RAMÍREZ, FRANCISCO (1786-1821)

Célebre caudillo entrerriano. Se definió como activo opositor al poder centralista de Buenos Aires y en alianza con el caudillo santafecino ESTANISLAO LÓPEZ y con el caudillo de la Banda Oriental, JOSÉ GERVASIO ARTIGAS, intervino en las luchas civiles contra Buenos Aires, aunque luego se enfrentó a sus antiguos aliados. Soberbio, ambicioso y valiente.

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Por diversas circunstancias, que fueron rodeándolo de una fama bien ganada, por su valentía en el combate, su astucia y su amor al terruño que lo vio nacer, llegó a convertirse en amo y señor de su provincia natal, contando un poderoso ejército en el que había establecido severa disciplina. Considerado por sus coprovincianos como su único líder y portavoz, durante toda la existencia de la República de Entre Ríos, que estaba formada por Entre Ríos, Corrientes y Misiones.

Llamado “El Supremo Entrerriano” después de que hubo derrotado definitivamente a Artigas, fue uno de los primeros líderes del federalismo provincial contra el unitarismo y la dominación de Buenos Aires. Nació en Arroyo de la China (nombre con que en ese entonces se conocía a la actual ciudad de Concepción. del Uruguay), provincia de Entre Ríos el 13 de marzo de 1786. Su padre era descendiente del fundador de La Rioja, Juan Ramírez de Velazco  y su madre, del virrey Vértiz. Sus primeros años corrieron en el campo, atendiendo el establecimiento ganadero de su padre y se inició en la vida pública como alcalde de Arroyo Grande.

En 1810, cuando estalló la Revolución, fue uno de los patriotas que se adhirió a este movimiento, sirviendo como oficial del Regimiento de “Cívicos” y luego como nexo entre DÍAZ VÉLEZ y JOSÉ RONDEAU. En 1811 se unió a RICARDO LÓPEZ JORDÁN (padre) para apoyar al líder uruguayo JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS en su lucha contra los españoles en el Uruguay. Más tarde, luchó contra la invasión realista a Entre Ríos encabezada por Michelena y contra la invasión portuguesa desde el Brasil (1816).

El 18 de marzo de 1818 asumió el gobierno de Entre Ríos y durante los siguientes años, mantuvo un equilibrio inestable en sus relaciones con el caudillo santafesino ESTANISLAO LÓPEZ, estados éstos, ambos ribereños, que si bien eran antagónicos entre sí, coincidían en su oposición a la dominación que ejercía Buenos Aires sobre las demás provincias. Acató las gestiones conciliatorias del Director Supremo, JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, en resguardo del objetivo principal del gobierno de éste, que era el apoyo irrestricto al proyecto de independencia continental del general SAN MARTÍN. Pero en 1819 la situación cambió dramáticamente cuando JOSÉ MIGUEL CARRERA, ex presidente chileno, regresó de su exilio en los Estados Unidos y PUEYRREDÓN le impidió que fuera a Chile, recientemente liberado por SAN MARTÍN. CARRERA se alió con CARLOS MARÍA DE ALVEAR, que estaba ansioso por recuperar el poder político en Buenos Aires, y convencieron a LÓPEZ y a RAMÍREZ para que se unieran a ellos contra el Directorio.

La guerra estalló cuando LÓPEZ tomó por la fuerza una carreta con suministros del gobierno porteño que atravesaba Santa Fe al mando de MARCOS BALCARCE. RAMÍREZ apoyó al caudillo santafesino aduciendo que peleaban para defender las soberanías provinciales, para eliminar la tiranía del gobierno de Buenos Aires, restablecer la libertad popular y la igualdad de los ciudadanos y para desalojar a los portugueses de la Banda Oriental. Esta guerra de guerrilla que comenzaron estas dos provincias del litoral contra Buenos Aires, adquirió tales proporciones que se le ordenó a SAN MARTÍN que trajera su ejército Libertador para defender Buenos Aires pero éste se rehusó, negándose a combatir contra hermanos.

