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DORREGO, MANUEL (1787-1828)
Una densa historia de vida como participante en la guerra de liberación, en las disputas internas del país y ocupando distintos cargos públicos. Nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787 y su nombre completo era MANUEL CRÍSPULO BERNABÉ DORREGO. Hijo del próspero comerciante portugués JOSÉ ANTONIO DE DORREGO y la porteña MARÍA DE LA ASCENSIÓN SALAS, fue el menor de cinco hermanos, el mimado de la familia, y vivió gozando todos los halagos que proporciona el dinero.

En 1803 ingresó en el Real Colegio de San Carlos destacándose por su viva inteligencia y su facilidad de palabra. A principios de 1810 comenzó sus estudios de leyes en la Universidad de San Felipe, en Chile, pero antes, había participado en una azarosa aventura ayudando a fugar a la Banda Oriental a un pariente comprometido en el fracasado golpe de enero de 1809 contra LINIERS.
En la Universidad de San Felipe se unió a los que trabajaban por la independencia local, se convirtió en uno de los cabecillas de la incipiente rebelión y al frente de los grupos estudiantiles patriotas, fue el primero en lanzar el grito de “¡Junta queremos!”, cuando los sucesos de mayo en Buenos Aires animaron a reclamar la renuncia del gobernador español. Abandonó sus estudios e ingresó al ejército donde ganó el ascenso a capitán en la represión de un motín antirrevolucionario.
Audaz, valiente e indisciplinado, protagonista de una biografía en la que caben desde la imprudencia hasta el heroísmo, su espíritu burlón le valió ser confinado dos veces, una por orden de MANUEL BELGRANO y otra por orden de SAN MARTÍN. Al estallar la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires, DORREGO se encontraba en Chile, donde había participado en la represión del alzamiento realista encabezado por TOMÁS FIGUEROA. Rápidamente logró reunir una apreciable fuerza de voluntarios para acudir en apoyo de los patriotas y emprendió con ellos el regreso a su patria.
Entre febrero y marzo de 1811 atravesó la Cordillera de los Andes en por lo menos cuatro oportunidades llevando soldados chilenos voluntarios a reforzar las tropas argentinas que iniciaban la Guerra de la Independencia, gestión que le fuera encomendada por la Primera Junta de Gobierno de Buenos Aires, con la anuencia del líder de la Junta de Gobierno en Chile, JUAN MARTÍNEZ DE ROSAS.
En 1811, el coronel CORNELIO SAAVEDRA lo incorporó al Ejército del Norte con el grado de capitán y partió hacia el Alto Perú. Fue herido en la batalla de Amiraya y ascendido a mayor, participó en la batalla de Sansana. Después del desastre de Huaqui y producida la revolución de setiembre de 1811, quedó a las órdenes de JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, integrando las avanzadas que, al mando de DÍAZ VÉLEZ iban en ayuda de los sublevados de Cochabamba.
El 12 de enero de 1812 se encontró en el combate de Nazareno. Poco después, se incorporó al Ejército Auxiliar del Norte y cuando el 26 de marzo de 1812, MANUEL BELGRANO asumió como nuevo comandante del Ejército del Norte, lo ascendió al grado de coronel, grado que ostentó durante diecisiete años, rechazando toda oferta de ascenso que no estuviera justificada en acciones de guerra.
Como jefe de la infantería de reserva participó en la batalla de Tucumán (2/09/1812) y en la batalla de Salta (20/02/1813). Herido varias veces en combate, quedó marcado de por vida con su cabeza inclinada hacia un hombro, debido a una bala que lo hirió en el cuello durante la batalla de Salta. Por sus indisciplinas, tuvo problemas con BELGRANO. Bromista, impulsivo y temperamental, fue arrestado por su comportamiento y BELGRANO no lo dejó participar en la “Segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú”, lo que lo privó de un valiente oficial. Belgrano mismo comentó que no hubiera perdido en Vilcapugio y Ayohuma si hubiera contado con DORREGO.
Volvió a incorporarse al derrotado Ejército del Norte, para apoyar la retirada del mismo, al mando de partidas de guerrillas formadas por gauchos, dando inicio a la “Guerra Gaucha”. Pero su nuevo jefe, JOSÉ DE SAN MARTÍN, en mayo de 1814, por nuevas actitudes de indisciplina -entre ellas por haber faltado el respeto al mismísimo BELGRANO, ordenó su traslado a Buenos Aires, lo que le valió no participar tampoco en la “Tercera Campaña al Alto Perú”.
