DORREGO, BOLÍVAR Y LA BANDA ORIENTAL (1825)

A mediados de 1825, MANUEL DORREGO decide partir rumbo al Perú con el aparente propósito de concretar un negocio de minas, aunque en verdad, tratará de convencer a SIMÓN BOLÍVAR para que se haga cargo de las operaciones que lleven a la expulsión de los portugueses que han invadido la Banda Oriental (ver Dorrego, Manuel).

Manuel Dorrego - Wikipedia, la enciclopedia libre

En situación económica precaria, porque no ha podido atender sus intereses personales debidamente, en 1825, DORREGO está decidido a emprender el negocio minero, una actividad, que a raíz del fomento de la minería, que realizara BERNARDINO RIVADAVIA, se le presenta como medio seguro de hacer fortuna, sin las demoras y los problemas que presentan las tareas agropecuarias, con las que se ha enriquecido LUIS, uno de sus hermanos.

Vende entonces sus campos de San Antonio de Areco y forma una empresa con MARIANO GAINZA a quien le da poder para comprar “cualesquiera terrenos y minas a nombre de la sociedad”, que ambos integran con GREGORIO LECOQ y decide partir a Perú, para concretar alguna relación que le permita iniciarse en el negocio minero.

Pero hay algo en la mente de DORREGO, que es mucho más importante que sus necesidades personales. La invasión de Portugal a la Banda Oriental es algo que lo preocupa sobremanera desde hace ya rato y consideraa que debe hacer algo para terminar con esa situación.

Recordemos que en esos momentos, la relación de las Provincias Unidas con Brasil, debido a la presencia de tropas invasoras del Imperio en la Banda Oriental, ha llegado a un punto de tensión que ya es insostenible y es evidente que urge una solución. DORREGO no comparte la política que sigue el gobierno argentino con respecto a esta situación (1) y cree que SIMÓN BOLÍVAR, es quien puede terminar con este estado de cosas, arrojando a los portugueses de la Banda Oriental.

DORREGO considera que BOLÍVAR es un jefe militar que no conoce obstáculos que se opongan a sus designios, y busca en él a un libertador para la provincia oprimida. Ya había expresado su opinión en “El Argentino”, diciendo que así interpretaba la que ya se abría paso en Buenos Aires.

Sumamente preocupado entonces por ese problema que afectaba la paz en su patria, decidió adelantarse a los enviados especiales argentinos, CARLOS MARÍA DE ALVEAR y JOSÉ MIGUEL DÍAZ VÉLEZ, que ya estaban preparando un viaje al Alto Perú, con el propósito de lograr la reincorporación de Tarija a las Provincias Unidas y parte hacia Perú, llevando una carta del deán FUNES, encargado de negocios de Colombia, que lo recomienda a BOLÍVAR, diciéndole que no va por negocios públicos, pero que tiene sobre éstos «ideas muy exactas y del mayor interés». Lo presenta, además, en su condición de militar de fama, con lo cual lo insinúa como hombre útil para una posible campaña libertadora.

Su viaje, como paso previo a su entrevista con BOLÍVAR, incluye visitas a los gobernadores federales del interior. En Córdoba, se pone en contacto con BUSTOS, en La Rioja con QUIROGA y con IBARRA, en Santiago del Estero.

Cuando llega a su destino, BOLÍVAR lo recibe en la flamante república que lleva su nombre. Una súbita pasión bolivariana ha embargado a DORREGO. Con la impulsividad que lo caracteriza, llega a considerarlo un mesías y dejando de lado su negocio de minas, se dedica de lleno a tratar de convencer a BOLÍVAR para que conduzca las fuerzas que deberán aniquilar a las de Don Pedro.

La posición federalista que ha adoptado en el ámbito nacional no está necesariamente reñida con la Confederación de Estados americanos que propugna el vencedor de Carabobo y Boyacá. Tanto DORREGO como BOLÍVAR, pensaban y actuaban en función de una política americanista que unificara a las naciones del continente y que fuera capaz de excluir de éste, toda posible ingerencia de las fuerzas ajenas y opuestas al ideal de una América unida y soberana.

Halagado por los elogios que le dispensa, BOLÍVAR se referirá a eso, diciendo en una nota que le envió al líder colombiano FRANCISCO DE PAULA SANTANDER: «Todo el pueblo argentino, todos los buenos patriotas y hasta el gobierno mismo no esperan nada bueno sino de mí».

Ya de regreso en Buenos Aires, DORREGO le escribe a BOLÍVAR, expresándole una admiración sin límites. Critica acerbamente la reciente elección de RIVADAVIA para la presidencia de las Provincias Unidas y le reitera: «En mi sentir, la destrucción del Imperio brasilero está sólo a V. E. reservada».

Repite sus ofertas y pide recibir órdenes para demostrar su reconocimiento a BOLÍVAR, insistiendo en «Todos claman porque V. E. se ponga aI frente de la guerra por una alianza americana. “Si, señor Excmo., esto piensan todos, excepto el pequeño circulo ministerial, que llega al término de preferir comprar la independencia de la Banda Oriental por algunos millones. Las esperanzas de los libres de las provincias argentinas, están fundadas en que tal vez no diste el día que se suplique a V. E. tome a su cargo nuestra defensa”.

Finalmente, BOLÍVAR, absorbido por los problemas que presentaba la reacomodación de las nuevas naciones que surgían, no cumplió con los deseos de DORREGO y luego de que las Provincias Unidas del Río de la Plata libraran una guerra con el imperio de Brasil, la Banda Oriental fue reconocida como un Estado libre y soberano.

(1). En 1823, siendo Legislador provincial, Dorrego hizo una fuerte campaña presionando al gobierno de Martín Rodríguez a declarar la guerra al Imperio de Brasil para liberar la Banda Oriental, pero no tuvo éxito ante la cerrada defensa del partido del gobierno, que incluso lo excluyó de la reelección. Luego, con su hermano Luis, apoyó la expedición de los “Treinta y Tres Orientales”, comandada por Lavalleja.

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