación que venía a traer paz en medio de una lucha por el poder que ya afectaba la estabilidad institucional que el país necesitaba.

El 12 de octubre de 1868 SARMIENTO recibió el poder e integró su gabinete con DALMACIO VÉLEZ SARFIELD, como Ministro del Interior, NICOLÁS AVELLANEDA en Instrucción Pública, JOSÉ B. GOROSTIAGA, en Hacienda, MARIANO VARELA en Relaciones Exteriores  y al Coronel MARTÍN DE GAINZA en Guerra y Marina (ver Presidencia de Domingo Faustino Sarmiento).

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