Llegado a Buenos Aires, se encontró con que el conflicto entre “federales” y “unitarios” ya estaba en su apogeo y se puso a las órdenes del Director Supremo, general CARLOS MARÍA DE ALVEAR para luchar contra el caudillo de la Banda oriental, JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS. Si bien derrotó inicialmente al artiguista FERNANDO ORTOGUÉZ en la batalla de Marmarajá (14/10/1814), luego fue derrotado por el entonces lugarteniente de Otorgués, FRUCTUOSO RIVERA, en la batalla de Guayabos (10/01/1815), una batalla que tuvo como consecuencia inmediata, el completo control de la Banda Oriental por los federales.
En 1815, contrajo enlace con ÁNGELA BAUDRIX. Y fue entonces cuando, su participación en el conflicto que afectaba a las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo decidió a incursionar en política y lo hizo acercándose al ideario del “federalismo”, algo hasta ese momento inusitado en Buenos Aires y toda Hispanoamérica, buscando la autonomía de la provincia de Buenos Aires en igualdad de condiciones que las demás provincias, que durante toda la época hispánica habían pertenecido y dependido siempre de un poder central.
Su ideario federal era un tanto ambiguo. Dirigió un grupo opositor al Directorio, en el que figuraban también MANUEL MORENO, PEDRO JOSÉ AGRELO, DOMINGO FRENCH, VICENTE PAZOS KANKI, MANUEL VICENTE PAGOLA y FELICIANO ANTONIO CHICLANA. Además, apoyaba la posición republicana, en contra de las pretensiones monárquicas de alguno de los directoriales, que pretendían llamar a un príncipe europeo para coronarlo rey del Río de la Plata y por otro lado, se opuso a la política del Director JUAN MARTÍN E PUEYRREDÓN de acercarse a Portugal, para atacar juntos a los federales de la Banda Oriental.
Intervenía en la invasión de Santa Fe ordenada por el Director Supremo cuando, contrario a su participación en luchas entre hermanos, pidió pasar con su regimiento al ejército que SAN MARTÍN preparaba en Mendoza, pero antes de llegar a su nuevo destino, hicieron explosión nuevas declaraciones suyas en contra del Director Supremo. DORREGO tuvo dos entrevistas con PUEYRREDÓN, y éste, que estaba decidido a evitar problemas que le impidieran mantener a tranquilidad en el país, para seguir apoyando al Ejército de los Andes en su gesta libertadora, 15 de noviembre de 1816, ordenó el arresto y el destierro de DORREGO por “insubordinación y altanería”.
Embarcado en un buque británico, sólo al tercer día de estar embarcado y en viaje, supo cuál era su destino, cuando se le dijo que se dirigían a la isla de “Santo Domingo” una colonia española (hoy República Dominicana). Pero, poco antes de llegar a destino, el capitán y la tripulación del buque decidieron dedicarse a la piratería y liberar a Dorrego, pero antes de que pudieran hacerlo, el buque fue capturado y a DORREGO le costó mucho explicar su posición, pero en definitiva quedó en libertad en Jamaica.
Enfermo y sin recursos, logró llegar a Baltimore en los Estados Unidos, donde pronto se le unieron los demás miembros de su partido, expulsados también por Pueyrredón. Se ignoran las circunstancias de su vida en Baltimore pero allí conoció el federalismo en acción y la observación de la vida norteamericana refirmó sus convicciones federalistas. Leyó los periódicos e incluso editó uno en castellano. Se entrevistó con varios políticos y quedó convencido de su posición republicana y federal. Permaneció en Baltimore (EE.UU.) durante tres años y a su regreso, en abril de 1820, después de la caída del Directorio, fue rehabilitado en su grado de coronel y puesto al mando de una unidad militar de guarnición en Buenos Aires, durante los acontecimientos que se produjeron el 20 de junio de ese año (ver El día de los tres gobernadores).
