LOS HERMANOS CARRERA Y SAN MARTÍN (1817)

El conflicto entre los hermanos CARRERA (JOSÉ MIGUEL, JUAN JOSÉ y LUIS) y el General JOSÉ DE SAN MARTÍN, fue un dramático enfrentamiento político y militar en el contexto de la lucha por la independencia de Chile y de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

JOSÉ MIGUEL, el hermano mayor de los CARRERA, había liderado los primeros años de la independencia chilena conocidos como los de la «Patria Vieja», pero producido el desastre de Rancagua en 1814, su protagonismo se vio desplazado por la alianza de BERNARDO 0’HIGGINS con el General SAN MARTÍN, que reunidos en Mendoza, analizaban un proyecto liberador de acción conjunta, con la participación del Ejército de los Andes (ver San Martín y la independencia de Chile).

El caudillo chileno que enfrentó a San Martín y terminó ...

Buscando entonces, retomar el poder por su cuenta y desafiando la autoridad de SAN MARTÍN en Cuyo, ambos hermanos se alzaron contra la autoridad de SAN MARTÍN y en 1817, JUAN JOSÉ y LUIS CARRERA fueron arrestados en Mendoza, tras descubrirse su participación en una conspiración para derrocar a O’HIGGINS y SAN MARTÍN tras robar el correo de La Rioja. Fueron juzgados y fusilados el 8 de abril de 1818 en Mendoza, por orden del gobernador local TORIBIO DE LUZURIAGA.

JOSÉ MIGUEL CARRERA entonces, tras la muerte de sus hermanos, se alineó con los caudillos federales en Argentina y combatió contra el gobierno central, hasta que fue finalmente derrotado en la batalla de Punta del Médano. Traicionado por sus hombres, fue capturado y fusilado en Mendoza el 4 de septiembre de 1821 (ver Andanzas de José Miguel Carrera en el Río de la Plata).

Los registros históricos indican que San Martín no ordenó ni participó directamente en las ejecuciones. Cuando JUAN JOSÉ y LUIS fueron fusilados el 8 de abril de 1818, SAN MARTÍN se encontraba en Chile tras la Batalla de Maipú. Días después llegaba a Mendoza el indulto con el que O’Higgins y San Martín los beneficiaban. Y cuando JOSÉ MIGUEL fue fusilado en septiembre de 1821, SAN MARTÍN ya se encontraba en Perú como Protector. Incluso existen cartas en las que San Martín pedía evitar la pena capital para JOSÉ MIGUEL, aunque los documentos llegaron tarde a Mendoza.

El otro hermano, que aún quedaba vivo, acusaba a ambos próceres de haber simulado el indulto.   fue terminante: “—No he mandado a ejecutar a sus hermanos […] aún cuando repito no haber tenido la menor parte en la ejecución, si me hubiese hallado de gobernador de Mendoza, mucho antes habría tenido lugar”.

Un familiar de los CARRERA le escribió a JOSÉ MIGUEL, que estaba en Montevideo una carta donde le cuenta la desgracia del fusilamiento de sus hermanos y acusa a SAN MARTÍN de ser el responsable del mismo. Además, lo advierte de que … “El brazo del asesino está suspendido sobre vuestro pecho…”

JOSÉ MIGUEL viviría desde entonces con la obsesión de vengarse de SAN MARTÍN, PUEYRREDÓN y O’HIGGINS. Se enredará en un nuevo enfrentamiento, junto a los caudillos del Litoral contra Buenos Aires y ello lo llevará, también a él, a ser fusilado.

