ORIGENES DE LA INDUSTRIA VITIVINÍCOLA DE CUYO (1569)

Iniciada presuntamente a mediados del siglo XVI, la industria vitivinícola en la región de Cuyo, comenzó con cepas de “vitis vinífera” procedentes de Chile y es hoy, una de las más antiguas y permanece pujante en varias provincias, pero principalmente concentrada en las irrigadas provincias de Cuyo (Mendoza y San Juan).

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No existen datos debidamente confirmadosactos acerca de cuándo fueron plantados los primeros viñedos en esa región, aunque algunos historiadores opinan que la “Vitis vinifera llegó a la República Argentina a mediados del siglo XVI. Trasladadas las primeras estacas desde Chile, donde eran ampliamente cultivadas ya desde 1551 (ver Viñedos en la Argentina), puede afirmarse que entre los años 1569 y 1589 se realizaron, las primeras plantaciones en San Juan y luego en Mendoza.

Comenzada así la industria vitivinícola de Cuyo,  creció lentamente al principio, pero para comienzos del siglo XVII, ya satisfacía, no solo las necesidades locales, sino que también las de Córdoba y Buenos Aires, donde preferían los vinos llegados desde el oeste, antes que lo producidos en Asunción y hacia abajo.

El vino era ya entonces, un producto básico de la economía de Cuyo, debido al intenso comercio que había con las comunidades mineras de lo que hoy es Bolivia, aunque debía permanecer en permanente protesta ante los repetidos intentos de la corona española de gravar en exceso la industria local, respondiendo a las presiones de los vendedores de vino procedente de Cadiz, cuyos productos se vendían al doble de los locales. Con el tiempo, los impuestos fueron ignorados con tanta frecuencia, que dejaron de ser exigibles.

En 1768 las bodegas pasaron a estar bajo la supervisión del Gobierno español y la primera bodega que se sometió a inspección fue la de los agustinos. Con la creación del virreinato y la apertura del Puerto de Buenos Aires a mercados no españoles en 1778 (ver Reglamento de Libre Comercio), la industria vitivinícola de la región andina declinó; el creciente número de españoles y comerciantes extranjeros y otros residentes europeos, preferían los vinos que se traían desde Europa y Buenos Aires, comenzó a privilegiar el intercambio de cueros y sebo por vinos extranjeros

El vino criollo entonces, sufrió, junto con otros productos del interior, la escisión y el ya creciente conflicto entre los intereses económicos de Buenos Aires con los del interior. La independencia de España en 1810 y la consiguiente desaparición del orden económico centralizado español, dañaron aún más los intereses de las provincias de Cuyo, ya que perdieron sus antiguos mercados al noroeste, cuando Bolivia se independizó. Por primera vez, en doscientos cincuenta años, los vinos de Mendoza y San Juan se vieron limitados a un mercado puramente local.

Los empresarios vitivinícolas tuvieron que esperar hasta mediados del siglo XIX para revertir esta tendencia. Se introdujeron cepas francesas e italianas; nuevos viñedos con protección impositiva se instalaron en varias localidades de la región; llegaron numerosos inmigrantes con experiencia en la actividad vitivinícola se radicaron, especialmente en las provincias de Cuyo, cuya tierra y clima, se mostraban sumamente propicios para la producción de excelentes uvas y vinos de alta calidad. Finalmente, con la llegada del ferrocarril a esas tierras en la década de 1880, los vinos de Cuyo volvieron a venderse en Buenos Aires.

Pero tanto sacrificio y dedicación no habían sido en vano. La calidad de los vinos cuyanos había mejorado notablemente y ya se producían en distintas variedades. TIBURCIO BENEGAS e HILARIO LASMASTRES embotellaron los primeros vinos finos y ya casi comenzando el siglo XX, en 1898, se estableció la primera escuela de enología en Rodeo del Medio, provincia de Mendoza.

Y como en aquel entonces, muchas de las uvas para vino son cultivadas en pequeños viñedos privados que pueblan la geografía andina o en grandes fincas trabajadas por arrendatarios. Los vinos se producen en la bodega del mismo viñedo o en establecimientos más grandes, que lo producen y embotellan para terceros. La mayor parte de la mano de obra, la realizan los integrantes de una familia y aunque un gran número de italianos y descendiente de italianos, se dedicó a esta actividad, son muchos los criollos que ya compiten con ellos en las diversas tareas que impone la producción del vino y todos juntos, trabajando en pequeños o grandes viñedos, una vez por año se reúnen la festejar “la Fiesta de la Vendimia”. Terminamos destacando que la mayoría de las bodegas cuyanas, son hoy propiedad de capitales y empresarios argentinos, a diferencia de algunas otras industrias nacionales.

Fuentes: “Historia de la vitivinicultura mendocina”. Lucio Funes en el II Congreso Internacional de Historia Americana, Buenos Aires, 1938; “Diccionario Histórico Argentino”, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom. Emecé Editores, Brasil 1994.

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