Cuando, ese mismo año, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires MIGUEL ESTANISLAO SOLER fue derrotado por ESTANISLAO LÓPEZ en la batalla de “Cañada de la Cruz, tomó el control de las tropas de la capital y el 29 de junio fue nombrado gobernador interino. Salió a campaña a perseguir a LÓPEZ y sus aliados, JOSÉ MIGUEL CARRERA y CARLOS MARÍA DE ALVEAR y luego de derrotarlos en “San Nicolás de los Arroyos”, sus tropas saquearon la villa. Después invadió la provincia de Santa Fe y luego de derrotar a ESTANISLAO LÓPEZ en la batalla de Pavón I (12/08/1820) trató de negociar la paz con el caudillo santafesino, pero sin lograr un acuerdo con éste, debió enfrentarlo nuevamente y el 2 de setiembre de 1820, fue vencido en la batalla de “Gamonal”.
Mientras estaba en campaña, la Sala de Representantes decidió nombrar al gobernador titular; sus amigos presentaron su candidatura, pero el 20 de septiembre la Legislatura nombró en su lugar al coronel MARTÍN RODRÍGUEZ. DORREGO se retiró a su quinta en San Isidro y en el mes de octubre de 1820, luego de que abortara la revolución que encabezara su antiguo aliado, el coronel MANUEL PAGOLA, en la que no participó, se unió a MANUEL MORENO para llevar adelante el esfuerzo realizado por las provincias a fin de evitar que RIVADAVIA federalizara la ciudad de Buenos Aires (que era entonces tanto la capital nacional como provincial).
Fue desterrado a Mendoza y huyó a Montevideo, desde donde, junto con otros exiliados como ALVEAR, MANUEL DE SARRATEA y ESTANISLAO SOLER pudo regresar a Buenos Aires a fines de 1821, beneficiado por la “Ley del Olvido”, promovida por su archi enemigo RIVADAVIA y sancionada por la Legislatura provincial en noviembre de 1821.
En marzo de 1823 ayudó a aplastar la «Revolución de los Apostólicos», (19/03/1823) dirigida por GREGORIO GARCÍA DE TAGLE, a quien logró capturar, pero a quien luego facilitó la huida. Fue un acto de particular generosidad, porque Tagle era el ministro que en 1816, junto a PUEYRREDÓN había firmado su destierro —que en la práctica había equivalido a una condena a muerte
En octubre de 1823, electo representante ante la Junta, se puso al frente de la oposición federal al gobierno de MARTÍN RODRÍGUEZ y su ministro BERNARDINO RIVADAVIA. A diferencia de los unitarios porteños, encarnaba los intereses de la población de gauchos del campo y de la gente pobre de los barrios de la ciudad. En menor medida, también de los hacendados bonaerenses (no olvidemos que su hermano Luis era socio de Juan Manuel de Rosas).
En su viaje de regreso se había puesto en contacto con el caudillo santiagueño JUAN FELIPE IBARRA, quien lo relacionó con los federales del interior y lo hizo elegir diputado por la provincia de Santiago del Estero ante el Congreso Nacional en 1824. Allí, nuevamente se mostró contrario a la política centralista del ministro Rivadavia, quien había logrado que se aprobara la nacionalización de la aduana y del puerto, como así también la federalización la ciudad de Buenos Aires. Desde su periódico “El Argentino” respaldó las ideas federalistas, en oposición a RIVADAVIA. Proyectó la supresión de las levas y defendió las tesis federalistas en contra del gobierno de MARTÍN RODRÍGUEZ y su ministro RIVADAVIA.
Cuando se le objetó que el federalismo era imposible dada la pobreza de las provincias, respondió que estas podían ser económica y administrativamente viables si se agruparan en grupos más grandes. Defendió el derecho a voto de los «criados a sueldo, peones jornaleros y soldados de línea», argumentando: «¿Es posible esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad, pero que no puedan tomar parte en las elecciones?… Yo no concibo cómo pueda tener parte en la sociedad, ni como pueda considerarse miembro de ella a un hombre que, ni en la organización del gobierno ni en las leyes, tiene una intervención…»
En abril de 1825, junto con su hermano Luis, apoyaron la campaña libertadora de los “Treinta y Tres Orientales” e hizo una fuerte campaña presionando al gobierno a declarar la guerra al imperio de Brasil para liberar la Banda Oriental, pero no tuvo éxito ante la cerrada defensa del partido del gobierno, que incluso lo excluyó de la reelección
En 1825, interesado en negocios de minas, viajó al norte y al Alto Perú, visitando a los gobernadores federales BUSTOS, IBARRA y QUIROGA. Se entrevistó luego con SIMÓN BOLÍVAR, que lo impresionó profundamente y a quien consideró el único capaz de contener al emperador del Brasil, entonces en actitud amenazante contra las Provincias Unidas y su ideario federal se acendró cuando el prócer venezolano le confió su decisión de concretar las ideas de FRANCISCO DE MIRANDA, creando una “Federación Americana” (ver Dorrego, Bolívar y la Banda Oriental).
