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LIGNIÈRES, JOSEPH LÉON MARCEL
Fue una de las personalidades científicas más respetadas en la Argentina del 1900. Llegó a Buenos Aires comenzando la década de 1890, enviado por el profesor EDMOND NOCARD, titular de la Cátedra de enfermedades contagiosas en la “École vétérinaire d’Alfort”, respondiendo a una gestión que realizara en Francia un grupo de hacendados argentinos, con el objeto de solicitar ayuda para estudiar y lograr la erradicación de una innumerable serie de enfermedades que afectaban el ganado.
Puesto a trabajar de inmediato, su valor como científico se puso en evidencia rápidamente. En 1893 creó el “Instituto Nacional Bacteriológico” del Ministerio de Agricultura y con un grupo de colaboradores todos argentinos, obtuvo importantes resultados en la lucha contra las enfermedades contagiosas del ganado en general y sus trabajos en bacteriología y su aplicación a la ciencia veterinaria fueron revolucionarios.
En enero de 1898, se abocó al estudio de las enfermedades infecciosas como la «tristeza» y la «malaria bovina». Estudió las salmonelosis y en 1900, describió el género “salmonella”. Luego organizo el “Laboratorio de Bacteriología” en Buenos Aires y trabajó en sueros y vacunas, incluyendo la vacuna contra la fiebre aftosa, la malaria bovina, la anaplasmosis bovina, la piroplasmosis bovina (fiebre de Texas) y el mal de caderas.
Describió la actinobacilosis y aisló los “actinobacillus”. Trabajó en actinomicosis, estrongilosis gastrointestinal de las ovejas y fiebre aftosa. En 1912, publicó la primera descripción de la aterosclerosis ovina
En 1907 inició una recordada labor docente en la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional Buenos Aires, impartiendo cursos de “Enfermedades infecciosas”, “Técnica Bacteriológica” y “Policía Sanitaria” y en 1909 fue nombrado Profesor de Bacteriología en la misma Facultad y Director del Instituto Nacional de Bacteriología.
“Está revolucionando la ciencia veterinaria en el tema de la inmunidad frente a la fiebre aftosa y con sus estudios sobre la tuberculosis y el problema de la atenuación de los bacilos humano y bovino”, decían las crónicas de la época.