PRESIDENCIAS DE HIPÓLITO YRIGOYEN

El doctor HIPÓLITO YRIGOYEN (1852-1933), uno de los máximos líderes del Partido Radical, junto con LEANDRO ALEM y TORCUATO DE ALVEAR ejerció la presidencia de la Nación Argentina en dos oportunidades. Fue el primer Presidente argentino  elegido democráticamente, por medio del sufragio secreto y obligatorio establecido por la Ley Sáenz Peña de 1912.

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Su presidencia puso fin a una hegemonía de más de 40 años, ejercida por el Partido Conservador y significó el acceso de la clase media al poder político. Junto con DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO y VICTORINO DE LA PLAZA, fue uno de los únicos presidentes que hasta ese momento habían surgido de las clases populares y le impusieron esa impronta a sus gobiernos.

Electo en 1916, su primera presidencia (12 de octubre de 1916-12 de octubre de 1922) cubrió la época difícil de la Primera Guerra Mundial, con sus desastrosas consecuencias. Conservó la neutralidad argentina pero la nación sufrió trastornos económicos debido a que sus habituales compradores europeos no podían transportar las mercaderías. Cuando la situación se regularizó y las demandas del mercado aumentaron, YRIGOYEN —un precursor del nacionalismo económico— trató de elaborar acuerdos comerciales que beneficiaran a los agricultores argentinos y a los comerciantes.

En  política interior, la posición de YRIGOYEN fue dificultada por el hecho de que el Congreso y casi todas las provincias aún estaban bajo el dominio del partido conservador; hizo pleno uso de sus poderes constitucionales de intervención, en veinte oportunidades, a veces reiteradamente en la misma provincia, si se consideraba que su gobierno era ilegítimo, por lo que sus críticos lo acusaron de emplear su poder con fines políticos para fortalecer la UCR., razón ésta que también originó durante su gobierno, una nefasta disensión de las fuerzas armadas, debido a su aparente empleo de los ascensos para afianzar la posición de su partido político

Creó la Caja de Jubilación para empleados públicos, impuso el control estatal a las empresas de transporte a los yacimientos energéticos y su propia moneda. Reguló las tarifas de los ferrocarriles operados por capitales británicos y promovió la instalación de nuevas líneas férreas estatales.

En 1918, se produjo un acontecimiento trascendental para la educación universitaria en la República Argentina: las Facultades (acusadas de tener apoyo e intereses oligarcas) fueron despojadas por los estudiantes de gran parte de su poder y la administración universitaria pasó a ser mucho más democrática (ver Reforma Universitaria). En 1822  fundó la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales y puso a su frente al General ENRIQUE CARLOS ALBERTO MOSCONI, logrando asumir así el control absoluto de la explotación de los recursos de hidrocarburos en el país, quedando muy cerca de lograr la nacionalización del petróleo.

A pesar del tinte nacionalista y populista de su gestión, su mandato se vio perturbado por una serie de hechos de inusitada violencia. En 1919 las tensiones sociales estallaron en una serie de huelgas que fueron reprimidas despiadadamente por el gobierno, que recurrió a la ayuda de las fuerzas armadas durante la llamada “Semana Trágica”, que junto con los acontecimientos producidos durante los conocidos como la  “Masacre de La Forestal” y la  “Patagonia rebelde”, provocaron la muerte de gran cantidad de obreros y militantes, en manos de las fuerzas represoras y de grupos de extrema derecha, paradójicamente integrados por miembros del mismo partido gobernante.

En materia de política exterior, YRIGOYEN mantuvo una posición neutral durante la primera guerra mundial y finalizada ésta, abogó por la igualdad entre naciones vencedoras y vencidas, a la vez que defendía el “principio de no intervención”. Envió para ello, un representante ante  la Asamblea de la Liga de las Naciones pero lo llamó de vuelta cuando las sugerencias argentinas parecieron ser ignoradas (ver La delegación argentina se retira de la Liga de las naciones)

Llegando al fin de su gestión, YRIGOYEN fue cuestionado por integrantes de su propio partido por ejercer un liderazgo “personalista” y abandonado por sus propios correligionarios, que le impidieron un segundo mandato. Volcaron entonces sus esfuerzos y favores en MARCELO TORCUATO DE ALVEAR, que fue al fín, su sucesor en el gobierno.

Segunda Presidencia
En 1922 Yrigoyen cedió la presidencia a MARCELO TORCUATO DE ALVEAR, pero permaneció políticamente poderoso corno Presidente del partido Radical. En 1928 la dirigencia partidaria no pudo evitar la escisión y se dividió entre los “personalistas” que querían ungir nuevamente a YRIGOYEN como presidente y los “antipersonalistas”, lo rechazaban; pero fue elegido nuevamente y así, el 12 de octubre de 1928, asumió su segunda presidencia.

Esta segunda presidencia de YRIGOYEN (12 de octubre de 1928-6 de setiembre de 1930) fue breve y estéril, casi un fracaso, según la opinión de numerosos historiadores y analistas políticos. Frente a los agudos problemas económicos que se le presentaron (recordemos que durante su segundo mandato ocurrió el “Crac del 29”, la crisis financiera mundial más grave hasta ese momento), su gobierno no pudo reaccionar y fue perdiendo apoyo.

La profunda depresión mundial que éste provocó, influyó decididamente en la economía argentina y los graves problemas  sociales y financieros que le sucedieron, sumados a la creciente oposición política de otros partidos, provocó una crisis ante la cual, YRIGOYEN ofreció poca conducción y menos acción, comportamiento que atribuyéndoselo a su edad avanzada y a su salud frágil, hizo más débil su situación.

Hay constancias que hasta se llegó a imprimir diarios (quizás un solo ejemplar para serle mostrado a él), con noticias e informaciones apócrifas, que le hicieran creer que las cosas no estaban tan mal, pero finalmente, una revolución encabezada por el General FÉLIX URIBURU, vista por la inmensa mayoría de la ciudadanía como la única solución posible para la difícil situación en que se hallaba el país, lo removió de su cargo el 6 de septiembre de 1930.

Fue encarcelado en la isla Martín García y aunque primero rechazó la  amnistía que le ofrecieron, luego regresó a Buenos Aires para morir el 3 de junio de 1933. Su entierro fue una de las manifestaciones espontáneas más masivas y sorpresivas de la historia argentina. Reivindicando su política y reconociendo su honestidad intelectual, una multitud acompañó sus restos hasta que fueron depositados en el Panteón de los caídos en la Revolución del Parque, que es donde permanecen.

Poco después de su muerte, la orientación política de su  gobierno,  dio lugar a la aparición del “yrigoyenismo” como corriente ideológica interna, dentro del radicalismo y posteriormente, siguiendo su pensamiento e ideología política, muchos dirigentes yrigoyenistas pasarán  a integrar las filas del “peronismo” en la década de 1940. En 1956, se publicaron doce volúmenes de sus obras completas con el título de  “Pueblo y gobierno”.

Fuentes: “Irigoyen, el templario de la libertad”. Félix Luna, Ed. Raigal, Buenos Aires, 1954; “Vida de Hipólito Yrigoyen, el hombre del misterio”. Manuel Gálvez, Editorial TOR, Buenos Aires, 1939; “Hipólito Irigoyen; su época y su vida”. Luis V. Sommi, Ed. Monteagudo, Buenos Aires, 1947.

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