El arcón de la historia Argentina > Crónicas > LA RECOVA DE BUENOS AIRES (07/08/1803)
LA RECOVA DE BUENOS AIRES (07/08/1803)
Aunque hay constancias de que ya en 1757 existían en América mercados públicos instalados en predios administrados por los jesuitas, recién en 1803, las “Recovas” hacen su aparición en Buenos Aires.
Estas eran en realidad, una serie de varios edificios continuos, ubicados frente a las plazas principales y conectados por corredores en forma de arcos y fue el 7 de agosto de 1803, cuando finalizó la construcción de la primera Recova, que hubo en Buenos Aires.
Conocida como «la Recova vieja» (o Mercado de Carnes), fue ordenada por el virrey JOAQUÍN DEL PINO Y ROZAS, aceptando los planos que presentara AGUSTÍN CONDE y construida por el alarife JUAN BAUTISTA SEGISMUNDO.
Fue construida para servir como “mercado de carnes y verduras” (ver Los puesteros de la Recova). No conmemoraba hecho alguno. Colocada entre el Fuerte y el Cabildo, los dos centros del movimiento político y social de la ciudad de Buenos Aires, permaneció allí como mudo testigo e la transformación de la ciudad, dejando pasar bajo su arco central, con igual impasibilidad, míseros esclavos, humildes obreros, ricos vecinos, ilustres generales y hábiles comerciantes.
En las dos plazas que la contenían, se juraron los reyes españoles y la Constitución nacional, batiéndose estandartes y banderas; se libraron combates, se plantaron patíbulos, formaron tropas y se organizaron procesiones religiosas.
Sus vecinos
En el costado sur, la cuartería (1) y los altos de Escalada, el edificio mezquino de la carnicería y la casa de Balcarce, que llegaban en línea irregular hasta la barranca de Campana, por la que sendas sólo practicables para una o dos personas a la vez, permitían el acceso a las toscas y la playa.
Al norte, en el “Rincón de las Ánimas”, donde estuvo la casa que habitó la madre del Almirante Blanco Encalada y donde en 1806 se edificó el “Coliseo de Comedias”, siguiendo hacia la calle Nueva o del Santo Cristo, continuaban la casa del finado Santiago Castilla, al respaldo del teatro, los cuartos y la casa de los Gascones y, atravesando la calle, la casa que fue de don Felipe Esquivel, la casa que edificó en 1779 don Domingo Belgrano Pérez y la antigua de casa de Elejalde.
Por último, la casa del Presbítero don Martiniano Alonso, con salida a la Alameda y que por medio de un ancho veredón de piedra sin labrar, unía el arco grande con la casa paterna. Hay constancias de que en 1805, el virrey SOBREMONTE dispuso pavimentar e iluminar la calle que esta casa ocupaba y tres décadas más tarde, el gobierno de ROSAS se la vendió a la familia ANCHORENA, dicen que en pago de una deuda que había contraído con ella (acotemos que luego, en 1852, caído ROSAS, el gobierno reclamo la devolución de esa propiedad pública «que nunca debió ser enajenada», pero en 1858, La Suprema Corte se la devolvió a los ANCHORENA y en 1883 fue nuevamente expropiada).
La idea de la «Recova vieja», (dos edificios simétricos unidos en el medio por un arco triunfal), se repetirá algunos años más tarde, cuando se vinculó el edificio que para Correos y Telégrafos construyeron en 1882 los arquitectos ENRIQUE ABERG y CARLOS KIHNDERG en el ángulo S.O. de la Plaza, con el que el arquitecto FRANCISCO TAMBURINI había levantado en 1873 en el ángulo S.E. y que, cuando se realizaron las ampliaciones de la Recova sobre la calle Rivadavia, uniendo ambos edificios mediante un gran arco central, dio origen a la actual estructura de la Casa Rosada.
La vieja Recova, se levantaba en mitad de la actual Plaza de Mayo, dividiendo a ésta en dos: la “Plaza de la Victoria” (ubicada hacia el oeste, frente al Cabildo) y la “Plaza del Fuerte (situada al este, frente al antiguo Fuerte y la actual Casa Rosada).
