LA LEY DE PRESIDENCIA (06/02/1826)

El Poder Ejecutivo Nacional se creó el 6 de febrero de 1826 mediante la llamada “Ley de Presidencia” sancionada por el “Congreso General Constituyente de 1824” y el 7 de febrero, BERNARDINO RIVADAVIA fue elegido para que asumiera como “primer Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata”.

En esos días, el país estaba inmerso en una impopular guerra con Brasil (1825-1828) y el desorden que había caracterizado hasta ese momento el manejo de las Relaciones exteriores y de las Fuerzas Armadas, generando fisuras y desorientación en el frente interno y desarticulando la cadena de mandos, hacía necesario centralizar el poder, lo que como era lógico, generó fuertes resistencias provinciales por el carácter de unitario que se le atribuía a la medida.

Las provincias se gobernaban autónomamente y no aceptaban medidas o disposiciones dictadas por Buenos Aires, pero la Guerra con Brasil exigía tomar urgentes medidas que permitieran dirigir el ejército y la diplomacia, por lo que la situación llegó a hacerse insostenible.

A instancias entonces y debido a la fuerte presión ejercida por su ex ministro BERNARDINO RIVADAVIA, el gobernador de Buenos Aires, coronel MARTÍN RODRÍGUEZ envió al Congreso, un proyecto de Ley creando el cargo de “Presidente de las Provincias Unidas” como cabeza del Poder Ejecutivo y pronto se escucharon en ese recinto, las voces airadas de la oposición que rechazaban la sanción de esa Ley.

Manuel Moreno - Wikipedia, la enciclopedia libre

MANUEL MORENO (hermano de Mariano) encabezó la minoría opositora en Buenos y junto con los líderes federales criticó severamente el apuro legislativo. Argumentó que elegir a un presidente antes de definir el modelo de país en una Constitución era “poner el carro delante de los bueyes. Denunció que la ingeniería institucional que el bloque rivadaviano estaba armando —incluyendo leyes de sufragio restringido— buscaba asegurar el control del poder en manos de una “aristocracia del dinero” (vinculada al Banco y al comercio porteño), bloqueando cualquier otra opción que representase a las provincias del interior

El bloque que le respondía a RIVADAVIA (los unitarios de Buenos Aires) había diseñado la “Ley de Presidencia” de una manera tan veloz y astuta que obligaba a buscar a alguien con peso diplomático y financiero inmediato para afrontar la ya declarada Guerra con Brasil y el núcleo opositor (DORREGO, MORENO y algunos otros pocos diputados de las provincias) intentó tejer alianzas contrarreloj. Buscaron tentar a figuras de prestigio militar o gobernadores del interior para armar una lista alternativa sólida. Sin embargo, se chocaron con una realidad: el interior estaba fragmentado, muchos líderes caudillos no querían validar un congreso porteño y las figuras potentes de Buenos Aires (como el propio gobernador LAS HERAS) prefirieron dar un paso al costado.

Fracasados sus esfuerzos para encontrar una figura para oponerla a RVADAVIA, varios diputados de la oposición (con voces como la de MANUEL MORENO, especulaban con que no era obligatorio nombrar un Presidente definitivo sin tener primero una Constitución aprobada y lo que proponían para evitar “caer en Rivadavia”, era mantener al Gobernador de Buenos Aires (en ese momento JUAN GREGORIO DE LAS HERAS) encargado provisoriamente de las Relaciones Exteriores y de la guerra, sin crear un cargo con tintes monárquicos o centralistas y esperar a que las provincias aprobaran la carta magna para recién ahí convocar a una elección legítima y abierta.

Pero nada pudieron hacer para evitarlo. Nada ni nadie pudo cambiar el curso de los acontecimientos. La oposición no logró articular a tiempo un candidato de consenso que midiera lo suficiente para frenar lo que parecía un ascenso inevitable de RIVADAVIA ni pudo imponer sus proyectos en la Asamblea. Justificada por las urgencias que imponía la ya declarada guerra con Brasil el 6 de febrero se sancionó la Ley que establecía la figura del Presidente de la República y el 7 de febrero de 1826 nombró a BERNARDINO RIVADAVIA para que asumiera el cargo. Y así se cerró la trampa, una verdadera encerrona institucional hábilmente urdida por RIVADAVIA y sus seguidores.

RIVADAVIA, unitario y destacado político, fuertemente relacionado con la dirigencia del Reino Unido, se hace cargo del gobierno dándole una clara impronta unitaria y centralista, frustrando los intentos de la oposición, que hasta último momento, sabiendo que la centralización rivadaviana iba a terminar en un conflicto civil (como ocurrió) trató de evitar su ascenso a la primera magistratura.

Esta Ley creaba un Poder Ejecutivo unificado, pero su diseño estaba tan “hecho a la medida” de RIVADAVIA y el cargo se había creado tan de la noche a la mañana (mediante la Ley de Presidencia), antes de que se sancionara una Constitución nacional y sin el consenso de las provincias, que la sanción de la Ley y la elección de BERNARDINO RIVADAVIA como primer presidente provocó una enorme resistencia popular y política.

Las provincias, que rechazaban la Constitución de 1826 y que deseaban seguir siendo autónomas, instruyeron a sus representantes para que agotaran todos sus recursos para oponerse, primero a la sanción de la Ley y luego a su aplicación. JUAN IGNACIO GORRITI (Diputado federal por Salta), fue uno de los críticos más duros en el recinto. Advirtió formalmente que el Congreso “se estaba apropiando de atribuciones y prerrogativas que ninguna ley preexistente le confería”. Denunció que se violaba la “Ley Fundamental” de 1825 (que respetaba las autonomías provinciales) para «apurar» un Poder Ejecutivo unitario y permanente.