Un poco de historia
Andanzas de los hermanos Carrera (1817). En 1817, antes de la batalla de Talcahuano, San Martín había regresado a Buenos Aires para buscar apoyo para continuar su campaña al Perú. En ese entonces llegaron de EE.UU. los hermanos JOSÉ MIGUEL, JUAN JOSÉ y LUIS CARRERA, quienes venían transportados por la primera de una serie de embarcaciones de guerra que habían conseguido a cambio de promesas hechas a los financiadores del proyecto, las que se cumplirían en caso de que tomaran el poder en Chile. En Buenos Aires se enteraron de que SAN MARTÍN y O’HIGGINS ya habían desalojado a los realistas de Chile; esto los dejaba afuera del momento histórico que tanto habían esperado ya que los partidarios de O’HIGGINS y de los CARRERA eran entre sí, enemigos declarados.

PUEYRREDÓN intentó negociar con los propietarios de las embarcaciones de guerra, para utilizar sus servicios al margen de los hermanos chilenos y ello terminó con el injusto encarcelamiento de los CARRERA en Buenos Aires. SAN MARTÍN visitó al principal de ellos, JOSÉ MIGUEL en su calabozo y al tenderle su mano para saludarlo no fue correspondido.

SAN MARTÍN regresó a Chile a continuar su campaña y los CARRERA huyeron a Montevideo. Antes les habían dado tres pasaportes para los EE.UU. Ellos decidieron no viajar y eso les costaría la vida. LUIS Y JUAN JOSÉ viajaron a Chile y en el camino fueron capturados. JOSÉ MIGUEL huyó a Montevideo, donde con ALVEAR —regresado del Brasil— administraban una imprenta traída desde Estados Unidos, con la que difamaban a SAN MARTÍN, O´HIGGINS y PUEYRREDÓN.

Los boletines que se imprimían en Montevideo eran enviados a Buenos Aires donde algunos opositores al gobierno de PUEYRREDÓN, como TOMÁS DE IRIARTE, los distribuían clandestinamente. Los mensajes entre los conspiradores de Montevideo y los de Buenos Aires se enviaban entre resmas de papel en blanco. Algunas de estas hojas, ubicadas en una posición conocida por los destinatarios, al ser calentadas sobre las brasas dejaban ver con claridad la escritura hasta ese momento indeleble. Se trataba de escritos hechos con jugo de limón, los que al ser expuestos al calor tomaban color haciéndose visibles.

El “pichi rey” Carrera, el pequeño rey de los indios (1820)
En 1820, el último de los CARRERA todavía vivo, JOSÉ MIGUEL, tratando de reorganizar sus fuerzas, partió a encontrarse con las tribus de los ranqueles. Los indios llamaban a CARRERA “Pichi Rey” —pequeño rey— y le efectuaban múltiples demostraciones de afecto. Una de ellas fue la de celebrar en su presencia una ceremonia de honor al Sol. “Para este sacrificio los sacerdotes eligieron un potro salvaje “sin defectos” y lo amarraron por sus propias manos. El primer sacerdote abrió una herida al costado del animal, introdujo el brazo en el cuerpo todavía vivo y le arrancó el corazón y otras entrañas. Con la sangre del corazón hizo ademán de asperjar el sol, mientras los otros hechiceros le imitaban con la sangre del cuerpo de la víctima. Luego se comieron el corazón, el hígado, los bofes y otras entrañas humeantes”. Estas actitudes dejaban asombrados a los ocasionales testigos presenciales. No menos impresionante era la costumbre de los indios que quemaban a los negros porque creían que los blancos los utilizaban para fabricar pólvora. En los continuos ataques de los indios a los blancos, era común que se percibiera un extraño olor entre los gritos y la polvareda que generaban los caballos. Sucedía que los indios mojaban sus lanzas con orina de zorrino.

Los indios creían que Carrera hablaba con el sol. Por eso estaban dispuestos a congregar bajo su mando cerca de 10.000 hombres. El éxito de su gestión quedó rápidamente confirmado y en diciembre e 18120, al mando de una poderosa fuerza compuesta por más de 2.000 guerreros, con él a la cabeza, invaden Salto y la saquean. Los indios, luego de un importante parlamento realizado se declaran dependientes de Carrera y así se lo informan diciéndole que …“…se ponían todos a sus órdenes y no tenía más que encabezar las tribus para que volaran a vengar sus agravios y a empapar sus manos de sangre enemiga”.