Cuando estuvo totalmente terminada, constaba de un arco central y de 24 arcadas, 12 por cada lado ya que al comienzo estos arcos se extendían solamente hasta la mitad de la cuadra, o sea más o menos hasta una casa que era del señor DÍAZ CAVEDA. Desde allí hasta la esquina de la calle Bolívar había solamente un veredón ya que el resto de la Recova, se construyó recién cuando edificó su casa el señor CRISOL.
Su frente fue por mucho tiempo de tejas Estaba destinada a la instalación en ella de comercios y puestos de ventas de carnes, verduras y frutas y en sus comienzos, no se veían allí, ni confiterías, cigarrería, casas de fotografía, almacenes, y sobre todo, ese enjambre de escribanías, que por entonces tuvieron necesidad de abandonar el Cabildo, constituyendo lo que se llamó «el callejón de Ibáñez» (ver Las bandolas).
Esta denominación dada al paso por los portales del Cabildo derivaba del así llamado lugar de San Isidro, frecuentado por ladrones y gente de avería, según lo cuenta Adrián Beccar Varela diciendo: «En la época a que nos estamos refiriendo, el pueblo de San Isidro Labrador, o como también lo denominaban, la «Costa de San Isidro», era ya un pueblito de moda. Muchas familias pasaban por allí los veranos y los domingos y días de fiesta, afluían los jóvenes de la ciudad que iban a visitar aquel delicioso lugar» .
«Es el caso que, a cierta distancia, en el camino, había una larga y estrecha callejuela con tupidos matorrales por ambos costados y este pedazo peligroso del camino, era conocido con el nombre de «callejón de Ibáñez», por pertenecer al señor Ibáñez los terrenos subyacentes, hoy de propiedad, creemos, que de la señora de La Prida».
«Allí pues, eran asaltados con aterradora frecuencia, aun de día, los pacíficos transeúntes, quienes escapaban muchas veces como verdaderos Adanes, sin dejarse de contar según lo refieren las crónicas, algunas Evas de entre las pobres campesinas que regresaban de la ciudad con el producto de la venta de huevos, gallinas, y pollos.»
«Diremos, sin embargo, en honor de los salteadores de aquellos tiempos, que el número de muertos y aun de heridos fue casi nulo, pues que sus proezas se reducían a llevarse el dinero, la ropa y demás prenditas de sus víctimas. Pronto, algún atrevido encontró cierta analogía entre este callejón y el del Cabildo y así lo bautizó”.
En 1869 se presentó un proyecto del señor Tamini, auspiciado por la municipalidad y otro del diputado provincial señor Rom, proponiendo la expropiación de la Recova Vieja, para que una vez demolida, se contara con suficiente espacio para ensanchar a la plaza de la Victoria, pero otras exigencias y protestas, impidieron seguramente su realización».
Hubo quienes argumentaron su rechazo, sin descartar que aún considerando a esta obra como un positivo avance hacia el embellecimiento de la zona, diciendo que la misma no compensaría los inconvenientes y aun perjuicios que traería consigo.
Se dijo que «en armonía con otros frentes de la Plaza, la Recova constituía un pasaje sumamente útil; un refugio para los concurrentes contra el sol, el frío o un aguacero repentino en medio de una fiesta. Sin ella la plaza de la Victoria estaría a merced de los vientos fríos y a veces de violentos ríos, convirtiéndola en un sitio incómodo y molesto en vez de un paseo agradable».
La nueva Recova
El 9 de agosto de 1883 luego de que el Intendente de la ciudad de Buenos Aires, Torcuato Antonio de Alvear, dispusiera demoler la Recova vieja (símbolo por excelencia de la ciudad colonial), con el objeto de modernizar la ciudad y unificar en una sola las plazas de la Victoria y del Fuerte, que estaban separadas por esa vieja estructura, comienza la construcción de una nueva Recova, la remodelación del lugar que deberá contener solamente una plaza (la actual Plaza de Mayo) y el ensanche y retrazado de la avenida de Mayo (2).
