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MOTIN EN EL CALLAO (04/02/1824)
En 1824, el ejército patriota mantenía encerrados en las tétricas casamatas de la “Fortaleza del real Felipe” a unos 30 oficiales y soldados realistas tomados prisioneros durante las acciones que se desarrollaron en la campaña Libertadora del Perú y en enero de ese año, SIMÓN BOLÍVAR ordenó que la guarnición de la “Fortaleza del Real Felipe” quedara a cargo del Ejército de los Andes.
Estas tropas, que habían formado parte del ejército rioplatense, peruano y chileno que participara en la Campaña Libertadora del Perú, desconfiaban del favoritismo de Bolívar hacia el ejército grancolombiano y en la noche del 4 al 5 de febrero de 1824, disconformes por la rigidez de la disciplina impuesta, la escasez de alimentos y la retención indebida de sus pagas, acaudilladas por los sargentos DÁMASO MOYANO y FRANCISCO OLIVA, se amotinaron.
Rápidamente se hicieron cargo de la situación y lo primero que hicieron fue arrestar a sus propios jefes y oficiales superiores que se negaron a sumarse a la traición; liberaron a los españoles que se hallaban presos en sus mazmorras y les entregaron el control total de la fortaleza, protagonizando uno de los actos más vergonzosos de la gloriosa trayectoria del Ejército de los Andes (ver La muerte del negro Falucho).
Entre los oficiales del Ejército Libertador que terminaron encerrados en las famosas casamatas (los calabozos subterráneos de la fortaleza) se encontraban importantes figuras como el Coronel RUDECIDO ALVARADAO, JOSÉ VIDELA CASTILLO, EUGENIO GIROUT, JUAN ANTONIO PRUDÁN, PEDRO JOSÉ DÍAZ, ESCOLÁSTICO MAGÁN y decenas de oficiales peruanos, chilenos y rioplatenses.
Pocos días después, los sargentos amotinados izaron la bandera española y entregaron la fortaleza al jefe realista JOSÉ RAMÓN RODIL. De este modo, los oficiales del Ejército Libertador pasaron a ser prisioneros de guerra de la Corona de España dentro del propio territorio que habían ido a liberar. Algunos de ellos, como un grupo de oficiales chilenos, permanecieron en cautiverio hasta que se negoció su liberación meses más tarde.
Pero no todo terminó allí. La desconfianza de BOLÍVAR hacia los oficiales de SAN MARTÍN persistió durante un largo tiempo y luego de consolidarse la independencia de Perú, en 1824-1826, el caudillo venezolano mantuvo una profunda actitud crítica hacia los oficiales rioplatenses y peruanos que habían servido bajo el mando de SAN MARTÍN.
Y aunque no todos terminaron encerrados de inmediato en el Callao, BOLÍVAR ordenó vigilancias, juicios por conspiración y destierros contra varios de ellos. El caso más emblemático fue el del coronel argentino RAMÓN ESTOMBA, quien en 1826 fue arrestado y expulsado del Perú bajo cargos de tramar una conspiración militar contra el Libertador venezolano. De hecho, el trauma del cautiverio en el Perú fue tan grande que ESTOMBA pasó sus últimos días en Buenos Aires sufriendo delirios en los que creía seguir atrapado en las Casamatas del Callao.