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LAS PIEDRAS Y TRANCAS ANTICIPAN LA VICTORIA DE TUCUMÁN (03/09/1812)
Luego de la batalla de Las Piedras (03/09/1812), MANUEL BELGRANO, tenazmente perseguido por los realistas en su marcha hacia Tucumán, logra un pequeño respiro, al tomarle prisioneros a tres integrantes destacados de los efectivos de PÍO TRISTÁN, obligándolo a una detención para negociar su rescate. En efecto, el 13 de septiembre de 1812, un pequeño grupo de patriotas al mando del capitán ESTEBAN FIGUEROA realizó un exitoso operativo en Trancas, logrando apresar al coronel realista AGUSTÍN HUICI, jefe de la vanguardia realista, al portaestandarte NEGREIROS, que era el otro oficial que lo acompañaba y a un asistente o soldado de servicio.
Trancas, una localidad ubicada en al norte de la provincia de Tucumán, que por su ubicación geográfica funcionaba como un punto de paso obligatorio en los caminos hacia Salta y el Alto Perú, fue el escenario donde se desarrolló un acto previo a la batalla de Tucumán, y donde MANUEL BELGRANO, una vez más puso en evidencia su nobleza y su respeto hacia las normas de convivencia entre los seres humanos.
El suceso
Once días antes de la batalla de Tucumán, librada en el Campo de las Carreras, un grupo de patriotas tucumanos protagonizó, en Trancas, un audaz golpe de mano que sumado al pequeño éxito previo obtenido en Las Piedras (3 de setiembre de 1812), sin duda fortaleció el espíritu de quienes se preparaban a enfrentar la fuerza realista que mandaba PÍO TRISTÁN, venían en su persecución desde las que vencieran en la batalla de Huaqui.
La historia empieza el 3 de setiembre de 1812, el mismo día de la escaramuza de Las Piedras. El teniente de gobernador de San Miguel de Tucumán, don FRANCISCO DE UGARTE, ordenó que un total de 39 hombres al mando del capitán Esteban Figueroa marcharan “a Las Trancas a guardar sus caminos de Las Cuestas y Colalao, para avistar la llegada del enemigo”.
El 13 de setiembre observaron que la vanguardia de los realistas, que al mando el Coronel AGUSTÍN HUICI, venía en persecución de BELGRANO, ya estaba próxima a “las primeras casuchas del pueblo” (1) y que tres de sus efectivos se desprendían del resto, circunstancia que aprovecharon para atacarlos sorpresivamente, logrando hacerlos prisioneros a los tres.
Cuando PÍO TRISTÁN fue informado del hecho, por medio de un trompeta, le envió 50 onzas y una nota amenazante a MANUEL BELGRANO, en la que le decía que la misma suerte que corriera en sus manos ese oficial, sería también la que tendrían los patriotas que cayeran en su poder. La carta estaba fechada el 15 de septiembre de 1812 y tenía como remitente el presuntuoso nombre de “Ejército Grande”.
Dos días más tarde, BELGRANO remitía su contestación. Su carta demostraba una vez más -por si hiciera falta- la altura moral y la condición caballeresca del creador de la bandera. Como se sabe, él y TRISTÁN tenían relación amistosa. Se habían conocido, siendo jóvenes, en España, sin sospechar que la vida habría de enfrentarlos.
Devolvía el dinero para que fuera entregado a los oficiales patriotas en poder de TRISTÁN, se comprometía a entregar igual suma a HUICI y le respondió la carta con otra, que como remitente, deslizando un toque de pimienta, puso en el “Cuartel General del Ejército Chico”. En ella, expresó además su extrañeza por el extemporáneo reclamo de Tristán y así se lo dijo: “V.S. que me conoce y sabe cuál ha sido mi educación, podía haber excusado de protestarme acerca de mi conducta en este particular; pues deben serles notorios mis procedimientos, sí es que el error y la enemiga que existe contra todo americano no ha tratado de trastornar en V.S. mismo las ideas que desde nuestra juventud han debido formar de mis sentimientos”.
Advertía, además, lo descortés del envío de la nota que contestaba. Trayéndola, decía, “debió venir un oficial y no un soldado; pues no es de poca consideración convenir entre dos generales el modo con que se han de tratar a los respectivos prisioneros”.
Siete días después, el 24 de setiembre de 1812, BELGRANO batía definitivamente a las tropas realistas en la batalla de Tucumán y en su proclama “a los pueblos del Perú”, emitida cuatro días después de la victoria, expresaba que el “ejército grande” del virrey Abascal al mando de Tristán “ha sido completamente batido el 24 del corriente, día de Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se puso el de mi mando: 7 piezas de artillería, 3 banderas y 2 estandartes, todas sus municiones, bagajes y equipajes, 2 coroneles prisioneros y uno muerto, 58 oficiales prisioneros y 20 muertos, 650 prisioneros desde sargentos hasta soldados y 500 muertos y 4 capellanes prisioneros, han sido el resultado de la acción” (ver La batalla de Tucumán).
(1). Nos referimos a la población que hoy se conoce como “Trancas Viejo” o “Villa Vieja de Trancas”, ya que la actual ciudad de Trancas se formó pocas cuadras más al sur, a fines del siglo XIX, dado que por allí pasaba el ferrocarril.
(2). Mientras algunos grupos de soldados de ambos bandos combatían entre sí, otros se dedicaban a saquear los equipajes del ejército español.