JUAN BAUTISTA BUSTOS (Gobernador de Córdoba), encabezó la resistencia del interior. Declaró públicamente que la elección de Rivadavia era un “atropello porteño”, acusando al Congreso de estar “comprado” por la mayoría de diputados de Buenos Aires y desconoció de inmediato su autoridad. FACUNDO QUIROGA (caudillo riojano) y ALEJANDRO HEREDIA (Diputado por la provincia de Tucumán), coincidieron en que el nombramiento de Rivadavia era una “imposición centralista” que buscaba liquidar el federalismo y el control de las provincias sobre sus propios recursos económicos. JUAN MANUEL DE ROSAS, que, aunque era porteño, lideraba a los estancieros de la provincia de Buenos Aires, se opuso a su elección y a sus medidas posteriores (como la “Ley de Capitalización”. Para los hacendados, la llegada de RIVADAVIA al poder central, significaba que Buenos Aires perdía su autonomía provincial y sus tierras quedarían hipotecadas para pagar la deuda externa.

El 8 de febrero de 1826, al asumir el cargo, RIVADAVIA, en su discurso inicial, intentó justificarse. Afirmó que asumía el cargo únicamente por el estado de emergencia debido a la guerra con el Imperio del Brasil y dejó en claro su visión centralista. Declaró que la República necesitaba con urgencia “una capital con plenos poderes que regle a todos y sobre la que todos se apoyen: sin ella no hay organización posible”.

Quedaba claro que “no quedaba otra opción” y que “era un mal necesario” debido a la situación de extrema emergencia internacional. Los comentarios y justificaciones en esa línea apuntaban a que “la patria estaba en peligro”. El 6 e febrero de 1826, cuando la Comisión que había elevado al Congreso el proyecto de la Ley de Presidencia” para que fuera tratado en un plenario, los diputados que la defendían (en su mayoría de la facción unitaria y centralista) admitieron abiertamente que crear un presidente antes de tener una Constitución era una anomalía legal. Sin embargo, justificaron que no había otra alternativa debido a la situación que creaba la guerra con Brasil (Recordemos que el 10 de diciembre de 1825 el imperio ya había declarado la guerra y que el gobierno lo había hecho el 26 de enero del año siguiente.

Se sostenía que el país no podía enfrentar una guerra internacional estando desorganizado y dividido en provincias autónomas. Se afirmaba que se necesitaba de manera “urgente e imperiosa” una cabeza única para dirigir el ejército, recaudar fondos y firmar tratados diplomáticos. La guerra fue la excusa perfecta para imponer la figura de Rivadavia.

Y el propio Rivadavia en su discurso de asunción, habló de “sacrificio obligatorio”. Prácticamente se presentó como alguien que no quería el puesto pero que debía aceptar porque las circunstancias no dejaban otra opción y aseguró que conocía perfectamente los “obstáculos y el inmenso peso” de la carga que se le imponía, pero que se resignaba al sacrificio únicamente porque la patria corría un peligro extremo por la guerra y finalizó afirmando que la crisis internacional exigía una autoridad central organizada de inmediato para evitar la disolución nacional.

A pesar de este argumento de que «no había otra opción», diputados de la minoría federal como MANUEL MORENO y JUAN IGNACIO GORRITI reaccionaron airadamente decididos a desarmar esa lógica. Denunciaron que la urgencia de la guerra con el Brasil estaba siendo utilizada de forma oportunista por el partido porteño para “apurar” un gobierno centralista y dictar leyes a su antojo. Señalaron que el argumento de la “»inevitabilidad” era falso y que se estaba usando el miedo a la guerra para violar los derechos de las provincias antes de que estas pudieran defenderse en el debate constitucional.

Pero finalmente, esa idea de que “había que nombrarlo sí o sí por la guerra, a pesar de que no correspondía legalmente”, fue el argumento que más pesó en el ánimo de los congresales y los aliados de RIVADAVIA ganaron la votación por 35 votos contra un puñado de unos pocos opositores que no pudieron hacer nada.

Sin oir ni aceptar injerencias, RIVADAVIA avanza entonces con sus proyectos: Impulsó la ley que nombró a la ciudad de Buenos Aires capital de la República; Nacionalizó la aduana, el Banco de Descuentos (que pasó a ser Nacional) y las tierras públicas mediante la Ley de Enfiteusis; promovió la minería; gestiono el primer préstamo que tomó la Argentina e impulsó la sanción de una Constitución de neto corte unitario que fue rechazada por la mayoría de las provincias.

La falta de consenso, la oposición federal a su manejo centralista y las dificultades en la guerra, por fin, llevaron a RIVADAVIA a renunciar el 27 de junio de 1827. A pesar de ser considerado el primer presidente argentino, su gobierno funcionó en una etapa de transición antes de la verdadera organización nacional, sin una constitución consolidada que fuera aceptada en todo el territorio y sin el cogobierno de una estructura parlamentaria por lo que podría ser ilícito llamarlo así (ver Quién fue el Primer Presidente Constitucional de la República Argentina?).

(1). Aunque Rivadavia arrasó en la votación del 7 de febrero de 1826 con 35 votos, existieron tres figuras de enorme peso político y militar que recibieron votos testimoniales (un voto cada uno) y que la oposición presentaba como alternativas naturales si se hubiera buscado un perfil menos centralista: Carlos María de Alvear: El candidato de los sectores militares tradicionales y diplomáticos; Juan Antonio Lavalleja: Héroe oriental de los Treinta y Tres Orientales, cuya figura cobraba relevancia total debido a que el conflicto central era justamente la Banda Oriental y Juan Antonio Álvarez de Arenales: Militar de prestigio e impronta más federal/provincial.

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