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FLORENCIO PARRAVICI, UN SÍMBOLO DE SU ÉPOCA (1926)
Los artistas al poder. Es en el año 1926 cuando tenemos el que quizás es el primer antecedente de un actor que deviene en político. Por ese entonces se conformó un insólito partido llamado “Gente de Teatro” que postulaba a uno de ellos: FLORENCIO PARRAVICINI a concejal, en el gobierno de la ciudad de Buenos Ares.
Nuestro famoso y multifacético “Parra”, como se lo llamaba, era la “oveja negra” de su familia. Su padre lo envió al sur para que se hiciera hombre, trabajara duramente y aprendiera a ser útil a la sociedad. Su accionar más destacado de esta época fue matar centenares de pingüinos y focas haciendo puntería con armas de fuego. Luego se casó con una india Tehuelche, bajo el rito indígena de la tribu.
De regreso a Buenos Aires convenció a su padre para que lo enviara a estudiar a Francia y hacia allí partió a divertirse. Trabajó en Europa dando exhibiciones de tiro al blanco, domador de leones, pianista, profesor de patinaje sobre hielo, corredor de carrera de autos, etc. Fue aviador, hablaba varios idiomas y finalmente se dedicó a ser actor de teatro y cine. Actuó en algunas películas mudas y otras sonoras como “Los muchachos de antes no usaban gomina”
Devenido en político, resultó electo en las elecciones municipales de la ciuda de Buenos Aires en 1926, habiendo obtenido el 6% de los votos de los ciudadanos porteños. Ingresó al Concejo Deliberante representando a su propia agrupación que llamó “Gente de Teatro”, pero su labor en el cargo fue prácticamente nula. Sólo participaba de las reuniones que tenían que ver con su actividad, a las restantes no concurría. Su actuación más recordada fue la organización del homenaje al Príncipe de Gales durante su visita al país. En una oportunidad, cuando los radicales cerraron la sala con llave para forzar el quórum necesario, Parravicini huyó por la ventana.
“La vejez y la enfermedad no podían conciliar con su espíritu en ebullición, de modo que cuando el cuerpo le dijo basta”, aplicó un corte radical y se pegó un tiro en la sien, a los 65 años de edad. Todo lo había probado en la vida. Le faltaba el balazo que acabó con ella” (ver Parravicini, Lorenzo).