BARBARUCHO (1821)

Caído el poder de Napoleón, regresado a su trono Fernando VII y recuperada la iniciativa política y militar por parte de los españoles, llegan a la guerra sudamericana los mejores oficiales españoles cargados de méritos y experiencia. Creían que rápidamente sofocarían a los insurrectos a quienes catalogaban como a indios salvajes. Subestimaban aún a sus propios compañeros de armas. Estos jefes llegaron con arrogancia y se introdujeron en el actual territorio argentino en una nueva invasión.

Fue así que por esa época hasta el valle de Lerma, un oficial español, valeroso y aguerrido, famoso por sus actos de arrojo, sus triunfos y sus fugas. De él se decía que era propenso a cometer barbaridades de las que después se arrepentía sinceramente. En esas oportunidades decía en voz alta: ‘¡Qué barbarucho soy!’.  Así se ganó ese apodo con el que pasó a la historia en vez de hacerlo con su nombre y apellido ,José María Valdez].

Este “Barbarucho” es al que la historia oficial ha ubicado como jefe de la partida que sorprendería y heriría de muerte a Güemes. Barbarucho traía consigo muchos coyas del altiplano como soldados de los ejércitos realistas, éstos vestían como todavía hoy lo hacen, ojotas de cuero”. Recordemos que hasta el momento de la irrupción de los gauchos de Güemes en la guerra de la independencia, el término “Gaucho” era despectivo. Recién luego de la  heroica gesta de estos hombres, el mismo comienza a ser utilizado como un adjetivo calificativo elogioso. Cuando San Martín informaba que los gauchos de Güemes habían tenido tal o cual combate, Posadas que le hacía de escribiente tachaba la palabra “Gaucho” y la reemplazaba por “Paisanos campesinos”. El mismo general Paz reprendía a sus soldados con términos tales como: ‘No grite que no somos gauchos»

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