LAS MILICIAS DE MAYO

Las milicias argentinas  están  identificadas con nuestra  nacionalidad desde el primer instante de nuestra vida independiente, por lo que  el Ejército Argentino, nace el mismo día en que nace la Nación, aunque está  claro que al principio fueron  muy rudimentarias su organización y su estructura. Los cuerpos militares creados por España y existentes en el virreinato del Río de la Plata, habituados, durante muchísimos años, a la vida sedentaria de guarnición, no estaban preparados para la guerra. Su función casi no había sido otra que la de dar boato y prestancia a las ceremonias palaciegas de los virreyes y las victorias sobre el invasor británico, en 1806 y en 1807, fueron casi exclsivamente  el triunfo de la vocación heroica del pueblo de Buenos Aires, de sus batallones de novicios y voluntarios y de  jefes sin experiencia en el arte de la guerra, más que de los conocimientos castrenses de los jefes y oficiales que los comandaron..

La revolución del 25 de mayo de 1810 planteó entonces una situación nueva que era preciso afrontar y resolver, fuera como fuese. Tanto nuestros gobernantes  como las  autoridades del área y las milicias y unidades surgidas durante las invasiones inglesas, llegado el mes de Mayo, se hallaron frente a una responsabilidad inesperada e insoslayable. Era menester defender con las armas lo logrado en esas gloriosas jornadas y era a esa precaria milicia que le correspondía hacerlo

La Legión de Patricios Voluntarios de Infantería, los Pardos y Morenos, los Arribeños, los Húsares, Cazadores y Migueletes, el pueblo de Buenos Aires, fueron los testigos y en el caso de los Patricios y de los porteños, protagonistas principales de los sucesos de Mayo. A partir de ellos,  se fue estructurando las que conocemos como “las milicias de Mayo”. Porque nacieron a partir de entonces y fueron los ideales de Mayo,  los que llevaron con honor en cuanto combate o circunstancia los tuvo como protagonistas. Militares profesionales y milicianos, hombres y mujeres del pueblo, todos unidos para defender a la Patria.

Y ya se sabe cómo  cumplieron. Todo faltaba en material, equipamiento y armamento, menos espíritu militar y resolución para triunfar, que es lo único que no se puede enseñar ni comprar. Todo fue necesario adquirirlo sobre la marcha. Así surgieron sacerdotes como fray LUIS BELTRÁN que se hizo fabricante de armas, benefactores como LARREA que financió nuestra primera Escuadra, las damas mendocinas que donando sus joyas permitieron armar al Ejército de los Andes, MANUEL BELGRANO, brillante abogado, economista y escritor, que cargando al cinto la espada de general,  se puso al frente de nuestras tropas, MARÍA REMEDIOS DEL VALLE (1766-1847), conocida como «La madre de la Patria» por su valor y entrega  y hasta JOSÉ DE SAN MARTÍN, que  abandonó su carrera en Europa para venir a sumarse a la lucha que habían emprendido sus compatriotas.

Y tantos ejemplos más,  que demuestran que las milicias argentinas que surgieron después de Mayo de 1810 eran el pueblo todo, encolumnado detrás de un sueño de libertad y soberanía , que por fin  se hizo realidad, recién en 1853, con la promulgación de nuestra Constitución.

“A este pueblo, no lo conquistaremos nunca”, fueron las palabras del general español GERÓNIMO VALDÉS, desalentado por la valerosa resistencia que le ofrecían estos “endemoniados gauchos” comandados por GÜEMES. Y fue así, porque no hubo remisos ni indiferentes. Cada hombre y cada mujer era una pieza importante de esa estructura preparada para la lucha, sea con la espada o con la palabra, en tierra o en el agua, y fueron ellos, los que lograron  finalmente asegurar militarmente nuestra independencia (ver Orígenes de las Fuerzas Armadas Argentinas)

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