En 1820 fue el hombre que durante este dramático y conflictivo año, dominó con su fuerte personalidad el panorama del país. Junto con ESTANISLAO LÓPEZ  comandaron el ejército federal que el 10 de febrero de 1820 derrotó a JOSÉ RONDEAU en Cepeda y firmaron poco después el Tratado del Pilar, ellos en representación de sus provincias y SARRATEA representando a Buenos Aires. Y fue gracias a este triunfo sobre el Directorio que se definió el triunfo de las autonomías provinciales sobre el predominio de Buenos Aires, imponiéndose así un nuevo orden político, determinando el predominio del régimen federal.

Pero si bien en Cepeda las provincias quedaron liberadas del dominio de Buenos Aires, debieron soportar la dominación que desde entre Ríos, RAMÍREZ trató de ejercer sobre el resto el resto de las provincias, un poder que no quiso compartir con el caudillo oriental JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS. Se distanció de éste, –a quien anteriormente había reconocido como “defensor de los pueblos libres”- como lo hará después de su aliado López y a ambos combatió. El 16 de junio de 1820 fue vencido por ARTIGAS en Las Guachas, pero el 24 de junio, en Las Tunas y el 17 de julio en Sauce de Luna,  RAMÍREZ vence a Artigas y el 24 de ese mes y año, se encuentran por última vez en el combate de Ábalos, donde le inflige la última derrota, obligándolo a asilarse en el Paraguay.

Cuatro épicas expresiones de un enfrentamiento que culminó el 20 de noviembre de 1820, cuando RAMÍREZ fue elegido Jefe Supremo de la República de Entre Ríos, que comprendía el actual territorio de la mesopotamia (Entre Ríos, Corrientes y Misiones). Pero su poder fue efímero. La rivalidad con su antigüo aliado LÓPEZ,  por el liderazgo político de las provincias ribereñas, junto con sus propósitos opuestos, finalmente los llevó a un conflicto armado.

RAMÍREZ nunca había abandonado la idea de erradicar a los brasileños portugueses de la Banda Oriental y apeló a Buenos Aires para obtener ayuda, pero ese gobierno estaba ocupado combatiendo a los aborígenes del sudoeste de la provincia, incitados por Carrera y no podía enviar sus tropas de inmediato al Uruguay. También se había firmado la paz entre Santa Fe y Buenos Aires (tratado de Benegas, 1820) y existía el proyecto de convocatoria de un Congreso Nacional en Córdoba. Tanto BUSTOS desde Córdoba como LÓPEZ desde Santa Fe y MARTÍN RODRÍGUEZ desde Buenos Aires,  se oponían a Ramírez y lo consideraban un obstáculo para la reorganización nacional.

En 1821, producida la paz entre Buenos Aires y Santa Fe  mediante el Tratado de Benegas (firmado el 20 de noviembre de 1820), quizás por despecho o mal aconsejado por los emigrados porteños, RAMÍREZ resolvió tomar la ofensiva apoderándose primero de Santa Fe para marchar luego sobre Buenos Aires  y se alió con el caudillo chileno CARRERAS, con quien acordó realizar un movimiento de pinzas sobre la provincia de Córdoba para vencer así simultáneamente a todos sus enemigos comunes.

En mayo de 1821, alegando su desacuerdo con el Tratado de Benegas, RAMÍREZ se levanta en armas, lanza su Proclama de Guerra  y así se inician los enfrentamientos entre sus tropas y los ejércitos aliados de estas dos provincias y no está ya muy lejano su enfrentamiento con ESTANISLAO LÓPEZ, su antigüo aliado, que esta vez, había hecho causa común con Buenos Aires. Cruzó el río Paraná y marchó en dirección a Santa Fe, librando a su paso pequeñas escaramuzas que los vieron victoriosos. El 24 de mayo vence a ARÁOZ DE LAMADRID en La Coronda y el 26 de mayo, luego de algunos encuentros  sin mayor significación, las fuerzas de RAMÍREZ se encuentran con el ejército santafesino al mando de ESTANISLAO LÓPEZ en el Arroyo Colastiné (provincia de Santa Fé) y son totalmente derrotadas.