Participó en las entrevistas habidas entre SIMÓN BOLÍVAR, por un lado, y el general CARLOS MARÍA DE ALVEAR y el doctor JOSÉ MIGUEL DÍAZ VÉLEZ, en representación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por el otro, durante las cuales se logró que el territorio de Tarja se reincorporara a las Provincias Unidas y se entusiasmó con los planes de Bolívar para crear una Federación Americana, y solicitó su ayuda para expulsar a los portugueses de la Banda Oriental; los términos que utilizó resultan insólitamente aduladores proviniendo de Dorrego, quien siempre había mostrado una actitud independiente. En esos años, su afán por crear estados americanos libres lo lleva a apoyar la creación de la República de Santa Catarina y la República de San Pedro del Río Grande en Brasil aceptando la creación de República Oriental del Uruguay, cosa que exacerbó a los Unitarios que comienzan a odiarlo.
En 1825, electo representante ante la Legislatura provincial, formó parte del Congreso Nacional, donde defendió con ardor el régimen federal y se destacó en los debates sobre la forma de gobierno y el derecho al sufragio y se convirtió en el líder de los “federales ilustrados”, aceptado por su carisma y habilidad para las negociaciones públicas. A mediados de ese año, se entrevistó con SIMÓN BOLÍVAR y trató de convencerlo para que se pusiera al frente de las tropas que deberían expulsar a los portugueses de la Banda Oriental, pero no tuvo éxito (ver Dorrego, Bolívar y la Banda Oriental).
Cuando el 4 de marzo de1826 bajo la presidencia de BERNARDINO RIVADAVIA se aprobó la Ley declarando que Buenos Aires fuera la capital de la República, DORREGO y demás opositores del centralismo unitario, se opusieron decididamente considerando que esto violaba la Ley Fundamental, y cuando más tarde en julio de ese mismo año, se sancionó la Constitución conocida como la “Constitución Unitaria”, los caudillos provinciales BUSTOS, QUIROGA e IBARRA se rebelaron.
DORREGO, ya lanzado en la política, desde el Diario “El Tribuno” atacó las medidas centralizadoras de Rivadavia, ganando prestigio en las provincias, en donde se lo consideraba uno de los dirigentes más caracterizados del federalismo en Buenos Aires, que buscaba la restitución de la Provincia afectada por la política nacionalizadora de RIVADAVIA. A diferencia de los unitarios porteños, encamaba los intereses de la población de la campaña, del gaucho bonaerense y cuando se discutió la Constitución de 1826, debatió sobre la forma de gobierno que debía adoptarse y el derecho al sufragio. Influyó con su prédica en la crisis que culminó con la renuncia de RIVADAVIA a la Presidencia de la Nación el 3 de agosto de 1827, y después de la renuncia de éste, fue nuevamente electo gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires.
Durante su gobierno tomó decisiones para encaminar la economía del país, e inició una política de acercamiento con las provincias y se enfrentó con infinidad de problemas surgidos del caótico estado en que se encontraba el país, comprometido en una guerra que lo estaba dejando sin reservas. Por eso, con la intención de poner fin a esta contienda, puso en ello todos sus esfuerzos y el 27 de agosto de 1828, firmó un “Tratado Preliminar de Paz” con Brasil, que si bien, concluyó con esta guerra, fue unánimemente resistido porque contenía, entre otras cláusulas que se consideraron “deshonrosas”, una donde se reconocía la independencia de la Banda Oriental.
A muchos, este Tratado les pareció innecesariamente cercano a la rendición de los ejércitos argentinos, cuyas victorias se habían sucedido casi continuamente en el campo de batalla. De regreso en Buenos Aires, debió enfrentar la sublevación unitaria del 1º de Diciembre de ese año.
