PUEYRREDÓN, PRILIDIANO (1823-1870)

 “Ubicar a PRILIDIANO PUEYRREDÓN (imagen) como héroe arquetípico del arte de los argentinos, supone rendirle un justiciero homenaje y si bien, cronológicamente ese honor pertenece a CARLOS MOREL, nacido diez años antes, es PUEYRREDÓN quien por la representatividad de su obra, ha ganado ese lugar de preeminencia, así como lo lograra HERNÁNDEZ, aunque haya habido otros grandes poetas gauchescos antes que él” (ver la opinión de Rafael Squirru).

Prilidiano Pueyrredón, el primer cultor del erotismo nacional | Prilidiano  Pueyrredón, Museo Nacional de Bellas Artes, arte, Cementerio de la Recoleta

Pintor; arquitecto. Un artista que retrató su época y un hombre que desafió los prejuicios. Nació en Buenos Aires el 24 de enero de 1823 y era hijo del general JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, que fue Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y de doña María Tellechea y Caviedes (“Mariquita”). Su abuelo materno había sido fusilado por orden de su padre algunos años antes de su nacimiento.

En 1835 viajó a España con su familia y allí comenzó a realizar los primeros apuntes y aguadas que señalan el comienzo de su carrera artística. Después permaneció un tiempo en Brasil y se radicó luego en París, donde se recibió de Ingeniero en el Instituto Politécnico de esa ciudad, y no se sabe a ciencia cierta con qué maestros inició su formación artística. Regresó al país en 1849 cuando tenía 26 años y comenzó a destacarse como retratista. Uno de los primeros retratos que pintó tuvo por modelo a MANUELITA ROSAS y en los años siguientes produjo 160 óleos, 50 acuarelas y dibujos que reflejaron paisajes, escenas callejeras, gente y costumbres de la Argentina de entonces.

Se destacó con singular distinción por sus pinturas evocativas de la gente, escenas y costumbres de la Argentina de la época. Fue protagonista en la tarea de hacer del gaucho una figura familiar por todo el ámbito de la nación. También pintó numerosos desnudos con modelos rollizas que causaron la indignación de la sociedad porteña y algunos de ellos fueron destruidos por los censores morales.

Pero la pintura no fue su única pasión: alternaba el arte con los trabajos de estancia, la ingeniería y la arquitectura. Fue expositor de las primeras muestras rurales. Intervino en la restauración de construcciones históricas, tales como la de la Capilla de la Recoleta y la remodelación de la Casa de Gobierno. En 1856 a propuesta suya se transforma la Pirámide de Mayo coronándola con la actual estatua de la Libertad y quedando la estatua primitiva en su interior. Construyó el puente giratorio de Barracas y trazó los planos para la quinta presidencial de Olivos, la mansión construída para MIGUEL DE AZCUÉNAGA y más tarde obsequiada al país como residencia presidencial.

PUEYRREDÓN fue uno de los artistas plásticos más valiosos y completos de su tiempo. Uno de los representantes más brillantes de la plástica argentina. Alto, elegante y corpulento, Prilidiano vivió con intensidad, rodeado de un halo de misterio casi pecaminoso para la pacata sociedad de su tiempo. Sofisticado y culto, hablaba seis idiomas y sabía de música y literatura. Se movió como pez en el agua dentro del círculo de la alta sociedad de su tiempo, tironeada entre una moral rígida y un apasionado romanticismo.

Mucha de su fama le fue atribuída a sus célebres encierros con rollizas modelos en su quinta de San Isidro, que fueron tema de numerosos desnudos. La mayoría de esos cuadros fueron después destruidos en nombre de la moral. Por suerte quedan sus paisajes y retratos como prueba de un talento indiscutible. Nunca se casó y algunos dicen que fue porque lo rechazó la única mujer de la que estuvo enamorado. Murió en 1870, a los 47 años. Entre sus más famosas pinturas figuran: Hombre ciego (Cádiz, 1846), Retrato de Manuelita Rosas (Buenos Aires, 1851), Autorretrato, La Siesta, Juan Bautista Peña, San Isidro, El Rodeo, La­vanderas del Bajo Be/grano (1865), Un alto en el camino, Gauchos.  Falleció el 3 de noviembre de 1870.

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