La primera dificultad que se presentó, fue la necesidad de desalojar a los inquilinos, comerciantes que ocupaban los altos del edificio y expropiar 13 propiedades ubicadas en ese sector, asuntos que no mermaron la intensidad de la férrea decisión de ALVEAR de llevar a cabo la obra.
Superado el problema, en cuestión de horas se puso en marcha el proyecto y las obras comenzaron. En medio de una ola de críticas se retiraron los paraísos y las palmeras. No hacía falta ser un experto para darse cuenta que esto era necesario, más allá de las razones sentimentales que justificaran el rechazo de esta medida.
Con mirar para arriba se notaban los alcances de la crisis que afectaba a estos árboles. Prácticamente eran unos cabos de tronco negro y blando carcomidos por la “muerte interior”, por lo que, antes de que se cayeran solos, el intendente manda retirarlos y las palmeras se han ido para siempre. La solución, quizás no la más acertada, fue la plantación de plátanos, que hoy, con sus raíces vigorosas, tratan de cerrar la cicatriz de este espectro de la Recova Vieja.
Los trabajos de demolición comenzaron derribando el Arco Central, ya que este pertenecía a la Municipalidad. El resto del edificio, que pertenecía a la familia ANCHORENA, entró en proceso de expropiación y fue demolida completamente recién en mayo de 1884. La tarea demando ocho días, pues los muros, sólidos y pródigos en material de mampostería, se resistían a la piqueta y se acumulaban muchos escombros: las moles de mampostería se desplomaban estrepitosamente con la consiguiente alarma y peligro para los ocupantes de los bajos, las nubes de polvo todo lo cubrían y aquello se hizo insostenible.
Todos los ocupantes debieron salir precipitadamente, sin esperar plazos; más bien pedían, imploraban, una amnistía, para emigrar salvando las vidas. ALVEAR en persona, empuñando un grueso bastón, que esgrimía y con el que accionaba, con los brazos tendidos, dirigía las maniobras y el ejército de peones. Más de trescientos trabajaban juntos y sin descanso.
Terminadas las tareas del día los trabajadores eran reemplazados por otros que realizaban sus trabajos de demolición por la noche. La falta de luz no era obstáculo. Se abrieron los caños mayores distribuidores del gas, y con ellos se hicieron conexiones, con caños de sección máxima para que dieran una llama poderosa que permitiera el trabajo sin interrupción.
«En medio de esa intensa actividad, se presentó otro conflicto: La empresa del Panteléfono, servicio telefónico, que recién se iniciaba en la ciudad en la parte céntrica especialmente, había colocado sus postes y sostenes de cables sobre los muros de la Recova. ALVEAR ordenó su inmediato retiro para no demorar la demolición» (Ver «Torcuato de Alvear, primer intendente municipal de la ciudad de Buenos Aires», de Adrián Béccar Varela).
El resto del edificio comenzó a demolerse el 8 de mayo de 1884, luego de haber terminado el juicio de expropiación que hubo que realizar para desalojar a los últimos usuarios del lugar, que se resistían abandonarlo. El 14 del mismo mes se terminó la demolición y por varios días más debieron continuarse con las tareas de remoción de escombros y empedrado de las áreas recuperadas (ver «La Recova https://elarcondelahistoria.com/la-recova-781803/» ).
(1). Cuartería: Casa de vecindad, edificio o inquilinato de piezas habitacionales pequeñas, ocupadas en su mayor parte por familias con escasos recursos económicos que comparten generalmente un cuarto de baño y un patio comunes (Wikipedia).
(2). En una investigación realizada por la “Asociación de Amigos de la Avenida de Mayo”, explican que las dos primeras transformaciones que demandó la construcción de la avenida de Mayo, fueron el reemplazo del Cabildo, que era una reliquia intocable por aquellos años y que tenía tres arcos más que los dos actuales y la demolición de la Vieja Recova que estaba ubicada en lo que lo que sería el medio de la Plaza de Mayo, al Oeste de la Casa Rosada actual.

ME GUSTO