La firma del Tratado de Paz con Brasil había sido muy mal vista en Buenos Aires y entonces, los unitarios vieron la posibilidad de recuperar el poder, aprovechando el descontento de los jefes militares que regresaban triunfantes de aquella guerra, pero derrotados por los términos de ese Tratado. Ex compañeros de DORREGO entonces, como SOLER y ALVEAR, junto con los generales MARTÍN RODRÍGUEZ, JUAN LAVALLE y JOSÉ MARÍA PAZ comienzan a conspirar para derrocar al gobierno federal. Muchas unidades se rebelaron y se pusieron bajo las órdenes del general JUAN GALO LAVALLE, que instalado en Montevideo, se había hecho cargo de la organización y coordinación de los esfuerzos que desde allí se realizaban con la intención de poner fin su gobierno.
Al amanecer del 1º de diciembre de 1828 el ejército de LAVALLE avanzó silenciosamente hacia el centro de la ciudad de Buenos Aires. DORREGO, sin tropas con las que pudiera oponerse, luego de encargar a los generales BALCARCE y GUIDO que defendieran la Fortaleza hasta su regreso con refuerzos, abandonó la Fortaleza, por la puerta que daba a la hoy calle Balcarce y se dirigió al interior de la provincia a fin de organizar una fuerza para intentar la reconquista
BALCARCE y GUIDO entregaron la Fortaleza, sin ofrecer resistencia y dueño ya de la ciudad, LAVALLE, convocó a una centena de ciudadanos adictos unitarios, acaudillados por el propio doctor AGÜERO y procedió a realizar un simulacro de elección. Luego de que los asistentes levantaran su sombrero en señal de acuerdo para que se lo nombrara Gobernador de Buenos Aires, asumió como tal en calidad de provisorio.
Mientras tanto, DORREGO decidido a enfrentar a LAVALLE, se había dirigido a Cañuelas donde se reunió con JUAN MANUEL DE ROSAS, quien, enterado de los sucesos había comenzado a reclutar paisanos e indios para ponerlos a disposición de la autoridad legal, y le aconsejó no librar combate hasta completar la reunión de efectivos suficientes. DORREGO desoyó este consejo y decidió dirigirse a Navarro para enfrentar a LAVALLE, considerando que le serían suficientes las escasas fuerzas que ROSAS ya le había reunido. LAVALLE, por su parte, dejó a cargo del gobierno de Buenos Aires al almirante GUILLERMO BROWN y se dirigió también hacia Navarro.
El 9 de diciembre ambos contendientes se encontraron en esa localidad de la provincia de Buenos Aires y el disciplinado y bien entrenado ejército de LAVALLE, barre sin dificultades al improvisado contingente de indios y paisanos reclutados por ROSAS. Las tropas de DORREGO fueron rápidamente vencidas, siendo dispersadas con su jefe a la cabeza. Producido el desbanda de las fuerzas de DORREGO, éste se aleja de Navarro acompañado por ROSAS, quien lo insta a que lo acompañe para dirigirse a la provincia de Santa Fe, en procura del auxilio que pudiera prestarles su gobernador ESTANISLAO LÓPEZ, pero DORREGO, nuevamente se negó a ello, prefiriendo marchar hacia Antonio de Areco para buscar refugio en la estancia de su hermano Luis. ROSAS lo deja entonces, “cansado de sufrir disparates”, como explicará años después.
DORREGO llega al puesto “El Clavo”, de la estancia “Las Saladas”, propiedad de su hermano LUIS, donde se halla el cuartel volante de la división de PACHECO y éste se preocupa por esta presencia, ya que sabe que sus fuerzas son hostiles a Dorrego y ha procurado en vano detenerlo en su marcha, porque el chasqui que le enviara para alertarlo del peligro que corría, se había extraviado.
Caía la noche del 10 de diciembre. DORREGO y PACHECO toman mate y conversan en un rancho cuando se presentan dos ex subordinados suyos, los comandantes BERNARDINO ESCRIBANO y MARIANO ACHA, que habían salido en su persecución y le dicen que quedaba prisionero con su hermano y que serán puestos a disposición del general LAVALLE, en su campamento de Navarro. DORREGO, estupefacto, exclama dirigiéndose a ACHA: “Compadre, ¿se ha vuelto loco?. No esperaba de usted semejante acción”.