El 9 de marzo de 1821 Carrera venció a Bustos en el sur de Córdoba causándole 150 muertes. Carrera, luego de huir con los indios ranqueles con quienes esperaba llegar a Chile, volvió a reunirse con Ramírez. Éstos se encuentran en Córdoba, donde son derrotados por Bustos en Cruz Alta y se separan.

El fusilamiento del General José Miguel Carrera (1821)
En agosto de 1821 Carrera fue derrotado y atrapado en Cuyo. Trasladado a Mendoza lo fusilaron en el mismo lugar de la plaza donde años atrás habían sido muertos sus hermanos a quienes había intentado vengar. “Dice la Memoria del coronel Pueyrredón: Llegada la hora fatal el ayudante Barcala, negro del batallón de cívicos, con el alguacil Correa, fueron a sacarlo. Ya es hora, señor; le dijeron. Voy a concluir esta carta, contestó Carrera (era a su esposa). No es posible, señor, la hora es pasada; y le quitó el tintero. Déjeme mojar una sola vez la pluma y estoy con usted. Entonces escribió sus últimas palabras: “en este momento muere José Miguel Carrera”.

Antes de ser fusilado le preguntó Carrera al sacerdote que lo asistía, José B. Lamas: “¿Cómo se va a esta ceremonia?¿Con el sombrero puesto o quitado?—Quitado— le respondió el sacerdote y le entregó un crucifijo para que meditara y se arrepintiera de sus pecados mientras fijara su vista en él.

Sobre este fusilamiento relató el referido sacerdote: —Llegamos al umbral de la cárcel, había que bajar unos escalones y yo le ofrecí mi brazo. No, me dijo, dirán que tengo miedo. Y a pesar de los gruesos grillos que le oprimían los pies, de un salto los salvó; […] Carrera caminaba con la vista alta y mirando con desdeñosa sonrisa a las tropas que estaban formadas […] no había pasado un minuto cuando uno de los padres mercedarios de la comitiva salió de entre la comitiva y le dijo: —Hermano mío, clave usted los ojos en la imagen de Nuestro Señor Jesucristo.

—¡Qué Padre tan afligido!— le replicó Carrera y el mercedario se retiró con la cara ardiendo. Cuando avistamos los banquillos, un joven soldado que estaba acusado de haber sido el que mató al general Morón […] y que debía ser fusilado […] no pudo resistir el espectáculo y se desmayó. Entonces Carrera dijo: —¡Qué muchacho! […] tan valiente en la guerra y se desmaya ante la sombra de la muerte”.

Cuando Carrera caminaba hacia el cadalso se le oyó decir: “—La muerte es una sombra oscura que pasa […]”. Carrera no quiso que le vendaran los ojos y solicitó dar él la orden de hacer fuego. Barcala —el oficial negro— accedió a que Carrera tuviera los ojos descubiertos pero se negó a lo segundo.

“Al menos —dijo Carrera—, escoja Ud. los mejores tiradores y dígales que apunten adonde yo ponga mi mano. Minutos después sonaba la descarga fatal y CARRERA, de pie, con la mano sobre el corazón, recibía la muerte sin inmutarse”. Murió gritando: “¡Muero por la libertad de América!”, era el 4 de septiembre de 1821. Solamente tres años habían transcurrido desde que fueran fusilados sus dos hermanos en ese mismo lugar.

“La cabeza de Carrera fue exhibida en el Cabildo, y su brazo colgado bajo el reloj del edificio: ‘—Eran tiempos duros para los BARCALA […]’, comenta V.F. López”. El conocido Coronel negro, que dirigió el grupo de soldados que llevó a CARRERA al cadalso, nunca imaginó que en ese mismo lugar también él sería fusilado algunos años después, el primero de agosto de 1835”

 

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