RAMÍREZ pasa a la provincia de Córdoba donde se reúne con su aliado, el caudillo chileno JOSÉ MIGUEL CARRERA, librando ambos sucesivos encuentros que les son desfavorables, hasta que finalmente el 16 de junio de ese año, fueron total y definitivamente derrotados por el coronel FRANCISCO BEDOYA en Cruz Alta y huyeron por separado. Los generales ARÁOZ DE LA MADRID, BUSTOS y ESTANISLAO LÓPEZ, comandantes de las fuerzas que se habían unido para oponerse a RAMÍREZ, resolvieron que los dos primeros se lanzaran sobre el rebelde CARRERA, mientras que el último lo haría sobre su ex aliado RAMÍREZ, que a la sazón amenazaba la capital de Córdoba. Pero el gobernador de esa provincia, coronel FRANCISCO BEDOYA, adelantándose a la llegada de LÓPEZ, salió al encuentro del caudillo entreriano y lo alcanzó en inmediaciones del Río Seco, donde había esperado unirse con Carrera y lo derrotó completamente.

RAMÍREZ, que por ese entonces, iba a todos sus encuentros con su compañera, “La Delfina”, una mujer de legendaria belleza y coraje que se suponía era hija ilegítima del virrey portugués, logró retirarse con vida del campo de batalla y se puso en precipitada fuga con su amiga y un puñado de soldados que no lo abandonaron. Cuando ya había logrado desprenderse de sus perseguidores, advirtió que el cansado caballo de La Delfina era alcanzada por sus perseguidores, que la despojaron de su casaquilla y sombrero. Al ver en tal trance a su amada, Ramírez, sin dudarlo un instante, volvió sobre sus pasos y se arrojó sobre los captores, consiguiendo rescatarla, pero sin mismo tiempo que ella se ponía en salvo, un pistoletazo le dio en el pecho y terminó con la vida de aquel valeroso y discutido caudillo entrerriano, el 10 de julio de 1821.

Ya caído, un soldado de Artigas decapitó su cadáver y su cabeza fue enviada a Estanislao López, que la hizo embalsamar y exponer dentro de una jaula en la iglesia Matriz de Santa Fe. La muerte de Ramírez puso fin a seis años de guerra civil y contribuyó a la unidad nacional: de hecho, el federalismo por el que él había luchado siguió siendo una fuerza esen­cial que, décadas más tarde, desempeñó un papel preponderante en la Constitución de 1853, en la reorganización nacional en 1861-1863 y en la federalización de Buenos Aires como capital, en 1880.

Su vida fue novelesca y para precisarla se necesitan páginas y más páginas. El escritor YATES, que lo conoció y lo apreció en plena lucha, lo ha calificado así: “Tenía una inteligencia fuerte y comprensiva y poseía talentos naturales; pero enteramente incultivados por la educación. Era inhábil político, pero las más distinguidas calidades del guerrero estaban concentradas en él en alto grado. Era abierto y franco, incapaz del disimulo, leal a sus amigos y de una bravura personal no excedida por nadie.” (Véase “Caudillos entrerrianos. Ramírez”, de Aníbal S. Vásquez  y “Historia de la Confederación Argentina”, Adolfo Saldías).

1 Comentario

  1. eduardo

    ¡Que grande mi Pancho Ramírez, qué coraje y amor a la provincia y a la patria en general! Aunque era, quizás, demasiado ambicioso, en buen sentido, inquieto y desordenado.. Lástima su muerte tan prematura! Soy Ramirista, aunque reconozco a Artigas como otro visionario y valiente. Felicitaciones por eso!!!

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