Llevado ante la presencia de LAVALLE éste lo puso en prisión, hasta que se decidiera su suerte. En un principio se consideró enviarlo desterrado a los Estados Unidos, pero después de breves pero acaloradas deliberaciones mantenidas con sus consejeros con respecto a lo que debería hacerse con DORREGO, LAVALLE aceptó el parecer de los unitarios, que declaraban que el movimiento federal finalizaría con la muerte de DORREGO y ordenó que fuera fusilado inmediatamente, declarando, que “la historia juzgaría la conveniencia de su decisión”.
Y así, sin juicio previo, sin proceso ni defensa, ni lectura de sentencia, simplemente se ordenó su ejecución. El prisionero sólo contó con una hora para prepararse a morir. Escribió una carta a su mujer en la que perdonaba a sus enemigos y suplicaba a sus amigos “que no den paso alguno en desagravio”, diciéndole: “Mi querida Angelita: en este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué, más la Providencia Divina, en la cual confío en este momento crítico así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado M. Dorrego” (ver La muerte de Dorrego).

Después, con las primeras luces del 13 de diciembre de 1828, en el paraje Laguna de Navarro, enfrentó al pelotón y ocho tiros perforaron su cuerpo y así se escribió otra oscura página de nuestra Historia, un trágico episodio que marcó el comienzo de nuevas guerras civiles y una catástrofe que abrió las puertas a la primera dictadura que enlutó al país. La muerte de DORREGO, el símbolo de las ideas que LAVALLE combatía, no fue, como luego mostró la Historia, la solución que el país necesitaba. “La tragedia de Navarro”, como se llamó al fusilamiento de DORREGO, produjo de nuevo la dislocación nacional y fue el primer paso para el encumbramiento de JUAN MANUEL DE ROSAS al poder.
Exactamente un año después de su ejecución los restos de DORREGO recibieron sepultura en Buenos Aires con populares demostraciones de aprecio e impresionantes ceremonias presididas por el nuevo gobernador JUAN MANUEL DE ROSAS.
DORREGO, hombre de principios y humanitarios ímpetus, se había convertido en el querido mártir de la causa federal, ahora conducida por ROSAS y muchos historiadores creen que la muerte de DORREGO fue una tragedia para la nueva nación que necesitaba de su especial talento para unir al pueblo en momentos penosos. Aunque estaba revestido con los atributos militares, era el caudillo político por excelencia, y supo granjearse el favor de las clases populares que lloraron su muerte, expresando su dolor en el cantar: Cielo, mi cielo sereno / nunca más pompa se vio – que el día en que Buenos Aires – a Dorrego funeró”.
LAVALLE, nuevo gobernador de Buenos Aires, en su calidad de jefe de la sublevación unitaria triunfante el 1º de diciembre, que había derrocado a DORREGO y ordenado su ejecución, fue unánimemente censurado. Las balas que troncharon la vida del caudillo federal porteño levantaron “una ola de revulsión contra Lavalle y sus partidarios. De un principio al fin de la república, entre todas las clases”, como informara el cónsul inglés PARISH a su gobierno en enero de 1829.
El Profesor HÉCTOR G. RAMOS MEJÍA, refiriéndose al coronel MANUEL DORREGO, dijo que por sus acciones públicas y privadas, por sus propósitos y aspiraciones, por sus ideas notorias, su preparación humanística revelada en sus “Cartas apologéticas”, escritas desde Baltimore, durante su destierro en 1817, al general ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE, “era la expresión más típica del criollo de la antigua comuna porteña, especie desvanecida ya en medio del aluvión inmigratorio que ha transformado la fisonomía social del pueblo argentino.
Personaje con una increible carga mitologica. Me atreveria decir que fue un avatar de la figura del Tramposo – aquel que resueleve los problemas con la astucia y con un sentido del humor que puede ser brutal. Ejemplos del Tramposo son Hermes en la mitologia griega, Loki en la nordica, Narada en la hindu, Anansi en la mitologia africana, Coyote entre los indios norteamericanos, Kitsune en Japon..
Enfin, la lista es larga – es una figura que reaparece siempre en las mitologias.
Y nosotros tuvimos uno de carne y hueso…